Vitrocerámica

Tengo hambre, me levanto y abro la nevera,

dios, qué frío, qué frío.

Cojo el filete, está fresco, por supuesto.

Miro a mi izquierda y recuerdo ese gran invento,

¡oh, vitro, que haces que mis comidas sean calientes!

¡Oh, vitro, que todo sabe mejor cuando te pongo la sartén!

Con solo darle a un pequeño botón, tú desprendes calor,

ese rico calor que me hace más feliz.

Tú, vitrocerámica, siempre estás ahí.

Tú, vitrocerámica, gracias por existir.

 

 

 

 

Acerca de nube roja
Profesor de lengua y literatura del IES Marismas, Santoña, Cantabria.

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