El estudiante se revela

Un día a un estudiante de cuarto de secundaria le mandaron hacer una cantidad desorbitada de deberes aparte de que tenía tres exámenes para el día siguiente y no había estudiado nada, por si fuera no poco al salir del instituto hacia un día muy lluvioso con un frío que helaba la sangre y él se había olvidado de traer el paraguas y para colmo al torcer la primera esquina tropezó y se le cayeron los libros.

-Sí, hombre, y qué más, va a caer un rayo y me va a partir en dos- interrumpe el personaje en medio de la narración.

-A ti te ocurrirá lo que yo escriba, que para eso me han mandado hacer este trabajo de lengua- le digo con enfado.

-Pues escribiendo así bien vamos- dice, mientras suelta los libros y se pone a cubierto.

-No te me pongas así, que rasgo la hoja y empiezo de nuevo.

-Seguro que lo haces te quedas esperando otras tres horas hasta que se te ocurra algo bueno- añadió- aunque puede que esta vez tardes más- dice con mucha intención de vacilar.

-Tardaría menos si no tuviera que escribir sobre un personaje cabezota que no puede aguanta ni una simple lluvia y que al menos pueda quedarse callado hasta que yo escriba lo que tiene que decir.

Al oír eso frunció el ceño, apretó los puños y grito hacia donde venía mi voz mientras se colocaba en medio de la lluvia como si ya no le importara mojarse o el frío que hiciera.

-Mira, pues te vas a ir tú, tu día lluvioso, tus tres exámenes, y tu tonelada de deberes a donde no llegan las letras de este texto.

Se dio la vuelta y camino siguiendo la calle en la que estaba mientras decía.

-Venga adiós, avísame si te llega una buena idea para acabar este trabajo.

Y dejándome a mí solo, con una narración sin personaje, llegó el momento de poner punto final.

 

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El reflejo de la verdad

En una noche de tormenta me desperté y no me pude volver a dormir, decidí levantarme de la cama y salir a la calle. En cuanto salí por la puerta de casa, miré mi chabola que me protegía de estos días, pero hoy saldré a la calle para pensar en un futuro en el que poder vivir.

Dejó de llover después de una media hora y me miré en el reflejo de un charco. Pensé un momento y dije:

– Soy un inútil… espera, yo no pienso eso.

– Tú no piensas, decido yo.

– ¿Quién eres? ¿Dónde estás?

– Soy tu creador, el que toma tus decisiones y tus aventuras. Yo soy el que vive en el mundo real.

– No dices la verdad, todo es un sueño.

De repente otra voz sonó desde el otro lado del reflejo:

– Os equivocáis los dos. Vosotros sois el reflejo de mi mentira, porque mi creador me creó a mí en el reflejo de tu mundo.

No podía creer lo que estaba pasando, un personaje nació al otro lado de mi historia, esto quiere decir que puede existir alguien como yo.

No podía creérmelo y respondí a su absurda historia:

– No sabes lo que está pasando, tú has nacido de mi historia…

Una voz muy parecida a la mía me interrumpió:

– ¡Piensa en lo que dices, porque yo soy tu creador… tú eres el reflejo de mi historia! -exclamó.

De repente me puse a pensar… quizás todos somos el reflejo de otro mundo en el que nadie toma sus propias decisiones, quizás seamos una copia de otra historia… podemos ser el reflejo de la verdad…

No lo hagas, mi creador

El momento de Tom estaba llegando. Nadie que se encontrara alrededor se lo hubiese imaginado. Era un buen chico, como todos sabemos. Siempre estaba para ayudar, actuar rápido cuando alguien lo necesitaba. Era una gran persona, pero ese mínimo fallo le llevó a un lugar donde nadie quisiera llegar. La muerte ya se veía en sus ojos.

– Un momento, eh, eh!! Sí, tú. ¿Cómo que la muerte ya se veía en mis ojos? ¿Me vas a matar?

– ¿Me estás hablando tú, Tom?

– Sí, soy yo. ¿Te he asustado? También tengo derecho a elegir mi propia vida, ¿no crees? Llevas mucho tiempo escribiendo cada movimiento de mi cuerpo, eligiendo tú mi manera de pensar. Ponte en mi lugar. No es justo. Creo que es mi propio momento en el que me has de escuchar y atender a mi opinión.

– Estoy en un sueño. Seguro. Esto es imposible, solo eres un ser de mi imaginación. Una persona ficticia. Seguro que me he quedado dormido. Cuando despierte nada de esto habrá pasado.

– Que no es un sueño. Es real, aunque estoy en tu mente. Al igual que puedes imaginarme para escribir sobre mi, puedes escucharme en tu conciencia. Por favor cállate y escucha lo que quiero decirte.

– No te voy a escuchar, no voy a creerme nada de lo que me digas. No es real. Déjame, seguiré con la historia.

Todo en la vida de Tom había cambiado. Todo para él se terminó. Respiraba fuertemente, como únicamente podía. Sin fuerzas y sin poder moverse del suelo. La gente solo observaba como los últimos minutos de Tom pasaban. Nadie hacia nada, se quedaron paralizados. No sabían como debían actuar ya que esa situación era muy dura y complicada para todos.

– !Venga, hombre! Déjalo ya. No entiendes que para nadie sería adecuado mi muerte. Yo soy una persona valorada, querida y a la que todo el mundo echaría en falta. Es ilógico lo que estás escribiendo. No me lo merezco. He luchado, he respetado las guerras perdidas, me he vuelto a levantar después de haber sido abatido. Soy una persona fuerte, joven y lista. ¿Tú como escritor y lector crees que tu final está correcto?

– Otra vez tu. ¿Quieres parar de cortarme mientras escribo el maldito final de tu historia, Tom? No quiero escucharte, ni siquiera pensar en lo que me estás diciendo. Creo que no me merece la pena. Es una pérdida de tiempo hablar con un simple “muñeco”.

– ¿Realmente para ti, que eres mi creador, únicamente soy un “muñeco”? No te engañes, sabes que me conoces bien y que yo soy con la persona que pasas más tiempo en tu vida. La persona en la que más piensas mientras estás descansando. Piensas en cómo me vas a vestir, cómo voy a estar de humor, o si ganaré la lucha o la perderé. Y, aún así ¿solo soy un “muñeco”? No se te puede valorar como escritor.

– Vale, vale, ya déjalo. Me ha quedado claro. Te escucharé y valoraré tu opinión. No te aseguro nada, pero creo que seas o no un fruto de mi imaginación tienes un poco de razón. Yo soy tu creador, tu escritor y la persona que mejor te conoce. Ahora me has echo plantearme tu muerte. ¿Te la mereces? No lo creo. Tú siempre has querido lo mejor para los demás y así lo haré yo, porque de una manera u otra, si yo te creé así tal vez sería porque a mí me gustaría ser un poco mejor persona.

– Lo ves. Entonces déjame vivir y disfrutar de mi momento. Ya moriré en el recuerdo de la gente que me pueda imaginar mientras lee tu gran obra. ¡Ah! Y otra cosa antes de irme, para mí si eres una gran persona. Gracias, creador.

– ¡Eh! ¿Te has ido ya? Me parece que sí. Ahora solo estoy hablando yo. Parezco un loco. Continuaré con la historia.

¡Oh! Nadie se lo puede creer. Tom abre un ojo y parece más tranquilo mientras respira. La gente se imagina lo mejor. ¿Tom iba a morir? De repente pronuncia unas palabras

– ¿Creéis que el hombre más fuerte, generoso, luchador, valiente,  amigo de sus amigos, iba a morir dejándoos a vosotros aquí? ¡No estoy loco hombre! Nunca os abandonaré, seguiré a vuestro lado por mucho tiempo más.

 

El que mueve los hilos

El cielo rabioso empezó a llorar, y una inmensa marea apareció de repente. Decidí subir a aquella casa en la colina donde la fuerte tempestad casi no azotaba. El camino es duro, largo, rocoso y cansado. Yo avanzaba para no ahogarme, pero el cansancio lo estaba consiguiendo. Una vez una gran verja separaba mi vida y la llegada de la parca. Nunca tuve una gran habilidad para escalar vallas, además esta era bastante alta. Decidí bordear la casa en busca de una herramienta para romper la puerta de la verja. En ésta había un candado de hierro que la bloqueaba. Busqué por todos los lados cualquier cosa valía pero era un territorio hostil, desolado, sin vida. Como último recurso intenté subir la valla, sin esperanza, me caí tantas o más veces incluso de las que lo intenté. Ya no podía más, mi cuerpo estaba agotado, el último aliento, el último suspiro, la última mirada, la última imagen, el último sonido, la última palabra, el último segundo con vida y de repente … Apareció de la nada, como la nada, en un esplendor de luz, en una armonía suave, y me desperté en una superficie llana, el suelo acariciaba mi cara, en el borde de un abismo, en el bordillo del cielo mismo, en la orilla de un acantilado. El paisaje era sencillamente perfecto, cada curva cada árbol, cada rosa, cada nube. Era ya un cielo crepuscular. Respiré aliviado y tranquilo y al instante una voz entre grave y aguda, con un timbre peculiar, calmada y segura me habló.

– Era una broma. ¿En serio creías que ibas a morir?

– ¿Qué? ¿Cómo?

– Nada, pero si quieres te doy patatas fritas.

– Me refiero a qué ha pasado.

– ¡Ah! En realidad ha sido todo una broma.

– ¿Cómo que una broma ?

– Todo lo que ha sucedido ha sido porque me ha dado la gana.

– ¿Quién eres y dónde estás?

– No puedes verme porque no puedo meterme en tu mundo irreal, bueno, sí pero no mi verdadera persona.

– ¿ Cómo que “ irreal ´´?

– Si, por desgracia tu mundo es irreal. De verdad piensas que el mundo se inunda así por las buenas.

– No lo sé, supongo. ¿Dónde estoy?

– Pues no lo sé. He creado esta sala en mi subconsciente para hablar con otro producto de mi subconsciente.

– Casi me matas ¿por qué?

– Quería un poco de acción.

– ¿Y por qué lo haces?

– No sé, me han mandado un trabajo de lengua y, claro, ahora estoy sentado en la habitación terminando el texto.

– A ver, a ver, o sea ¿que soy fruto de tu imaginación, un personaje ficticio?

– Así es.

– Es decir, que estoy a tu merced ¿ tú me puedes controlar?

– Exactamente, por ejemplo voy a hacerte decir zapatilla.

– Zapatilla.

– Esto es una paradoja cuántica.

– Pero no lo entiendo ¿por qué puedo sentir?

– Eso es lo que tú crees.

– Y cuando dejes de pensar en mí, ¿qué pasará ?

– Lo ignoro, quizá desaparezcas.- respondió.

Después de un corto instante aparecí en mi casa de vuelta con mis seres queridos, antes de que todo ocurriera. Seguí con mi vida, al principio me costaba no pensar en lo que había sucedido pero después me acostumbré. Pensé que quizás fuese un sueño o que alguien controla nuestra vida, quizá no existamos simplemente o sencillamente hay alguien que mueve los hilos de nuestra existencia.

 

Lo mío es crear, no destruir.

Anastasia quería que su marido aprendiese a disparar, temía por la vida de su obseso del control desde que intentaron asesinarlo, pero Christian odiaba las armas. No quería tener nada que ver con ellas y no aprobaba que sus guardaespaldas llevaran pistolas encima. Lo que pilló totalmente desprevenida a Ana…

– Espere, señorita James, ¿se supone que yo soy un hoplófobo y que en cambio mi mujer es toda una pistolera? Sin duda, tiene que haber algo que no funcione correctamente dentro de tu mollera.

– No, Christian, mi imaginación funciona perfectamente ¿es que acaso no ves la sensación que produces en las mujeres o lo perfecta que es tu mujer? Tienes que descubrir todos y cada uno de sus talentos. Además, que estés en contra de las armas atraerá de una forma aun más sobrehumana a nuestras lectoras, que estarán encantadas de que hayas crecido con esos valores en tu familia.

El atractivo Christian Grey me miró con esos ojos grises y supe que debería seguir con mi idea clara y firme. Este hombre tiene que venir de un planeta diferente o mejor, de un universo. De todas formas, me dispuse a escuchar la opinión que tenía sobre mi última idea.

– Todo eso está muy bien, pero se te olvida que soy una persona muy viril, muy masoquista y muy dominante. Eso de que esté tan en contra de las armas con todo lo que soy y lo que me gusta, es un poco retorcido. Yo me he prestado a ser tu inspiración pero no me gusta que a veces se te olvide que soy un macho. Me gustaría, dado que la mayoría de mi existencia ya ha sido un calvario, que me dejarás la oportunidad de decidir respecto a este tema. Perdone que deje salir mi yo puntilloso, pero decido que quiero que me gusten las armas.

Cada vez estaba más dominada por ese hechizo que desprendía en una simple ilusión de tenerle, como si fuera yo misma Anastasia ganándome sus flores y corazones.

-Valiente Presidente de Grey Enterprises Holdings, Inc., sin duda tengo que quitarle ese don para la hipérbole, pero recordando que soy yo la que escribe y la que decide en esta historia, le diré que será un placer para mí  darle una negativa en su petición de si se le puede llamar así y, dado que usted no tiene poder en el mundo real, le diré que es todo un lujo.

Volvió a mirarme y sentí calor, mucho calor. Era raro pensar que tan solo estaba en un McDonald, disfrutando de sus desayunos por menos de dos dólares.

– Ahora mismo me siento un presidente afectado, pero también asombrado de que no confíe en que nuestra historia será un éxito y que en un futuro puede que tenga ese poder en alguna fan o algún actor de Hollywood que tenga el honor de representarme en pantalla. Aunque, claro, ahora que lo pienso, puede que para eso tengan que pasar unos años y yo ahora mismo solo estoy aquí para complacerla, señorita James.

Ojalá llegara ese momento y que el guapo actor también tuviera esa idea de complacerme, pero por ahora, tenía que acabar con esta estúpida conversación con mi yo y con mi hombre ideal interior. De lo contrario, terminaría por sacar ese producto de mi imaginación y tendría un aperitivo más en el desayuno.

– Christian, esto se quedará así, porque tú tienes belleza debajo de esa piel. Y tu corazón ya no está tan destrozado como hacía tiempo. Debes sorprenderla, dejarla que sea ella la que pueda defenderte porque para algo ella fue instruida desde muy joven en el manejo de armas por su padre. Ahora dedícate a apoyar esas iniciativas contra el control de armas y apaga ese móvil antes de que tengas un accidente en el avión y se acabe nuestra relación.

Y será mejor que acabe antes este intercambio de información interior antes de que mi imaginación sea la que acabe con el mundo por culpa del calentamiento global.

-Pero antes, concédeme un instante de conversación con mi querida Ana y, que sepas, que si he aceptado esto, es porque espero que cumplas nuestro trato, cuando merezca poseer las mismas cosas en el mundo real porque esto llegará a ser un gran best seller y  me llevarán a los cines. En ese momento, “todo lo que sea tuyo, será nuestro, nena”. Ahora me dedicaré a seguir mi papel de filantrópico, pervertido, romántico y cincuenta cosas más.

– Hasta muy pronto, inspector, estaré aquí si tienes alguna otra pega. Yo seguiré con mi papel de escritora con mollera rota, intentando encajar una conversación con tu editora de SIP, ya sabes que estoy aquí para crear, no para destruir, Christian.

-Adiós, nena, me he entusiasmado y he disfrutado con este juego.

“Un hombre que consigue adueñarse absolutamente de su mente puede adueñarse de cualquier otra cosa para la que esté legalmente autorizado”.

¿Las armas? En este caso no, Christian.

 

La desdicha de aquel hombre.

Un hombre iba camino del banco para recoger su pobre salario. Su mujer le había dejado, su perro había muerto, sus hijos estaban en la droga hasta las cejas y no sabían leer. Además Juan era un alcohólico cleptómano que había pasado la mitad de su vida en la cárcel y lo que le quedaba lo iba a pasar en los burdeles de poca monta de los que le habían hechado en reiteradas ocasiones.

-¿Por qué seré tan fracasado?¿Por qué todo me sale tan mal?- se pregunta a sí mismo

-Yo tengo la respuesta a eso.

-¡¿Quién ha dicho eso?!- Grita confuso.

-Lo he dicho yo, Vladimir, el creador de esta historia que estoy haciendo para clase de Lengua.

-¿¡Dónde estás !?Te crees muy gracioso, pero como te pille te parto la boca.

-No vas a oír a nadie, yo soy la voz de esta historia, yo soy el responsable de que seas la escoria de la sociedad y de que no te quiera nadie. Y si no me crees mira tu cajetilla.

Por arte de magia la cajetilla de tabaco se desintegró.

-¡¡¡¡¡NOOOOOOOOO!!!!!

El hombre entró en pánico, empezó a tiritar, su tez se puso blanca . Pasados dos minutos volvió en sí .

-Espera un momento,  yo sé lo que es esto.Tú eres el producto de mi imaginación y no lo contrario , esto me pasa por haberme metido todas esas pastillas que había robado en el geriátrico.

-¿Y cómo es que ahora te pegan un tiro en la sién?

-¡¿Qué?!Vaya bobada.

Al hombre lo habían disparado uno de los muchos prestamistas a los que había timado a lo largo de su pésima vida.

 

Vivo por primera vez…

” Daniel la había salvado la vida, ella había estado a un milímetro de precipitarse al vacío, pero él la había detenido. La agarró del brazo evitando su caída, atrayéndola hacia su cuerpo. Sus rostros se encontraban a escasos milímetros de distancia, sus respiraciones se acompasaban y se mezclaban, entonces…”

– ¡Por favor, no hagas eso! – gritó alguien cerca de mí haciendo que me sobresaltara.

– ¡¿Quién ha dicho eso?!

– ¿Acaso no me reconoces? Soy yo, Daniel. – En ese mismo instante me di cuenta de que la voz provenía de mi cabeza.

– Eso es imposible, no existes, no eres real – me repetía una y otra vez en mi cabeza, ¿me estaba volviendo loca?

– Si existo, en ti, en tu cabeza, y no puedo permitir que escribas lo que yo creo que vas a escribir. Si lo escribes, será demasiado tarde – me susurraba con cierto tono de tristeza.

– ¿Tarde para qué?

– Tarde para intentar convencerte de que no lo hagas. Tú eres quien elige lo que debo pensar, lo que debo hacer, tú eres quien domina mi mente. Si ahora mismo escribes que mi color favorito es el azul, a partir de ahora lo será, y si ahora escribes que Anastasia y yo nos enamoramos, pasará… – no entendía a dónde pretendía ir a parar.

– ¿Y por qué razón Anastasia y tú no debéis enamoraros? Esta es una historia de amor, y he creado a Anastasia, es perfecta para ti.

– Yo ya he escogido a quien amar, mi corazón ya pertenece a alguien… – Oh no, no, no… Ya sabía como iba a terminar esto.

– ¡Eso es imposible! Yo soy humana, ¡tú no!

– Pero te quiero, nadie me conoce como tú… Tú me has hecho sentir vivo, Laura… Solo cuando me escribes soy libre, soy yo al cien por cien, me siento… Humano… No quiero enamorarme de Anastasia, yo no la quiero a ella, yo te quiero a ti – esto no podía estar pasándome…

– Aprenderás a amar a Anastasia, te lo aseguro, ella ya te ama a ti. Lo escribiré, y ya no te acordarás de esta conversación, ya no sentirás nada por mi, yo solo soy tu escritora, no vivo en tu mundo, ella sí – debía convencerle de que era lo mejor.

– ¿Por qué me obligas a querer a alguien que yo no quiero, Laura? – un escalofrío me recorrió la espalda. Su tono era amenazador.

– Dentro de un minuto la amarás con todo tu corazón, no sabrás ni siquiera que alguna vez me quisiste a mí… – se hizo un silencio eterno, hasta que finalmente prosiguió hablando.

– ¿Me harías un favor?

– Claro, pídeme lo que quieras.

– Escríbelo ya, ¿vale? No prolongues más este sufrimiento… Te quiero…

” Daniel la había salvado la vida, ella había estado a un milímetro de precipitarse al vacío, pero él la había detenido. La agarró del brazo evitando su caída, atrayéndola hacia su cuerpo. Sus rostro se encontraban a escasos milímetros de distancia, sus respiraciones se acompasaba y se mezclaban, entonces se miraron a los ojos, y lo sabían… Habían nacido para estar juntos… Ambos se sintieron vivos por primera vez, y Daniel sabía que alguien, mucho más allá de su mundo, los había unido, y le estaría eternamente agradecido…”

El malvado escritor y su siervo Darius

Darius es un niño con demasiados caprichos pues sus padres son ricos, tiene 17 años y pronto se tendrá que ir a la universidad, él no quiere pero sus padres quieren que de mayor tenga un trabajo y no sea un inútil que vive de sus padres, él es guapo, pelo negro, ojos verdes, tez morena, alto pero flacucho además tiene gafas de culo de botella.

-¡Eh! No digas eso de mis gafas, son perfectas, además no describas a los demás, que yo no te voy describiendo a ti a todo el mundo ¿sabes?

-Ya, bueno, pero eso es porque tú no sabes cómo soy yo y aunque lo supieses, no se lo podrías contar a nadie porque eres irreal.

-¿Y que se lo puedo contar a mis amigos sabes?

-Te refieres a esos que… ¡Oh, he creado yo!

-Bueno, pero te puedo chafar la historia.

-O yo hacerte pasar un mal rato, puedo hacer que tu familia se arruine y que tú no tengas ni para comprarte un duro, también puedo…

-¡Bueno, vale! Ya me ha quedado claro pero… porfi, no me dejes sin dinero, te lo suplico.

-Vale, vale, pero tendrás que hacer unas cosillas por mí para que no haga yo eso.

-Me parece bien pero… ¿Qué quieres que haga? Si tú puedes hacer todo lo que te plazca.

-Sí, pero no en otros cuentos.

-Aaaaaaaah, ya entiendo por donde vas.

Y así es como el malvado Vartimeo y su siervo, el mimado personaje de cuento llamado Darius asaltaron todos los cuentos de la época aterrando a los escritores hasta que él y su compinche fueron encerrados, cada uno en su respectivo mundo.

 

Las dos caras de los libros

Y allí estaba Timmy solo, frente aquel lago de lava. Lo único que le separaba de sus amigos era un puente de madera colgante, viejo y hecho trizas por el calor que allí había. Nuestro protagonista tendrá que llegar hasta allí y salvar a sus compañeros de un destino fatal. A Timmy le pareció fácil y procedió a cruzar el puente, pero en cuanto dio los primeros pasos, este se vino abajo y….

-Un momento, quieto parado- dijo Timmy con cierto tono de malhumor- ¿me estás diciendo que he tenido que cruzar por decenas de países, gastándome mis ahorros obviamente , mientras me perseguían unos matones a los que ni siquiera conozco, y todo mientras tenía que descifrar un mapa, y todo ello para acabar cayéndome en un lago de lava? Vamos, por favor.

-Deberías saber de antemano que soy yo quien decide lo que ocurre aquí. Ademas, quién te crees que te ha hecho tener todos esos amigos y todo el dinero para pagar todos los transportes. En efecto, yo. Así que andando.

-Pues para el gran trabajo que has hecho- dijo con un toque burlón – ese dinero no me dio para casi nada y esos amigos se pueden ir fácilmente por ese otro puente. Vamos, que vaya genios que has creado, si es verdad que los has creado, claro está.

-¿A qué te refieres con eso? Te recuerdo que eres simplemente un personaje de un libro que no llegará siquiera  a salir fuera del país. Y además tampoco tú tampoco eres lo que se dice el mejor protagonista de un libro.

Timmy parecía dolido ante aquellas (era normal, yo lo escribí para que lo estuviese) pero de repente,  hizo algo que no aparecía escrito, como si alguien más le hubiese dado vida.

-¿Y por qué no miras a tu alrededor ?-me dijo- tal vez tú también estás controlado por alguien que vigila todo tus movimientos, o puede que yo sea quien te controla y te hago hacer las cosas que yo quiero que hagas para mí.

Asustado miré al libro y lo cerré de golpe. Esa no fue la última vez que abrí el libro, pero tampoco la última que vi a Timmy haciendo cosas que yo no había escrito. Quién sabe, puede que al fin y al cabo él tuviera razón…

Gracias por salvarme

Rebeca estaba durmiendo, o más bien intentándolo, algo la quitaba el sueño, se había enamorado sin darse cuenta de alguien a quien todo le daba igual, que iba a lo suyo dando tumbos por la vida, alguien que solo miraba por sí mismo, alguien como él, él y solo el mismísimo Alan; de unos veinticinco años, pelo castaño, cuerpo esbelto y tez blanca, aunque nada de esto era lo que llamaba la atención de Rebeca, sino esa mirada. Alan poseía una mirada electrizante, además se conocían desde hacía apenas un mes y él la tenía totalmente en sus manos.

Aquella noche Rebeca tuvo una pesadilla, la misma que llevaba teniendo desde que le conoció, siempre la misma: ella camina hacia el trabajo y empieza a sentir que alguien la observa, entonces se gira y, nada, no hay nada ni nadie, todo lo que hace unos segundos la rodeaba había desaparecido. En ese punto de la pesadilla se despertaba.

-Pero, ¿se puede saber por qué  me haces tener la misma pesadilla todas las noches?-Dijo Rebeca sobresaltándome.

-Perdona, pero… esta es mi historia y yo decido cómo debe ser.

-¡No! Porque a la que la duele es a mi, yo sé que lo que noto es su mirada.Además no entiendo por qué he de enamorarme de él precisamente, he visto cómo trata a otras chicas y no me gusta.

-Un momento, ¿cómo puedes saberlo? Yo aún no he escrito esa parte.

-Lo sé, Raquel, lo sé. Mas, ¿no te has dado cuenta? Estás escribiendo lo que tú misma leíste en aquel libro de la biblioteca.

Entonces recordé aquel libro que me llamó la atención entre todos los demás, sin embargo, era un libro como otro cualquiera.

-Vale, ya lo recuerdo. ¿Por qué no tuviste esta conversación con el autor original?

-¡Está claro que no lo entiendes! Entonces no sabía lo que iba a pasar, pero ahora sí y te pido por favor que lo cambies.-Susurraba entre lágrimas.

Yo no había terminado de leer aquel libro y por eso no entendía sus lágrimas, pero sentía que debía ayudarla.

-De acuerdo, de acuerdo, te ayudaré pero deja de llorar.

-¿Cómo no lo voy a hacer?  Mi destino está en tus manos.

Esa frase me impactó realmente, se la veía tan frágil… así que me puse a escribir inmediatamente, no podía cambiar lo ya escrito, por lo que fue algo complicado. Pensé que lo mejor sería que conociese a otro chico, uno que de verdad la mereciese, la apreciase y se lo demostrase cada segundo, y así lo hice.

Me publicaron el libro dos meses después de aquello, y al día siguiente recibí una carta sin remitente en la que únicamente decía:

-Gracias por salvarme.

 

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