LA ISLA DEL TESORO

Mi nombre es Mónica. Llegué a una isla en que no había nadie, estaba sola, con muy pocas ganas de ir a por comida. Estaba en mi barca, tirada, con mucha sed. Entonces encontré un charco que estaba limpio, bebí de él, estaba muy cerca de mi barca. Me fui a por comida. Me encontré con un cocotero, cogí muchos cocos. Los llevaba a mi barca cuando encontré una señal que era un poco extraña.

Como se hacía de noche me tuve que ir a la barca. La tuve que preparar para pasar la noche. Dormí en Valle. Al día siguiente fui a ver la señal, fui investigando para ver cómo era. Resulta que al ir caminando, me caí por una trampa. Tuve que pasar esquivando un monstruo. Era de 7 cabezas y 20 manos y por poco me mata pero me libré por los pelos. Apareció Bruno, que me salvó, pero el monstruo me cayó encima de la pierna izquierda, me tuvo que llevar hasta mi barca, que allí tenía medicamentos.

Me curé con un poco de Betadine y venda. Él me dijo que había visto más señales de esas. Como sentía curiosidad, me fui con él, me dijo que eran sitios peligrosos. Le dije que había pasado la noche sola, que había quitado o perdido el miedo. Nos fuimos a segur las señales y comenzó la aventura.

La segunda señal eran unas flechas que indicaban el oriente, esas flechas nos llevaron  por un bosque muy tupido que resultó ser una trampa, acababa en un acantilado. Casi se cae Bruno y le aguanté. Nos fijamos un poco y habíamos dejado atrás otra señal, ya era la tercera señal, era un triángulo, fijándote se apreciaba que el acantilado era o formaba un triángulo y nosotros estábamos en un vértice, desde allí fuimos mirando si había alguna otra señal o que indicara algún camino. A nuestra izquierda había una senda escondida, la seguimos, parecía que no llegábamos a ninguna parte y allí estaba  lo lejos una boca de una cueva. Nos fuimos acercando. Cuando nos acercamos iba oscureciendo, caía la noche. Tuvimos que dormir allí, estaba lleno de barro el suelo y las paredes no se veían, pero en el techo se oía como un ruido. Cuando encendimos un pequeño fuego para calentarnos y comer algo, se oyó un estruendo, algo volaba sobre nuestras cabezas, era uno o bueno ¡cientos de murciélagos!

Salían,  volaban, se nos enganchaban al pelo, era muy asqueroso, nos tiramos al suelo y  ” DIOS, era excremento  de murciélago”. ¡El barro era excremento de murciélago!, se apagó el fuego. Tuvimos  que comer la cena fría y encima pasar frío, dormimos allí como pudimos.

A la mañana siguiente cuando fue amaneciendo nos fijamos en las paredes y había más pistas. Era una señal. La cuarta, había señales contradictorias, nos tuvimos que fijar bien y dimos con ella, nos fuimos a la galería principal y cuando llegamos a ella, no había nada.  Volvimos para atrás. Al salir vimos una enorme grieta y nos fuimos metiendo en ella, me quedé atascada porque estaba un poco más gorda por la cena, era una especie de tubo, nos resbalamos, al final se oía mucha agua, nos fuimos diciendo:

-Coge aire, coge aire. Y caímos al agua. Muy lejos se veía una claridad. Con mucho miedo fuimos buceando hacia ella. Ya no podía, estaba reventada de bucear me di cuenta que aquello era una trampa, Bruno tiraba de mí, pensé no llegar y llegamos. Salimos volando de allí por una cascada, cuando caíamos veía cosas brillar y medio ahogada, tosiendo, nos dimos cuenta de que era un tesoro. No sabíamos si reír o llorar, teníamos hambre, frio pero éramos ricos y yo dije:

-MI TESOROOOO.

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Acerca de nube roja
Profesor de lengua y literatura del IES Marismas, Santoña, Cantabria.

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