El viaje maldito a Guan Xian.

Aarón tiene diez años y está enfadado todo el día porque desde la muerte de sus padres, su abuelo no hace más que controlarle. Pronto sería el cumpleaños del joven y Pepe no sabía qué regalarle. Asi que buscó por todas las tiendas de la ciudad, donde pudiera comprar algo que le recordara a España.

Como no daba con lo que buscaba, se adentró en la última tienda de la última calle que le quedaba por mirar. El hombre que lo atendió decía ser el  hechicero de un antiguo grupo de Samurais. Lo más normal y español que encontró fue un paraguas, negro como el azabache, y con un brillo especial.                                                                           

Como Pepe había vivido la guerra de primera mano, pensó que de esa forma, Aarón daría más aprecio a las cosas. El dependiente le avisó de que ese paraguas tenía una maldición y era muy mentiroso. Pepe ignoró ese comentario, ya que el hombre aparentaba ser muy mayor.

Cuando llegó el cumpleaños de Aarón, Pepe le entregó su regalo. El niño puso mala cara y salió con el paraguas a jugar al patio. Poco después, aburrido del objeto, lo tiró a la basura, pero al caer dentro del cubo sonó un quejido. Era el paraguas. El niño se percató y lo cogió.

El paraguas, de nombre Chosimewo, le dijo a Aarón que fue un hombre con poderes y que al usar su magia para persuadir y mentir, se convirtió en paraguas. Aarón le contó que sus padres murieron en un accidente de tráfico y ahora vivía en China con su abuelo, al que odiaba.

Chosimewo, para librarse de la maldición,  propuso a Aarón ir a un mundo diferente, donde estaría mucho mejor. El niño aceptó, pero era sólo una mentira. Chosimewo le dijo que se cortara un poco el dedo para viajar a este mundo del que hablaban. En realidad, en el momento en que la sangre del niño tocara el objeto, Chosimewo de libraría de la maldición y volvería a la vida, mientras que Aarón se convertía en algún objeto.

Aarón, convencido por el mago, se hizo una pequeña herida y acercó la sangre al paraguas. En ese momento, Pepe se tiró encima del paraguas, cortándose con un cristal del suelo. Todo se llenó de humo y un hombre salió corriendo. El paraguas había desaparecido y en su lugar quedó un osito de peluche. El abuelo había dado la vida por su nieto. El niño no soltó aquel oso desde entonces. Como no encontraban a Pepe, el niño pasó a ser cargo de los Asuntos Sociales de China.

Al cumplir los dieciocho, Aarón fue a hablar con el anciano que le vendió el paraguas a su abuelo; y, desde entonces, no se le volvió a ver nunca, ni a él, ni al osito.

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Acerca de nube roja
Profesor de lengua y literatura del IES Marismas, Santoña, Cantabria.

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