Juglares del siglo XXI: El Cid y el león

Fantástico trabajo de los alumnos de 3º ESO.

 

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La clave de la felicidad (Soneto)

Disfruta al máximo la juventud,
deja brillar tu hermosa y blanca tez,
no te entristezcas por cualquier memez,
busca en la noche los haces de luz.

Jamás te escondas como una avestruz
pues tener miedo es una estupidez
sé como eres, mantén tu honradez
pues sabes que esa es tu mayor virtud.

No gastes tu tiempo causando el mal,
que no es bueno ser malo sin razón
y lo mejor es vivir siempre en paz.

Déjate llevar por lo emocional
pues pensar las cosas con el corazón
es la clave de la felicidad.

SONETO

Pasé todos mis años preocupado

angustiado por cosas sin sentido

sin haber disfrutado ni reído

viviendo solo, pobre y amargado.

 

Y, ahora, al fin miro hacia el pasado.

Ahora que ya tanto he crecido,

me doy cuenta del tiempo que he perdido

de que mi vida la he desperdiciado.

 

Pero no seguiré de esta manera:

Seré feliz de ahora en adelante

cada minuto de mi vida entera.

 

Será también la tuya emocionante,

anda y diviértete sin más espera

ve, y ten un futuro apasionante.

Alumnos de Santoña finalizan su plan de formación de prácticas laborales.

Cuatro alumnos del IES Marismas de Santoña han finalizado sus prácticas en diferentes centros municipales en el marco del proyecto “Labor ESO”, el cual pretende acercarles a la realidad del mundo laboral.

Durante dos semanas, uno de los alumnos ha compartido jornada de trabajo con los periodistas de Radio Santoña, otro ha hecho prácticas en la Casa de Cultura, y los otros dos estudiantes, en la Policía Local, puestos que les gustaría ocupar en un futuro.

Según destaca el Ayuntamiento de Santoña en un comunicado: ” ‘Labor ESO’ supone una “importante” iniciativa para la maduración personal del alumnado y para adquirir una perspectiva “más clara” de sus inclinaciones laborales.”

Cada año más centros quieren pasar a formar parte de este proyecto, en el que participa la Cámara de Comercio de Cantabria, encargada de buscar la colaboración de empresas u organismos en Cantabria.

Los estudiantes de 4º de la E.S.O. matriculados en un programa de diversificación, sean de centros públicos o privados, podrán hacer sus prácticas tanto en empresas como en organizaciones.

Esto les permite adquirir un mejor conocimiento de la realidad laboral y de sus habilidades, capacidades e intereses.

El fuego desata el caos en el IES Marismas

El instituto santoñés ha sufrido el pasado 13 de mayo un incendio debido a un cortocircuito en la red eléctrica del centro. El fallo eléctrico produjo unas cuantas chispas que hicieron arder al gunos cables de uno de los ordenadores del instituto.

Alberto Castillo (Santoña)

Este pasado lunes, el fuego se volvió el protagonista de la jornada para todos los que se encontraban en el IES Marismas. Un cortocircuito hizo arder varios cables de una de las aulas del centro y produjo varias llamas que se fueron extendiendo por el aula.

Uno de los alumnos que se hallaban en el el aula más próxima a la del origen del incendio comenzó a oler a humo y alertó inmediatamente a su profesor, quien alertó a los demás. Lo más sorprendente de todo es que la alarma de incendios estaba desactivada en ese preciso momento, por lo que no pudo detectar el fuego y avisar de este modo a los bomberos.

Imagen del centro “IES Marismas”

Todavía se desconocen las causas exactas del cortocircuito que provocó las primeras llamas, pero se cree que fue provocado por alguien ya que eso explicaría el problema de la alarma durante el incendio.

Se sigue investigando la zona en la que se produjo el fallo eléctrico en busca de pistas que puedan aclarar las causas de este accidente que por suerte no ha dejado ningún herido.

 

Revista Digital Etcétera (14-05-2013)

Lazarillo de Tormes – Tratado decimocuarto

Tratado decimocuarto

Cómo Lázaro se asentó con un noble y lo que con él le pasó.

Y andando sin rumbo, llegué a parar a Illescas, un pueblo de Toledo. Y fue que caminando por allí alcancé a ver un pequeño campo cercado por unas vallas, lo que significaba que debía de ser una propiedad privada. En una esquina del campo distinguí un gran manzano lleno de manzanas rojas, que brillaban al sol. A causa del hambre, no pude resistirme, y me decidí a entrar, comprobando antes que no había nadie por allí que pudiera verme. Salté la valla y anduve hasta el manzano, mirando a los lados por el camino. Llegué al lugar donde se encontraba el gran árbol. Lo contemplé unos segundos y me decidí a subir a él y coger alguna manzana para al menos no morir de hambre. Cuando estaba ya cerca de las manzanas, para mi desgracia aparecieron dos guardias, los cuales corrieron hacia mí, saltaron la valla, uno comenzó a subir por el árbol mientras el otro esperaba abajo. Aquel que subió, me agarró y me lanzó hacia el otro guardia, el cual estaba despistado y no alcanzó a cogerme. Y di tal golpe contra el suelo, que de no haber sido campo, pienso yo, me podría haber roto una pierna como mínimo. Me levanté y el guardia que esperaba abajo me cogió un brazo, con la suficiente fuerza como para que al día siguiente me saliera un moratón, que así fue. El otro guardia bajó del árbol, y éste me cogió del otro brazo, pero con menos fuerza. Aquellos que me llevaban agarrado, me condujeron hasta un pequeño castillo que cerca del campo se hallaba. Entramos, y me pusieron ante un señor que vestía bastante elegante. Supuse que sería el dueño del castillo por lo menos. Entonces uno de los guardias habló:

-Señor, hemos encontrado hace escasos minutos a este chico intentando robar del manzano de uno de sus campos.

Aquel señor se me quedó mirando fijamente a los ojos, luego me observó de arriba a abajo.

-Bien guardias, podéis marchar. Me quedaré yo con el muchacho.

-Está bien, señor.

Entonces los guardias salieron por la gran puerta por la que me habían hecho entrar con ellos, de un gran salón, que supuse, sería el principal. El señor que enfrente de mí estaba, el cual había seguido el movimiento de sus guardias hasta que cerraron la puerta, me volvió a mirar.

-Y bien, ¿podría saberse por qué estabas hurtando mis manzanas?

-Perdone señor. Sepa usted que no era mi intención hacer mal a nadie. Pero necesitaba algo que llevar a la boca, de lo contrario, podré morir de hambre en poco tiempo, a cuenta del que llevo sin probar bocado.

-Bien, espérame aquí. Vuelvo en un momento.

Salió por la puerta, dejándola abierta de par en par. Al cabo de unos minutos le vi entrar con una bandeja, debía ser de plata, repleta de fruta. Al verlo, me entró todavía más hambre. Posó la bandeja en una gran mesa redonda que allí había. Yo me quedé observando la fruta unos instantes, luego, le miré a él. Me invitó a probar la fruta.

-Come muchacho. Lo he traído para ti. ¿No tenías tanta hambre? Pues come. Yo te dejo.

Se lo agradecí y comencé a comer algo de fruta, evitando hacerlo con mucha ansia para no perder los modales.

-Bien muchacho, veo que hablas de forma muy educada y tienes muy buenos modales al comer. ¿Tú no buscarás por casualidad amo?

-Pues la verdad es que sí – le dije.

-Bien, pues quédate conmigo, aquí tendrás habitación con cama propia y comerás bien. Tan solo tienes que cumplir con lo que cada día te mande.

-De acuerdo.

Después de eso, terminé con la fruta. Él se llevo la bandeja y me tendió un pequeño trapo para que me limpiase las manos. A continuación me guió por el castillo para enseñarme las habitaciones y dónde estaba el armario con los utensilios de limpieza. Una vez hecho esto me dijo cuál era mi habitación. Ya se acercaba la hora cenar, así que mandó a hacer la cena. Me dirigí a la cocina y rebusqué por los armarios para ver qué podría hacer. Finalmente decidí hacer un caldo. Cenamos y cada uno se fue a su habitación.

Duré mas bien poco con aquel mi amo, pues yo no contento con lo que ya me daba, también quise dinero.

A la mañana siguiente, el señor había salido. Me puse a investigar por el castillo, por si encontraba algo con lo que entretenerme. Entré en una de las habitaciones que el señor me había enseñado el día anterior. Allí encontré la armadura que me había contado, era de su abuelo y tenía un gran valor sentimental. Pensé que a parte de tener un gran valor sentimental también podría valer bastante alguna de las piezas de aquella armadura, con lo cual decidí apoderarme del yelmo, para intentar venderlo cuando saliese solo. Para mi desgracia, cuando fui a salir por la puerta, me encontré frente al señor, que debía llevar ahí unos minutos ya. Él me vio con el yelmo en las manos, y me golpeó en la con tal fuerza que me tiró al suelo. Seguidamente, cogió el yelmo que había caído, lo colocó en su lugar correspondiente y me agarró de los brazos y me condujo hasta la puerta.

-Tú, muchacho desagradecido, vete y no vuelvas a acercarte por estas tierras.

Me dejó fuera del castillo y cerró la puerta con fuerza.

Y así fue como se desprendió de mí aquel noble.

Tratado de “El Lazarillo de Tormes”.

Anduve durante varias horas buscando un lugar donde cobijarme, mas no hallé lugar alguno en el que pasar la noche. Cuando por un sombrío bosque pasaba,  logré atisbar un tronco hueco gracias a los últimos rayos de sol que conseguían alcanzar ese lugar.

Tuve que pasar la noche ahí dentro, sufriendo las picaduras de varios mosquitos que no eran conscientes de que en mi sangre no encontrarían nada bueno, ya que llevaba tres días sin tener nada que llevarme a la boca.

El cielo estaba despejado y mientras observaba la estrellas comencé a recordar las desgracias que había sufrido durante este tiempo, yendo de amo en amo buscando una mejor vida. Mas el destino no me ayudó en este tiempo y cada vez me ponía más obstáculos. Tras un tiempo pensando, finalmente me dormí y durante esas pocas horas de sueño logré dejar de lado al hambre y al miedo que en esos momentos sentía.

Al día siguiente, me desperté en un gran carro de madera  junto a varios cadáveres que curiosamente estaban mucho más aseados que yo.  Al parecer, una mujer dio la voz de alarma y nadie se dio cuenta de que seguía respirando. Cuando el conductor vio que estaba vivo, se bajó del carro, se acercó a mí y me tiró como si de un puñado de paja se tratara. Quedé en el suelo, sin suficientes fuerzas como para levantarme. Entonces, una joven chica salió de una herrería que estaba frente a mí. No tardó en llamar a su padre, el cual salió a ver qué ocurría.

Al verme en el suelo, el hombre me metió dentro del lugar y me dio algo de comer.

Por primera vez en mucho tiempo, saboreé un trozo de carne caliente. Ya ni recuerdo cuándo fue la última vez  que comí algo caliente.

También me ofreció un vaso de agua y pude ver en sus manos varios anillos que parecían ser de oro puro. La joven que me encontró en la calle salió de una pequeña sala y se sentó a mi lado, intentando curar mis heridas.

-¿Cómo habéis acabado ahí? – preguntó con cierta inquietud la chica.

-Es una larga historia… – le contesté con la voz algo temblorosa.

La chica se quedó observándome y tras unos segundos, se levantó y se dirigió hacia la sala de la que había salido. El hombre se quedó mirándome también y finalmente espetó:

-Chico, ¿necesitáis trabajo?

-Sí… – contesté tímidamente, ya que este hombre me había dado bien de comer y no quería abusar de su amabilidad.

-Pues bien, da la casualidad de que mi esposa ha fallecido recientemente y necesito a alguien que limpie mi herrería. Mi hija es joven y hermosa, y estoy seguro de que conseguirá enamorar a algún noble adinerado necesitado de amor. Como veréis normal, no voy a tenerla limpiando este lugar para que dé una mala imagen ante la realeza de la región…

-¿Pero no tenéis dinero? Creía que sí ya que tiene buena comida… – interrumpí.

El herrero comenzó a reírse y contestó:

-Claro que tengo dinero. Soy el herrero más prestigioso de la región y dinero me sobra.

-¿Entonces por qué quiere casar a su hija con un noble? – pregunté.

-En primer lugar porque siempre viene bien tener más y más dinero… y en segundo lugar porque no quiero que se vaya con el hombre equivocado y acabe como tú en mitad de la calle sin nada que llevarse a la boca.

Me tragué mi orgullo y miré hacia el suelo con bastante enojo.

-Cobraréis una moneda de plata al mes. Yo te ofreceré una habitación en mi herrería y comida caliente. Disculpad por la indiscreción, mas creo que es una oferta que no podéis rechazar en vuestra situación – dijo chulescamente.

-Por supuesto que acepto, señor – dije mordiéndome la lengua para no soltar una barbaridad.

-Bien, podéis empezar a trabajar – me respondió a la vez que salía del taller.

Una vez se hubo ido, la joven con la que hablé antes salió de lo que parecía ser su habitación y se acercó a mí con una sonrisa.

-Disculpad a mi padre, es algo brusco desde que mi madre falleció… -me dijo.

-Lo entiendo… es duro tener la muerte rozando tus pies… -la contesté.

-Por lo que he podido oír vais a trabajar en nuestra herrería… – dijo mirándome fijamente a los ojos.

-Sí, así es… -respondí algo nervioso.

-Menos mal… no aguanto esta situación. Mi padre trata de que sea la hija perfecta, la hija que sea capaz de gobernar estas tierras, mas yo no quiero serlo, no quiero tomar decisiones que afecten a los demás. Quiero vivir en el pueblo como una mujer más… – me contó entristecida.

-No conozco a vuestro padre mucho… mas creo que puedo decir que solo trata de buscarla un buen futuro. Yo hubiera pagado por tener estas posibilidades de salir de mi situación… Creo que debéis hacer lo que vuestro padre os recomienda – la aconsejé.

-¿Debo yo casarme con alguien a quien no ame? Mi madre me enseñó desde pequeña a amar a las personas, no a su dinero… – me contestó.

-Tendréis razón… yo hablo desde los abismos de la necesidad. El dinero y la posibilidad de vivir sin sufrimiento me nublan la vista. No puedo pensar con claridad… – le dije.

-Mi padre está llegando. Ha sido un placer conversar contigo, adiós – me dijo antes de volver a su habitación.

El herrero entró en el taller y al ver que no había hecho nada entró en furia. Tras un rato gritándome y recordándome que si él quiere puedo ser despedido y desterrado de la región, me ofreció una segunda oportunidad, la cual yo acepté.

Pasaron un par de semanas en las que no me pude quejar. Trabajaba mucho, eso sí, mas todo se veía recompensado con una cama comodísima comparándola con las que he tenido anteriormente y un buen plato de comida en la mañana y en la noche. Además, tenía una buena compañía, ya que la hija del herrero me echaba una mano y nos contábamos nuestras aventuras cada vez que su padre salía a hacer sus quehaceres.

-Disculpe si esto la molesta, mas llevamos dos semanas hablando y aún no conozco vuestro nombre – la dije con miedo a que me diera una mala contestación.

-Katerina – me contestó con una sonrisa – ¿y tú? – preguntó.

-Lázaro, llámeme Lázaro – respondí.

Nos quedamos mirándonos unos segundos, hasta que desgraciadamente me comenzaron a rugir las tripas delante de ella. Nunca hube sentido tanta vergüenza.

-Disculpadme. Será mejor que siga limpiando. Vuelva a su habitación – la dije sonrojado.

-No pasa nada. ¿Tenéis hambre? – me preguntó sin perder su sonrisa característica.

-Un poco… mas debo esperar a vuestro padre – respondí.

-Mi padre no está. Podéis coger algo de fruta si así lo deseáis… – me dijo.

-Katerina, digo… señora, no creo que sea una buena idea… – la contesté temerosamente.

-No sea tonto. Es solo una fruta, no se enterará.

Al final acepté la oferta de la sonriente Katerina. Cuando entré en la pequeña aunque lujosa cocina del herrero sentí mucho miedo y pese a no haber hecho nada todavía, una gran culpabilidad crecía en mi interior. Mas ese momento junto a Katerina fue uno de los mejores momentos de mi corta existencia.

La joven se subió a mis hombros y alcanzó un pequeño armario de madera que estaba bastante alto. Según ella, en él se encontraban las frutas y verduras. Cuando estuvo a punto de alcanzar una apetitosa manzana, tuve la mala fortuna de perder el equilibrio y ambos caímos al suelo. Junto a nosotros nos acompañaron la mayoría de frutas y verduras que estaban en ese armario, las cuales cayeron sobre mis ropas sucias y sudadas. Creí que Katerina iba a enfadarse por mi torpeza, mas ella comenzó a reírse y cuando finalmente acabó, me atreví a plantarle un beso. Ambos nos quedamos mirándonos, como era normal, hasta que en la cocina apareció el odioso herrero, el cual se puso rojo de la furia que sentía al verme junto a su hija.

-¿Cómo habéis entrado, papá? No le he escuchado entrar… – dijo temblando Katerina.

-Las vecinas de enfrente, que hace unos días me comentaron que os vieron juntos montando jaleo en el taller, así que decidí venir a comprobarlo. De ese sucio animal podía llegar a imaginármelo, ya que nadie lo ha querido nunca ni lo querrá, mas no puedo imaginar qué se os ha pasado por la cabeza a vos para que hayáis hecho semejante idiotez. El pueblo está criticando tu actitud, y esos rumores no tardarán en llegar al castillo de la nobleza – contestó indignado.  -Y tú,  maldito muerto de hambre, ¿no solo os ponéis a robarme sino que además os atrevéis a engañar a mi hija para que os dé más? – preguntó.

-¡Él no me ha engañado, padre! – gritó Katerina.

-¡Silencio! – le contestó acompañándolo con un bofetón- ¡No estoy hablando con vos!

El herrero me cogió del brazo y me metió en una pequeña sala. En ella me desvistió y me encadenó a una columna de madera. El hombre introdujo una barra de hierro en un pequeño horno que estaba en una de las paredes, y cuando alcanzó una gran temperatura comenzó a rozar mi cuerpo con él, produciéndome un gran dolor difícil de explicar.

-¡Os voy a hacer arrepentiros de haber nacido! ¡Esto acaba de empezar! – gritó mientras continuaba quemándome.

Katerina entró en la habitación y susurró mirando hacia el suelo:

-Padre, salga un momento, por favor…

El herrero soltó la barra y salió a hablar con su hija. No tengo ni la menor idea de lo que ocurrió al otro lado de la puerta, mas el herrero al volver me desencadenó y me devolvió mis vestimentas.

-Iros del pueblo y olvidaros de mi hija – Me dijo – Si veo que volvéis a pasar por aquí os juro que os torturaré hasta que la muerte llame a vuestra puerta.

Me fui del pueblo sin poder despedirme de Katerina. Por lo que tengo entendido, el rumor que sembraron esas ancianas esclavas del maligno llegó a la nobleza y cualquier esperanza del herrero por casar a su hija con un noble se desvaneció. La honra que había ganado con su trabajo se esfumó y nadie volvió a acudir a su taller. El herrero se metió en el mundo del juego y perdió todo su dinero. Y Katerina… no sé si está bien o mal, viva o muerta, feliz o triste… solo sé que todos aprendimos una gran lección: la avaricia rompe el saco.

La pérdida irreparable

Hacía una semana desde que a mi hermana, Raquel,la operaron de un tumor en el pulmón. Yo siempre jugaba con ella, y saber que ahora estaba en el hospital me preocupaba mucho.

Al día siguiente, les dije a mis padres que iba al hospital a ver a Raquel. Cuando llegué a su habitación, Raquel estaba dormida y me senté a su lado hasta que se despertase. Cuando se levantó quise decirle todo lo que la quería pero, mis padres entraron por la puerta acompañados del doctor, diciéndole que ya podía irse a casa.

Raquel estaba contenta por poder sentirse libre, todos le habíamos preparado una fiesta sorpresa. Cuando llegamos  y Raquel vio la fiesta, se puso a llorar y dijo que era muy afortunada de tener esa familia.Durante ese año Raquel se encontraba cada día mucho mejor, hasta que un día volvió a recaer en su enfermedad.

Raquel falleció de un cáncer en el pulmón. Yo no podía creerme que mi hermana me hubiera dejado. Cuando pasaron un par de semanas mis padres decidieron cambiarme de colegio y eso implicaba cambiar de ciudad. Al principio me pusé triste ya que no volvería a ver a mis amigos, pero mis padres me dijeron que era para que aceptara que mi hermana había muerto y que la vida seguía. Yo les pregunté que si no la recordaban pero mis padres se echaron a llorar y entonces comprendí que era mejor mudarnos. Nos mudamos a Lagora, los primeros días fueron extraños ya que no conocía a nadie, pero al final me acostumbré .

Mi hermana siempre estará en el recuerdo de mi corazón.

Nada es lo que parece ser.

Todos estábamos allí. Al lado de la ventana. La profesora de literatura llevaba ya dos semanas enferma y hoy venía la sustituta.
Allí estaba, en aquellos momentos estaba entrando por la puerta del instituto.
Era una señora mayor, de pelo blanquecino, no muy alta y regordeta. Parecía seria.
Sonó el timbre y todos nos sentamos permaneciendo en silencio mientras ella posaba sus libros en la mesa del profesor.
De pronto empezó a hablar y todos quedamos aturdidos escuchándola, en aquel momento comprendimos que al lado de aquella mujer podíamos aprender diversas cosas.
A la hora del recreo toda la clase nos juntamos para hablar de ella, a todos nos gustaba.
Se notaba que era una persona que le gustaba su profesión, no le importaba perder el tiempo resolviendo dudas aunque no tuvieran absolutamente nada que ver con literatura, siempre nos escuchaba y quería que en sus clases todo el mundo hablara para que fuera  más divertido; intentaba trabajar lo máximo posible de la materia en clase para no tener que mandar deberes y los días de lectura nos encantaban, leíamos todos en alto un capítulo, lo comentábamos y lo resumíamos entre todos.
Nuestra profesora se recuperó, por lo tanto la sustituta tuvo que irse, nos dio mucha pena, aunque nos dio su correo electrónico para que siguiéramos en contacto con ella.
Cuando su trabajo se lo permitía venía a vernos en los recreos, y nos pasábamos la media hora hablando con ella.
Después de aquello comprendimos que nunca nada es lo que parece, que siempre juzgamos a las personas por el exterior, sin conocerlas a fondo.

 

PERDIDOS (Narración)

Esta historia empieza hace unos años en Madrid. Allí vivía un joven de unos 18 años llamado Lucas. Era un tipo normal, no llamaba la atención. Llevaba una vida tranquila y se llevaba bien con sus compañeros, pero él quería vivir aventuras, tener emoción.

Cierto día dos amigos le dijeron que estaban organizando un viaje por África para las vacaciones. Lucas no se lo pensó dos veces, inmediatamente pidió unirse a ellos. Nadie estaba en contra, así que unos meses después todos estaban en un avión rumbo a Kenia. Cuando llegaron al aeropuerto empezaron a buscar el hotel en el que pasarían la noche. Lo encontraron un rato después y nada más entrar se echaron a dormir. Al día siguiente fueron a ver al guía que habían contratado. Dos horas después estaban de safari en plena sabana africana. El vehículo en el que iban era muy viejo pero parecía funcionar bien.

Por la tarde se habían alejado mucho de la ciudad y decidieron parar a comer algo. Lo pasaron bien durante un rato pero luego llegaron los problemas. Cuando quisieron volver a la ciudad el coche tuvo una avería. El guía intentó repararlo de muchas maneras pero nada funcionó. Trató de llamar a alguien por teléfono pero nadie le contestó. Ya iba anocheciendo, así que decidieron dormir allí. Aquella noche hubo tormenta y Lucas se despertó por el ruido. Se volvió a acostar pero antes de poder dormirse vio que un rayo caía cerca de ellos e incendiaba los árboles. En unos minutos todo a su alrededor estaba ardiendo. Lucas despertó a sus compañeros a toda prisa y salieron huyendo en dirección contraria a las llamas. Cruzaron un pequeño riachuelo y corrieron durante un rato. Cuando paró la tormenta y el fuego se apagó todos se acostaron junto a unos árboles. A la mañana siguiente emprendieron la marcha intentando llegar a algún pueblo cercano pero no encontraron nada. Al mediodía se comieron casi todo lo que tenían. Pero, poco después de comer, aparecieron cinco o seis leones con pinta de tener hambre. Los cuatro amigos salieron corriendo y se subieron a un árbol cercano. Allí esperaron hasta que se marcharon las fieras. Durante el resto del día caminaron por la sabana viendo a los animales que pasaban por allí. Cuando ya estaba atardeciendo vieron luces entre los árboles. Se acercaron más y llegaron a un pequeño poblado. Los aldeanos los recibieron amablemente. Lucas y sus amigos no los entendían, pero por suerte el guía supo comunicarse con ellos. Los chicos pasaron la noche allí y al amanecer se pusieron en marcha. En el pueblo les habían indicado el camino hacia la ciudad. Después de andar todo el día llegaron a su destino. Los tres amigos se despidieron del guía y fueron a coger el avión de viaje de vuelta. Lucas se prometió a sí mismo que nunca más volvería a buscar aventuras y peligros.

 

 

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