Continuación del Cid Campeador

Muy temprano los infantes, se vengaron del campeador;

maltratando a sus mujeres, hijas del campeador.

Al enterarse el mio Cid,  le embarga el dolor;

“bien sabe el señor que ellos pagarán la traición ”

A los yernos apresaron los del Cid Campeador.

para que el rey les castigara, a los de Carrión.

Los cobardes, aún se atreven a pedir perdón

y con súplicas y llantos ruegan el Campeador

patrañas y lloros no ablandaron su corazón.

El rey al ver esto, al Cid deja la decisión

nuestro valiente guerrero pensándolo la tomó:

“Ni riquezas ni títulos para los de Carrión”

Humillar a unas jovenes por sentir solo amor

y tener por pecado ser hijas del Campeador.

LOS INFANTES DE CARRIÓN Y EL CID CAMPEADOR

Los infantes de Carrión en una esquina de la habitación

pálidos y escuálidos atemorizados por el león

con el papel del baño en su posesión.

Los guardias tuvieron que matar al león

hasta que no lo mataron

no salieron de su rincón,

¡pobrecito león! tuvieron que matarlo por un cagón

para hacerle una broma el Cid un gato les tiró

a los infantes de Carrión.

Desde aquel día duermen con desesperación,

la angustia y el miedo pertenecen a la vida de los infantes de Carrión.

Un día una araña, otro te aparece un león,

el que más miedo tuvo fue el de Aragón

por el ansia de limpiarse el pantalón

por poco se despelota para quitarse el mojón.

Si no le llega a agarrar el otro infante de Carrión,

se despelota delante de el Cid Campeador

el infante de Carrión.

 

 

Continuación del Cantar Del Mío Cid

Los infantes se quisieron vengar,

por lo ocurrido con el león,

y por ello quisieron violar,

a las hijas del Campeador.

Sin que nadie se enterara,

trazaron los infantes de Carrión,

un plan muy malvado,

para hombres sin compasión.

Los infantes dijeron al Cid

que llevaran a sus hijas a Carrión.

Y en un bosque del camino,

ocurrió la violación.

Los infantes golpearon,

a las hijas del Campeador

y las dejaron medio muertas,

vaya hombres sin compasión.

Por suerte un soldado

del mío Cid Campeador,

que por el bosque pasaba,

del suelo las recogió.

Y se fue rápidamente

a entregárselas al Campeador.


 

Mio Cid Campeador

Cid  buscó a otro león.

Y allí fue con su amigo el Morón.

Caminando tras día y día se encontraron

con un leñador muy cabezón.

Y a él le preguntaron ¿Usted sabe dónde se encuentra el león?

El leñador dijo que al lado del bidón

un mapa donde se encontrarán.

Morón cansado bebió y se emborrachó.

Cantando sin parar encontró un bidón.

Y lo abrió. Apareció el león

y felices todos hasta el cabezón leñador.

– Amigo Cid, terminamos la misión.

Y felices todos se fueron a dormitar.

Por la mañana se despertaron y el león se enfadó.

El leñador cabezón le dio un filete muy sabrosón.

Cuando se despidieron del leñador

al palacio llevarán el león.

 


 

Continuación del poema de Mio Cid

Así tristes y acongojados marchan de Valencia los infantes de Carrión,
dirigiéndose con la cabeza bien gacha por lo sucedido con el león.
En sus casas esperaban impacientes sus esposas, después de un largo e interminable camino,
camino que no era de rosas.
La noticia de lo sucedido viajó más rápido que ellos, Diego y Fernando Gonzalez de Carrión,
y así ellas trabajarían sus cabezas para concederles el perdón.
Fueron bien recibidos ambos, los dos,
aunque de ellos un largo tiempo se habló.
Más tarde se supo que lucharon en grandes batallas,
y que gravemente heridos salieron de algunas de ellas.
Debido a sus heridas decidieron abandonar a sus esposas,
que nunca más supieron de ellos, ni de sus cosas.
Después de mucho buscarles, les dieron por desaparecidos,
y fueron muy llorados, pues darles por muertos era parecido.
Tras años de silencio, “las viudas”, rehicieron sus vidas con mucha ilusión,
pues el Cid casó a sus hijas con los Príncipes de Navarra y Aragón.

El Cantar del Mio Cid

Uno de los infantes a la hija del Cid violó,

como era de esperar él se vengó.

Y a un juicio le enfrentó.

El infante perdió,

y el Cid en la cárcel le encerró,

su hermano entristeció

Y a un rico le robó.

Pero el rico le pilló,

y en la carcel terminó.

El infante violador un túnel creó,

y allí se escondió.

Todo el mundo le buscó ,

hasta que el Cid lo encontró,

porque su hermano confeso.

Un mes después todo se tranquilizó,

pero algo extraño ocurrió,

pues un infante murió,

y nunca conoció Carrión.

Continuación del Cantar de Gesta

Desde este momento el Mío Cid Campeador
en Valencia y muchos sitios alrededor
es conocido por sus proezas y su valor.
Siendo tan valiente y con tan poco temor
lucha sin descanso y sin vacilación.
Con su escudo, su  lanza y su corazón
protege a los suyos sin pavor.

El Cid Campeador

Viajaban por España, el Cid y sus caballeros,

corriendo por los campos, las ciudades y los pueblos.

Fueron desde Valencia, a Castilla y a Aragón.

También viajaban con ellos, los infantes de Carrión.

Un día llegaron andando, a un pueblo entre las montañas,

Y allí se quedaron un tiempo, en una pequeña posada.

Pero una noche, mientras todo el mundo dormía,

Les atacaron los moros, creyendo que les vencerían.

Arrasaron todo el pueblo, y asaltaron la posada.

El Cid y sus guerreros, se armaron con sus espadas.

Hubo una gran batalla, todos lucharon a muerte.

El Cid Campeador y los suyos, demostraron ser los más fuertes.

Mientras todo esto pasaba, los condes de Carrión huyeron,

y corriendo por los montes, para siempre desaparecieron.

Cuando terminó la batalla, los moros estaban muertos.

Habían acabado con todos, y el pueblo quedó desierto.

Se fueron al día siguiente, el Cid y sus compañeros.

Dejaron aquel pueblecito y siguieron su camino.

El miedo de los Infantes De Carrión

El pueblo estaba indignado

con los infantes de Carrión,

por su miedo al león

y pedían su dimisión

porque  ¿cómo iban a proteger al pueblo

si se asustaban de un león?

Al Mio Cid Campeador no le quedaba elección.

Por otra parte los Infantes vengativos

volver a soltar el león decidieron,

las gentes del pueblo

al ver al gran león se asustaron,

y fueron corriendo a buscar al Mio Cid Campeador.

El Mio Cid Campeador se cabreó

y se fue a por el león y lo encerró.

De una columna los Infantes De Carrión salieron

y de ellos se rieron,

los Infantes de Carrión  dijeron:

“No os teníais que haber reído de nosotros

porque somos grandes soldados

aunque a nosotros no dé miedo un león”.

Entonces la gente se disculpó

y el Mio Cid Campeador

volvió a contar con sus servicios.


 

El Cid (segunda parte)

Un infante de Carrión soltero se quedó

y al otro el mismo destino le aconteció.

Las hijas del Cid a casarse volvieron

con otros  mejores y más nobles caballeros.

Los infantes de Carrión no quisieron

nunca jamás a ver un león

porque todo el mundo de ellos se rió.

Las hijas del Cid muy felices fueron

y muchos hijos con sus esposos  tuvieron.

El Cid en abuelo se convirtió

y por ello las armas dejó

aunque algún nieto en paz no le dejó.

El Cid contento se quedó

después de todo lo que le pasó

y así esta historia terminó.

 

 

 

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