Leyenda de terror: “La mansión de los gatos”

Todo comenzó un triste día de noviembre de 1996, en el que sólo dos niñas andaban por la calle. Una era alta y tenía el pelo castaño, se llamaba Yara. La otra era rubia y baja y se llamaba Miranda. Ellas caminaban por la calle cuando vieron la luz encendida y la verja abierta  de “La casa de los gatos”. Esa mansión era siniestra, no tenía ni una flor y estaba deshabitada desde hacía muchos años. En ese instante cometieron el mayor error de su vida: el entrar.

En cuanto pisaron el primer tablón de madera, chirrío y la puerta se cerró haciendo un agudo ruido. Decidieron avanzar hasta la habitación de donde provenía la luz. En ese instante empezó a llover.

Miraron en la habitación y solo vieron la luz grisacea de la televisión, sin señal. En ese instante cayó un rayo y se iluminó la silueta de una niña. Esa niña hizo un lento movimiento de cabeza y se rió con una voz aguda. Las niñas salieron corriendo y al fijarse otra vez en la casa vieron que había desaparecido la luz. Al día siguiente decidieron ir a ver al anciano más viejo del pueblo, más conocido como ” el Abuelo”.

Les contó que, hacía muchos años, una pareja compró esa mansión. Él era médico. Juntos tuvieron una hija: Se llamaba Tina Stiven. Una noche estaba en el sótano cuando encontró un pozo. Decidió explorarlo con una cuerda pero no era muy resistente así que cayó dentro de él. Con el tiempo enfermaron y murieron. Desde aquella vez no se supo más de esa casa.

Al día siguiente decidieron volver a ir y explorar a la casa en busca de cosas paranormales. Fueron a la habitación en la que la noche anterior vieron a la supuesta Tina, y no había rastro de nada. Fueron al sótano a ver el supuesto pozo y era verdad lo que contó “el Abuelo”: Había un pozo. En ese instante se cerró la puerta y sonó una voz que decía:

-¿ Qué hacéis aquí?

-¡Fuera!

Se empezó a mover la tapa en la que ponía el nombre de Tina Stiven, fallecida en el 1928.

Intrentaron salir de la mansión pero no había salida. Todo estaba poseido por Tina Stiven.

Nosotras le preguntamos:

-¿Qué quieres de nosotras?

– A vosotras- respondió.

No os conte toda la historia, yo tambien estaba aquí cuando ella murió y no se cayó sola sino que yo la tiré. Yo no tenía amigos y ella se ofreció a ser mi amiga pero me dejó tirado, como todos. Así que fuí a su casa a hablar y cuando no me vieron la tiré a el pozo.

De repente se apagó la luz e imagínate lo que pasó…

Dicen que si te encierras en un sótano y dices Tina, Tina, Tina. Te pasará lo mismo que a ellas.

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Acerca de nube roja
Profesor de lengua y literatura del IES Marismas, Santoña, Cantabria.

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