RECLAMACIÓN

La abajo firmante, Andrea Prada García, con domicilio en Alicante, calle El paraiso, número 22, 33 derecha y DNI-50371108-M.
Expone lo siguiente:

El pasado 12 de enero, una tienda llamada Bershka que está es la calle “Los Olores” de Santander, fue y  compró una chaqueta, al día siguiente la estrenó y tenía un bolsillo roto y se me cayó el móvil  al agua.

Quería decir que, al tener la chaqueta con un defecto,  pues solicita que la devuelvan el dinero o otra chaqueta igual y que le paguen la reparación del móvil ya que se cayó debido al defecto de la chaqueta comprada.

 

Alicante, 14 de diciembre de 2013

Andrea Prada García

 

SERVICIO DE CONSUMIDORES DE CANTABRIA

 

 

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Lo más profundo de mí!

Lo más profundo de mí.

¿Por qué?

Antes de que la gente creyera, soñara, amara de verdad, no era más que granitos de arena, que elaboraba su vida sin saber porqué; danzaban pero se olvidaban de divertirse, estudiaban pero se olvidaban de aprender, se casaban pero se olvidaban de amar. Un día, una persona de la que nadie se acuerda, ni de su nombre, ni siquiera el que está narrando esta historia, mientras dormía, soñó.

Su sueño era un baile de ideas, veía árboles con frutas, grandes mares, bellos bosques y majestuosos acantilados. Se sobresaltó y se despertó. Con los ojos bien abiertos dijo para sí:

-¿Por qué?

Estuvo toda la noche contemplando el inmenso cielo, donde la vista no llega a ver el final, pero él sí vio el final de sus límites, en ese momento todo eran preguntas sin respuestas. Cuando el alba apareció, se dirigió al centro de la aldea y gritó:

-¿Por qué?

La gente le miró y en sus cabezas empezaron a bailar ideas y preguntas. Esto fue extendido por todo nuestro mundo, si es que es nuestro. La gente empezó a sentir, a aprender, a amar, a bailar. Esto vino bien pues todo empezó a tener sentido, medicinas, libros, historias, la gente empezó a creer en varias cosas, ciencia, religiones, en las que siempre había un Todopoderoso o varios, que, quién sabe, igual eran verdad.

Pero no todo en este mundo es de color oro, la gente empezó a sentir odio, ira, avaricia. Eso trajo guerras, sangre, invasiones y muchas mujeres fueron maltratadas. Por eso, hubo pobreza, hambre, enfermedades, por la ira. Pero la vida es así, la curiosidad mató al gato, pero no es tan mala, pues un día, mientras dormimos, o lo intentamos, deberíamos preguntarnos:

-¿Por qué?

Guzmán Calzado Díez, 1º ESO

TUENTI RAP

Entro en el tuenti

y empiezo a hablar

con unos colegas que siempre ahí están

empiezo a vacilar

empiezo a jugar

pero como siempre

Alberto me va a ganar

de nuevo Alberto

me invita al frog street

y yo con orgullo le digo:

“no,por aquí”.

El libro de lengua

en la habitación me encuentro

y yo digo

¡bah,vaya cuento!

El hijo de mi tía

acaba de nacer

yo con el ordenador

le voy a ver,

yo del ordenador

no me despego

si él se rompe,

yo le pego.

Comienza la semana del rap

Nuestros queridos alumnos de 1ºESO se atreven con todo: esta semana componen RAP para luego, quién sabe, grabarlo con una buena base (nuestra profe de música, Luisa, tiene de todo). Comenzaremos por colgar las letras de nuestros raps.

Y como no es lo mismo mandarlo que hacerlo, el primero lo he compuesto yo con los colaboradores de 1º B que se quedaron en tierra mientras sus compis visitaron Saldaña el jueves pasado. Ahí va:

Ahora me toca 1ºBEEEEEEE

¡joooo! otra vez

a Nerea que se calle le tendré que pedir,

a Pablo tendré que reñir

y de nuevo con Christian tendré que discutir.

José Luis hablará,

y luego perdón me pedirá

pero ya es tarde porque no me atenderá.

El otro José de risa se partirá,

con Pablo un rifirafe tendrá

y a uno de los dos mandaré copiar.

Williams viene cuando se acuerda

a Uziel mogollón molesta

y siempre acaba mirándome con pena

para ver si las copias no le condenan.

Ya veo a Aizea raja que te raja

ni quieta ni callada

ni un rato para.

Alberto atiende y rapea,

estudia y trabaja,

es un máquina,

es el as de la baraja.

Yohannan más tranquila va,

sus deberes y líneas siempre están.

Vanessa no se queda atrás:

siempre lo tiene todo

aunque hable como un loro.

Rebeca también habla,

aunque es muy maja,

protesta sin parar

pero sin callar trabaja.

Otra que no calla

es nuestra amiga Paula,

aunque ni caso me haga

porque es perderla de vista

y ponerse a leer una revista.

A veces vienen invitados:

Sergio, Claudia y Sara,

suelen estar callados

para trabajar bien concentrados.

Suena el timbre

y la clase ha acabado,

siempre sale alguno castigado

pero, en fin, ¡no ha sido para tanto!

(Que se preparen los de 1ºA

porque con su rap

¡sí que van a  flipar!)

Niños mágicos

Había una vez un niño cuya pasión por la magia era inmensa.Ademas él tenía un don que otros niños no tenían, y ese don era el de levantar cosas o moverlas de un lado a otro…
Este niño se llamaba James y tenía tres hermanos, el mayor, Julio, el mediano, Asier ,y el pequeñito y más bajito, Jose. Ellos también tenían poderes extraños: Julio podía transformarse en cualquier cosa, animal, objeto o persona; Asier podía leer a toda velocidad, en tres minutos se podía leer doscientas paginas tranquilamente, y Jose era rubio y de ojos azules y podía hacer muchas cosas como las que podían hacer sus hermanos. Lo que más le gustaba de todo era correr a supervelocidad. Estos niños estaban jugando en su jardín cuando de repente…

CONTINUARÁ

EL NIÑO DE MI CALLE (segunda parte)

Ya habían pasado un par de meses cuando recibí una llamada de Pedro , me dijo que si podíamos quedar a las  doce del mediodía en el banco de la otra vez , que era urgente. Yo le dije que allí estaría.

Cuando llegaba la hora fui yendo al parque encontré a Pedro un poco raro.

-¿Qué te pasa Pedro, estás bien?

– Mi madre ayer me intentó ahogar en la bañera, pero yo, como veía sus intenciones, me escapé antes de que pudiera hacerme nada.

-¿Por qué te intenta matar ahora después de tanto tiempo?

-Porque le dije que ya sabía la verdad, sobre lo de mi padre.Le ahorcó y le tiró por la ventana mientrás que yo estaba en el jardín para que yo luego diría que se había suicidado.

-¿Comó descubriste todo esto?

-Porque mi padre puso al final de su diario que mi madre había comprado una larga soga; la cual había puesto en el sótano.La semana pasada busqué la cuerda y la mandé analizar en el laboratorio municipal y me dijeron que tenía sangre, me dijo que si me sacaba sangre me podría decir si la sangre que había en la cuerda era de mi padre; en cuanto me la sacó supo que la sangre de la cuerda era de mi padre.-Dijo Pedro.

– Soló que ahora  no tengo con quién pasar la Navidad, porque Pepi se ha ido con su hijo a pasar la Navidad a Londres y no vendrá hasta el día 8 de enero-dijo Pedro preocupadó.

No te preocupes, te vas a venir a vivir conmigo.-dije yo.

Sin nombre…

Sin nombre me quedé

perdido entre tus labios,

y sin saber por qué,

de ti me quedé enamorado,

y ahora que te alejas

a lo lejos yo te veo

entre las sombras te desvaneces

y en la portada de una carta,

a ti te pone “te quiero”.

Mis deseos para 2011

Felices días y propicio 2011, Javier.

Que la palabra, en silencio, os abra balcones con vistas.

INADAPTACIÓN

Siempre que he vivido en una casa con algo de terreno,  he tenido perros y gatos. Y gallinas y lagartijas y ranas y arañas y hormigas y árboles. La única condición es que deben convivir todos juntos y salvo para alimentar a los mayores, que se las arreglen como puedan.

Hacía unos meses que se me había muerto el gato. Lo encontré una mañana tieso y frío, en el jardín, al salir de casa. Así que cuando unos amigos me preguntaron si quería un gato, no dudé. Nunca, salvo las gallinas, he comprado un animal. Pagar por un perro o un gato me parece como pagar por una persona. No sé explicar por qué, pero se me eriza la piel con sólo considerarlo.

Cuando me trajeron el gato, dentro de un saco, ya vi que aquello no iba a ser fácil. Lo saqué con cuidado, la mirada de Belfast y Yumba expectante y sus rabos sin parar de moverse. Bufaba y me intentaba arañar constantemente. Me armé de paciencia, lo acariciaba con una mano mientras la otra, enguantada, lo sujetaba para contener sus ansias de escapar. Mientras, seguía soltando bufidos a las perras,  que parecían atemorizadas ante tanta agresividad. Era increíble, un gato de un mes escaso, nos tenía a punto de la rendición a los tres.

Tras media hora de caricias y susurros, pensé que era el momento de que fuera él quien decidiera lo que iba a ser de allí en adelante. Fui aflojando la mano y por un instante me pareció que se iba a quedar allí quieto, observando, agradecido por mis cuidados. Sin embargo, cuando supuso que ya me había confiado, se escurrió entre mis dedos y tras una breve carrera seguido de Belfast, se encaramó a la tapia y de allí se lanzó al prao del vecino, perdiéndose de nuestra vista.

Lo esperé en vano. Cada dos o tres horas, salía de casa y lo llamaba con el bisbiseo con el que aprendí a llamar a los gatos. No sé por qué a los gatos los llamamos con el bis, bis, bis y no silbando como a los perros. El caso es que no volvió.

Se hacía de noche y no podía dejar de pensar en dónde se habría metido el pobre y arisco gatito, así que saqué un cuenco con comida y lo puse en lo alto de la tapia por la que había decidido fugarse. En otro lugar,  las perras habrían dado buena cuenta de la comida y además no le hubieran dejado acercarse.

Al día siguiente, después de desayunar, bajé a la tapia a ver el cuenco. Estaba vacío, bueno casi vacío. Una babosa retozaba en su interior. Por allí no había más animales, que hubieran podido comerse la comida,  a no ser que el pequeño zorrillo que bajó del monte hacía más de un año, hubiera vuelto, lo que era del todo improbable.

O sea que el gatito había comido esa noche como esperaba. Se había quedado cerca. No estaba todo perdido.

Durante las noches siguientes, el proceso se repitió siempre con el mismo resultado. Alguna vez me despertaban los ladridos de Belfast, que parecía especialmente enemistada con el intruso y al mirar por la ventana, podía ver al gato en la tapia, sintiéndose seguro a más de dos metros de altura.

Continuamos así casi dos meses más. Sólo veía al gato algún que otro anochecer. Aquello se había convertido ya en una rutina, ladridos de Belfast incluidos.

Un día salí a dar una vuelta por el pueblo en bicicleta. Cuando iba por un camino interior, junto al monte, lo vi. Allí estaba, aplastado al borde del camino, las tripas fuera. Sabía que era él. El tamaño, la distribución de lo blanco y lo negro y mi repentino dolor en el pecho, me decían que era él. No tuve valor para tocarlo. Me alejé mientras oía a unos niños detrás: “un gato muerto, un gato muerto”.

Pese a todo, esa noche volví a dejar su comida en la tapia, como siempre. A la mañana siguiente, lo primero que hice fue bajar a ver.

Allí estaba el cuenco, dos babosas y la comida, intacta.

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