CRÓNICA Y VIDEO DEL VIAJE A SALAMANCA

Por Myriam Haro.

Tras meses de espera, de preparación literaria, y de impaciencia en el aula, las once alumnas estudiantes de 2º de bachillerato de Humanidades pisaron, por primera vez, la histórica ciudad de Salamanca el pasado 27 de marzo.

Acompañadas de cinco profesores del centro, Marina, Ana, Pablo, Arancha y Ricardo, recorrieron media Castilla en un largo y pesado viaje de autobús de unas 6 horas (llamadas de atención del conductor incluidas), y llegaron al esperado destino a las 11 de la noche.

Pero la agotadora tarde no había desanimado al grupo: tras una primera toma de contacto con Salamanca, arrastrando las maletas hasta el pequeño albergue juvenil situado en la avenida Canalejas, el grupo se preparó para su primera experiencia literaria del viaje. Después de la cena (para algunos “pinchito y cañita”), llegaron a la acogedora plaza de Anaya, cuya atmósfera era ideal para representar El estudiante de Salamanca, obra de Espronceda. La oscuridad de la noche y su silencio habrían permitido una interpretación perfecta, pero no todo podía ser un camino de rosas: una máquina de limpieza nocturna estropeó la acústica y sacó de quicio a una Marina muy indignada. A pesar de la educada petición de Arancha, el molesto ruido continuó, pero no impidió terminar el recital, con aplausos de un público muy peculiar añadidos. El encuentro con Rosana, profesora de francés, fue una verdadera sorpresa: ella tampoco quiso perderse el prometedor espectáculo.

La guinda de la noche llegó después: profesores y alumnos fueron a menear el esqueleto a una discoteca muy especial, Camelot, Iglesia remodelada que resultó de lo más divertida. Bailes originales, clases de salsa, gente muy fiestera, y una breve referencia al ciclo Artúrico, hicieron del final del día algo para no olvidar, dejando al grupo de chicas (también a Arancha) con ganas de más.

El sábado por fin llegó. El día más prometedor de este pequeño viaje comenzaba con el amanecer del grupo, sobre las 9.30 de la mañana, para ir después a desayunar en familia. Después, se trasladaron hasta la Universidad, reanudando así la ruta literaria. Conocieron el aula de Fray Luis de León, donde recitaron la Oda a Salinas, profesor de música del mismo Fray Luis. Intentaron furtivamente encontrar las firmas de Quevedo y Lope de Vega, pero no tuvieron mucho éxito. Continuaron la visita y conocieron aulas y una biblioteca realmente espectaculares, que impresionaron a todas las alumnas. Buscaron también a la famosa rana en la ornamentada fachada de la misma Universidad, posada sobre la pequeña calavera.

El siguiente destino sería la casa-museo del escritor Miguel de Unamuno. Allí, en una visita guiada e improvisada por Marina, las alumnas conocieron el universo de este fascinante hombre, políglota y filósofo, cuya obra no dejó de cautivar al grupito. Leyeron un emocionante pasaje de Niebla (un apasionado diálogo entre el propio Unamuno y el personaje de Augusto) en el mismo despacho del autor, con su mismo retrato aún intacto en la pared. Seguramente, reflexiones como “Volveré no con mi libertad, que nada vale, sino con la vuestra”, quedarán para siempre en la memoria de los visitantes al hogar del escritor, visita que, posteriormente, muchas alumnas seleccionarán como la mejor del viaje.

Una vez desconectados del universo unamuniano, llegaron de nuevo a la plaza de Anaya, esta vez iluminada por la luz del día, y contemplaron la facultad de Filología. Pausaron para disfrutar de un pincho y descansar un rato antes de continuar la marcha. Sobre las 14:00, se desplazaron a la Plaza de los Bandos para conocer el monumento a Carmen Martín Gaite, escritora salmantina ganadora del premio Nadal y del Príncipe de Asturias de las Letras. Allí, una temblorosa alumna recitó un pasaje de su obra.

Sobre las 15:00, el hambriento grupo llegó a Montecarlo y comió. Después tomaron el café en un barecito de la ciudad, y recuperaron fuerzas para conocer el histórico puente romano de la ciudad. Y allí llegaron, sobre las cinco de la tarde, encontrándose ante una dudosa estatua con forma de animal. El Lazarillo de Tormes resurgió a través del divertido fragmento del cogotazo en el toro:

 

“Salimos de Salamanca, y, llegando a la puente, está a la entrada de ella un animal de piedra, que casi tiene forma de toro, y el ciego mandóme que llegase cerca del animal, y, allí puesto, me dijo:

-Lázaro, llega el oído a este toro y oirás gran ruido dentro de él.

Yo simplemente llegué, creyendo ser así. Y como sintió que tenía la cabeza par de la piedra, afirmó recio la mano y diome una gran calabazada en el diablo del toro, que más de tres días me duró el dolor de la cornada, y díjome:

-Necio, aprende, que el mozo del ciego un punto ha de saber más que el diablo.”

 

Y así hicieron los visitantes, con especial diversión durante la representación mímica de Marina, que reprodujo fielmente cada momento de la narración de Lázaro, leída por Pablo.

Tras acabar de reír y de disfrutar de las vistas que ofrecía el puente, los literatos se encaminaron hacia su último destino del día: el romántico huerto de Calisto y Melibea. Estos dos enamorados, personajes principales de la obra la Celestina, del siglo XV, vivieron uno de sus más apasionados diálogos en la piel de dos alumnas, que a pesar de su preparación para el momento, vacilaron un poco durante la representación. Sin embargo, consiguieron los aplausos del resto del grupo, contentos con el espectáculo alrededor de la fuente que habían dado.

La vuelta al albergue era necesaria: las chicas ya habían comenzado a planear la noche, y tenían que empezar a prepararse. Pidieron la cena, se ducharon, se arreglaron, e incluso realizaron un improvisado desfile de moda por los pasillos, inmortalizado en un video. Listas y espléndidas, se lanzaron a las calles de Salamanca dispuestas a pasarlo muy bien, y así lo hicieron. Conocieron bares y discotecas salmantinas, y vivieron el ambiente nocturno a la perfección, tan bien que muchas no querían de ninguna manera regresar al albergue, aunque no consiguieron que Marina diera su brazo a torcer. Sobre las cinco y media ya descansaban todos, finalizando así un día exhaustivo y agotador.

El fatídico día de partida llegó. Ya era domingo, y los viajeros hacían sus maletas sobre las once de la mañana. Agotados después de la fiesta, desayunaron y dieron sus últimos paseos por la ciudad, aprovechando a comprar algún recuerdo. Luego comieron y se dirigieron hacia la estación. La aventura se terminaba, y su autobús a Santander salía a las cuatro de la tarde. Como consuelo, disfrutaron de menos horas de viaje, y finalmente llegaron a casa sobre las nueve de la noche.

La escapada literaria acabó, dejando a este grupito con un buen sabor de boca. Los testimonios recogidos a las alumnas acerca de la experiencia no pueden ser mejores. Todas han disfrutado al máximo este viajecito, y han calificado de encantadora a la histórica ciudad de Salamanca, a la que todas planean volver alguna vez. Visitas, paseos, risas, y anécdotas, han inundado de alegría el fin de semana para estas dieciséis personas, profesores incluidos. Sólo lamentan la brevedad de la escapada, y es que todos se habrían quedado un par de días más en esta ciudad tan especial. ¡Incluso reclaman esa hora más en Salamanca que el cambio horario les robó!

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