Caperucita Roja.

Los chicos de Audición y Lenguaje se atreven con Caperucita Roja. Dentro de poco nos ficha Ana. 😉

Anuncios

El niño enfermizo


Érase una vez un niño llamado Javier que tenía cinco años. Un día fueron a visitar al hospital de Valdecilla a su prima que se llamaba Judith y tenía dieciséis años, se fueron a recoger el coche para volver a su casa en Santoña pero antes de irse Javier se tropezó por las escaleras del parking. Javier era un niño muy delgado que apenas comía, era un poco tímido, tenía un corazón donde nunca se olvidaba nada y era muy sensible, era bastante listo pero hacía como que no lo era, tenía los ojos verdes, con el pelo negro, le gustaba jugar mucho al fútbol.

Dos días después a Javier le dolía mucho la pierna, fueron hacia Laredo al hospital a que le miraran la pierna, les dijeron que no tenía nada pero aun así la madre de Javier dudaba por los dolores que tenía. María Jesús era la madre de Javier, tenía los ojos de color marrones, tenía el pelo rizado y pelirrojo, era muy delgada, trabaja de asesora en una multinacional muy importante, era una persona que si la pillabas de buen humor era la más agradable del mundo pero como la pillaras de mal humor ya te podían traer al Papa que no se cortaría.

Al día siguiente le seguía doliendo la pierna, María Jesús le dijo a Francisco Javier que le llevara a Valdecilla y eso hicieron, al final le ingresaron. El doctor Becker les dijo a los padres que su hijo tenía Leucemia, Cáncer en la sangre, los padres no se lo dijeron a su hijo hasta que pasara un buen tiempo, a la hija se lo dijo nada más llegar a casa y su familia estaba muy afectada, pensaban en lo peor, le operaron, le metieron un marcapasos para que el cuerpo le funcionara bien y pudiera vivir, a Javier se le cayó el pelo y se quedó calvo, le metieron quimioterapia por las venas que era lo único que le podría salvar. El padre de Javier creía en la Virgen y la hizo una promesa que fue esta: Si mi hijo se recupera de la leucemia yo iré cada día a visitarte y a rezar tres padres nuestros.

Tras seis largos meses ingresado en el hospital le dieron el alta y conoció a tres amigos que se llamaban Carmen, Pepe y Laura. Laura tenía dieciséis años, era una niña agradable muy cariñosa con sus amigos y muy sociable, era morena, el color de sus ojos eran azules, era bastante delgada. Pepe era un vago porque siempre que Javier quería jugar con él no se levantaba de la cama, tenía dieciocho años, era bastante alto pero delgado como un palillo, tenía los ojos marrones, era una persona bastante agradable. Carmen era bastante mayor que Pepe, Javier y Laura. Tenía treinta y dos años, estaba casada, tenía tres hijos uno se llamaba Juan, otro Manuel y otro Samuel, era un poco gordita, tenía unos ojos preciosos de color verdes. Durante cinco años largos Javier ha estado sometido a unas obligaciones por la enfermedad que eran estas: No se podía bañar en la playa sin camiseta y sin gorra porque el sol le hacía daño a la piel, no podían darle golpes muy fuertes en el marcapasos  porque le podrían hacer bastante daño. Los padres no se lo podían creer porque el médico había salvado la vida del hijo, se lo agradecieron toda la vida.

A los diez años le operaron para quitarle el marcapasos, la operación fue un éxito y todo salió bien. Ahora Javier tiene trece  años para hacer catorce en el 15 de diciembre, ahora tiene que ir cada año a Valdecilla para que le revisen y por si detectan algo hasta que le den el alta médica. El padre de Javier hizo su promesa con la Virgen y desde que Javier está bien no hay ni un domingo que no vaya a visitarla.

Un helado despertar

Cuando Mike despertó no estaba en su cuarto,  ni siquiera estaba en su pueblo. Hacía frío y decidió abrir los ojos. Se hallaba en lo alto de una montaña cubierto por una manta vieja y pequeña.

Se levantó ayudado por sus pequeños brazos, y fue  entorpecido debido a sus largas piernas. Miró a su alrededor y vio más montañas nevadas, rodeadas de pájaros enormes, parecidos a unos que vio en la excursión al museo de la semana pasada. Por una extraña razón quiso avanzar y buscar la forma de salir de ese lugar.

No es que Mike fuese muy activo (más bien era todo lo contrario), pero deambuló durante horas y no encontró ninguna persona ni rastros de que allí hubiese alguna viviendo. Más adelante encontró un precipicio y aunque fuese un excelente saltador no se quiso arriesgar a saltar tal distancia. Pasaron dos horas más hasta que encontró una cueva donde poder descansar, hasta descubrir porque estaba ahí.

Meditó  sobre lo que había hecho ayer pero no podía recordarlo. Decidió dormir un poco para poder recordar mejor.

Cuando despertó, había vuelto a la montaña de ayer. Se quedó boquiabierto por este suceso y cayó al suelo de la impresión. Lo malo fue que al caer se golpeó con una roca la cabeza, lo que provocó que Mike quedara inconsciente.

Todo estaba oscuro y de fondo se oía una voz. Era de su madre. Mike miró a su alrededor y esta vez se encontraba en su casa. Todo había sido un sueño.

Al final recordó lo que hizo ayer. Había ido de excursión a los Pirineos y había mezclado esa experiencia en un sueño.

 

 

Un niño muy honesto

Erase una vez un niño que se dedicaba a bailar aunque solo fuese por hacer feliz a su madre. Su padre murió por un accidente de tráfiico y su madre que, al no tener a nadie más que querer, centraba toda su atención en su hijo sin darse cuenta de que no le dejaba libertad y de que le estaba obligando a hacer lo que a ella le gustaría que hiciese.

El niño, que se llamaba Francisco,  era muy bueno y tenía miedo de herir los sentimientos de su madre, por eso no le decía que él quería cantar y no bailar. Él cantaba de fábula y quería que todo el mundo se diese cuenta de eso. Un día, Francisco le dijo a su madre: ” Mamá yo te quiero mucho y no quiero que sufras pero es que a mí no me gusta bailar y lo hago para que te sientas feliz, pero yo quiero cantar y voy a dejar el baile para ello” y ella le respondió: “Tranquilo, hijo , ya lo sabía, ¿no te das cuenta de que las madres lo saben todo? , yo solo quería que me lo dijeses, pero muchas gracias por atreverte a decírmelo,  cariño, estoy muy orgulloso de ti” entonces el niño se dedicó al mundo de la canción y fue una leyenda quedó recordado toda la historia.

La moraleja es que, aunque tú no te atrevas a decirle algo a una persona para no hacerla daño, tienes que decírselo porque al cabo del tiempo esa persona se va a enterar y le va a doler más al darse cuenta de que no se lo has dicho.

¿Por qué?

Antes de que la gente creyera, soñara, amara de verdad, no era más que granitos de arena, que elaboraba su vida sin saber porqué; danzaban pero se olvidaban de divertirse, estudiaban pero se olvidaban de aprender, se casaban pero se olvidaban de amar. Un día, una persona de la que nadie se acuerda, ni de su nombre, ni siquiera el que está narrando esta historia, mientras dormía, soñó.

Su sueño era un baile de ideas, veía árboles con frutas, grandes mares, bellos bosques y majestuosos acantilados. Se sobresaltó y se despertó. Con los ojos bien abiertos dijo para sí:

-¿Por qué?

Estuvo toda la noche contemplando el inmenso cielo, donde la vista no llega a ver el final, pero él sí vio el final de sus límites, en ese momento todo eran preguntas sin respuestas. Cuando el alba apareció, se dirigió al centro de la aldea y gritó:

-¿Por qué?

La gente le miró y en sus cabezas empezaron a bailar ideas y preguntas. Esto fue extendido por todo nuestro mundo, si es que es nuestro. La gente empezó a sentir, a aprender, a amar, a bailar. Esto vino bien pues todo empezó a tener sentido, medicinas, libros, historias, la gente empezó a creer en varias cosas, ciencia, religiones, en las que siempre había un Todopoderoso o varios, que, quién sabe, igual eran verdad.

Pero no todo en este mundo es de color oro, la gente empezó a sentir odio, ira, avaricia. Eso trajo guerras, sangre, invasiones y muchas mujeres fueron maltratadas. Por eso, hubo pobreza, hambre, enfermedades, por la ira. Pero la vida es así, la curiosidad mató al gato, pero no es tan mala, pues un día, mientras dormimos, o lo intentamos, deberíamos preguntarnos:

-¿Por qué?

Guzmán Calzado Díez, 1º ESO

Los futbolistas peleones

Era un día en el que se jugaba un importante partido Español.

Jugaban el S.D.Gama contra el Santoña SF, era un partido muy importante para los dos equipos porque se jugaban la Copa del Rey.

El día del partido todos estaban nerviosos, todos se estaban preparando en sus casas.

Luego se reunieron los equipos en sus respectivos vestuarios para hablar de cómo iban a jugar y que posiciones iba a jugar cada uno.

Después de eso, antes de jugar, tuvieron que calentar porque si no podrían tener alguna lesión grave.

Más tarde, después de haber calentado, empezó el partido.

Casi todo el dominio era para él Gama, pero ningún tiro entraba y el Santoña estaba teniendo oportunidades a la contra. Hasta que en un córner botado por el Gama el chaval más alto  del Gama  remató el balón y marcó el primer gol  1-0.

Entonces el Santoña se tuvo que poner las pilas y achuchar al Gama. En una gran juagada el Santoña marcaba el empate y este partido se ponía interesante. El Santoña siguió igual de bien, y después de un rato marco otro gol el 1-2.

Entonces el Gama dijo “¡estos no nos pueden ganar!”El Gama estaba todo el rato en el campo rival pero el árbitro pito el final de la primera parte.

Cuando empezó la segunda parte el Gama estaba aun mejor que en el final de la primera parte, pero eso no fue suficiente el Santoña en una gran contra marcó el 1-3 y sentencio el partido, pero el Gama no se rindió porque era un partido muy importante para todos ellos.

Quedaban  cinco minutos y el resultado seguía igual pero en un penalti producido por una mano dentro del área, el Gama marcaba el 2-3. Quedaba un minuto pero en una gran jugada el Gama empató el partido. El partido iba a acabar cuando un tiro lejano de casi  medio campo sorprendía al portero colándoselo entre las pierna y marcaba el 4-3. Nada más sacar  el Santoña de medio campo, el árbitro pitó el final y el Gama era el nuevo campeón de la Copa de Rey.

Moraleja: uno nunca tira la toalla.

Llega la segunda fase: el jurado delibera

Etceteros, ya se ha acabado el plazo para enviar vuestros nuevos, espeluznantes e intrigantes relatos. El jurado delibera. Quién sabe lo que decidirán esas mentes perversas y retorcidas. Desde Etcétera animamos a los miembros del jurado en esta ardua tarea.

Luna llena

Una noche de luna llena salí con un amigo por la calle. Por esa calle se movían mucho las hojas y además había mucho viento. De repente Juan y yo, David, oímos en una casa un ruido y nos acercamos, vimos la puerta abierta y entramos. En esa casa había paredes pintadas que ponían “en luna llena nadie molestará a los muertos o no volverá a ver la luz del día”. Eso es lo que ponía en las paredes. Juan me dijo que nos fuéramos, porque había escuchado ruidos arriba. Le hice caso y nos fuimos a nuestras casas y yo le dije a Juan que mañana fuéramos otra vez a la casa para investigar y él dijo que vale.

Al día siguiente, como dije, Juan y yo fuimos a la casa para investigar, está vez la puerta estaba cerrada. Llamamos a la puerta pero no contestaba nadie. En vez de seguir llamando metimos la mano por el cristal roto para alcanzar la llave, cogimos la llave y abrimos la puerta. No había nadie y las paredes estaban limpias, Juan y yo subimos arriba.

Allí había alguien con pintas muy raras, él nos vio y Juan y yo corrimos mucho más que él pero Juan se tropezó y se cayó, yo me paré a ayudarle pero era tarde, él le cogió y yo tenía que huir. Me fui directo a la policía para avisar de un secuestro, incluso de un asesinato. Los policías me acompañaron a la casa, subieron arriba y no vieron nada, se había ido yo tenía que hacer algo.

Espere hasta luna llena, que debía ser cuando volvía, y así fue. Volvió, pero no solo iba con Juan. Yo fui a rescatar a Juan, le desate las cuerdas y nos fuimos corriendo a la comisaría. Se lo explicamos todo y fueron a la casa, entraron, y vieron las paredes llenas de sangre, donde había algo escrito. Ponía: “fuera de esta casa”  los policías fueron corriendo arriba y ahí estaba a punto para suicidarse. Los policías lo impidieron y lo llevaron a la cárcel. Al final Juan y yo no fuimos a esa casa ni a ninguna más parecida.

FIN

Una noche de luna llena.

Una noche de luna llena salí con una amiga de paseo, yo vivía en un pequeño pueblo desconocido y ella se había quedado en mi casa a dormir, me acababa de mudar y no conocía la zona. Sería por la falta de sueño, pero mi amiga y yo decidimos “inspeccionar” el lugar.  

Decían que era un pueblo maldito o algo parecido, sin embargo no teníamos miedo, no éramos la típica familia asustadiza en busca de misterios. Mi padre se había mudado por razones de trabajo y mi madre, en fin, mi madre vivía en su mundo de fantasía, era escritora. Yo, sin embargo, disfrutaba de cada momento de la vida, como esa vez… 

Era 30 de Octubre, un día más y llegaba Halloween, ya había calabazas por las casas. Íbamos subiendo una colina en la que había un pequeño cementerio al que no solía ir nadie, debido a que era el protagonista de muchas leyendas. Ese era nuestro lugar favorito, siempre habíamos estado allí y nunca nos había pasado nada, de momento… 

Nos sentamos en una lápida enorme y polvorienta, se notaba que el fallecido no era muy conocido y admirado por el pueblo. O eso, o que, simplemente, no la limpiaban con demasiada frecuencia. Pasamos allí un rato, hasta que el reloj dio las 00:00h. ¿Ya era Halloween? En fin, ¡qué más da! Seguimos hablando pero, de repente, oí un murmullo, pensé que era mi cabeza, continué con mi amiga -otro murmullo-. De repente vi que su cara palidecía y la pregunté:  

-¿Qué te pasa? 

-A mí nada…- titubeó- pero… 

Sentí un pequeño escalofrío detrás de mí, ella saltó de la lápida y ésta empezó a subir, me levanté rápidamente, algo pasaba, no era la única lápida que se movía. Empezaron a surgir cosas extrañas, sin sentido. De las tumbas salieron personas amarillentas y vestidas con harapos, andaban despacio y nos perseguían, hablaban diferente a nosotros, ¿habría que asustarse? No lo sé pero mi amiga y yo empezamos a correr cuesta abajo, la mayoría de las cosas estaban en orden. Menos la carretera que se agrietaba a nuestro paso dejando un rastro de sangre con un color inconfundible. Aún recuerdo ese olor… Vi cómo las siniestras sombras desaparecían a lo lejos y nuestra casa aparecía rápidamente. Cuando por fin llegamos, entramos y pusimos el pestillo a la puerta.  

Al día siguiente, cuando desperté, mi amiga había desaparecido, mis padres me dijeron que unos señores muy extraños habían preguntado pr ella, que sólo repetían su nombre y tenían la piel pálida y amarillenta, ella decía que no los conocía, pero que cuando mis padres fueron a cerrar la puerta, ella dio un paso lentamente , tenía los ojos en blanco. Y seguido de esos señores tan extraños. Se fueron alejando a cada pequeño paso hasta que se convirtieron en un punto blanco en el amanecer. Nunca la volví a ver… 

-¿Serían sus padres?  

No lo creo…
 

 

El grito, de Eduard Munch

ÓSCAR Y EL FANTASMA

Había sido un día malísimo, no había parado de llover. Ya eran las doce de la noche y yo estaba viendo un película de zombis con mis hermanos. Mi padre entró en el salón y dijo:

– ¿Sabéis lo que pone en el periódico? La policía ha atrapado a un delincuente muy peligroso. Y todo gracias a Óscar, que descubrió su escondite por casualidad.

Óscar es el dueño de un kiosco que hay al lado de mi casa. Es bastante simpático. Al día siguiente fui a felicitarle y él me contó cómo lo había hecho.

Aquellos días pasaron tranquilamente pero por casualidad oí que en la tele se hablaba del delincuente. Me enteré de que lo habían encontrado muerto en su celda. Un médico dijo que tenía una extraña enfermedad.

Varios meses después de todo esto, encontré una nota en la puerta de la casa de Óscar. Decía:

– “Me las pagarás”

Corrí a enseñársela y cuando llegué al kiosco, Óscar me dijo también había encontrado una nota en la que ponía:

-“Prepárate”

Esa noche no pude dormir y, a eso de la una, oí voces en la calle. Me asomé a la ventana y ví a Óscar agachado. Me vestí y bajé a todo correr. Le pregunté que hacía. No contestó pero me enseñó otra nota. Ponía:

– “Llegó la hora”

– ¿Quién puede escribir todas estas notas? – dijo.

– ¡Yo, por ejemplo! – gritó una voz.

Miramos a todos lados, pero no veíamos a nadie. De repente, una figura apareció al final de la calle y empezó a correr hacia nosotros. Era un ser totalmente negro con unos ojos rojos y brillantes. Llevaba un cuchillo y un bastón. Le tiramos piedras pero no le pasó nada. Era un fantasma, un fantasma auténtico. Antes de que pudiera correr me arreó un golpe con el bastón y me desmayé.

Cuando desperté era de día. Estaba en mi cama y mis padres y mis hermanos me miraban con unos ojos como platos.

– ¿Qué ha pasado? – pregunté.

– Estabas tumbado en la calle, como un muerto. – dijo mi madre.

Yo les conté lo que había pasado. No me creyeron nada, pero desde ese día nadie volvió a ver a Óscar.

A %d blogueros les gusta esto: