Lo mío es crear, no destruir.

Anastasia quería que su marido aprendiese a disparar, temía por la vida de su obseso del control desde que intentaron asesinarlo, pero Christian odiaba las armas. No quería tener nada que ver con ellas y no aprobaba que sus guardaespaldas llevaran pistolas encima. Lo que pilló totalmente desprevenida a Ana…

– Espere, señorita James, ¿se supone que yo soy un hoplófobo y que en cambio mi mujer es toda una pistolera? Sin duda, tiene que haber algo que no funcione correctamente dentro de tu mollera.

– No, Christian, mi imaginación funciona perfectamente ¿es que acaso no ves la sensación que produces en las mujeres o lo perfecta que es tu mujer? Tienes que descubrir todos y cada uno de sus talentos. Además, que estés en contra de las armas atraerá de una forma aun más sobrehumana a nuestras lectoras, que estarán encantadas de que hayas crecido con esos valores en tu familia.

El atractivo Christian Grey me miró con esos ojos grises y supe que debería seguir con mi idea clara y firme. Este hombre tiene que venir de un planeta diferente o mejor, de un universo. De todas formas, me dispuse a escuchar la opinión que tenía sobre mi última idea.

– Todo eso está muy bien, pero se te olvida que soy una persona muy viril, muy masoquista y muy dominante. Eso de que esté tan en contra de las armas con todo lo que soy y lo que me gusta, es un poco retorcido. Yo me he prestado a ser tu inspiración pero no me gusta que a veces se te olvide que soy un macho. Me gustaría, dado que la mayoría de mi existencia ya ha sido un calvario, que me dejarás la oportunidad de decidir respecto a este tema. Perdone que deje salir mi yo puntilloso, pero decido que quiero que me gusten las armas.

Cada vez estaba más dominada por ese hechizo que desprendía en una simple ilusión de tenerle, como si fuera yo misma Anastasia ganándome sus flores y corazones.

-Valiente Presidente de Grey Enterprises Holdings, Inc., sin duda tengo que quitarle ese don para la hipérbole, pero recordando que soy yo la que escribe y la que decide en esta historia, le diré que será un placer para mí  darle una negativa en su petición de si se le puede llamar así y, dado que usted no tiene poder en el mundo real, le diré que es todo un lujo.

Volvió a mirarme y sentí calor, mucho calor. Era raro pensar que tan solo estaba en un McDonald, disfrutando de sus desayunos por menos de dos dólares.

– Ahora mismo me siento un presidente afectado, pero también asombrado de que no confíe en que nuestra historia será un éxito y que en un futuro puede que tenga ese poder en alguna fan o algún actor de Hollywood que tenga el honor de representarme en pantalla. Aunque, claro, ahora que lo pienso, puede que para eso tengan que pasar unos años y yo ahora mismo solo estoy aquí para complacerla, señorita James.

Ojalá llegara ese momento y que el guapo actor también tuviera esa idea de complacerme, pero por ahora, tenía que acabar con esta estúpida conversación con mi yo y con mi hombre ideal interior. De lo contrario, terminaría por sacar ese producto de mi imaginación y tendría un aperitivo más en el desayuno.

– Christian, esto se quedará así, porque tú tienes belleza debajo de esa piel. Y tu corazón ya no está tan destrozado como hacía tiempo. Debes sorprenderla, dejarla que sea ella la que pueda defenderte porque para algo ella fue instruida desde muy joven en el manejo de armas por su padre. Ahora dedícate a apoyar esas iniciativas contra el control de armas y apaga ese móvil antes de que tengas un accidente en el avión y se acabe nuestra relación.

Y será mejor que acabe antes este intercambio de información interior antes de que mi imaginación sea la que acabe con el mundo por culpa del calentamiento global.

-Pero antes, concédeme un instante de conversación con mi querida Ana y, que sepas, que si he aceptado esto, es porque espero que cumplas nuestro trato, cuando merezca poseer las mismas cosas en el mundo real porque esto llegará a ser un gran best seller y  me llevarán a los cines. En ese momento, “todo lo que sea tuyo, será nuestro, nena”. Ahora me dedicaré a seguir mi papel de filantrópico, pervertido, romántico y cincuenta cosas más.

– Hasta muy pronto, inspector, estaré aquí si tienes alguna otra pega. Yo seguiré con mi papel de escritora con mollera rota, intentando encajar una conversación con tu editora de SIP, ya sabes que estoy aquí para crear, no para destruir, Christian.

-Adiós, nena, me he entusiasmado y he disfrutado con este juego.

“Un hombre que consigue adueñarse absolutamente de su mente puede adueñarse de cualquier otra cosa para la que esté legalmente autorizado”.

¿Las armas? En este caso no, Christian.

 

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Acerca de nube roja
Profesor de lengua y literatura del IES Marismas, Santoña, Cantabria.

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