23 de abril (con un leve retraso, disculpa querida)

No sé por qué esperaba encontrarme hoy con que alguien, ya fuera profesor, alumno o visitante fortuito, entre solemnes procesiones y fiestas salvajes, se hubiese acordado de la casualidad que unió (desajustes entre calendarios aparte) a Cervantes y Shakespeare un día como ayer hace 395 años.

No sé por qué esperaba ver cómo algún valiente desnudaba su alma y le regalaba al Libro, al amigo que no falla, la felicitación que se merece, ni por qué esperaba leer alguna mención a ese escritor que consiguió hacernos reír, e incluso llorar, sin más armas que la palabra, un lápiz y un papel.

Quizá por eso, porque nunca falla. Porque a lo largo de la Historia ha sufrido condenas, persecuciones, censuras y hasta quemas por no hacerlo; porque día a día nos acerca a la verdad, y nos separa un poco más de ella; porque nos ha hecho viajar sin billete.

Y como desde César y Ernestina hasta Niebla ha estado aquí, a mi vera, a las duras y a las maduras, casi como un cónyuge del que nunca me podría separar, y hoy no dormiría tranquila sin devolverle un poquito de lo que me ha dado, lo dicho: ¡MUCHAS FELICIDADES, GRANDULLÓN!

(Aún espero a ese valiente, anímense, et bonnes vacances)

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Acerca de nube roja
Profesor de lengua y literatura del IES Marismas, Santoña, Cantabria.

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