El sarcófago egipcio: primera aventura de Serín, el navegante.

En el bullicioso mercado de El Cairo, paseaba tranquilamente Serín. Serín era un comerciante que estaba de paso por aquella gran ciudad, con la esperanza de comerciar con su mercancía.

De repente, él choca contra un joven que corría en dirección contraria. El joven se disculpo y siguió su camino, pero Serín vio a unos hombres que seguían al muchacho.  

Luego Serín se percato de que al joven se le había caído algo, una especie de copa de oro con joyas incrustadas, Serín le calculo un alto precio de venta, pero llegó a la razón de que esa copa fuera el motivo por el que los hombres persiguieran al chico, lo cual le traería problemas, pero no pudo resistir la tentación que tenía por esa fortuna, entonces pensó que podría venderla deshaciéndose de ella sin encontrarse problemas. Decidió guardarla ya que no quería llamar la atención.  

Más tarde Serín se encontraba al frente de una pequeña casa con la intención de refugiarse allí durante la noche. Cuando se encontraba solo en su habitación, decidió echar un vistazo a la copa, resultó que llevaba una inscripción, estaba bastante borrosa pero podía apreciarse la palabra “Kefrén”. Serín no comprendió lo que quería decir esa palabra, la verdad es que Serín no sabia mucho de la historia de Egipto, así que decidió irse a dormir.  

Al día siguiente Serín se levantó de la cama temprano, salió a la calle en dirección a las afueras de El Cairo, alquiló un camello y salió con dirección al este.  

Cuando se encontraba en medio del desierto divisó algo que estaba tirado en la arena, se acercó y era ni más ni menos que el joven con el que se chocó en el Cairo.  

Le dio un poco de agua y seguidamente le preguntó que ¿cómo había llegado hasta allí?  

Entonces él le contestó que huía de unos matones que querían robarle un objeto que luego se dio cuenta que lo había perdido. Serín le enseño la copa y le preguntó que si era suya. Él le contestó que no al cien por cien. Entonces le explicó que él la había encontrado en un antiguo sarcófago egipcio, el sarcófago del emperador Kefrén. Serín le contestó que ¿dónde estaba aquel sarcófago?, entonces el joven lo llevó hasta el sarcófago, que estaba justo dentro de una cueva oscura.  

No se veía nada, así que el joven cogió una antorcha y la encendió. Continuaron por un pasillo hasta una pequeña bifurcación. El joven optó por coger el camino que él había cogido cuando llegó anteriormente. Más tarde se encontraron una puerta al fondo del camino por el que iban, pero de repente las paredes del pasillo se empezaron a cerrar con lo cual tuvieron que correr hasta la puerta. Las dos paredes casi cogen el pie de Serín pero consiguió cruzar. Cuando recuperaron el aliento se dieron cuenta de que estaban en una sala enorme con una estatua en el centro. No había salidas solo la estatua así que el joven afirmó que la estatua debía tener algún mecanismo para abrir una salida. Revisaron entera la estatua pero no encontraron nada excepto unas inscripciones en egipcio antiguo. Serín pudo comprender las palabras “alimentarme”, pero Serín no entendió lo que quería decir. Después de mucho tiempo el joven llegó a la conclusión de que deberían alimentar a la estatua, pero ¿con qué se alimentaba una estatua?  

Serín divisó una joya con forma de uva, entonces se le ocurrió una idea: introdujo la joya en forma de uva por la boca de la estatua. Al hacer eso sintieron un temblor y de repente la estatua bajo de golpe abriendo paso por una escalera de caracol. Serín y el joven bajaron por las escaleras hasta llegar a una gran puerta que estaba pintada con jeroglíficos. Serín se pregunto ¿cómo podrían  abrirla?, hasta que vio que en los jeroglíficos estaba dibujado una secuencia de un hombre que con unas piezas que estaban tiradas en el suelo construía una especie de llave. Serín vio las mismas piezas en el suelo, así que realizó lo mismo que estaba dibujado en la puerta y se percató de que la llave encajaba con una cerradura que había en la puerta, la giraron y la puerta se abrió.  

Al otro lado de la puerta vieron montañas de oro y joyas que luego recogieron en una bolsa, pero resulto que la bolsa no era lo suficientemente grande como para guardar toda esa riqueza en ella. Serín no era avaricioso así que no le importaba llevarse solo lo que había en la bolsa, pero el muchacho vio una joya más preciosa que las demás.  

Intento sacarla con todas sus fuerzas hasta que cedió, pero de repente el techo empezó a derrumbarse. Serín le dijo al muchacho que tenían que salir de allí, pero no había ninguna salida. Serín pensó, con lo que llegó a la conclusión de que tendría que haber un túnel para airear la sala, miró a todas partes hasta que vio un túnel en el techo. Serín y el muchacho treparon por una de las montañas de oro hasta que alcanzaron el túnel y corrieron hasta el final.  

Serín consiguió ver una luz que se hacía más grande hasta que por fin llegaron a la salida justo cuando el túnel se derrumbo por completo. Serín y el joven estaban bien y consiguieron una gran fortuna solo con lo que había en la bolsa. Lo repartieron y cada uno tomó caminos diferentes. Serín en busca de algo en lo que gastar su parte del tesoro y el joven en busca de más aventuras.

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Acerca de nube roja
Profesor de lengua y literatura del IES Marismas, Santoña, Cantabria.

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