El detective Jerome Calm

En una ciudad muy lejana llamada Marsella había un detective llamado Jerome Calm, que era una persona en la que nadie confiaba.Un día una persona estaba en peligro, porque estaba a punto de caerse de un balcón. Justo cuando la persona estaba a punto de caerse apareció Jerome Calm dispuesto a rescatar a la mujer de ese disgusto que la dió cuando un amigo de su hijo la quiso matar, porque no le pagaba los servicios que le hacía. Minutos después la rescató, y le dijo que se había resbalado porque en el suelo, había como una especie de líquido que hacía resbalar a cualquier persona que pasara por aquel lugar. Jerome Calm fue uno de los mejores detectives que pasaron por aquella ciudad.

El sospechoso nunca muere…

   En una pequeña ciudad del norte, reinaba el pánico. Un pánico que atemorizaba a los habitantes de la región. En los últimos 2 meses habían sucedido más de 13 muertes. Todos los asesinatos resultaban suicidios, pero siempre se demostraba que a esas personas indefensas las habían matado lenta y dolorosamente. Todos los crímenes tenían falsas pistas, como si quisieran que la gente supiera que habían muerto y que la guerra no acababa.

   Se habían contratado detectives para que resolvieran el caso, cosa que los policías no lograron.  Las familias cada día estaban más asustadas. No querían salir de casa, no se veían con fuerzas.  La mayoría de los asesinatos que se había producido eran de adolescentes que terminaban con ropa desgarrada y tiradas en las esquinas ensangrentadas. En esas esquinas donde vivían los vagabundos y drogadictos. Al principio los principales sospechosos eran ellos, pero siempre tenían la misma anécdota:  Cuando llegaba la media noche, oían ruidos, veían sombras y podían escuchar varios gritos durante la noche. Otra gente decía que eso era normal, porque en aquellas calles y avenidas- que cuando el cielo oscurece se convierten en bares de copas y lugares tétricos- suele reinar la oscuridad y siempre termina habiendo peleas y discusiones. Lo curioso es que por la mañana era allí donde yacían los cuerpos  llenos de moratones y sin vida.

   Sin embargo, había una joven con una familia muy poco adinerada, tenían escasez de dinero y ella se ganaba la vida trabajando en un bar de noche. Hacía lo imposible para sacar adelante a su familia. Una noche en la que esa joven salía del trabajo, una noche de madrugada,  empezó a oir extraños ruidos, silbidos, temía lo peor. Anduvo un par de calles más allá y cuando pensó haberse deshecho de las sombras que la perseguían, cruzó una esquina y unos ojos verdes salieron de la nada. Aterrorizada pensó que lo mejor sería ir a la policía ya que ellos sabrían protegerla. Al fin y al cabo solo estaba a dos manzanas del lugar en el que se encontraba. Corrió unos metros, pero a causa de los nervios que la traicionaron tomó una dirección equivocada. Se metió en un callejón sin salida pero no se había dado cuenta, ella seguía corriendo desesperadamente. De pronto, cayó al suelo, se había chocado con algo, no era una pared ni una puerta ni siquiera una simple valla. Giró la cabeza para descubrir qué era lo que le había dado un fuerte golpe. En la espesura de la noche se distinguía a un hombre. Era una hombre sospechoso, mayor, pero a la vez parecía joven. Tenía el pelo negro y una risa misteriosa pero aparentemente encantadora. Engañaba a la gente. La preguntó si se había hecho daño, la pobre joven negó con la cabeza. Y la llevó a un apartamento.

   Allí estuvo la última noche de su vida. Encerrada y torturada por un sospechoso hombre que nunca dio la cara y que siguió comentiendo crímenes a lo largo de los años.

EL MISTERIO DEL COCINERO

Era por la mañana y acababan de empezar las vacaciones de verano. Sam estaba de viaje en París. Le gustaba mucho viajar y en sus ratos libres hacía de detective. Pero esta vez no. Quería pasar unos días tranquilos. Aquel día había decidido ir a ver la ciudad. Estuvo toda la mañana paseando y por la tarde llegó a la Torre Eiffel. Sam subió al ascensor, y cuando llegó arriba se llevó una sorpresa.

– ¡Pepe!, ¿Qué haces aquí?

Pepe era un viejo amigo de Sam y no se habían visto desde hace mucho tiempo. Los dos amigos estuvieron charlando todo el día y cuando se hizo de noche fueron juntos al hotel donde iban a pasar unos días, que por casualidad era el mismo. Raúl, un encargado del hotel, les recibió y después de cenar se fueron los dos a dormir. Más o menos a media noche un grito despertó a Sam. Este llamó a Pepe y los dos fueron corriendo al restaurante, que era de donde venía el ruido. Cuando llegaron allí los dos tuvieron un escalofrío. El suelo estaba lleno de sangre, los cubiertos estaban rotos y uno de los cocineros estaba tirado en el suelo.

-¡Está muerto!- gritó Sam.

En ese momento Raúl entró en el restaurante y vio el cadáver.

-¿Qué ha pasado?- preguntó.

-No lo sé, pero vamos a tener que investigar.- dijo Sam.

Pepe miró a Raúl y dijo:

– ¿Usted sabe si alguien estaba enfadado con el?

-No tengo ni idea- contestó Raúl- pero ahora tengo que irme.

Cuando Raúl se fue, Sam vio algo que antes se le había escapado: Encima de una mesa había un papel. Era una etiqueta en la que se veía el logotipo de una tienda.

-Yo sé dónde está esa tienda- dijo Pepe.- Fuera quien fuera el asesino debió de comprar algo allí.

Los dos amigos esperaron a que se hiciera de día y fueron a investigar a la tienda. Una vez allí la vendedora les saludó y Sam le dijo:

-¿Ha venido aquí alguien sospechoso los últimos días?

-Sí -contestó ella- ayer vino un tipo bastante misterioso y compró un traje y una máscara.

-¿Qué hizo después de comprar?

-Se fue por allí.- La dependienta apuntó con el dedo a un callejón que se veía por la ventana. Sam y Pepe se despidieron de ella y caminaron hacia el callejón. Cuando llegaron allí se dieron cuenta de que estaba todo mojado y olía a basura. De repente Pepe dio un grito y señaló algo. Una silueta estaba corriendo e intentaba escapar de ellos. Los dos echaron a correr detrás de él hasta que se tropezó y cayó al suelo. Sam le miró a la cara y vio que no era nadie conocido. De pronto notó un olor que le parecía familiar. Era el olor que había en el hotel. Además tenía manchas de sangre.

– ¡Tú has estado en el hotel de la esquina! ¡Tú eres el asesino!- gritó Pepe.

Sam cogió un palo y le amenazó.

-¡Vale, vale!- chilló el asesino.- Fui yo, me contrataron para que lo hiciera.

-¿Quién fue?

-No lo sé, me habló por teléfono y luego me mandó esta carta.

El asesino le dio la carta a Sam. Estaba escrita a mano y decía: “Recoge tu dinero en el almacén cerca de tu casa.”

-Deberíamos ir allí.- comentó Sam.

– Sí, pero antes llevaremos a este a la policía. – dijo Pepe.

Después de poner en su sitio al asesino los dos amigos volvieron al hotel. Sam Fue a hablar con Raúl pero se dio cuenta de que no estaba. Había dejado una nota en la que ponía: “He ido a hacer unos recados”. Sam sacó la nota del asesino para volver a leerla, y se quedó de piedra al ver que la letra de las dos notas era la misma. No tuvo tiempo de decir nada, ya que en la tele que había allí sonó la voz de un reportero diciendo que habían robado un banco. Inmediatamente, Pepe y Sam se escondieron en su habitación.

-¿Crees que Raúl es el culpable?- preguntó Pepe asombrado.

– Eso parece.- dijo Sam.- Tenemos que avisar a la policía, y rápido.

Los dos llamaron a la policía y planearon lo que iban a hacer. Muchos agentes de policía se escondieron en el hotel.

Al día siguiente Sam llevó la nota del asesino hasta donde estaba Raúl y le dijo:

– No la habrás escrito tú, ¿verdad?

Raul miró a los lados y vio que no había nadie. Entonces soltó una carcajada y sacó un cuchillo. Pero en ese momento los agentes de policía salieron de su escondite y le rodearon. Raúl no tuvo más remedio que explicarse.

– Llevo meses planeando el robo al banco, pero ese cocinero asqueroso me estaba espiando. Por eso contraté al asesino.

Un rato más tarde Raúl estaba subiendo al coche de policía gritando insultos que prefiero no decir.

-Ha salido Bien, ¿no?- dijo Pepe.

-Sí.- contestó Sam.- Pero nos hemos quedado sin vacaciones.

cLARK: UN HÉROE ENTRE NOSOTROS (inicio de novela)

No era el más honesto ni el más piadoso, pero era un hombre valiente. Nada más y nada menos que Clark: un hombre que protegía su ciudad, Selbibil, contra los ladrones. 

Un día tuvo que detener a unos ladrones robando en la joyería, entonces entró para detenerles pero no llegó a tiempo: se habían ido por la puerta de atrás. Los ladrones se subieron al coche, pero Clark tenía un as en la manga y les puso un dispositivo debajo del coche antes de que arrancaran. No había tenido nunca unos enemigos tan astutos pero no tenía miedo, al revés, se hacía cada vez más fuerte. 

 

Una señora le dijo que le andaba buscando Carlos Brown. Clark se fue para donde Carlos Brown, le esperaba en su edificio. Carlos le preguntó si estaba en el caso de la joyería, y Clark le dijo que sí. Carlos le comentó que le había puesto un dispositivo en el coche. Entonces Carlos le dijo que tenía que ir a la policía para que fuera a detenerles. Él le dijo que sí pero tenía un presentimiento de que fuera una trampa.  

Fue a la policía y, al momento que se lo comentó, se fueron directos hacia donde estaba la señal. Llegaron y vieron una vieja central, entraron y no vieron nada sospechoso hasta que oyeron disparos y ahí es donde los policías sacaron las pistolas. Fueron hacia donde procedían los disparos, llegaron y vieron a tres. Huyeron en dirección contraria pero no tenían salida había policías por detrás y les detuvieron.  

Otro caso que Clark resolvía.  

FIN

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