Un minuto entre la vida y la muerte

Hace unos años cuando volvía del parque y pasé por una de las casas en las que nunca había estado, oí unos ruidos de los cuales además de miedo me surgió curiosidad. Cuando llegué a casa le pregunté a mis padres. Tan solo lo sabía mi padre pero no me lo quiso contar, yo le dije y que iría a visitarla pero él me lo prohibió. Yo le hice caso, note que su voz era un tanto agresiva.

Al día siguiente volví a pasar por allí y de nuevo escuché los ruidos; eran ruidos como de cadenas y se oían sacudidas de sabanas o manteles; me paré un instante y de repente vi como si un cuerpo cayera de la parte superior de la casa, en ese instante eché a correr todo lo que pude y más.

Cuando llegué a casa le conté a mi padre lo que había visto y me contó la historia. Me dijo que en esa casa, hace 86 años, él amo murió en ella y nadie se dio cuenta hasta que pasaron unos meses pero cuando fueron a por el cadáver  no le encontraron; entonces dicen que el cuerpo  está ahí y que cada vez  que llega el mes en el que murió hace una especie de rebelión.

Yo no me creía la historia y mi padre me dijo que si no me lo creía lo iba a comprobar. A la tarde siguiente mi padre me obligo a ir con él y después de estar discutiendo un rato, cedí y le dije que sí.

Cuando llegamos a la casa me dijo que esperara un instante en el coche, mientras  él comprobaba que no había  peligro. Yo me quedé en el coche viendo como él entraba en la casa; tenía miedo de que le ocurriera algo y estaba nerviosa. Pasaron los segundos, los minutos, hasta que paso 1 hora; había anochecido y él no había vuelto, entonces empecé a oír los mismos ruidos de cadenas, sacudidas y una especie de gritos. En ese instante no sabia qué hacer, yo quería entrar pero tenía un miedo que me superaba, hasta que al final entré.
En la casa no había luz y estaba fría. Después de estar andando 10 minutos oí unos ruidos y fui hacía ellos; atravesé el pasillo hasta que llegue a una puerta de madera; y dejé de oír los ruidos.

Entonces oí la voz de mi padre al otro lado pidiendo ayuda. No sabia qué hacer, así que decidí dar media vuelta y salir a la calle a buscar ayuda… pero no encontré salida; las puertas se habían cerrado y no había ni un rayo de sol solamente un quinqué viejo; que me sirvió para volver al punto en el que estaba mi padre.
Yo sabía que nada bueno iba a ocurrir y que no conseguiría salir de allí  sin la ayuda de mi padre, pero claro ¿Cómo iba a conseguir ayudar a mi padre si estaba al otro lado de la puerta?

Después de 2 horas apoyada al otro lado de la puerta decidí preguntarle a mi padre cómo estaba… lo hacía cada 10 minutos pero esta vez no contesté; yo me desesperé y empecé a decirlo en alto “Papá, papá”  muchas veces pero no decía nada. De repente vi que un cuerpo se acercaba a mí. Venía de frente, yo me hice la dormida y vi cómo abría la puerta. Entonces vi cómo mi padre, que estaba al otro lado, caía al suelo; estaba inmóvil.
El cuerpo del extraño era esquelético y sus manos no tenían nada de piel, solo estaba cubierto por una túnica negra…
Se llevó a mi padre arrastrándole, vi como mi padre abrió los ojos  y me miro, me miro con cierta pena y ternura… yo les seguí hasta una habitación; me escondí detrás de un armario, esperando la ocasión para poder actuar y ayudar a mi padre, cuando vi que el extraño salía por la puerta y la cerró, yo fui rápidamente hacía mi padre, para intentar soltarle las cuerdas de las manos y los pies que el extraño le había atado. Entonces oí como el extraño se acercaba. Yo no podía soltar las cuerdas, entonces oí como abría la puerta lentamente… conseguí soltar las cuerdas pero era demasiado tarde el extraño cogió una espada y me intentó matar, cuando me arrinconó y estaba a punto de matarme; mi padre se interpuso entre la espada y yo… sus últimas palabras fueron “corre y no mires atrás”. Yo le hice caso y conseguí escapar. Si el extraño hubiera tardado un minuto más lo hubiéramos conseguido.

Desde ese día aprendí que nunca hay que no creer en nada. Pero aprendí demasiado tarde.

                                                                                                                                         Sandra Rugama

Acerca de nube roja
Profesor de lengua y literatura del IES Marismas, Santoña, Cantabria.

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