El que mueve los hilos

El cielo rabioso empezó a llorar, y una inmensa marea apareció de repente. Decidí subir a aquella casa en la colina donde la fuerte tempestad casi no azotaba. El camino es duro, largo, rocoso y cansado. Yo avanzaba para no ahogarme, pero el cansancio lo estaba consiguiendo. Una vez una gran verja separaba mi vida y la llegada de la parca. Nunca tuve una gran habilidad para escalar vallas, además esta era bastante alta. Decidí bordear la casa en busca de una herramienta para romper la puerta de la verja. En ésta había un candado de hierro que la bloqueaba. Busqué por todos los lados cualquier cosa valía pero era un territorio hostil, desolado, sin vida. Como último recurso intenté subir la valla, sin esperanza, me caí tantas o más veces incluso de las que lo intenté. Ya no podía más, mi cuerpo estaba agotado, el último aliento, el último suspiro, la última mirada, la última imagen, el último sonido, la última palabra, el último segundo con vida y de repente … Apareció de la nada, como la nada, en un esplendor de luz, en una armonía suave, y me desperté en una superficie llana, el suelo acariciaba mi cara, en el borde de un abismo, en el bordillo del cielo mismo, en la orilla de un acantilado. El paisaje era sencillamente perfecto, cada curva cada árbol, cada rosa, cada nube. Era ya un cielo crepuscular. Respiré aliviado y tranquilo y al instante una voz entre grave y aguda, con un timbre peculiar, calmada y segura me habló.

– Era una broma. ¿En serio creías que ibas a morir?

– ¿Qué? ¿Cómo?

– Nada, pero si quieres te doy patatas fritas.

– Me refiero a qué ha pasado.

– ¡Ah! En realidad ha sido todo una broma.

– ¿Cómo que una broma ?

– Todo lo que ha sucedido ha sido porque me ha dado la gana.

– ¿Quién eres y dónde estás?

– No puedes verme porque no puedo meterme en tu mundo irreal, bueno, sí pero no mi verdadera persona.

– ¿ Cómo que “ irreal ´´?

– Si, por desgracia tu mundo es irreal. De verdad piensas que el mundo se inunda así por las buenas.

– No lo sé, supongo. ¿Dónde estoy?

– Pues no lo sé. He creado esta sala en mi subconsciente para hablar con otro producto de mi subconsciente.

– Casi me matas ¿por qué?

– Quería un poco de acción.

– ¿Y por qué lo haces?

– No sé, me han mandado un trabajo de lengua y, claro, ahora estoy sentado en la habitación terminando el texto.

– A ver, a ver, o sea ¿que soy fruto de tu imaginación, un personaje ficticio?

– Así es.

– Es decir, que estoy a tu merced ¿ tú me puedes controlar?

– Exactamente, por ejemplo voy a hacerte decir zapatilla.

– Zapatilla.

– Esto es una paradoja cuántica.

– Pero no lo entiendo ¿por qué puedo sentir?

– Eso es lo que tú crees.

– Y cuando dejes de pensar en mí, ¿qué pasará ?

– Lo ignoro, quizá desaparezcas.- respondió.

Después de un corto instante aparecí en mi casa de vuelta con mis seres queridos, antes de que todo ocurriera. Seguí con mi vida, al principio me costaba no pensar en lo que había sucedido pero después me acostumbré. Pensé que quizás fuese un sueño o que alguien controla nuestra vida, quizá no existamos simplemente o sencillamente hay alguien que mueve los hilos de nuestra existencia.

 

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Acerca de nube roja
Profesor de lengua y literatura del IES Marismas, Santoña, Cantabria.

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