El hombre que no sabía que no existía

El hombre se dirigía al centro de la ciudad a toda velocidad en su nuevo coche, un Lamborghini que acababa de comprar cual paquete de pipas se tratase. Nuestro conductor desconocía que tarde o temprano recibiría una llamada de teléfono que le despistaría y le haría salirse de la calzada, quedando su querido coche totalmente destrozado.

– Eh, eh, cálmate, eh, José… -dijo el hombre al tiempo que frenaba en seco, dejando marcados los neumáticos en la carretera- ¿Qué es eso de destrozar mi coche nuevo?¿Acaso te has vuelto loco? ¡Me ha costado un dineral!

– ¿Cómo que qué es eso? Yo te he creado para poder hacer este trabajo de lengua, y por lo tanto yo podré decidir que le pasa a tu perro, a tu gato y a tus doce herm…

– ¿Mi perro? ¿Mi gato? ¡¡¡¿Mis doce hermanos?!!!… -Interrumpió el personaje-  No tengo ninguna de esas cosas y además, te repito que no destroces mi coche, ¡me ha costado mucho dinero!

– Sí, ahora tienes perro, gato y doce hermanos, y solo por que yo quiero y lo veo adecuado… Además, ¿qué excusa es esa de que te ha costado un dineral?, yo he inventado que eres rico y que tienes tanto dinero como para comprarte veinte de esos Lamborghinis. Así que no me molestes más y déjame escribir esta historia, que no tengo tiempo y  puedo convertirte en pobre o incluso hacer que desaparezcas si me fastidias demasiado, porque ya te estás pasando… ¿Qué es esto de meterte en las historias que escribo?

El hombre se quedó perplejo ante la posibilidad de que realmente no era más que un personaje creado para un trabajo de instituto. Bajó del coche y miró hacia arriba, y con un aire de superioridad se atrevió a lanzarme estas palabras:

– Escúchame, ¿Cómo sabes que yo soy el personaje y tú eres mi creador? Tal vez ahora mismo yo esté escribiendo una historia en la que tú piensas que eres mi creador… ¿No lo has pensado de esa manera?, o tal vez haya otra persona que no conozcamos y que esté escribiendo esta situación…

Justo entonces miré hacia arriba… Por suerte no vi nada ni nadie que me estuviera manejando o decidiendo mi futuro, bueno, sí, el destino, pero eso que yo sepa no se ve…

 

 

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Acerca de nube roja
Profesor de lengua y literatura del IES Marismas, Santoña, Cantabria.

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