Cuento tradicional modernizado: El niño de la silla de ruedas.


 

Había una vez un niño llamado Carlos que debido a un accidente se quedó postrado en una silla de ruedas. Antes de que se produjese ese terrible accidente, Carlos jugaba en el equipo de baloncesto de su pueblo. Él continuó entrenando tras el accidente, aunque su entrenador no le dejaba jugar en los partidos oficiales para que no pusiese en riesgo su salud. Carlos siempre asistía a todos los partidos y los observaba emocionado, soñando si algún día podría volver a jugar. Un día, durante uno de los partidos, conoció a una animadora llamada Camila. Comenzaron a hablar y, poco a poco, se hicieron buenos amigos. Así pasaron los días, hasta que ambos se enamoraron. El problema vino cuando el uno no se atrevía a declararle su amor a la otra y la otra no se atrevía a confesar sus verdaderos sentimientos al uno. En un partido, volvieron a coincidir y una de las compañeras de la animadora gritó: -¡Eh tú, deja en paz a mi amiga, que no quiere nada contigo!

El chico se sonrojó y Camila le consoló: -No te preocupes, no sabe lo que dice.

Todo siguió igual. Hasta que un día quedaron para tomar un refresco y el chico no acudió a la cita. La chica le llamaba y le mandaba mensajes, pero no recibía ninguna respuesta. Comenzó a preocuparse y fue al partido en el que jugaba su equipo. Tampoco estaba. Los padre de Carlos lo habían mandando a un centro de minusválidos donde tendría más calidad de vida y más medios para tener una vida normal.

El chico echaba de menos a su familia, a sus amigos, a Camila… y decidió crear un plan para huir. Aprovechando que había un río cerca del lugar, su plan era hacer una pequeña balsa y huir río abajo. Con ayuda de otros compañeros, cogió ramas y consiguió cuerdas. Después, hizo la balsa y finalmente, huyó. El niño sabía que por tierra no podría huir en silla de ruedas, y volando, aún menos. El niño tiró su silla de ruedas y arrastrándose, subió a la estructura. Los profesores intentaron alcanzarlo, pero no pudieron. La corriente se llevó al niño río abajo y todos creyeron que habría muerto ahogado en el trayecto, ya que estaba en un río muy peligroso para una estructura tan débil. Los responsables del centro llamaron a sus padres para comunicarles la triste noticia.

El niño llegó sano y salvo y con la balsa medio rota a un pequeño pueblo. Arrastrándose de nuevo a través del barro, llegó a la casa de una anciana, que le dio de comer y llamó a sus padres. La noticia hizo a sus padres llorar de alegría y acudieron en su búsqueda.  Sus padres, al ver lo que hizo por reencontrarse con ellos, le sacaron del centro y dejaron que volviese a vivir con ellos. El niño se reencontró con la animadora, se declararon su amor y terminaron esta historia con un gran beso.

 

(HISTORIA BASADA EN EL SOLDADITO DE PLOMO)

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Acerca de nube roja
Profesor de lengua y literatura del IES Marismas, Santoña, Cantabria.

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