Una noche de luna llena.

Una noche de luna llena salí con una amiga de paseo, yo vivía en un pequeño pueblo desconocido y ella se había quedado en mi casa a dormir, me acababa de mudar y no conocía la zona. Sería por la falta de sueño, pero mi amiga y yo decidimos “inspeccionar” el lugar.  

Decían que era un pueblo maldito o algo parecido, sin embargo no teníamos miedo, no éramos la típica familia asustadiza en busca de misterios. Mi padre se había mudado por razones de trabajo y mi madre, en fin, mi madre vivía en su mundo de fantasía, era escritora. Yo, sin embargo, disfrutaba de cada momento de la vida, como esa vez… 

Era 30 de Octubre, un día más y llegaba Halloween, ya había calabazas por las casas. Íbamos subiendo una colina en la que había un pequeño cementerio al que no solía ir nadie, debido a que era el protagonista de muchas leyendas. Ese era nuestro lugar favorito, siempre habíamos estado allí y nunca nos había pasado nada, de momento… 

Nos sentamos en una lápida enorme y polvorienta, se notaba que el fallecido no era muy conocido y admirado por el pueblo. O eso, o que, simplemente, no la limpiaban con demasiada frecuencia. Pasamos allí un rato, hasta que el reloj dio las 00:00h. ¿Ya era Halloween? En fin, ¡qué más da! Seguimos hablando pero, de repente, oí un murmullo, pensé que era mi cabeza, continué con mi amiga -otro murmullo-. De repente vi que su cara palidecía y la pregunté:  

-¿Qué te pasa? 

-A mí nada…- titubeó- pero… 

Sentí un pequeño escalofrío detrás de mí, ella saltó de la lápida y ésta empezó a subir, me levanté rápidamente, algo pasaba, no era la única lápida que se movía. Empezaron a surgir cosas extrañas, sin sentido. De las tumbas salieron personas amarillentas y vestidas con harapos, andaban despacio y nos perseguían, hablaban diferente a nosotros, ¿habría que asustarse? No lo sé pero mi amiga y yo empezamos a correr cuesta abajo, la mayoría de las cosas estaban en orden. Menos la carretera que se agrietaba a nuestro paso dejando un rastro de sangre con un color inconfundible. Aún recuerdo ese olor… Vi cómo las siniestras sombras desaparecían a lo lejos y nuestra casa aparecía rápidamente. Cuando por fin llegamos, entramos y pusimos el pestillo a la puerta.  

Al día siguiente, cuando desperté, mi amiga había desaparecido, mis padres me dijeron que unos señores muy extraños habían preguntado pr ella, que sólo repetían su nombre y tenían la piel pálida y amarillenta, ella decía que no los conocía, pero que cuando mis padres fueron a cerrar la puerta, ella dio un paso lentamente , tenía los ojos en blanco. Y seguido de esos señores tan extraños. Se fueron alejando a cada pequeño paso hasta que se convirtieron en un punto blanco en el amanecer. Nunca la volví a ver… 

-¿Serían sus padres?  

No lo creo…
 

 

El grito, de Eduard Munch

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Acerca de nube roja
Profesor de lengua y literatura del IES Marismas, Santoña, Cantabria.

One Response to Una noche de luna llena.

  1. nuberoja says:

    Yo tampoco creo que fueran sus padres, y por eso se me ponen los pelos de punta. Logras “hacer” miedo, enhorabuena.

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