Sueño del Cid: cantar de gesta.

Al terminar el día el silencio recorrió 

pasillos, balcones y hermosas habitaciones.

Aun con ese silencio el Cid no se durmió 

pues meditando estaba lo que por la mañana ocurrió. 

Cauteloso y con cuidado al balcón se asomó, 

fijose en el firmamento que sobre él se apoyó 

y vio a la Luna con traje espiando con sudor. 

Los parpados del caballero le empezaron a pesar

y en su cama de terciopelo se empezó a recostar

esperando a que el gallo le obligar a despertar.

Acerca de nube roja
Profesor de lengua y literatura del IES Marismas, Santoña, Cantabria.

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