EL MISTERIO DEL COCINERO

Era por la mañana y acababan de empezar las vacaciones de verano. Sam estaba de viaje en París. Le gustaba mucho viajar y en sus ratos libres hacía de detective. Pero esta vez no. Quería pasar unos días tranquilos. Aquel día había decidido ir a ver la ciudad. Estuvo toda la mañana paseando y por la tarde llegó a la Torre Eiffel. Sam subió al ascensor, y cuando llegó arriba se llevó una sorpresa.

– ¡Pepe!, ¿Qué haces aquí?

Pepe era un viejo amigo de Sam y no se habían visto desde hace mucho tiempo. Los dos amigos estuvieron charlando todo el día y cuando se hizo de noche fueron juntos al hotel donde iban a pasar unos días, que por casualidad era el mismo. Raúl, un encargado del hotel, les recibió y después de cenar se fueron los dos a dormir. Más o menos a media noche un grito despertó a Sam. Este llamó a Pepe y los dos fueron corriendo al restaurante, que era de donde venía el ruido. Cuando llegaron allí los dos tuvieron un escalofrío. El suelo estaba lleno de sangre, los cubiertos estaban rotos y uno de los cocineros estaba tirado en el suelo.

-¡Está muerto!- gritó Sam.

En ese momento Raúl entró en el restaurante y vio el cadáver.

-¿Qué ha pasado?- preguntó.

-No lo sé, pero vamos a tener que investigar.- dijo Sam.

Pepe miró a Raúl y dijo:

– ¿Usted sabe si alguien estaba enfadado con el?

-No tengo ni idea- contestó Raúl- pero ahora tengo que irme.

Cuando Raúl se fue, Sam vio algo que antes se le había escapado: Encima de una mesa había un papel. Era una etiqueta en la que se veía el logotipo de una tienda.

-Yo sé dónde está esa tienda- dijo Pepe.- Fuera quien fuera el asesino debió de comprar algo allí.

Los dos amigos esperaron a que se hiciera de día y fueron a investigar a la tienda. Una vez allí la vendedora les saludó y Sam le dijo:

-¿Ha venido aquí alguien sospechoso los últimos días?

-Sí -contestó ella- ayer vino un tipo bastante misterioso y compró un traje y una máscara.

-¿Qué hizo después de comprar?

-Se fue por allí.- La dependienta apuntó con el dedo a un callejón que se veía por la ventana. Sam y Pepe se despidieron de ella y caminaron hacia el callejón. Cuando llegaron allí se dieron cuenta de que estaba todo mojado y olía a basura. De repente Pepe dio un grito y señaló algo. Una silueta estaba corriendo e intentaba escapar de ellos. Los dos echaron a correr detrás de él hasta que se tropezó y cayó al suelo. Sam le miró a la cara y vio que no era nadie conocido. De pronto notó un olor que le parecía familiar. Era el olor que había en el hotel. Además tenía manchas de sangre.

– ¡Tú has estado en el hotel de la esquina! ¡Tú eres el asesino!- gritó Pepe.

Sam cogió un palo y le amenazó.

-¡Vale, vale!- chilló el asesino.- Fui yo, me contrataron para que lo hiciera.

-¿Quién fue?

-No lo sé, me habló por teléfono y luego me mandó esta carta.

El asesino le dio la carta a Sam. Estaba escrita a mano y decía: “Recoge tu dinero en el almacén cerca de tu casa.”

-Deberíamos ir allí.- comentó Sam.

– Sí, pero antes llevaremos a este a la policía. – dijo Pepe.

Después de poner en su sitio al asesino los dos amigos volvieron al hotel. Sam Fue a hablar con Raúl pero se dio cuenta de que no estaba. Había dejado una nota en la que ponía: “He ido a hacer unos recados”. Sam sacó la nota del asesino para volver a leerla, y se quedó de piedra al ver que la letra de las dos notas era la misma. No tuvo tiempo de decir nada, ya que en la tele que había allí sonó la voz de un reportero diciendo que habían robado un banco. Inmediatamente, Pepe y Sam se escondieron en su habitación.

-¿Crees que Raúl es el culpable?- preguntó Pepe asombrado.

– Eso parece.- dijo Sam.- Tenemos que avisar a la policía, y rápido.

Los dos llamaron a la policía y planearon lo que iban a hacer. Muchos agentes de policía se escondieron en el hotel.

Al día siguiente Sam llevó la nota del asesino hasta donde estaba Raúl y le dijo:

– No la habrás escrito tú, ¿verdad?

Raul miró a los lados y vio que no había nadie. Entonces soltó una carcajada y sacó un cuchillo. Pero en ese momento los agentes de policía salieron de su escondite y le rodearon. Raúl no tuvo más remedio que explicarse.

– Llevo meses planeando el robo al banco, pero ese cocinero asqueroso me estaba espiando. Por eso contraté al asesino.

Un rato más tarde Raúl estaba subiendo al coche de policía gritando insultos que prefiero no decir.

-Ha salido Bien, ¿no?- dijo Pepe.

-Sí.- contestó Sam.- Pero nos hemos quedado sin vacaciones.

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Acerca de nube roja
Profesor de lengua y literatura del IES Marismas, Santoña, Cantabria.

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