Instrucciones para una buena celebración del Día del Libro 2013

A continuación, les mostraré los pasos a seguir para una buena celebración de un evento tan maravilloso como es el Día del Libro. Puede parecer que es un plan un poco raro para pasar el rato, pero los del Marismas somos así de originales.

PRIMER PASO: Se necesita un buen lugar para celebrarlo con buen ambiente y gente, mucha gente, pero no nos vale cualquiera, se necesita gente con ganas de hacer cosas diferentes. Así que recurrimos a alumnos ansiosos de abandonar los libros de texto (puede parecer fáciles de encontrar pero hay gente que, en cuanto le dices que hoy no se abre el libro, se apalanca en su silla con cara de “¿pa’qué he venido entonces?” y se niega a hacer “tontadas”). Con estos hay que insistir, ponerse muy pesada, hasta que prefieran hacer carteles que oírte.

SEGUNDO PASO: Se les dice a los alumnos que deben hacer unos carteles distinguidos y bonitos sobre el Día del Libro con dos brochas, cuatro pinceles, veinte botes de pintura casi vacíos y un cartón. Los más escépticos ante la falta de recursos se quejarán pero los más optimistas e ilusionados les animarán con un clásico “¿qué prefieres, dar clase normal?”. Así la imaginación de unos, las ganas de los otros y las ideas de todos harán posible que endebles cartones se conviertan en despampanantes carteles promocionando el gran evento.

TERCER PASO: Se les dice a los alumnos de Teatro que no da tiempo a preparar ninguna representación para ese día y que solo serán meros espectadores. Estos de la farándula no están acostumbrados a mirar únicamente, son carne de escenario y eso de no actuar les parecerá una derrota. Entonces les picará el gusanillo y unos prepararán un Pasapalabra para profesores y otros un pequeño sketch sobre un médico que recetas libros para curar males, todo en tiempo récord. A su vez, estos engancharán a varios profesores para participar en el Pasapalabra y a la de Música para realizar las pruebas musicales, que a su vez enganchará a alumnos para que hagan los sonidos de respuesta correcta e incorrecta. El efecto dominó es clave en este tipo de organizaciones.

CUARTO PASO: Se necesitan dos Técnicos de Sonido, comúnmente denominados los de los cables. Después necesitas una Maestra de Ceremonias, para que presente el acto; un Director, que entregue los premios del Concurso Literario, y un Cámara de vídeo, que lo grabe (el fotógrafo no es necesario pero si encontráis por ahí alguna fan entregada, fichadla, no está mal tener fotos del acto) .

QUINTO PASO: Lo bates todo y esperas, cruzando los dedos, a ver qué sale.

RESULTADO: un rato ameno, entretenido, bonito, estupendo, divertido, salado, estupendo y sobre todo en buena compañía.

MUCHAS GRACIAS a todos los que participasteis el Día del Libro el pasado 26 de abril de 2013 en el IES Marismas.

Os dejo aquí fotos y vídeos (casi casi un tutorial).

Album de fotos
Entrega de premios del XIII Concurso Literario
¿Necesitas un librólogo?
Pasapalabra para profes y Recital

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XIII CONCURSO LITERARIO IES MARISMAS 2013

concurso literario 2013

1er Premio de relato IES MARISMAS (XII edición) Categoría: 3º y 4º ESO

Un mismo corazón


“Todo estaba oscuro. Lo único que se oía era una respiración muy fuerte, como si le faltara el aire a alguien. Todo comenzó a coger color y forma. Era un bosque inmenso, de árboles de un tamaño incalculable, repleto de piedras puntiagudas, pero en él, ocurría algo fuera de lo común. Una mujer corría lo más rápido posible, apoyando contra su pecho un bebe de dos meses envuelto en una manta. Por mucho aire que la faltara, por mucho dolor que tuviera que aguantar, no descansaría ni un segundo, ni reduciría su velocidad. Se quitó los incómodos zapatos y continuó corriendo, haciéndose aún mas heridas en las piernas. Llegó a una cabaña y llamó a la puerta lo más fuerte que pudo. Esta se abrió y de la cabaña salió un hombre de pelo canoso y con numerosas cicatrices, que vestía con una túnica negra que llegaba a tocar el suelo. La mujer entró, y aunque al principio se asustó, hizo caso omiso a las armas y a los animales muertos que allí se encontraban, y depositó al niño en una camilla de madera. Por el color de su piel parecía que el niño estaba muerto, pero los lentos y costosos movimientos de sus manos lo desmentían. El señor, de rostro terrorífico, acercó su cara al pecho del niño mientras la mujer lloraba. Negó con la cabeza, y la mujer susurró algo: “Toma mi vida, y devuélvesela a él”. El hombre elevó las manos, y una vez lo más arriba posible las juntó. La mujer sintió un pinchazo en el corazón, y dio un paso hacia delante estremeciéndose. Al instante se desplomó en el suelo, sin vida, y comenzó a oírse el llanto de un niño.”

 

Desperté incorporándome rápidamente en la cama. No era la primera vez que soñaba con lo que me ocurrió cuando era un bebe, aunque lo que más me extrañó al principio fue recordarlo siendo que tenía únicamente dos meses, pero con el tiempo, y gracias a otros sueños, pude comprender, que lo que soñaba eran los recuerdos de mi madre que todavía continuaban vivos en su corazón, mi corazón.

 

Me sequé las gotas de sudor que se deslizaban lentamente sobre mi frente, y me levanté para abrir la ventana. Una ráfaga de aire chocó contra mi cara, cerré los ojos, y simplemente sonreí. Salí de mi cuarto, y me vino un exquisito olor a guiso de conejo. En es mismo instante me rugieron las tripas tan fuerte, que mi padre se dio la vuelta al oírlas.

 

–       Buenos días hijo.

–       Hola padre. ¿De dónde has sacado el conejo?

–       Anoche no conseguía conciliar el sueño y fui a cazar al Bosque de los Tres Picos.

–       ¡Padre, sabes que está prohibido cazar en las tierras del Rey, si se enteran te ahorcarán! – no me gustaba enfadarme de ese modo, pero el mero pensamiento de poder perderle a él también, me ponía histérico.

–       Prefiero arriesgarme, a que tú te mueras de hambre.

–       Padre, ya soy mayor, tengo dieciocho años y se valerme por mi mismo.

 

Sentía que mi  padre no le daba importancia a su vida desde que ella ya no estaba, y era cierto. Había momentos en los que al verme se entristecía, puesto que como todo el mundo decía, yo era la viva imagen de mi madre. Sus ojos azules, mi boca, mi forma de actuar… Me contó que estaba muy enfermo, y que ningún médico sabía lo que ocurría. Ella dejó de comer, y pasaba mis últimas horas junto a mí. Hasta que un día, se fue conmigo en brazos sin decirle hacia donde iba, ni lo que ocurría. A las pocas horas, apareció el cuerpo de mi madre tirado en la calle, y yo entre sus brazos, pero él no entendía nada. Cuando crecí, exactamente a los catorce años, gracias a mis sueños, pude entender lo que ocurrió y se lo conté. Le costó creerme y no le culpaba de ello. Costaba creer que mi madre, vio que eran mis últimos momentos de vida, y echó a correr hacía un bosque, llegando a casa de un hechicero, mago o médico, lo que quisiera que fuese, y allí intercambiara su vida por la mía. Pero era lo que ocurrió. Al final confió en mí, y nos dirigimos hacia la cabaña de ese señor. Cuando llegamos no había rastro de él ni de sus pertenencias.

 

Salí hacia la calle mientras se terminaba de hacer el guiso de conejo, y me senté en las escaleras de piedra que había nada mas salir de la casa. La gente paseaba por la villa, comprando pan, verduras… Mire al frente, y algo ocurrió. Una chica. Era guapísima. Su cabello rubio caía sobre su pecho, y sus ojos eran de un verde intenso. En ese momento, ella alzó también la mirada, y nos quedamos quietos, mirándonos, mientras mi corazón se movía a una rapidez increíble. Me levanté suavemente, y ella se acercó. Empecé a notar unos pinchazos en el pecho, y por las muecas de su cara, parecía que ella también los sentía. Cuando ya estábamos casi al lado, noté un mareo inmenso en mi cabeza junto con un pinchazo aún más fuerte en el corazón y me desmayé, cayéndome por las escaleras y golpeándome la cabeza.

 

Desperté en mi cama con mi padre de pie en la puerta y el médico sentado junto a mí. Les expliqué que simplemente me había mareado, pero que ya me encontraba mejor. El médico se fue, y no pude evitar preguntar a mi padre sobre ella.

 

–       Padre, ¿ha preguntado alguien por mí o has visto alguna muchacha junto a mí en la calle?

–       No, pero hubo una chica que en el mismo momento en que tú te caíste se acercó a ver como estabas, aunque se desplomó en el suelo mareada. Consiguió ponerse de pie y echó a correr, ¿por qué lo preguntas?

–       Por nada, simplemente me pareció que la conocía – intenté que creyera mi mentira, pero aunque no siguió con el tema, sabía que no lo había hecho.

 

Notaba que algo me pasaba con ella, ¿tal vez sería el amor? No lo sé, nunca lo había sentido. Solo quería verla otra vez, estar con ella… Cosas imposibles, siendo que ni siquiera sabía su nombre. En ese mismo instante me acordé de mi cita con Calisto, mi mejor amigo, para ir a cazar al Bosque Patrocinio.

 

Al caer la tarde comprobé que lo llevaba todo: mi arco, el carcaj con las flechas, y un fardo con algo de comida. Me dirigí hacia el cementerio que estaba justo antes de llegar al bosque, y me alegré al ver que hoy, Calisto había sido puntual. Nos adentramos cada vez más en el bosque, hasta que de una forma involuntaria me giré y la vi. Le dije a Calisto que quería irme por mi cuenta y él no puso retención alguna. Comencé a seguirla sin saber por qué, y al poco tiempo, el camino me empezó a resultar familiar, hasta que supe donde nos encontrábamos. Habíamos llegado a una cabaña en medio del bosque. Llamó a la puerta, y reconocí al hombre que abrió. Llevaba la misma túnica, tenía esas cicatrices y su pelo era aún más canoso. Cuando entró, corrí hacia la cabaña y golpeé la puerta. Nada más abrirla entré rápidamente, me quedé mirándola. Ella me miró. Todo desapareció a nuestro alrededor. Solo estábamos nosotros dos. Nuestras miradas. Nuestros corazones. Sus labios. Sus ojos. Una sensación. Todo daba vueltas. Los ojos se nos cerraban. No quería dormirme, no quería cerrarlos, solo quería estar con ella, besarla, sentirla, acariciarla… Pero inevitablemente caímos al suelo.

 

Desperté en la misma camilla de madera en la que ya me había tumbado una vez. A mi lado se encontraba ese señor. Me incorporé rápidamente buscándola con la mirada, pero no estaba allí.

 

–       Tranquilízate – me dijo.

–       ¿Quién es usted y qué la ha hecho?

–       Me llamo Rodrigo, y no la he hecho nada – se rió – ella es mi hija, Natia.

 

Natia, Natia, Natia, Natia… Pronuncié su nombre mil veces en mi interior, y cada una de esas veces me producía un cosquilleo.

 

–       ¿Dónde está? – le dije esta vez un poco más tranquilo.

–       Está en la villa. Allí estará más segura. ¿Tú eres Dalmo, verdad?

–       ¿Cómo sabe mi nombre?

–       Tú madre me pidió ayuda hace muchos años.

–       Lo sé. Tengo que irme, tengo que hablar con Natia.

–       No te lo recomiendo. No podrás llegar ni a tocarla, te desmayarás.

–       ¿Por qué nos ocurre esto? ¿Qué nos ha hecho? – no comprendía nada.

–       No os he hecho nada. El día que tu madre vino a verme, Natia también estaba enferma, y al igual que tú le quedaban pocas horas de vida. Entonces, cuando tu madre me ofreció su vida por la tuya, decidí repartir su corazón, y así los dos podríais vivir. Por eso cada vez que estáis juntos, os miráis, o habláis, os desmayáis, porque los dos estáis viviendo de un mismo corazón. Y por eso mismo me alejé de este lugar, para que nunca pudierais encontraros, pero ahora es demasiado tarde. Al tener el mismo corazón, es como si os conocierais de toda la vida, y os habéis enamorado. Pero no puedo permitir que estéis juntos. Nos iremos de aquí lo antes posible.

–       ¡Pero yo la quiero! – le grité.

–       Por eso mismo. Si la quieres tienes que dejarnos ir. ¡No entiendes que si estáis juntos, y os besáis moriréis los dos!

 

Me levanté, casi sin fuerzas. No sabía si por mi desmayo o por lo que acababa de oír. Salí con intención de no volver jamás a ese lugar, e intentándome hacer a la idea de que no volvería a ver ese cabello rubio, esos ojos verdes y esos labios que me moría por besar.

 

Cuando llegué a casa ya era de noche y no había nadie en la villa. No me apetecía entrar, así que me senté en las escaleras y comencé a llorar. Quería despertar de esta pesadilla, que todo hubiera sido un sueño. Jamás pensé que amar era tan doloroso, pero no me arrepiento de haberme enamorado, de haberla conocido, de haber visto a la mujer más bella del mundo, y a ver estado junto a ella. No nos hizo falta compartir una sola palabra para saber lo que sentíamos el uno hacia el otro. Simplemente AMOR, una sensación que me parecía una estupidez antes de conocerla.

 

Oí un ruido y me levanté rápidamente secándome las lágrimas con el miedo de que mis sollozos hubieran llamado la atención de alguien. Me di la vuelta, y al final del camino vi una silueta que llevaba consigo un candil. Se fue acercando cada vez más, hasta que llegué a reconocerla. Era ella. Se paró a varios metros de mí para que no nos ocurriera nada, aunque yo me sentía mareado. Era noche de tormenta y la lluvia comenzó a precipitarse, pero no nos inmutamos.

 

–       Mi padre y yo nos vamos de la villa – me dijo alzando un poco la voz para que pudiera escucharla. Tenía una voz preciosa que se quedó grabada en ese mismo instante en mi cerebro.

–       Lo sé, me lo dijo él mismo.

–       Solo quería despedirme de ti…

–       Pues que te vaya bien – no podía creerme que hubiera pronunciado esas palabras, era un estúpido.

–       Adiós…

 

Comenzó a darse la vuelta para irse, pero tenía que decírselo.

 

–       Natia… Te quiero… – necesitaba decírselo antes de no volver a verla jamás.

–       Nunca te olvidaré Dalmo – me respondió entre sollozos.

 

Se dio la vuelta y comenzó a alejarse. Desde que era pequeño notaba que me faltaba algo dentro de mí, y ahora que por fin he conseguido encontrar ese algo tengo que decirle adiós, porque si no, puede acabar con nuestra vida. Pero es que mi vida, no es vida, sino es con ella, porque sin Natia, mi corazón dejara de latir igualmente, y preferiría morir a vivir sin ella.

 

Pronuncié su nombre en bajo, tan bajo como un susurro, pero lo oyó, y se giró para mirarme. Se me derramó una lágrima, y negando con la cabeza, di un paso hacia delante al igual que ella, seguido de otro, y de otro, hasta aumentar la velocidad. Cada vez más cerca, aún más. Luchaba con todas mis fuerzas por no cerrar los ojos. Me daban pinchazos en el corazón pero les hacia caso omiso. Estábamos apunto de tocarnos. Ella tiró el candil. Nos frenamos el uno junto al otro, a unos pocos centímetros de tocarnos.  Mi respiración se mezclaba con la suya. Los dos luchábamos por no caernos. Nunca habíamos sentido tanto dolor, ni habíamos estado tan vivos como ahora. Toqué su pelo por primera vez, tan suave como imaginaba. Alcé la mano, acariciando su rostro y secando las lágrimas que por él caían, mirando sus ojos verdes. Me acerqué un poco más, no aguantaría mucho antes de desmayarme. Entonces junte su cara con la mía, y uní nuestros labios. Sintiéndome vivo por fin. No notaba dolor, no sentía nada salvo su boca chocando con la mía. Dejamos de besarnos y nos miramos el uno al otro. En ese mismo instante ella puso una mueca de dolor y cerró los ojos desplomándose. Me agaché junto a ella intentando notar su respiración, pero no respiraba. Comencé a sentir un dolor muy fuerte en el corazón. Sabía lo que estaba ocurriendo pero no me arrepentía de haberla besado. La besé por última vez, y cerré los ojos para unirme junto a ella en un sueño eterno bajo la lluvia.

 

Samuel Martínez Concha

3ºESO

IES MARISMAS

Santoña

1er Premio de relato IES MARISMAS (XII edición) Categoría: 6º PRIMARIA

Cuenta la leyenda

En un pequeño reino, un rey lleno de ira por lo mal que estaba su pueblo, mató al último unicornio. Ese unicornio era mágico y al matarlo, el reino se quedo sin vida. Ese mismo día le ocurrieron desgracias enormes, más de las que tenía antes. Después de todas las desgracias el pueblo decidió irse de allí hasta que todo eso estuviera solucionado. Solo, aparte del rey, una única persona quedaba en el reino. Era un bebé al que sus padres habían abandonado. Sin más demora, el rey, cogió al precioso niño y se lo llevo a su enorme pero triste palacio. El rey pensó que si seguían ocurriendo desgracias al niño le iba a ocurrir algo horrible, así que, decidió ir a buscar a la madre del chiquillo para que estuviera en una familia que le quisiera. Empezó por los pueblo de los alrededores, pero no encontró a su madre y decidió ir a las regiones, un poco más lejos que los pueblo. Sin resultado alguno, el rey decidió volver a su palacio ya que estaba empezando a anochecer. El rey no durmió nada, ya que veía al unicornio en todas partes y pensaba que hubiera pasado si no le hubiera matado.

-Todo hubiera sido mucho mejor-decía en voz baja-no tendría que cuidar del bebé porque su madre todavía seguiría aquí y todo mi pueblo sería feliz.

Pensó en eso una y otra vez y de repente… el bebé empezó a llorar y para calmarle, le leyó un libro de unicornios. Trataba de que un unicornio muriera y el pueblo, con su gran pérdida enfermó hasta que una tarde llegó otro unicornio a la ciudad y los curó a todos y fueron felices. De repente algo se le pasó por la cabeza. Él pensaba que el unicornio que había matado era el último… ¿y si no lo fuera? Así que salió corriendo con el niño a buscar el último unicornio. Estuvo días, semanas, meses… y sin éxito. Una vez, por casualidad pararon a merendar en una enorme pradera. Comieron muchas cosas ricas pero, al despistarse, todo había desaparecido. Entre unos arbustos algo se movía.

-No será… pensaba.

Se asomó y ¡SI! Era el unicornio que había estado buscando. El rey cogió miguitas de pan y las fue tirando por el camino de vuelta a su pueblo y así el unicornio las comía y le seguía. Cuando llegaron al pueblo todo se volvió colorido y con vida y toda la gente volvió, incluso la madre del bebe que le cuido con mucho amor. El rey decidió cuidar su ira y, cuando él muriera ceder el trono al bebe. Y ya que todos habían vuelto el rey hizo un monumento en el que se veía un niño pequeño encima de un unicornio. Hoy en día alguna región tendrá ese monumento dibujado en su bandera, pero no sabemos cuál.

 

Blanca Álvarez

6ºPRIMARIA

Colegio Macías Picabea

Santoña

1er Premio de relato IES MARISMAS (XII edición) Categoría: 1º y 2º ESO

                                              

                                             LA  MUERTE  NÚMERO  TRECE

 

Las niñas jugaban en el pueblo: -¡María! ¡A que no te atreves a meterte en el bosque! -gritó una de ellas. María contestó: -Sí me atrevo, listas. Puedo meterme hasta la Gruta de los Lobos si me da la gana… -A lo que respondió otra niña: -Hazlo si te atreves.
La pequeña María se metió en el bosque y … no volvió a salir. No se volvió a saber nada más de ella…

(…) 20 AÑOS DESPUÉS (…)

Lluvia y árboles, nada más. La chica corría por el bosque aterrorizada ante la idea de ser cazada por la muerte… ¿debía gritar? ¿De qué serviría? ¿Acaso unas lechuzas acudirían a su llamado? Era demasiado tarde, la muerte la tenía en sus garras. Esa noche se volvió a hacer el silencio, la oscuridad…

-El noveno asesinato en lo que llevamos de mes – dijo Carlos, el jefe de la policía del pueblo, con un nerviosismo reflejado en el rostro. Rocío y Jesús, dos agentes de la policía del pueblo, hablaban en bajo sobre el tema, y finalmente, Rocío                                         dijo: -Su nombre era Alicia y tenía 25 años. Ha vivido desde pequeña en el pueblo. Parece que la atacaron en mitad de la noche. La chica intentó huir por el bosque… un grave error…

En ese momento, se abrió la puerta y apareció ante ellos Gema, otra agente de la comisaría, acompañada de un hombre. Él era Eustaquio, el padre de la chica asesinada. Se intuía una profunda tristeza en su mirada y parecía que se sentía culpable por algo, quizás por haberla dejado sola.

-Encuentren al culpable del asesinato, por favor. ¡Quiero ver como pasa sus últimos días pudriéndose entre las rejas de la prisión! -Dijo el hombre.

Los agentes interrogaron al padre. Debían saber porque no estaba con su hija sabiendo que ocho chicas habían sido asesinadas anteriormente. Eustaquio, tras dudar unos segundos, confesó: -Estaba ayudando a Romina, la tendera del pueblo. No podía levantar unas cajas y acudí a ayudarla.

Pasaron diez días, y el cartero del pueblo comenzó a repartir cartas a todos los habitantes. La Fiesta del Bosque, una fiesta típica del pueblo, se iba a celebrar en dos días. Los agentes vieron en ella una situación perfecta para encontrar al asesino, pero también para que el asesino se hiciera con otra víctima.

Todas las familias del lugar y alrededores acudieron al evento. Se reunieron en un pequeño recinto que habían preparado en las últimas semanas. Todos iban con ganas de pasarlo bien, pero nadie pudo. No podían pasarlo bien pensando que sus hijas, hermanas, madres o esposas podían ser las siguientes en ser asesinadas.

Carlos y Jesús estaban conversando cuando de repente aparecieron Gema y Rocío.  Gema y Carlos se sentaron juntos y empezaron a hablar de lo misterioso que parecía el bosque desde ahí. Rocío y Jesús hicieron lo mismo, mientras ella se hacía una coleta, sacaba un mechero de su bolso y encendía un cigarro.  Eustaquio, el padre de Alicia, se acercó a ellos sorprendido y les dijo:

-¿Habéis venido a la fiesta? Creía que estabais muy ocupados investigando los asesinatos…

Eustaquio estaba en lo cierto, pero los agentes le explicaron que lo único que hacían ahí era vigilar la zona. Tras unos minutos hablando, el hombre se fue a su cabaña, no tenía el cuerpo para fiestas. Los agentes observaban como la gente iba yéndose antes de lo normal.

Gema no se encontraba bien, así que, tras avisar a sus compañeros, entró en una cabaña para acudir al baño. Rocío decidió acompañarla. Tras unos segundos,  todos escucharon  un grito terrorífico y se apagaron las luces del lugar. El grito procedía de la cabaña en la que habían entrado Gema y Rocío. Jesús y Carlos fueron corriendo a ver que sucedía.

Allí, tirado en el suelo, se encontraron el cuerpo de una muchacha, pero solo de cuello para abajo. Su cabeza se encontraba a unos metros. Carlos escuchó un ruido y vio una sombra pasar por una puerta. Él, sin pensarlo ni un instante, corrió tras la extraña sombra. Llegó al baño de la cabaña y gracias a la luz de la luna pudo ver a Gema en el suelo con cara de dolor y un corte en el brazo. La ventana estaba abierta y rota.  Gema gritó:  ¡Corre! ¡Se dirige hacia el bosque!

Carlos salió disparado por la ventana y llegó al bosque. No encontró a nadie, había llegado demasiado tarde. Jesús apareció junto a Rocío, la cual estaba muy entretenida con un alemán que había conocido en lo que Gema terminaba.

Esa misma noche, Carlos interrogó a Gema en la habitación de su cabaña. Rocío y Jesús llegaron tras revisar la zona del crimen     y se dispusieron a escuchar la conversación entre ambos.

– ¿Viste algo? ¿Alguna pista?- Preguntó Carlos.
-No lo sé, todo pasó muy rápido, estaba en el baño, mareada, y, de repente, se fue la luz. En ese momento, oí un grito y me asusté. No tuve tiempo para reaccionar. Una sombra entró y me empujó. Noté como el filo de algo metálico rozaba mi brazo y cómo mi cuerpo caía sobre el suelo helado. Ese alguien abrió las ventanas , saltó y se fue corriendo. En ese momento llegaste tú…

Gema comenzó a llorar y Carlos intentó consolarla convenciéndola de que no era su culpa.

Gema le contestó: No lloro por eso, es por pensar… ¿y si no hubiese estado allí? Si ella no hubiese estado allí, la chica a la que se habría encontrado el asesino, habría sido yo. La persona a la que habría asesinado, habría sido yo. La persona a la que le habrían cortado la cabeza… habría sido yo. Y esto me hace pensar que puede que la próxima en morir sea yo. Que da igual que esté con vosotros, que  puedo ser perfectamente la siguiente en la lista -dijo Gema, con lágrimas en los ojos.

Carlos no pudo evitarlo y la abrazó mientras le susurraba al oído: Tranquila, no te va a pasar nada, para eso estoy yo,¿vale?
Pero por la cabeza de Carlos llegó el peor enemigo del hombre… la duda. ¿Cómo sabía Gema que habían cortado la cabeza a la víctima si nadie le había dicho nada y no había visto nada? Algo fallaba en el discurso de la agente.

Pasaron once días y once noches.  Carlos, Rocío y Jesús estaban tomando un café en la cafetería del pueblo. En ese momento, Gema apareció muy inquieta y se acercó a los tres agentes. En ese momento, dijo en voz baja: Me acabo de acordar de algo, el asesino llevaba un bolso. Puede que nuestro asesino sea asesina…

-¿Y por qué no te diste cuenta de eso antes? – dijo con desconfianza Jesús.

-¿Crees que tras pasar todo lo que pasé, tenía la cabeza para recordar esos detalles?- Contestó Gema. Rocío, Jesús y Carlos quedaron dubitativos.

Gema, alucinada, increpó: ¿No me creéis? Nos conocemos desde hace diez años, chicos. ¿Ahora no me creéis? Me parece increíble. Me voy, no quiero estar donde no me creen. Lo peor de todo es que vosotros sois los que no me creéis… Si fuese cualquier otra persona me daría igual, pero de vosotros no me esperaba esto… – y tras ello, abandonó la cafetería. Carlos cogió su chaqueta y fue tras ella. Rocío y Jesús se quedaron en la cafetería criticando la actitud de Gema

Jesús preguntó a Rocío: ¿Crees que ella pudo haber asesinado a esas chicas?

Rocío le respondió:  No lo sé , a mí también me cuesta creerlo, pero sino lo hizo ella… ¿quién fue? Al asesino no le pudo dar tiempo a huir tan lejos. ¿Y si se autolesionó y rompió la ventana antes del crimen?

Carlos comenzó a dudar de Gema, pero había algo que fallaba en la hipótesis de Rocío. ¿Cómo se iba a exponer a eso Gema, sabiendo que Rocío estaba en la puerta esperándola?  Rocío le dio la razón, pero advirtió: Debemos andarnos con cuidado y observar sus movimientos, puede que tengamos al asesino a nuestro lado.

Mientras tanto, Gema y Carlos ya habían llegado a la cabaña de ella. Gema aun seguía enfadada por la desconfianza de Carlos. Él intentó disculparse como pudo, pero no había forma. Había un ambiente tenso, hasta que Gema se pronunció:¿De verdad no confías en mí?

Carlos la miró y arrepentido la dijo: No es que no confíe en ti, sé perfectamente quién eres, te conozco muy bien, al igual que al resto, pero… no puedo quitarme de la cabeza las palabras de Rocío, ¿por qué tan tarde? Entiendo que en ese momento no estuvieses bien para decirme nada, pero en dos o tres días sí… ¿por qué has esperado casi dos semanas para decírmelo?

Gema sacó las llaves de su bolso, abrió la puerta y la cerró en la cara de Carlos. Al día siguiente, no se presentó en la comisaria, y así pasaron los días, hasta que llegó a la comisaría una carta. En ella, se informaba de que Gema había pedido ser trasladada a otra comisaría en otro pueblo. Carlos se dio cuenta del daño que había  a Gema con sus palabras, pero Rocío y Jesús no pensaron lo mismo, es más, fue el momento perfecto para acusar a Gema del asesinato de las diez mujeres del pueblo. Gema ya estaba en el aeropuerto de la capital, a punto de que el avión despegara, cuando unos policías subieron a él, se acercaron sigilosamente a Gema, la esposaron para sorpresa de todos los allí presentes y se la llevaron. Fue encarcelada en la capital a la espera del juicio. Gema no podía creer lo que estaba sucediendo, hasta que llegó Carlos, se acercó a ella y le dijo: ¿Por qué lo has hecho?

Gema no pudo evitar contestarle a pleno grito:  Yo no he hecho nada, y tú lo sabes, Carlos. Sácame de aquí, por favor, sabes que yo no he hecho nada…-repitió la agente.

Carlos cabizbajo le respondió: Lo siento, yo no puedo hacer nada por ti, no estamos en el pueblo, estamos en la capital. Aquí no mando yo…

Carlos se fue del lugar y Gema no podía parar de gritar su nombre a la vez que el eco del lugar la coreaba…

Ya había pasado un mes desde que Gema estaba en la cárcel.

Desde entonces no hubo más asesinatos, lo que confirmó las sospechas de Rocío y Jesús. Gema había intentado ponerse en contacto por todos los medios con Carlos, pero él no quería hablar con ella. Él sabía que no podía ayudarla y eso le quemaba por dentro. Lo mejor era no volver a hablar con ella, que cada uno continuase su camino, en el caso de Gema, el camino de celda a celda.

Carlos entró a la tienda del pueblo y se encontró a Romina, que llevaba allí viviendo desde que era pequeña y que siempre había visto en el interior de esa tienda. Él nunca se había fijado en ella, pero en ese momento la vio atractiva, como hacía ya un mes que no veía a nadie. Pasaron la tarde juntos… y la noche también.

Mientras tanto en otro lugar pasó de nuevo: ¡No me hagas daño, por favor!-Gritó la muchacha.  Se volvió a hacer el silencio, como ya había pasado hace unos meses. Los búhos, únicos testigos de la escena, salieron volando del lugar pensando que los próximos podrían ser ellos.

Al día siguiente, Carlos se despertó en la cabaña de Romina. Tardó unos segundos en darse cuenta de que a su lado se encontraba ella, quien en ese momento se despertó.  Estuvieron un rato conversando hasta que Carlos le preguntó algo que llevaba unas semanas dudando: ¿Es cierto que estuviste con Eustaquio durante la noche del asesinato de Alicia?

Tras unos segundos pensando le contestó: Ahora que recuerdo… no estuve con él, es más, ese día estaba en la ciudad visitando a mi abuela enferma.

Carlos se quedó boquiabierto. De repente sonó el teléfono: ¿Quién es? -preguntó el joven policía.
-Soy Jesús, ha vuelto a pasar… han asesinado a otra chica. Gema no era la asesina.

Carlos colgó el teléfono y se quedó mirando al infinito con cara de asombro. Cogió su ropa y se dirigió a la comisaría rápidamente.

-¡Qué bien que estés aquí! – dijo Jesús- Lo siento, me deje llevar por mi intuición…

-¿Tu intuición? ¡Por tu culpa he traicionado a la única persona que de verdad me ha querido en este maldito pueblo.

Carlos se acercó amenazante a Jesús. Rocío se interpuso entre ambos: Por favor, Carlos, no montes un numerito.-Dijo temerosa Rocío.

-¿Un numerito? ¿Con qué cara crees que voy a recibir a Gema cuando sepa que pude sacarla de ahí y no lo hice?

Tuvieron que dejar la discusión para buscar pistas en el lugar del crimen. Mientras tanto, Romina visitó a Gema en la cárcel. Gema sorprendida la saludó: ¿Romina? ¿Qué haces aquí? ¡No te esperaba!

Romina la respondió: -Quería visitarte, hoy es un día de celebración. ¿Sabes por qué? Hay rumores de que te soltarán en breve, parece que el asesino ha vuelto a atacar… no sabes cuánto me alegro, yo sabía que tu no eras una asesina -dijo Romina sonriente.

-Te veo muy contenta hoy, ¿no? ¿Qué ha pasado? -preguntó Gema con curiosidad

-Es que ayer Carlos y yo estuvimos todo el día juntos, bueno, el día… y la noche también – Dijo con voz de niña inocente.

Romina acababa de destrozar a Gema, la cual se fue sin despedirse. Romina quedó extrañada, pero no le dio más vueltas así que se fue y continuó disfrutando de ese día tan especial.  Esa misma noche, volviendo a su pueblo, su coche se paró en medio de la carretera.

-¿Qué le pasa a este coche? -se preguntó sin saber cuál iba a ser su destino.

En ese momento, salió del coche y comenzó a revisar si había algo debajo. Al levantarse, miró el cristal del retrovisor y vio cómo un coche se aproximaba a toda velocidad por detrás. Intentó evitarlo, pero fue imposible. El coche la atropelló y ella salió despedida por los aires. Era la duodécima muerte en tres meses. Eustaquio apareció de la nada con su coche y encontró el cuerpo sin vida de Romina en la carretera. Cuando iba a meterla en el coche para llevarla al hospital, Rocío apareció y le apuntó con una pistola diciendo con tono rabioso:
-¿Tú eras el asesino? ¿Cómo pudiste asesinar a tu propia hija? ¡No tienes corazón! ¡Me pienso ocupar personalmente de que pases el resto de tu vida en la cárcel, malnacido!

A lo que el hombre contestó: ¡Rocío, te juro que yo no fui quién asesinó a esas chicas, entre ellas mi hija! Yo pasé por aquí con el coche y me encontré el cuerpo de Romina en la carretera, ahora estaba intentando meterla en el maletero para llevarla al hospital, pero has llegado tú y lo has malinterpretado todo… !

La policía no acepto sus excusas y le detuvo.  A la mañana siguiente, cuando todos estaban reunidos en la comisaría hablando del caso, sonó el teléfono. Un policía de la capital comunicó a Carlos que Gema había sido puesta en libertad ya que se había encontrado al verdadero asesino.

Tras unos minutos, entró Gema acompañada de dos guardias. Carlos se dio la vuelta y fue a abrazarla pero ella le rechazó diciéndole: No te vuelvas a acercar a mí, he venido solo a decirte que te odio, que no me voy a ir tan sólo para verte sufrir sabiendo que error has cometido y que ahora me doy cuenta de que el error más estúpido que he cometido en mi vida ha sido quitarme del medio cuando me empujó el asesino y que no me matase a mí también en esa fiesta. Ahora, con tu permiso, voy a dejar mis cosas en mi cabaña. Buenos días a vosotros también,  gracias por el favor que me habéis hecho durante este mes. Realmente me emociona todo lo que os habéis movido por intentar sacarme de la cárcel. Ah, y os informo de que voy a incorporarme inmediatamente de mi trabajo.

Por la tarde, hubo una reunión en la comisaría, todos los agentes se reunieron, incluida Gema. Carlos anunció que tenían que centrarse en este caso, iban por la duodécima muerte y visto lo visto con Gema, no podían fiarse de que Eustaquio fuese el verdadero asesino.

-Mañana empezaremos los turnos de guardia, descansad esta noche, mañana necesitaréis energía.

Gema se levantó de su asiento y cuando fue a dirigirse a la puerta, Carlos la paró en seco.

-Necesito hablar contigo -la dijo.

-No me vengas con cuentos chinos, Carlos. He intentado hablar contigo durante todo este mes y lo único que he recibido es un: “no quiere hablar contigo” ¿De verdad crees que voy a hacerte caso ahora? Contestó con chulería la policía.

Gema abandonó el edificio y no tardó mucho tiempo en enterarse de que Romina,la única persona que la visitó durante su temporada en la cárcel, había muerto.

El despertador sonó en la cabaña de Gema a la mañana siguiente. Parecía difícil adaptarse de nuevo a la vida cotidiana. Se  vistió y acudió al bosque. Estuvo dándole vueltas durante todo el día pensando en la culpabilidad de Eustaquio. Gema conocía a Eustaquio desde que era pequeña, cuando se reunía con sus amigas en su casa para ponerse las botas a chocolate y otros dulces. En ese momento, Gema recordó un detalle que lo cambió todo… El día que estaba en la fiesta y fue atacada, notó como una coleta golpeaba su cara en el momento del navajazo. Comenzó a relacionar todas las muertes, había algo en común en todas las víctimas… todas pertenecían a su grupo de amigas de la infancia. De todas, solo Gema quedaba viva. La única manera de acabar con la asesina, era arriesgando su vida, arriesgándose a ser la muerte número trece, el número de la mala suerte.

Gema comenzó a andar por el bosque con miedo, ocultando la pistola que llevaba en su bolsillo. Oyó pasos a su lado. Al darse la vuelta, se encontró a una mujer apuntándola con una pistola. Gema estaba perdida, pero la mujer tras mirarla de arriba a abajo dijo: ¡Que susto me has dado, Gema!

La mujer era Rocío, la cual bajó el arma y preguntó: ¿Qué haces aquí sola a estas horas?

-Lo mismo digo, te recuerdo que este es mi turno. Respondió con arrogancia Gema.

-Tu turno ha acabado hace quince minutos, venía a buscarte, pensé que te había pasado algo ya que no volvías a las cabañas. Acompáñame a mi cabaña. Dijo Rocío, temblorosa del frío.

Ambas llegaron sanas y salvas a la cabaña. Una vez allí, Gema se quitó el uniforme.

-No deberías quedarte en el bosque hasta tan tarde, y mucho menos entrar en él.-Recomendó Rocío.

A lo que contestó Gema: Ya soy mayorcita para hacer lo que quiera, ¿no crees? Para ti fui mayorcita para asesinar a diez mujeres, ¿por qué no voy a ser capaz de entrar en un bosque?

Entonces, Gema vio como Rocío sacaba algo de su chaqueta.

-Deberías relajarte y no gritarme de esa manera… -dijo Rocío.

En ese momento, Rocío se abalanzó sobre Gema con un cuchillo pero esta fue rápida.Saltó a la otra cama y aprovechó para preguntar a Rocío:  ¿Por qué no me mataste antes? ¿Por qué haces todo esto?

Rocío tras pensarlo unos instantes la contestó con rencor: ¿No te acuerdas de lo que me hicisteis cuando eramos pequeñas? Si quieres te lo recuerdo.

Las niñas jugaban en el pueblo. -¡María! ¡A qué no te atreves a meterte en el bosque! Gritó Romina. María contestó: -Sí me atrevo listas, puedo meterme hasta la Gruta de los Lobos si me da la gana. A lo que contestó Alicia: -Hazlo si te atreves.
Tras unos minutos en el bosque, María gritó: ¡Dónde estoy! ¡Gema! ¡Romina! ¡Ayuda! ¡Mamá, sácame de aquí por favor! Nadie respondió…tan sólo los cuervos que parecían reírse ante semejante imagen.

-¿Te acuerdas de eso? -dijo Rocío -Soy yo, María, la niña a la que dejasteis abandonada hace veinte años, qué pena que no te acuerdes de mí.

-María, ¿eres tú? Yo no quería, te lo juro, fueron Romina y todas ellas. Siempre tuve ese sentimiento de culpa, perdóname -dijo Gema, con lágrimas en los ojos.

-Demasiado tarde.

En ese momento, un disparo traspasó el cristal y dio en la espalda a María. Ella cayó al suelo y a los pocos segundos murió. Entró Carlos por la puerta y Gema acudió a abrazarle.

-He pasado mucho miedo… -dijo Gema llorando.

-Tranquila, te dije que no te iba a pasar nada, ¿recuerdas? Nunca dejaré que te pase nada malo. Nunca.

Tres meses  después, se demostró que Rocío o María, era la verdadera asesina. Todo coincidía, en la fiesta, Rocío llevaba el pelo recogido, como contó Gema. Además, nadie había visto al chico con el que supuestamente había estado en el momento del crimen y también estuvo presente en el accidente de Romina.

Sacaron a Eustaquio de la cárcel, el cual pudo rehacer su vida. Gema y Carlos decidieron irse del pueblo para dejar en él los malos recuerdos y empezar de cero en otro sitio. Jesús se convirtió en el jefe de la comisaría del pueblo durante la ausencia de Carlos, hasta que un día, se volvió a hacer la oscuridad… Pero eso es otra historia…

 

Alberto  Castillo Chagartegui 

2ºB

IES MARISMAS

Santoña

1er Premio de poesía IES MARISMAS (XII edición) Categoría: 3º y 4º ESO

Raíces.

I:

Océanos de límpidos reflejos

allá donde solo hubo lluvia.

El silencio se rompe en ecos

bajo el rumor de agua turbia.

El vientre manchado queda

bajo la vista de este parásito.

Veneno bajo la tapa de seda

en harapos es llevada al depósito.

La atenta mirada de la plaga

ciegamente mira a su alrededor.

Sorprendida por la amalgama

de contraste, sombra, luz y color.

Si este mundo no nos miente

Aquel aborto que logró nacer

vagaría por siempre, tristemente

En busca de su razón de ser.

Ahora solo queda la espera

para el fruto de la tierra yerma.

Y bajo la atención de la enfermera

el tiempo de su vida ahora merma.

II:

Y llegando a la niñez

es tocado por la mano del hambre

y no sin cierta acidez,

la amargura en lumbre

transforma lo nítido en lúgubre.

Bajo el leteo vestido

Oculta bajo la lluvia de abril

al frío hubiera vencido

la figura febril

que contra el verano hubo de sufrir.

Bajo aquella canción

que solía cantar en su recuerdo.

Bajo esta oración

andaría el mundo entero

hasta un anhelado reencuentro.

III:

Y bajo las tupidas cortinas del recinto, él se sentaba todos los días. En busca de un rostro sin facciones y una voz muda que le decía donde conducirse. El mismo sendero de los remedios, de cuándos y porqués, de todos los caminos que debería recorrer. Desde la ventana, podía ver cómo era realmente la ciudad. Las gotas de agua empapaban el cristal, mientras el purpúreo rumor de los pasos en la galería se aferraban a sus pensamientos con la misma fuerza con la que él deseaba encontrar lo que estaba buscando. Esa lluvia, que en un momento se tornaría en tormenta, para aliviar las heridas de la carne, sumiendo todo en óxido y mugre. El amor de esa lluvia se ha vuelto más oscuro y hostil, testigo de nuestras peores acciones. Y ahora… ahora tomará lo bueno que quede en nosotros. Porque el resto… el resto aún es nuestro. La ciudad se vestía ahora de rojo, una jaula vacía, calles de sangre, un capullo carmesí florecido para recibir a la lluvia.

IV:

Montañas de barro bajo el sol

en movimiento a través del cristal.

Sirviendo la Tierra como el crisol,

escuchando las ruedas en hierro girar.

Súbitamente, sobre el cielo en claro,

un estruendo de humo negro subió.

Desde una ruidosa trompeta cuyo vaho,

miedoso, de aquel tren ascendió.

Y mientras el bullicio descendía

hacia la tierra sólida e inmóvil,

un sentimiento familiar le recorría

al pisar la tierra yerma y estéril.

Fue al descender del oscuro vagón

cuando un rostro familiar se le apareció.

¿Podría tratarse solo de un error?

¿O en verdad aquel rostro al miedo venció?

Aún congelado por la sorpresa

hacia el rostro él se volvió.

La misma límpida marea,

el mismo leteo desgarrón.

Aun así, demasiado asustado

como para preguntar por su nombre.

Aun así, demasiado arriesgado

era dejar aquel rostro en velambre.

V:

Sin embargo no pudo hacer más si no dejarla escapar. Entre las demás personas, indiferentes hacia su mirada, seguía estando ella, caminando cada vez más rápido hacia el final del pasillo. Trató por todos los medios de seguirla, pero la muchedumbre que se interpuso en su camino no le dejó alcanzarla. Cuando se hubo quedado solo, miró a su alrededor. Solo, otra vez. Quejumbroso, decidió qué hacer. La tuvo tan cerca, pero a su vez tan lejos…

 

La noche empezó a tomar por sorpresa a todos, y junto al manto de oscuridad, unas gotas de lluvia se filtraban a través del techo de la estación. Una de esas gotas fue a parar a su rostro, que lentamente se deshacía bajo su mejilla con el ardor de una lágrima.

VI:

“Pues si no puede ser mía

ese rostro no será de nadie”

Y bajo este voto bañado en ira

las noches tiñó en barbarie.

Violentamente agazapado

bajo la tenue luna en flor

el líquido carmesí derramado

sobre un cruento esplendor.

En sus manchadas manos yacían

mollejas suaves como crines de agujas

y en el suelo hallaba muchachas vacías

que él veía en forma de brujas.

Noche tras noche alguna caía

bajo el resplandor de sus airadas pupilas

y cuando el lucero aparecía

muerte y caos surgían en filas.

No pudo saciar su necesidad

de encontrar a quien le dio nacimiento

pues al séptimo día, tras la oscuridad

surgieron dos hombres nacidos del viento.

VII:

Cogido por sus muñecas, los dos hombres cargaron con él. No puso resistencia alguna. Mientras caminaba, la sangre goteaba de sus manos. El cansancio de tantos días sin dormir pudo con él, hasta el punto de llevar arrastrando sus pies contra el duro suelo, inconsciente de si vivía realidad o sueño. Ninguno de los tres hizo ningún comentario, y cuando se deshicieron de él arrojándole al suelo, se despertó.

VIII:

Tan familiar, y sin embargo era tan lejano

era el recuerdo que conservaba de antaño.

Miró al techo; la misma estructura de duro ébano

 en marfil brillante en la mañana de verano.

Y cuando ya lo hubo dado todo por perdido

Una idea por su cabeza encontró camino

“¿Y qué pasaría si ella nunca se hubiera ido?

Puede que estos eventos fueran nuestro destino…”

Y así fue como en su pesar vagando en el lugar

encontró lo que en un principio empezó a buscar

La sombra de su madre por esos muros andar

Pudo sentir, y un canto sin palabras logró entonar

IX:

El fantasma del hombre le rodea

cuando en el mundo vio su última marea.

Ahora todo lo que ve

con el filo sobre su piel

es la costa vacía

que se rinde a sus pies.

Y sobre el precipicio de su vida

moja sus labios de miel.

Después de todo, y bañada en cristal

Ella yace delante de él.

Le es difícil ver qué hay a sus pies

cuando la niebla con los árboles

comienza a jugar.

X:

Océanos de límpidos reflejos

allá donde solo hubo lluvia.

El silencio se rompe en ecos

bajo el rumor del agua turbia…

Alejandro Gonzalez

4ºESO

Colegio Sagrado Corazón de Jesús

Santoña

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