Diario de un náufrago: SUPERVIVENCIA

De repente el avión empezó a tambalearse y cayo en picado, estuve nadando un buen rato hasta que llegue a una isla.
La isla estaba desierta y yo no tenia nada encima, entonces descanse un buen rato y volví al avión a por la mochila de supervivencia. Cuando llegué al avión todos estaban muertos, cogí la mochila y volví a la isla, en la mochila había: un arpón, un mechero y un cuchillo.
Puse el mechero a secar para que funcionarse, mientras que yo iba a pescar algo.
Cogí el arpón y me tire al mar, pesque 2 chicharros, cuando salí del agua fui a por un poco de yesca y mucha madera, encendí la hoguera, cogí hojas de palmera metí los chicharros y deje que se asaran despacio.
Después de comer fui a por cocos porque tenía sed, los abrí con el cuchillo y me los tomé.
Para dormir me puse al lado de la hoguera, porque no dejé que se apagara, me tapé con las hojas de la palmera y me dormí.
Al día siguiente me di una vuelta por la isla para ver si encontraba algo con que salir de allí, vi un avión estrellado, lo tiré para abajo.
Poco a poco fui construyendo una pequeña base de hierro, cogí madera de los árboles y la puse encima y con palmeras hice un techo para el sol.
Cogí provisiones para un par de días y me eche al mar. Al cabo de 3 días navegando llegué a tierra, fui a la policía, expliqué lo que me había pasado y ahora en esa isla vive gente y se llama DANIELIN.
Han hecho autopistas para llegar hasta ella.

DIARIO DE VIAJES: el naufragio

-Primer día en la isla:
Arrastrado por la corriente debí de llegar a esta isla ,un lugar desierto. Todavía me pregunto desde dónde he llegado aquí ,el porqué y cuándo de los hechos, no me acordaba de nada, la mente la tenía aún borrosa y no sé cómo pude sobrevivir a aquel tremendo oleaje.
Lo primero que hice al llegar a esta isla, fue inspeccionarla de arriba a abajo para ver si encontraba algo con lo que pudiese pescar peces, encender un fuego, bajar la fruta de los árboles y cazar algún animalillo. Nada de lo que había previsto pude encontrar. Habiendo recorrido la isla palmo a palmo, lo único que encontré fue una pequeña caña de pescar y una cuerda rota, lo que significaba que allí podía haber vida, o también que la podía haber habido. Al saber aquello se me pusieron los pelos de punta, porque no sabía si me podría encontrar a alguien que me pudiese ayudar o a alguien que por alguna razón no quisiese ayudarme a salir de este lugar. Tampoco era tan terrible, debido a que había fruta en lo alto de los árboles.
Se estaba haciendo de noche y tenía que hacerme un refugio o buscar uno. Por allí no había ni cuevas ni nada, así que me fabriqué una especie de hamaca sobre la que podía dormir sólo por esa noche.

-Segundo día en la isla:
A la mañana siguiente me desperté con un dolor de espalda infernal, ya que de tantas vueltas, la cama se había desecho y había dormido gran parte de la noche sobre la fría arena. Casi sin poderme levantar, volví al lugar en el que había estado tirado a la orilla del mar ni sé cuanto tiempo, aquella idea fue fantástica porque al llegar allí me encontré con una pequeña riñonera que se me habría caído cuando me levanté. La riñonera contenía un anzuelo, un mechero y una navaja, lo que suponía que antes de despertarme tirado en la arena, iba ha realizar una especie de curso de supervivencia al otro lado del país. Al ver esos objetos me puse a gritar de alegría porque ya podía pescar y coger la comida que yo quisiese, y lo más importante el mechero para poder encender un fuego por la noche.
Con la cuerda que había encontrado el día anterior me la até a los zapatos y escalé con gran esfuerzo un árbol en busca de mí desayuno. Allí encontré cuatro plátanos, que comí con mucha ansia debido que el día antes no había comido, ni cenado, los plátanos estaban muy ricos y era un desayuno que te cargaba las energías. Después de desayunar estuve todo el día construyendo la casa en la que iba a vivir durante mucho tiempo. La casa me quedó genial, ya que tenía hasta un pequeño orificio desde el cual te podías asomar todas las mañanas, esta cabaña estaba construida con las hojas y palos que habían caído de los árboles y tres ramas que había por allí de un árbol de bambú.
Para cenar entré en el mar, puse el anzuelo en la soga, y esta la até a la caña, con la que pesqué varios pececillos para la noche y la comida del día siguiente.

-Tercer día en la isla:
Esta noche había dormido mejor, ya que la cabaña que había construido era mucho más habitable que la anterior, pero aún así seguía teniendo el dolor de espalda.
Para desayunar cogí un plátano del día anterior y tres o cuatro frutos secos que había por allí. Seguía pasando mucha hambre ya que era difícil coger por ti solo la comida. Te las tenías que ingeniar para subir a los árboles y ser muy sigiloso al pescar para no ahuyentar a los peces.
Por lo que me habían contado, la vida en una isla era muy angustiosa y peligrosa, debido a que te puedes encontrar cosas inesperadas y que no le deseas a nadie. Lo más frustrante era estar sin tú familia y amigos, echarles tanto de menos y llorar por ellos todas las noches, saber que ellos no tienen ni idea de dónde te encuentras y cómo estás, lo preocupados que se sentirán sabiendo que estás completamente aislado en una isla en la que no hay gente y en la que te tienes que buscar la vida tú solo, después de un rato decidí que no valía la pena seguir lamentándose por eso y que lo más importante era que lograse sobrevivir y que volviera sano y salvo a casa.

-Cuarto día en la isla:
Para llevar los peces y la fruta mejor, me hice un saco con hojas de las palmeras.
Después de estar metido en el mar unas cuatro horas, vi un erizo de mar y varios mejillones, los metí en la bolsa y los llevé hacia el refugio. Encendí un fuego ,con la madera que había sobrado de construir la cabaña, los cocí y me lo comí, los mejillones estaban bastante ricos, pero el erizo de mar sabía a arena ,no fue la mejor comida del mundo pero al menos fue algo. Para cenar, comí una granada que había en lo alto de un árbol. Después de cenar me eche en la cama y me empezó a doler fuertemente el estómago, no pude pegar ojo en toda la noche debido al dolor de tripa.

-Quinto día en la isla:
Al levantarme de la hamaca sentí un pinchazo por todo el cuerpo, que hizo que me desmayase. No fue nada, sólo un simple mareo, supe que fue el erizo que comí el día anterior el que me hizo que me diesen mareos y nauseas. Lo pasé bastante mal durante la mayor parte del día, pero por la tarde logré levantarme y pasear un rato por la orilla de la playa, estuve pensando en cómo facilitarme un poco más la vida en el isla, y agarré el sacó muy fuertemente, me até la soga a los pies y empecé a escalar los árboles en busca de comida. El saco se llenó hasta arriba de plátanos, cocos, granadas y piñas. Después de terminar esto, me lancé al mar en busca de algún pez un poco más grande y logré coger un pulpo chiquitín. Al terminar de coger la comida, me puse a dar saltos de alegría, al sólo pensar que ya tenía comida, por lo menos para una semana y que no me tenía que preocupar casi de hacer nada.
Hice un fuego para calentarme por la noche y cocinar el pulpo, que por cierto estaba delicioso.

-Sexto día en la isla:
Como no tenía nada que hacer, con la navaja partí las granadas por la mitad, y cogí las pepitas. En la arena hice una especie de huerto y planté las semillas por todo ello, para poder tener comida para dentro de algún tiempo.
Al terminar ,como me aburría mucho ,me fui a dar un pequeño baño en el mar. Estuve un largo tiempo allí metido, disfrutando del agua y del calor que emitía el sol.
Fue un día sabático, en el que me lo pasé igual que si estuviera en el Caribe,     debido al sol abrasador, las aguas del mar cristalinas, y unos paseos por la playa muy relajantes.
Estuve relajado todo el día y disfrutando de la soledad de aquella isla, conseguí olvidarme un rato de mi familia y pensar solamente en mí y en mi naufragio en este lugar.

-Séptimo día en la isla:
Llevo en la isla atrapado ya con este siete días, es estresante no saber qué pasa en tu ciudad, si te están buscando por todo el mundo, si están poniendo empeño por encontrarte, a través de los medios de comunicación, por las calles…
La vida era más fácil con comida y no te tenías que preocupar por tantas cosas, pero cuando ya no tenía intención de hacer nada, se acercó un temporal tremendo que acabó con la cabaña que había construido, las hojas y ramas que hacían de columnas estaban rotas y todo tirado por el suelo. Estaba claro que no se podía tener ni un momento de tranquilidad en aquella isla, ya que cuando lo ibas a tener, algo salía mal y te lo impedía. Tuve que volver a poner la casa en pie y mejorar algunos defectos que tenía la anterior.
Cada vez se hacía más imposible vivir en aquel lugar.

Diario de un náufrago: La isla

He decidido llevar como objetos un rifle, un cuchillo y un mechero zippo.

Día 1, 7:00 am

Comienza el día y busco madera para hacer fuego, me adentro en el bosque y oigo cosas extrañas. En los arboles veía insectos con un tamaño espeluznante. Acabo de coger la madera y no ha amanecido, con la madera que me ha sobrado me hago un pequeño banco. El sol nace y lo primero que hago es ir al bosque a coger toda la madera que pueda pues me voy a fabricar un pequeño refugio.

Día 1, 12:00 am

He conseguido reunir toda la madera que he encontrado. Voy a empezar a hacer mi refugio con lianas, madera y hojas de árboles. Después de varias horas trabajando me ha quedado un pequeño refugio, donde pasaré la noche.

Día 1,9:45 pm

Voy a coger agua a un río cercano de la zona, que meto en un pequeño cubo de metal que he encontrado. La hiervo en la hoguera para evitar microbios y protozoos. Duermo sin haber casi comido.

Día 2, 6:30 am

Me despierto y espero hasta que amanezca para poder ir a cazar. Queda una hora hasta que el sol salga y preparo mi arma para salir de caza a la luz de la hoguera. El sol despierta y me adentro en el bosque, las primeras horas no he cazado nada. De repente oigo un ruido cercano… un jabalí enorme esta a menos de 5 metros de mí, decido apuntarle suavemente con la mira y de repente le disparo, el animal cae muerto.

Día 2, 3:15 pm

Cocino el jabalí en la hoguera. Está muy rico. Vuelvo a ir al río a coger agua, la hiervo, cuando se enfría bebo y me doy un baño en la playa. Buceo y cogo varios peces para poder comer.

Día 2, 8:00 pm

Se ha hecho tarde y tengo sueño, bebo agua y me echo a dormir.

Día 3, 9:00 am

Hoy voy a ir de caza al bosque, las reservas se han acabado, en el bosque casi no veo animales, pero después de varias horas veo un par de liebres que corretean por el campo, saco el arma y les disparo: al final saqué un total de 3 liebres, salí del bosque y fuí a mi refugio, pero la gasolina del Zippo se me ha acabado. Tuve una brillante idea. Saqué la lente de la mira telescópica del rifle, y la puse de frente al sol, y después de unos segundos la madera se encendió: al fin fuego. Después estuve todo el día en el mar bañándome y pescando peces con el cuchillo.

Día 4, 9:00 am

Me he despertado muy bien, sin hambre alguna. En la isla me aburro mucho y no tengo ni tele ni libros así que he decidido dar un paseo alrededor de la isla para intentar descubrir algo interesante. Y eso es lo que hice, pero no había nada interesante así que volví de nuevo a la cabaña pero ya era tarde e hice una comilona de peces. Hoy es un día aburrido sin nada que hacer.

Día 4, 5:45 pm

La mañana ha sido muy aburrida pero ahora me está resultando la mejor tarde de todas: estoy viendo animales preciosos, también he avistado un enorme tucán muy bonito y una gran variedad de insectos.

Seguí descubriendo cosas pero el sol se escondía y quedaban pocos minutos de luz y estaba muy lejos de la cabaña así que decidí marchar corriendo hasta ella para encender una hoguera y comer unos cuantos peces y beber unos cuantos tragos de agua fresca.

Día 5, 7:300 am

Me levanto y es de noche. Al paso de unas cuantas horas empiezan a caer unas cuantas gotas de lluvia y el viento sopla con fuerza azotando mi cabaña. Pasan unas cuantas horas más y un temporal destroza mi cabaña y busco refugio entres los árboles pero no hay manera de buscarlo hasta que en uno hay un pequeño agujero y entro. De repente oigo un ruido extraño y de repente una zarpa me roza el hombro, echó a correr de repente y corría y corría y el oso me perseguía hasta que saqué el arma le disparé y cayó redondo.

Día 5, 5;50 pm

Sigue lloviendo y me he hecho un abrigo con la piel del oso. Lo demás me lo comí, pues tenía mucha hambre, haciendo una pequeña chispa con el Zippo. Refugiado en una cueva me quedé todo el día en ella hasta que llegó la noche. Por la noche dejó de llover y la luna llena era preciosa.

Día 6, 9:45 am

La mañana está nublada. Y es mi última noche, la que viene a continuación voy a preparar una balsa con madera y lianas.

Día 6, 12:45 pm

La balsa está lista, me voy a echar a dormir un buen rato.

Día 7, 10:30 am

Voy a por provisiones, un cubo de agua y comida. Ya está todo listo, es la hora de marchar. Embarco en la balsa y el rifle me ayuda a hacer de remo. Marcho sin rumbo hacia el horizonte.

Diario de un náufrago: 7 DÍAS ETERNOS

Abrí los ojos, el golpe me había trastornado y era, inevitablemente, el culpable de no haberme enterado de dónde estaba.

A orillas de la playa y medio cuerpo en el agua, como siempre soñé estar, pero esa vez era distinta a cualquier otra soñada. Intenté una y otra vez levantarme aunque el cansancio me venció. Respire profundamente, apoye las manos en la arena mojada y conseguí levantarme apoyado sobre una rama que me sirvió de bastón.

Miré al paisaje que me rodeaba, la arena llegaba hasta el principio de lo que parecía una selva a primera vista. Fije la vista en la espesa vegetación y… no era una selva sino unas enredaderas acompañadas de árboles y arbustos agarrados a un muro de grandes dimensiones que parecía llegar al cielo.

Sin pensármelo dos veces saqué mi navaja suiza o herramientas multiusos -de Albacete, por supuesto- y corté las ramas que estaban al principio del muro. Al limpiar aquella parte vi claramente una inscripción que decía lo siguiente:

“Pobre del que pase este muro, si logra pasarlo, pues no podrá volverlo a pasar y se encontrará atrapado en mitad de la nada, pisando la abrasadora arena, escuchando la única voz de su mente, hasta volverse loco”

Até mi navaja suiza a la cuerda de nailon y de las diversas herramientas de esta elegí un pequeño gancho, di vueltas a la cuerda como los vaqueros y lancé el extremo de la cuerda por el muro, después tiré un poco de ella para asegurar que estaba bien sujeta y, posteriormente, me acerqué al muro comenzando a escalar aquella muralla. Atravesé el tramo de jungla y resbaladizo, desde donde se apreciaba como era la pendiente. No parecía ser una muralla sino una ladera montañosa desierta.

Pasaron unos minutos cuando llegué a un saliente de grandes dimensiones donde observé el sol y descubrí un arroyo que discurría ladera abajo, con el que sacié la sed. Pasé la noche allí y parte del día hasta que me repuse, comenzando a ascender al atardecer, cuando no hacía calor y se escalaba tranquilo y ligero. Por la noche encontré una cueva fresca en la que monte el campamento e hice una hoguera con la que me calenté y descansé.

Me desperté al amanecer con un violento ruido causado por la tormenta que había comenzado, la que me recordó que llevaba tres días en la isla y dos de los siguientes los pasaría en la cueva. Al tercero paró la lluvia, pero se levantó un viento fortísimo que me retuvo otro día más.

Con la finalización del huracán salí de la galería y oteé el paisaje: abajo se divisaba la playa, de frente la inmensidad del océano y arriba la cima de la ladera donde estaba el gancho amarrado al extremo de la cuerda aferrado a una roca colosal. Tiré de la cuerda para comprobar que estaba bien sujeta, cuando la roca se resquebrajó y cayó dando tumbos. La esquivé pero un grupo de piedras más pequeñas que la primera me golpeo en la cabeza, perdí el equilibrio, me agarré a la cuerda que estaba amarrada a la navaja suiza, que resbaló, y me hizo caer ladera abajo. Lo peor es que…¡No dejaba de caer!

Entonces abrí los ojos. Contemplando a mí alrededor vi que estaba tumbado en la arena de la playa. Me había desmayado mientras jugaba en la arena, cayendo en un profundo sueño.

Diario de un náufrago: Perdido

Y entonces hice pie…

Estaba agotado, no sentía las  piernas, no podía moverme. Hasta que levanté la mirada y vi un paraje desconocido para mí. Caminé unos metros y me tumbé bajo un árbol, cerré los ojos y me dormí.

1º DIA

Nada más levantarme me hice preguntas. ¿Qué hacía allí? ¿Cómo llegué? Y lo más importante: ¿cómo volvería a casa?. Cuando me di la vuelta me llevé una agradable sorpresa. En la orilla de la playa había una bolsa con una caña, un cuchillo y una cuerda bastante larga. De repente, una imagen vino a mi cabeza, era un barco… no recordaba de que barco se trataba. Hasta que vi una insignia en la caña. ¡Era el  barco de mi padre! De eso estaba seguro. Pero… ¿qué hacía una caña del barco de mi padre allí? Pero ese no era mi mayor problema en ese momento. Sentí un retortijón en la tripa de hambre. Observé que al otro lado de unas rocas había una buena zona de pesca, pero… necesitaba cebo. Me arrodillé en un barrizal y conseguí coger un par de gusanos que me servirían por el momento. Me senté en una roca durante horas y solo pesqué dos míseros peces y no muy grandes. Era la primera vez que comía pescado crudo y  no volveré a hacerlo. Ya era de noche, me tumbé debajo del mismo árbol del día anterior y dormí.

2º DIA

Esa noche no  pude dormir. Cuando me levanté me asaltaron las dudas, ¿y si viniera una tormenta? Tendría que protegerme, así que comencé a hacerme un refugio. Cogí todas las ramas y piedras que encontré a los alrededores y me hice una “caseta”. Luego me adentré en una selva para explorar la isla. ¿Y si había allí alguien más que yo? Así que decidí ir al otro lado de la isla, me llevé el cuchillo para defenderme de los posibles animales. En mitad de la selva había tanta espesura de árboles que casi no podía moverme. Por lo que volví a la costa. Ya era casi de noche y no veía nada. Justo antes de irme a la caseta a dormir escuché un ruido extraño y me callé durante un rato. Al cabo de un rato el ruido se acercó: era como un golpe. Hasta que note algo que me tocaba en la pierna y grité lo más alto que había gritado en toda mi vida. Me agache y lo toque, y me quedé tranquilo ya que era solo un madero que había venido flotando. Dormí…

3º DIA

Lo primero en lo que me fijé cuando me desperté fue en algo que estaba flotando en el agua. Me acerqué lentamente hacia el objeto. Al verlo di un salto de alegría. Era una barca medio rota, pero podía salvarme igualmente. Intenté ver si se podía arreglar, ya que no estaba tan rota como parecía. Aquella mañana lo dediqué a buscar comida para los días que estaría allí. Encontré una palmera muy grande con montones de cocos y dátiles. Miré el cielo y estaba muy oscuro por lo que pronto habría una tormenta. Aquella noche no pude pegar ojo, pensando en la forma de arreglar la barca. Pero tuve una genial idea que pondría en práctica al día siguiente si el tiempo lo permitía.

4º DIA

¡Vaya mañana que amaneció! Truenos, relámpagos, rayos…

Y llovía a cantaros. Estaba calado de agua, muerto de frío y muy desanimado ya que no sabía si iba a salir con vida de aquella isla. Puse en práctica la idea del día anterior. Cogí la cuerda y busqué la forma de aprovecharla bien para arreglar la barca. Después de varias horas, casi conseguí repararla por completo, el único problema es que le entraba agua por un pequeño agujero. Dediqué también un buen rato a reparar la caseta. El techo estaba derrumbado y las paredes llenas de boquetes. Además estaba arto de tanto coco, por lo que decidí pescar. Cuánto me acordaba de aquellos campamentos en lo que aprendimos a hacer fuego. Estaba harto de comer pescado crudo por lo que hice fuego. De esa manera me calenté y sequé la poca ropa que tenía.

5º DIA

Descubrí la forma de arreglar el agujero de la barca. Cogí resina de un árbol cercano y lo mezcle con un poco de agua y barro. Decidí volver a adentrarme en la selva a cazar algo, cogí el cuchillo y marché. Desde la llegada a la isla no había visto ni un solo animal. Pero estaba seguro de que tenía que haberlos. Tras una larga caminata vi a un pequeño conejo agazapado entre unos arbustos. Mi experiencia en el tema de la caza era nula. Me acerqué poco a poco, hasta que lo tenía suficientemente cerca como para tirarme encima de él. Lo agarré por el cuello y se lo trisqué. ¡Dios mío que sensación! Pero qué bueno estaba asado. La verdad es que solo me llegó para un diente pero algo era algo.

Aquella noche, con la tripa llena, dormí como un bebe.

6º DIA

Aquel día me sentí melancólico. Echaba de menos a mi familia, a mi casa, a mi vida. Me acordé hasta de aquel maldito chucho de mi hermana que me rompía todo. Para colmo la resina de la barca se derritió. Y ya no tenía esperanza de salir de aquella isla. Me pasé todo el día tumbado en la cabaña pensando, desanimado. Me dolía todo, incluso partes que no sabía ni que existían

7º DIA

Ya llevaba una semana en la isla. El otro día arreglé la barca chapuceramente. Me lancé al mar ya desesperado, sin rumbo alguno. Cuando ya llevaba un par de horas en el mar vi un barco a lo lejos y grité con todas mis fuerzas. No era cualquier barco, ¡era el de mi padre! El barco se acercó y me recogió. Más tarde me llevaron a casa. En esta aventura he aprendido que nunca hay que perder la esperanza y que la vida es un tesoro que no hay que desperdiciar.

Diario de un náufrago: La isla perdida

Estoy perdida, parece que llevo años en este lugar aunque solo haya estado aquí unas horas. Ahora mismo podría estar en el Caribe tomando el sol, pero no, estoy aquí en una isla perdida, con solo un mechero, una brújula y una navaja, sin nada que hacer ni pensar aunque no me vendría mal comer algo, pero ¿el qué?, no sé que comer,  pienso, pienso y pienso, pero no se me ocurre nada, aquí lo único que hay es: dos palmeras, un mar y arena, mucha arena. Parece irónico, pero como no me coma un coco… ¡claro! Eso es:  ¡un coco! Seré tonta, cómo no me habré dado cuenta antes, bueno ya sé qué voy a comer, el tema ahora está en cómo lo voy a comer.

Por fin, me lo comí, con el uso de la inteligencia y la navaja, ahora lo mejor será buscar refugio o una cama para pasar la noche, y ya sé, es tan sencillo como coger una hoja y ponerla junto a las palmeras. Ya he cumplido, lo único que me queda es esperar, esperar y esperar…

La noche se me ha pasado volando, tanto es que la luz del sol me va a comer. Hablando de comer, tengo hambre. Voy a comer un pez, sí, está decidido, me voy a comer un pez, claro está que primero hay que pescarlo, y no debe ser muy difícil.

Ya está, lo pesqué, tras varias horas, lo pesqué, ahora solo me queda dorarlo un poco con el mechero y cortar con la navaja… y pensar que yo nunca quise ir al programa de Supervivientes, hubiese ganado. Pasan y pasan las horas y aquí sigo yo, viendo las olas del mar, quemándome, escuchando a las gaviotas… un momento ¡gaviotas! Eso quiere decir que hay barcos, y si hay barcos hay personas, y si hay personas hay humanidad, y si hay humanidad me pueden rescatar, y si me pueden rescatar volveré a casa.

¿Que hago? ¿qué hago para que me vean, para que me escuchen? ¿qué hago?. No debe de ser tan difícil, has visto muchas películas, no puedes rendirte ahora, piensa, piensa… ya lo tengo, señales de humo, haré señales de humo, el mechero ¿dónde está el mechero? Aquí, bueno. Madera, necesito madera, la palmera. Venga, va, que me tienen que sacar de aquí, por favor, sí, eso es, crece, fuego. crece… lo conseguí, me vieron, me siento la mujer más feliz del mundo… mi mama, necesito a mi mama, la echo de  menos, cuanto más cerca estoy de verla peor me siento al pensar que no la volvería a ver, pero no: estoy viva y voy a ver a mi mama.

Diario de un náufrago: Y así fui rescatado…

Después de haber llegado al límite de mis fuerzas, toqué arena, una arena cálida y me gustó la sensación que producían los granos de arena por todo mi cuerpo. Había superado el nadar no sé cuántos metros o kilómetros, y en no sé que lugar exactamente, lo único que sabía era que había sobrevivido al accidente de avión y con ello había salvado una cuerda, una navaja y un mechero que me podrían resultar muy útiles si estaba yo sólo en esa isla, aunque esperaba que hubiera más habitantes.

En esos momentos, me hubiera gustado encontrar a Jack Sparrow para que los dos juntos disfrutáramos nuestra estancia, aunque eso es ficción, así que me conformaba con un náufrago que estuviera a punto de salir de la isla, con una barca que habría construido durante sus meses en la isla y que, muy amablemente, me llevaría con él. Aunque a medida que pasaba el tiempo toda idea desaparecía.
Me puse en pie y empecé a explorar aquel lugar en busca de algún alimento apetecible. Lo primero que encontré fueron cocos, me lo imaginaba, en las películas siempre hay cocos… pero, no podía comer cocos porque tendría que trepar un árbol y ese día mis piernas me lo impedían, así que seguí explorando y encontré plátanos, creo que no he comido tantos plátanos en mi vida como ese día, ni siquiera me preocupaba que hubiera monos preparados para atacar porque les quité el alimento para más de un año.
Bueno, acababa de comer, y me estaba entrando sueño, decidí preparar una fogata, encontrar hojas para hacer una posible hamaca y dormir un día entero si hacía falta para estar preparado para mi vuelta a casa.
Cogí la cuerda que había salvado y la colgué de un árbol que podría sujetar mi peso sin problema, escogí las primeras hojas que encontré en el suelo, las prendí fuego con mi mechero, que funcionaba sin ningún problema, y me columpié un rato. La cuerda me hacía daño y seguía teniendo sueño, cogí mas hojas y me tumbe en el suelo, no estaba mojado pero aún así la sensación no era cómoda.
Me desperté y me pregunté cuánto tiempo podría haber estado así, bueno eso daba igual, me sentía con ganas de hacer mi estancia más apetecible o de intentar hacer algo para salir de ahí.
Durante cuatro días me dediqué a fabricar una pequeña casa con ayuda de mi cuerda y mi navaja, aunque esta última resultó ser muy buena ayuda, pude cortar cocos aunque no conseguí subir el árbol hasta el tercer día de mi estancia en la isla, me ayudo a cortar la madera -por lo menos, todo lo que era posible- y me ayudó a fabricar una lanza de madera para pescar peces.
Aunque no estaba tan mal como había pensado, echaba de menos a mi familia y me preguntaba si ellos también me echarían de menos… creo que hasta echaba de menos mi trabajo y eso que mi jefe era insoportable. Aun así me hubiera gustado por lo menos, tener su compañía en esos momentos de soledad.
Me estaba volviendo loco, pero no quería acabar como un náufrago, por lo tanto me mantenía ocupado… fabricando mi casa, pescando, trepando árboles… etc… eso sí, creo que era demasiado raro que esa isla estuviera deshabitada, no había visto no un solo mono, ni un pájaro, NADA.
Igual intuían mi presencia y no querían ser vistos o eso me gustaba imaginar a mí.
Perdí la noción del tiempo, no veía ningún avión nunca ni ningún barco y no podría llegar muy lejos con una barca llena de agujeros. Quería que me rescataran, no quería que ese fuese mi fin , ni quería morir quemado por el sol, el cual me estaba poniendo demasiado moreno.
A los pocos días de estar bajo la sombra sin hacer nada ni comer ni beber, bueno en realidad el beber, tampoco podía beber mucho, solo en lugares húmedos de la isla que encontraba en los que había agua entre las rocas y como no era salado, yo bebía, pero nada más, creo que preferiría morir así de esa manera, que pasarme días y días en aquella maldita isla, no podía creer que en algún momento me pareció que estaba bien.
De repente, vi un helicóptero aterrizar delante de mis narices, no me lo creía , ni siquiera podía ver bien , al igual ya estaba loco de remate o era un espejismo, sí, eso creía hasta que vi bajar a mi mujer, mi guapa mujer, que me venía a llevar de vuelta a casa, en ese momento no se me ocurrió otra cosa que ponerme a llorar. Me había echado de menos.

Diario de un náufrago: la espera

El día 15 de marzo de 1998, tuve la mala idea de coger un avión hacia Los Estados Unidos. Me habían mandado allí por mi trabajo de reportera. A las dos horas de coger el avión, empezó a hacer un ruido extraño y  a moverse de una forma no normal. De repente, desde la cabina de control nos avisaron  que el avión había sufrido la perdida del ala derecha, también nos dijeron que nos tranquilizáramos que nos sentáramos y que nos atáramos los cinturones. Del techo salieron una especie de mascarillas, unos gritaban y corrían por los pasillos , otros simplemente estaban sentados en los asientos rezando para que no pasara nada y yo simplemente estaba tumbada en el asiento escuchando música, esperando a que pasara.

El avión descendía rápidamente al fondo del mar, pille una cuerda, un hacha y una pistola de bengalas, busqué  sobrevivientes pero no encontré ninguno, se me acababa el aire y el avión seguía descendiendo entonces salí del avión rompiendo una ventana porque las puertas estaban bloqueadas. Cuando conseguí llegar a la superficie, me encontré sola en medio de la nada con una cuerda, una pistola de bengalas y un hacha. Aunque, al fin y al cabo, eso me serviría de algo ya que tras un día y poco nadando sin rumbo llegué a una pequeña isla sin habitantes, tan solo con vegetación y pequeños animales.

Según llegue a la isla lo primero que hice fue tirarme en la arena y dormir hasta el día siguiente. En cuanto me levanté fui a mirar un poco por los alrededores, ya que no encontré gran cosa cogí un par de frutas y volví a la parte de donde llegué. Me hice una pequeña cabaña con hojas de palmera y la cuerda que me llevé del avión, también hice una especie de caña con una rama, con un trozo de la  cuerda que utilicé para la cabaña y con un alambre que había dentro de mi chaqueta hice el anzuelo. Comí un poco y me puse a pescar, estuve aproximadamente una hora hasta que me dí cuenta que nunca pescaría nada sin un cebo, cogí un cangrejo de la orilla , lo utilicé como cebo y al poco rato note que un pez había picado. No sabía qué pez era , pero era un pez y ya tenía cena, así que decidí ponerme a hacer fuego, cogí dos piedras y tras un buen rato intentándolo decidí coger dos palos, como en las películas,  haciendo un agujero en uno poniendo el otro encima y dando vueltas, pero ni las piedras ni los palos funcionaron, así que cuando llegó la noche no tuve otra que cortar el pescado con el hacha y comérmelo así. Era un poco repugnante y además estaba duro y cada vez que mordía oías una especie de crujido. Al día siguiente decidí no hacer nada ya que estaba en una isla, sola, sin nada que hacer, me lo tomaría como unas vacaciones hasta que igual, por algún casual, alguien me echara de menos y viniera a buscarme. Pero claro, quién se iba a poner a buscar a una persona que ha tenido un accidente de avión y que nadie  sabía y si lo supiesen habían pasado ya tres días y seguramente pensarían que me había muerto. Igual nadie vendría a buscarme y me quedaría en esta isla hasta quedarme loca y morir por cualquier cosa. No paraba de pensar si allí donde yo vivía, donde tenia a mi familia, mi novio, mi trabajo, mi vida sabían lo que me había pasado o simplemente pensaban que estaba en alguna parte de los Estados Unidos trabajando y pasándomelo bien, pero tenia que dejar de pensar en eso ya que estaba de vacaciones y uno, cuando se va de vacaciones, no piensa, simplemente disfruta del tiempo que estará allí. Me puse a tomar el sol  y a darme un chapuzón de vez en cuando.

Al día siguiente me puse a investigar un poco el lugar , había muchos árboles, insectos y pequeños animales. No era como la islas de los dibujos que son una isla tan pequeña que solo cabe una palmera ni como la de las películas que son gigantescas con un volcán y con numerosos animales salvajes, era una isla como otra cualquiera. Como  me aburría tanto y necesitaba a alguien para hablar hice como en las películas, cogí un coco, le hice unos ojos y la boca, le puse en la cabeza unos cabellos de ramas secas y le clavé en la arena con un palo. No me divertía hablar con él ni nada por el estilo, pero lo que sí es verdad es que me distraía y me gustaba hacerlo, así que me propuse hacer una familia. Mientras los hacía,  un barco debió pasar por al lado de donde paso el accidente y debió ver maletas y objetos así que llamó para avisar de que un avión se había estrellado y mandaron un helicóptero.

Vi al barco a lo lejos , no sabía si era de verdad o me lo estaba imaginando así que decidí  coger la pistola y disparar al aire. El barco la vio y vino a por mí. Yo estaba que no me lo creía , pensaba que era un sueño, no me lo creí hasta que me llevaron a mi casa con mi familia.

Hasta que recuperé mi vida no me lo creí.

Narración : Isla desierta

Un avión del ejército nos llevaba hacia el frente cuando de repente se apagaron las luces y el motor dejó de sonar, eso es lo único que recuerdo. Después, supongo que unas seis horas más tarde me despertó el roce de la arena en mi cara. Estaba totalmente empapado y solo contaba con un fusil con seis balas, una cantimplora y una cuerda de dos metros de largo.

Primer día

Ayer llegue a la isla cuando ya había oscurecido, así que traté de dormir a la intemperie. Me he dado cuenta de que la isla en la que me encuentro es bastante grande y he pensado en ir a buscar un lugar en el que haya agua potable y alimentos. He estado unas cuatro horas buscando y he dado con un río que me ha servido para rellenar mi cantimplora. He marcado el camino con piedras para poder regresar cuando lo necesite. Más tarde me he puesto a construir una cabaña, utilizando la cuerda, madera y algunas hojas. Algo de trámite, pues me rescatarán pronto.

Segundo día

Ha sido un poco incomodo dormir en la cabaña, pero tendré que aguantar hasta que me rescaten, prefiero dormir en ella a que la derribe una ventisca. He vuelto al río y he visto que había peces, pero no he podido pescar ninguno y me he tenido que conformar  con rellenar de nuevo la cantimplora.

Tercer día

Hoy he empezado a notar realmente el hambre, así que he ido a cazar en serio con el fusil, ha sido realmente fácil cazar un par de pájaros que volaban por encima de los árboles. He sentido algo de lástima por ellos, pero los necesitaba para sobrevivir.

Cuarto día

Creo que me estoy volviendo loco de estar aquí solo, juraría que he hablado conmigo mismo ayer y además he tenido unos sueños extrañísimos. Las esperanzas de que me rescaten se han reducido a una milésima, ya que han pasado los días y no he visto ni un solo barco o helicóptero, seguramente me hayan dado por muerto.

Quinto día

Esta mañana he salido a buscar comida y no he tenido problema alguno, ya que nada más salir me he encontrado con un árbol frutal, pero eso no me salvo de ir hasta el río a rellenar mi cantimplora. Hoy me he planteado buscar un río mas cercano pero lo veo casi imposible, creo que lo mejor será que duerma un rato.

Sexto día

Ayer por la noche una ventisca derrumbó mi cabaña y tuve que dormir bajo un árbol. Pero ese no ha sido el único problema,  he perdido la cuerda y la cantimplora ha estado a punto de romperse a causa de unos fuertes golpes contra una piedra.

Séptimo día

Hoy he fabricado una cabaña en condiciones y la he colocado bajo un árbol para que el viento no la vuelva a derribar de nuevo. También he reforzado la cantimplora con unas hojas. Además he empezado a oler mal y he ido al río a lavar la ropa y a  darme un baño. He empezado a buscarme un pasatiempo porque creo que pasarán muchas ventiscas y mucho tiempo hasta que vengar a rescatarme, si es que vienen…

 

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