El Cid (segunda parte)

Un infante de Carrión soltero se quedó

y al otro el mismo destino le aconteció.

Las hijas del Cid a casarse volvieron

con otros  mejores y más nobles caballeros.

Los infantes de Carrión no quisieron

nunca jamás a ver un león

porque todo el mundo de ellos se rió.

Las hijas del Cid muy felices fueron

y muchos hijos con sus esposos  tuvieron.

El Cid en abuelo se convirtió

y por ello las armas dejó

aunque algún nieto en paz no le dejó.

El Cid contento se quedó

después de todo lo que le pasó

y así esta historia terminó.

 

 

 

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Acerca de nube roja
Profesor de lengua y literatura del IES Marismas, Santoña, Cantabria.

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