Continuación del poema de Mio Cid

Así tristes y acongojados marchan de Valencia los infantes de Carrión,
dirigiéndose con la cabeza bien gacha por lo sucedido con el león.
En sus casas esperaban impacientes sus esposas, después de un largo e interminable camino,
camino que no era de rosas.
La noticia de lo sucedido viajó más rápido que ellos, Diego y Fernando Gonzalez de Carrión,
y así ellas trabajarían sus cabezas para concederles el perdón.
Fueron bien recibidos ambos, los dos,
aunque de ellos un largo tiempo se habló.
Más tarde se supo que lucharon en grandes batallas,
y que gravemente heridos salieron de algunas de ellas.
Debido a sus heridas decidieron abandonar a sus esposas,
que nunca más supieron de ellos, ni de sus cosas.
Después de mucho buscarles, les dieron por desaparecidos,
y fueron muy llorados, pues darles por muertos era parecido.
Tras años de silencio, “las viudas”, rehicieron sus vidas con mucha ilusión,
pues el Cid casó a sus hijas con los Príncipes de Navarra y Aragón.

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Acerca de nube roja
Profesor de lengua y literatura del IES Marismas, Santoña, Cantabria.

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