EL CEMENTERIO

Una noche de luna llena, un amigo y yo fuimos al cementerio por la tarde, todavía no había oscurecido pero oscurecería dentro de dos horas. Era Halloween y todo estaba muy decorado, entramos, había una señora encendiendo las calabazas ya que no había farolas. Pasamos a la señora, no nos miró, era muy extraña. Estuvimos paseando, por el camino nos encontramos muchos muñecos: una calabaza gigante, un hombre hecho de raíces con una cabeza de calabaza, un fantasma y unos zombis de mentira. 

Encontramos un papel en el suelo, lo leímos y hubo un viento espantoso y se apagaron todas las calabazas y apareció la señora que vimos antes. De repente apareció el mismo viento de antes y ella empezó a volar, dijo las mismas palabras que ponían en el papel y los muñecos que vimos antes cobraron vida y nos vinieron a atacar. Nosotros huimos pero la verja del cementerio estaba cerrada, venían todos a atacar, nos metimos los dos en una tumba para que no nos viesen y pasaron de largo pero, de repente, la señora que se había transformado en bruja asomó su cabeza a la tumba y nos dio un susto de muerte, sacó su cabeza y puso una losa de piedra. 

Ahí acabó nuestra vida pero todavía seguimos allí. Cada noche de Halloween nuestro espíritu sigue huyendo de los monstruos hasta que alguien abra la verja del cementerio y podamos así salir del cementerio y poder escapar de la maldición de la bruja. 

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Una noche de luna llena.

Una noche de luna llena salí con una amiga de paseo, yo vivía en un pequeño pueblo desconocido y ella se había quedado en mi casa a dormir, me acababa de mudar y no conocía la zona. Sería por la falta de sueño, pero mi amiga y yo decidimos “inspeccionar” el lugar.  

Decían que era un pueblo maldito o algo parecido, sin embargo no teníamos miedo, no éramos la típica familia asustadiza en busca de misterios. Mi padre se había mudado por razones de trabajo y mi madre, en fin, mi madre vivía en su mundo de fantasía, era escritora. Yo, sin embargo, disfrutaba de cada momento de la vida, como esa vez… 

Era 30 de Octubre, un día más y llegaba Halloween, ya había calabazas por las casas. Íbamos subiendo una colina en la que había un pequeño cementerio al que no solía ir nadie, debido a que era el protagonista de muchas leyendas. Ese era nuestro lugar favorito, siempre habíamos estado allí y nunca nos había pasado nada, de momento… 

Nos sentamos en una lápida enorme y polvorienta, se notaba que el fallecido no era muy conocido y admirado por el pueblo. O eso, o que, simplemente, no la limpiaban con demasiada frecuencia. Pasamos allí un rato, hasta que el reloj dio las 00:00h. ¿Ya era Halloween? En fin, ¡qué más da! Seguimos hablando pero, de repente, oí un murmullo, pensé que era mi cabeza, continué con mi amiga -otro murmullo-. De repente vi que su cara palidecía y la pregunté:  

-¿Qué te pasa? 

-A mí nada…- titubeó- pero… 

Sentí un pequeño escalofrío detrás de mí, ella saltó de la lápida y ésta empezó a subir, me levanté rápidamente, algo pasaba, no era la única lápida que se movía. Empezaron a surgir cosas extrañas, sin sentido. De las tumbas salieron personas amarillentas y vestidas con harapos, andaban despacio y nos perseguían, hablaban diferente a nosotros, ¿habría que asustarse? No lo sé pero mi amiga y yo empezamos a correr cuesta abajo, la mayoría de las cosas estaban en orden. Menos la carretera que se agrietaba a nuestro paso dejando un rastro de sangre con un color inconfundible. Aún recuerdo ese olor… Vi cómo las siniestras sombras desaparecían a lo lejos y nuestra casa aparecía rápidamente. Cuando por fin llegamos, entramos y pusimos el pestillo a la puerta.  

Al día siguiente, cuando desperté, mi amiga había desaparecido, mis padres me dijeron que unos señores muy extraños habían preguntado pr ella, que sólo repetían su nombre y tenían la piel pálida y amarillenta, ella decía que no los conocía, pero que cuando mis padres fueron a cerrar la puerta, ella dio un paso lentamente , tenía los ojos en blanco. Y seguido de esos señores tan extraños. Se fueron alejando a cada pequeño paso hasta que se convirtieron en un punto blanco en el amanecer. Nunca la volví a ver… 

-¿Serían sus padres?  

No lo creo…
 

 

El grito, de Eduard Munch

EL CEMENTERIO

Una vez, fuí con un amigo llamado  Álvaro Alonso al cementerio a pasar una noche porque perdímos una apuesta por la cuál, si perdías, tenías que pasar una noche en el cementerio.

Estabamos en la puerta cuando un escalofrío me recorrió la espalda como si algo malo fuese a ocurrir. Entramos y entonces se levanto viento y se puso a llover. Nos tuvimos que meter debajo de la tejavana de una tumba. Siguió lloviendo hasta medianoche. Esa noche había luna llena. Se oyó un ruido en el centro del cementerio y se veía un manto gris en el norte. Nos acercamos más al manto gris mientras que él se acercaba a gran velocidad.

Caminamos casi cinco minutos hasta entrar en la niebla gris. Dentro de la niebla, se veían esqueletos de personas humanas. Se movieros y se levantaron. Corrimos hacia la salida lo más rápido que pudimos y en cinco minutos salimos. No nos persiguieron así que no volvimos a hablar de ellos.

Historias Terroríficas

Una noche de luna llena salí con unos amigos y, de repente, salió un lobo de entre las tumbas del cementerio. Era bueno, solamente quería comer , nosotros pensabamos que nos quería comer pero lo que más estaba deseando era que le diéramos comida. Entonces Marta sacó el unico bocadillo que tenía y se lo dió. Cuando era la hora de cenar todos tuvimos que dar un poco de bocadillo a Marta. Al final , cuando nos ibamos a ir , el lobo estaba solo, no tenía con quien ir y al final María se llevó al lobo y le puso de nombre Romino.

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