Diario de un náufrago: Perdido

Y entonces hice pie…

Estaba agotado, no sentía las  piernas, no podía moverme. Hasta que levanté la mirada y vi un paraje desconocido para mí. Caminé unos metros y me tumbé bajo un árbol, cerré los ojos y me dormí.

1º DIA

Nada más levantarme me hice preguntas. ¿Qué hacía allí? ¿Cómo llegué? Y lo más importante: ¿cómo volvería a casa?. Cuando me di la vuelta me llevé una agradable sorpresa. En la orilla de la playa había una bolsa con una caña, un cuchillo y una cuerda bastante larga. De repente, una imagen vino a mi cabeza, era un barco… no recordaba de que barco se trataba. Hasta que vi una insignia en la caña. ¡Era el  barco de mi padre! De eso estaba seguro. Pero… ¿qué hacía una caña del barco de mi padre allí? Pero ese no era mi mayor problema en ese momento. Sentí un retortijón en la tripa de hambre. Observé que al otro lado de unas rocas había una buena zona de pesca, pero… necesitaba cebo. Me arrodillé en un barrizal y conseguí coger un par de gusanos que me servirían por el momento. Me senté en una roca durante horas y solo pesqué dos míseros peces y no muy grandes. Era la primera vez que comía pescado crudo y  no volveré a hacerlo. Ya era de noche, me tumbé debajo del mismo árbol del día anterior y dormí.

2º DIA

Esa noche no  pude dormir. Cuando me levanté me asaltaron las dudas, ¿y si viniera una tormenta? Tendría que protegerme, así que comencé a hacerme un refugio. Cogí todas las ramas y piedras que encontré a los alrededores y me hice una “caseta”. Luego me adentré en una selva para explorar la isla. ¿Y si había allí alguien más que yo? Así que decidí ir al otro lado de la isla, me llevé el cuchillo para defenderme de los posibles animales. En mitad de la selva había tanta espesura de árboles que casi no podía moverme. Por lo que volví a la costa. Ya era casi de noche y no veía nada. Justo antes de irme a la caseta a dormir escuché un ruido extraño y me callé durante un rato. Al cabo de un rato el ruido se acercó: era como un golpe. Hasta que note algo que me tocaba en la pierna y grité lo más alto que había gritado en toda mi vida. Me agache y lo toque, y me quedé tranquilo ya que era solo un madero que había venido flotando. Dormí…

3º DIA

Lo primero en lo que me fijé cuando me desperté fue en algo que estaba flotando en el agua. Me acerqué lentamente hacia el objeto. Al verlo di un salto de alegría. Era una barca medio rota, pero podía salvarme igualmente. Intenté ver si se podía arreglar, ya que no estaba tan rota como parecía. Aquella mañana lo dediqué a buscar comida para los días que estaría allí. Encontré una palmera muy grande con montones de cocos y dátiles. Miré el cielo y estaba muy oscuro por lo que pronto habría una tormenta. Aquella noche no pude pegar ojo, pensando en la forma de arreglar la barca. Pero tuve una genial idea que pondría en práctica al día siguiente si el tiempo lo permitía.

4º DIA

¡Vaya mañana que amaneció! Truenos, relámpagos, rayos…

Y llovía a cantaros. Estaba calado de agua, muerto de frío y muy desanimado ya que no sabía si iba a salir con vida de aquella isla. Puse en práctica la idea del día anterior. Cogí la cuerda y busqué la forma de aprovecharla bien para arreglar la barca. Después de varias horas, casi conseguí repararla por completo, el único problema es que le entraba agua por un pequeño agujero. Dediqué también un buen rato a reparar la caseta. El techo estaba derrumbado y las paredes llenas de boquetes. Además estaba arto de tanto coco, por lo que decidí pescar. Cuánto me acordaba de aquellos campamentos en lo que aprendimos a hacer fuego. Estaba harto de comer pescado crudo por lo que hice fuego. De esa manera me calenté y sequé la poca ropa que tenía.

5º DIA

Descubrí la forma de arreglar el agujero de la barca. Cogí resina de un árbol cercano y lo mezcle con un poco de agua y barro. Decidí volver a adentrarme en la selva a cazar algo, cogí el cuchillo y marché. Desde la llegada a la isla no había visto ni un solo animal. Pero estaba seguro de que tenía que haberlos. Tras una larga caminata vi a un pequeño conejo agazapado entre unos arbustos. Mi experiencia en el tema de la caza era nula. Me acerqué poco a poco, hasta que lo tenía suficientemente cerca como para tirarme encima de él. Lo agarré por el cuello y se lo trisqué. ¡Dios mío que sensación! Pero qué bueno estaba asado. La verdad es que solo me llegó para un diente pero algo era algo.

Aquella noche, con la tripa llena, dormí como un bebe.

6º DIA

Aquel día me sentí melancólico. Echaba de menos a mi familia, a mi casa, a mi vida. Me acordé hasta de aquel maldito chucho de mi hermana que me rompía todo. Para colmo la resina de la barca se derritió. Y ya no tenía esperanza de salir de aquella isla. Me pasé todo el día tumbado en la cabaña pensando, desanimado. Me dolía todo, incluso partes que no sabía ni que existían

7º DIA

Ya llevaba una semana en la isla. El otro día arreglé la barca chapuceramente. Me lancé al mar ya desesperado, sin rumbo alguno. Cuando ya llevaba un par de horas en el mar vi un barco a lo lejos y grité con todas mis fuerzas. No era cualquier barco, ¡era el de mi padre! El barco se acercó y me recogió. Más tarde me llevaron a casa. En esta aventura he aprendido que nunca hay que perder la esperanza y que la vida es un tesoro que no hay que desperdiciar.

Anuncios

Acerca de nube roja
Profesor de lengua y literatura del IES Marismas, Santoña, Cantabria.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: