Cristina ~ La leyenda de la Torre de Pisa. Parte ll

Dorotea acudió a un pequeño manantial y pidió a los dioses que destruyeran la torre. Mientras tanto, Sebastián estaba en los calabozos cuando fue informado de que iba a ser ejecutado en menos de tres días por orden de la emperatriz. Entonces, Eustaquio, un guardia del calabozo y el ojito derecho de Sebastián, le dio una idea:”Hay una manera de que salgas vivo de aquí, matar a la emperatriz antes de que pasen los tres días. Si lo conseguimos, tú pasarás a ser el emperador de Roma y su familia se quedarán sin derechos”. Sebastián dio vueltas a la idea, pero se dio cuenta de que él no podía hacerlo ya que estaba encerrado. Eustaquio se ofreció a matar a Dorotea a cambio de unas monedas de oro, con las cuales iría a ver a su familia francesa.

Al día siguiente, Dorotea se dispuso a ir al desfile medieval donde comunicaría a todos los ciudadanos el fin de su matrimonio con Sebastián. Era el turno de Eustaquio, se colocó tras un campanario con un arco y una flecha y esperó a que Dorotea se levantara. Tras el desfile, Dorotea se dispuso a contárselo todo a los ciudadanos, pero, en cuanto se levantó de su trono, una flecha envenenada (en la punta tenía un poco de veneno de la Mamba Negra, una serpiente muy venenosa) dio en su pierna. Al segundo comenzó a paralizarse y acabó muriendo.

Cristina, Melania y los padres de Cristina llegaron a Hispania, aunque eran mal vistos entre la gente por ser romanos. Entre Cristina y Melania construyeron una pequeña cabaña para pasar la noche, que al día siguiente perfeccionarían.

Sebastián salió del calabozo y era el único emperador de Roma, tuvo que disimular, fingir que no sabía nada y mostrarse a los ciudadanos apenado, aunque en el fondo pensaba: “¡De qué marrón me he librado!”. Cuando llegó a su hogar, lo primero que hizo fue entregarle a Eustaquio las monedas y este se fue a Francia a ver su familia, después no pudo evitar acordarse de Cristina y mandó a sus soldados buscarla. Todas las miradas apuntaban a que Cristina estaba en Hispania, así que todos los soldados fueron a Hispania sin dudarlo.

En la noche, Cristina y Melania se sentaron junto a la hoguera y comenzaron a hablar de su infancia, pero no sabían lo que se iban a encontrar, cuando las dos entraron en la cabaña, encontraron a los padres de Cristina muertos. La grave enfermedad había acabado con ellos, ya que, en esa época, había poca esperanza de vida a la gente con una enfermedad como la que tenían. Al día siguiente, Cristina y Melania los enterraron en un campo lleno de flores, allí donde siempre quiso ser enterrada la madre de Cristina.

Cerca de Francia, unos atracadores asaltaron a Eustaquio y le quitaron las monedas de oro. No le quedaba ni alimentos ni dinero para comprarlos, así que tuvo que hacer un desvío y descansar en un pueblo cercano. Cristina y Melania fueron a la plaza del pequeño pueblo hispano y todos los hispanos se negaron absolutamente a venderles comida. Melania reconoció que se había equivocado al ir a ese país y le comentó a Cristina la idea de ir a Roma. Cristina se negó, no iba a dejar a sus padres enterrados en un campo de un país lejano, pero, con esfuerzo, Melania consiguió convencer a Cristina para volver a Roma.

Eustaquio estaba pidiendo limosnas en el campanario del pueblo donde había parado a descansar, pero, en lugar de dárselas, le insultaban o se reían de él. En la frontera de Hispania a Francia, Cristina y Melania consiguieron esquivar a los soldados romanos y se preguntaban por qué iban a Hispania. Horas después, Cristina y Melania pararon a descansar en un pueblo,casualmente el mismo en el que había parado Eustaquio.

Sebastián estaba pensando que iba a hacer cuando volviera a ver a Cristina y se puso muy nervioso. Por primera vez, no sabía que decirle a una plebeya, pero Cristina era especial, una chica diferente al resto.

Melania y Cristina entraron en la taberna del pueblo, cogieron sus bebidas y se sentaron en una mesa. Minutos después, Eustaquio entró en la misma taberna y pidió al camarero una copa de vino, pero el rumor había corrido por el pueblo  y todos sabían que no tenía ni una moneda de bronce. Melania reconoció a Eustaquio y le invitó a la copa de vino. Cristina le preguntó a Melania:”¿Quién es?” A lo que contestó Melania: “Un soldado de Sebastián”. Comenzaron a hablar. Eustaquio les contó lo que había pasado y los tres decidieron quedarse unas semanas en ese pueblo.

Tras unas semanas, los soldados volvieron a Roma e informaron a Sebastián sobre lo que había pasado. Sebastián se puso furioso y les dijo que buscaran por todas las ciudades y pueblos próximos a Hispania, Francia e Italia.

CONTINUARÁ…

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Acerca de nube roja
Profesor de lengua y literatura del IES Marismas, Santoña, Cantabria.

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