Vivo por primera vez…

” Daniel la había salvado la vida, ella había estado a un milímetro de precipitarse al vacío, pero él la había detenido. La agarró del brazo evitando su caída, atrayéndola hacia su cuerpo. Sus rostros se encontraban a escasos milímetros de distancia, sus respiraciones se acompasaban y se mezclaban, entonces…”

– ¡Por favor, no hagas eso! – gritó alguien cerca de mí haciendo que me sobresaltara.

– ¡¿Quién ha dicho eso?!

– ¿Acaso no me reconoces? Soy yo, Daniel. – En ese mismo instante me di cuenta de que la voz provenía de mi cabeza.

– Eso es imposible, no existes, no eres real – me repetía una y otra vez en mi cabeza, ¿me estaba volviendo loca?

– Si existo, en ti, en tu cabeza, y no puedo permitir que escribas lo que yo creo que vas a escribir. Si lo escribes, será demasiado tarde – me susurraba con cierto tono de tristeza.

– ¿Tarde para qué?

– Tarde para intentar convencerte de que no lo hagas. Tú eres quien elige lo que debo pensar, lo que debo hacer, tú eres quien domina mi mente. Si ahora mismo escribes que mi color favorito es el azul, a partir de ahora lo será, y si ahora escribes que Anastasia y yo nos enamoramos, pasará… – no entendía a dónde pretendía ir a parar.

– ¿Y por qué razón Anastasia y tú no debéis enamoraros? Esta es una historia de amor, y he creado a Anastasia, es perfecta para ti.

– Yo ya he escogido a quien amar, mi corazón ya pertenece a alguien… – Oh no, no, no… Ya sabía como iba a terminar esto.

– ¡Eso es imposible! Yo soy humana, ¡tú no!

– Pero te quiero, nadie me conoce como tú… Tú me has hecho sentir vivo, Laura… Solo cuando me escribes soy libre, soy yo al cien por cien, me siento… Humano… No quiero enamorarme de Anastasia, yo no la quiero a ella, yo te quiero a ti – esto no podía estar pasándome…

– Aprenderás a amar a Anastasia, te lo aseguro, ella ya te ama a ti. Lo escribiré, y ya no te acordarás de esta conversación, ya no sentirás nada por mi, yo solo soy tu escritora, no vivo en tu mundo, ella sí – debía convencerle de que era lo mejor.

– ¿Por qué me obligas a querer a alguien que yo no quiero, Laura? – un escalofrío me recorrió la espalda. Su tono era amenazador.

– Dentro de un minuto la amarás con todo tu corazón, no sabrás ni siquiera que alguna vez me quisiste a mí… – se hizo un silencio eterno, hasta que finalmente prosiguió hablando.

– ¿Me harías un favor?

– Claro, pídeme lo que quieras.

– Escríbelo ya, ¿vale? No prolongues más este sufrimiento… Te quiero…

” Daniel la había salvado la vida, ella había estado a un milímetro de precipitarse al vacío, pero él la había detenido. La agarró del brazo evitando su caída, atrayéndola hacia su cuerpo. Sus rostro se encontraban a escasos milímetros de distancia, sus respiraciones se acompasaba y se mezclaban, entonces se miraron a los ojos, y lo sabían… Habían nacido para estar juntos… Ambos se sintieron vivos por primera vez, y Daniel sabía que alguien, mucho más allá de su mundo, los había unido, y le estaría eternamente agradecido…”

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Acerca de nube roja
Profesor de lengua y literatura del IES Marismas, Santoña, Cantabria.

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