EL CEMENTERIO

Una noche de luna llena, un amigo y yo fuimos al cementerio por la tarde, todavía no había oscurecido pero oscurecería dentro de dos horas. Era Halloween y todo estaba muy decorado, entramos, había una señora encendiendo las calabazas ya que no había farolas. Pasamos a la señora, no nos miró, era muy extraña. Estuvimos paseando, por el camino nos encontramos muchos muñecos: una calabaza gigante, un hombre hecho de raíces con una cabeza de calabaza, un fantasma y unos zombis de mentira. 

Encontramos un papel en el suelo, lo leímos y hubo un viento espantoso y se apagaron todas las calabazas y apareció la señora que vimos antes. De repente apareció el mismo viento de antes y ella empezó a volar, dijo las mismas palabras que ponían en el papel y los muñecos que vimos antes cobraron vida y nos vinieron a atacar. Nosotros huimos pero la verja del cementerio estaba cerrada, venían todos a atacar, nos metimos los dos en una tumba para que no nos viesen y pasaron de largo pero, de repente, la señora que se había transformado en bruja asomó su cabeza a la tumba y nos dio un susto de muerte, sacó su cabeza y puso una losa de piedra. 

Ahí acabó nuestra vida pero todavía seguimos allí. Cada noche de Halloween nuestro espíritu sigue huyendo de los monstruos hasta que alguien abra la verja del cementerio y podamos así salir del cementerio y poder escapar de la maldición de la bruja. 

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Historia de miedo: LaS TreS VelaS NegraS

Era un día normal, concretamente un martes. Cuando acabaron las clases salí con mis amigas a estar un rato por mi colegio. Sofía, mi mejor amiga, dijo que hiciéramos un juego que trataba de ir al baño y encerrarse para estar a solas. Todos pasamos, pero en realidad no queríamos porque nos daba miedo el hecho de saber que ese juego pudiera ser verdad o que pudiera pasar lo que tuviera que pasar. Cuando le dijimos que no, no le sentó muy bien que digamos. Fue directa al baño, entró y se encerró. El juego consistía en cerrar con llave la puerta, apagar las luces, encender tres velas negras y decir tres veces el número seis. Era un rito satánico, aunque ella no se creía nada. Siguió las instrucciones…

Después de un tiempo, como vimos que no salía, nos preocupamos y fuimos a ver si la había pasado algo, pero ya no había nadie, no se supo nada más de ella… lo único relacionado con lo que sucedió fue que en el baño había una estatua de Dios y cada día la estatua se movía de diferente forma, pero siempre con la tristeza reflejada en su rostro.

NO HAGÁIS NUNCA ESOS JUEGOS PORQUE, AUNQUE PAREZCAN UNA TONTERÍA, NO LO SON.

Luna llena

Una noche de luna llena salí con un amigo por la calle. Por esa calle se movían mucho las hojas y además había mucho viento. De repente Juan y yo, David, oímos en una casa un ruido y nos acercamos, vimos la puerta abierta y entramos. En esa casa había paredes pintadas que ponían “en luna llena nadie molestará a los muertos o no volverá a ver la luz del día”. Eso es lo que ponía en las paredes. Juan me dijo que nos fuéramos, porque había escuchado ruidos arriba. Le hice caso y nos fuimos a nuestras casas y yo le dije a Juan que mañana fuéramos otra vez a la casa para investigar y él dijo que vale.

Al día siguiente, como dije, Juan y yo fuimos a la casa para investigar, está vez la puerta estaba cerrada. Llamamos a la puerta pero no contestaba nadie. En vez de seguir llamando metimos la mano por el cristal roto para alcanzar la llave, cogimos la llave y abrimos la puerta. No había nadie y las paredes estaban limpias, Juan y yo subimos arriba.

Allí había alguien con pintas muy raras, él nos vio y Juan y yo corrimos mucho más que él pero Juan se tropezó y se cayó, yo me paré a ayudarle pero era tarde, él le cogió y yo tenía que huir. Me fui directo a la policía para avisar de un secuestro, incluso de un asesinato. Los policías me acompañaron a la casa, subieron arriba y no vieron nada, se había ido yo tenía que hacer algo.

Espere hasta luna llena, que debía ser cuando volvía, y así fue. Volvió, pero no solo iba con Juan. Yo fui a rescatar a Juan, le desate las cuerdas y nos fuimos corriendo a la comisaría. Se lo explicamos todo y fueron a la casa, entraron, y vieron las paredes llenas de sangre, donde había algo escrito. Ponía: “fuera de esta casa”  los policías fueron corriendo arriba y ahí estaba a punto para suicidarse. Los policías lo impidieron y lo llevaron a la cárcel. Al final Juan y yo no fuimos a esa casa ni a ninguna más parecida.

FIN

Una noche de luna llena.

Una noche de luna llena salí con una amiga de paseo, yo vivía en un pequeño pueblo desconocido y ella se había quedado en mi casa a dormir, me acababa de mudar y no conocía la zona. Sería por la falta de sueño, pero mi amiga y yo decidimos “inspeccionar” el lugar.  

Decían que era un pueblo maldito o algo parecido, sin embargo no teníamos miedo, no éramos la típica familia asustadiza en busca de misterios. Mi padre se había mudado por razones de trabajo y mi madre, en fin, mi madre vivía en su mundo de fantasía, era escritora. Yo, sin embargo, disfrutaba de cada momento de la vida, como esa vez… 

Era 30 de Octubre, un día más y llegaba Halloween, ya había calabazas por las casas. Íbamos subiendo una colina en la que había un pequeño cementerio al que no solía ir nadie, debido a que era el protagonista de muchas leyendas. Ese era nuestro lugar favorito, siempre habíamos estado allí y nunca nos había pasado nada, de momento… 

Nos sentamos en una lápida enorme y polvorienta, se notaba que el fallecido no era muy conocido y admirado por el pueblo. O eso, o que, simplemente, no la limpiaban con demasiada frecuencia. Pasamos allí un rato, hasta que el reloj dio las 00:00h. ¿Ya era Halloween? En fin, ¡qué más da! Seguimos hablando pero, de repente, oí un murmullo, pensé que era mi cabeza, continué con mi amiga -otro murmullo-. De repente vi que su cara palidecía y la pregunté:  

-¿Qué te pasa? 

-A mí nada…- titubeó- pero… 

Sentí un pequeño escalofrío detrás de mí, ella saltó de la lápida y ésta empezó a subir, me levanté rápidamente, algo pasaba, no era la única lápida que se movía. Empezaron a surgir cosas extrañas, sin sentido. De las tumbas salieron personas amarillentas y vestidas con harapos, andaban despacio y nos perseguían, hablaban diferente a nosotros, ¿habría que asustarse? No lo sé pero mi amiga y yo empezamos a correr cuesta abajo, la mayoría de las cosas estaban en orden. Menos la carretera que se agrietaba a nuestro paso dejando un rastro de sangre con un color inconfundible. Aún recuerdo ese olor… Vi cómo las siniestras sombras desaparecían a lo lejos y nuestra casa aparecía rápidamente. Cuando por fin llegamos, entramos y pusimos el pestillo a la puerta.  

Al día siguiente, cuando desperté, mi amiga había desaparecido, mis padres me dijeron que unos señores muy extraños habían preguntado pr ella, que sólo repetían su nombre y tenían la piel pálida y amarillenta, ella decía que no los conocía, pero que cuando mis padres fueron a cerrar la puerta, ella dio un paso lentamente , tenía los ojos en blanco. Y seguido de esos señores tan extraños. Se fueron alejando a cada pequeño paso hasta que se convirtieron en un punto blanco en el amanecer. Nunca la volví a ver… 

-¿Serían sus padres?  

No lo creo…
 

 

El grito, de Eduard Munch

Unaa NoChee En El InsTiiTuTo Con Laa NiÑa ChuPaSanGreS

El día de Halloween, el 31 de octubre, yo y mis amigas Ángela y Vanesa, decidimos pasar la noche en el instituto.

Se cuenta que en los baños de chicas del piso de abajo, unos chavales dejaron encerrada a una niña de 13 años llamada Alice, durante una noche entera. Al día siguiente los chavales fueron a sacar a la niña, cuando entraron en los baños ya no estaba, no había dejado rastro. Bueno, un rastro sí que había dejado, solo que con él no se la iba a poder encontrar, en el baño había un niño, muerto, con una mordedura en la cabez. Se pensó que se la había hecho la niña que habían dejado encerrada, así que, desde ese día, se la conoció como la niña chupasangres.

Ángela, Vanesa y yo decidimos pasar toda la noche en esos baños, porque no nos daba miedo esa historia, pensábamos que solo era una trola que se habían inventado los chavales que supuestamente habían dejado encerrada a la niña.

A medianoche, todavía no nos habíamos dormido y, de repente, a Ángela la cayó una gota de sangre. Las tres miramos arriba, pero no había nada.

Nos empezamos a asustar, pues pensamos que esa gota de sangre podría ser del niño al que la niña chupasangres había mordido.

Una de las puertas de los baños se abrió, y salió un niño, que tenía una mordedura en la cabeza. Salimos chillando del baño y subimos las escaleras, nos metimos en el otro baño y una de sus puertas también se abrió, y salió un fantasma, pensamos que era la niña chupasangres, pues de sus labios caían gotas de sangre, que, al llegar al suelo, se desvanecían.

Salimos de los baños, también del instituto, corrimos y corrimos, sin saber a dónde íbamos. Llegamos a casa de Ángela y entramos, le contamos la historia a su madre, pero no nos creyó. Sin embargo, como parecíamos muy asustadas, decidió, que si queríamos nos cambiaría de instituto, y nos pasaría al Manzanedo. Así lo hicimos.

Desde entonces no hemos vuelto a entrar en baños, más que en los de nuestras casas.

ÓSCAR Y EL FANTASMA

Había sido un día malísimo, no había parado de llover. Ya eran las doce de la noche y yo estaba viendo un película de zombis con mis hermanos. Mi padre entró en el salón y dijo:

– ¿Sabéis lo que pone en el periódico? La policía ha atrapado a un delincuente muy peligroso. Y todo gracias a Óscar, que descubrió su escondite por casualidad.

Óscar es el dueño de un kiosco que hay al lado de mi casa. Es bastante simpático. Al día siguiente fui a felicitarle y él me contó cómo lo había hecho.

Aquellos días pasaron tranquilamente pero por casualidad oí que en la tele se hablaba del delincuente. Me enteré de que lo habían encontrado muerto en su celda. Un médico dijo que tenía una extraña enfermedad.

Varios meses después de todo esto, encontré una nota en la puerta de la casa de Óscar. Decía:

– “Me las pagarás”

Corrí a enseñársela y cuando llegué al kiosco, Óscar me dijo también había encontrado una nota en la que ponía:

-“Prepárate”

Esa noche no pude dormir y, a eso de la una, oí voces en la calle. Me asomé a la ventana y ví a Óscar agachado. Me vestí y bajé a todo correr. Le pregunté que hacía. No contestó pero me enseñó otra nota. Ponía:

– “Llegó la hora”

– ¿Quién puede escribir todas estas notas? – dijo.

– ¡Yo, por ejemplo! – gritó una voz.

Miramos a todos lados, pero no veíamos a nadie. De repente, una figura apareció al final de la calle y empezó a correr hacia nosotros. Era un ser totalmente negro con unos ojos rojos y brillantes. Llevaba un cuchillo y un bastón. Le tiramos piedras pero no le pasó nada. Era un fantasma, un fantasma auténtico. Antes de que pudiera correr me arreó un golpe con el bastón y me desmayé.

Cuando desperté era de día. Estaba en mi cama y mis padres y mis hermanos me miraban con unos ojos como platos.

– ¿Qué ha pasado? – pregunté.

– Estabas tumbado en la calle, como un muerto. – dijo mi madre.

Yo les conté lo que había pasado. No me creyeron nada, pero desde ese día nadie volvió a ver a Óscar.

¿QUIÉN ESTÁ AHÍ?

Hace millones de años en una ciudad llamada Cálenes vivía un niño que tenía 14 años, su nombre era Simp.
Cada día después de levantarse, desayunaba y se iba a jugar al fútbol con sus amigos al colegio, que estaba al lado de casa.
Un día se levantó y encontró muerta a su madre en el comedor; Simp estaba llorando y se sentía solo y desamparado. Miró a su madre por última vez y le vio un mordisco en el cuello. Llamo rápidamete a su padre y lo dijo: “Mira papá, la ha matado un vampiro”.
A los pocos días, jugando al fútbol, Simp, encontró a otra mujer muerta con mordiscos de un vampiro, y avisó al padre otra vez; todos los niños del barrio estaban muy, muy asustados.
Más tarde, una niña, muy amiga de Simp, que se llamaba Jessica, encontró a otra mujer muerta con el mismo mordisco.
Fue donde Simp para decirle que había encontrado a esa mujer para avisar a la Guardia Civil.
Simp y Jessica fueron buscando al asesino de su madre para vengarse de él. Pero con tan mala suerte que el vampiro se llevó a Jessica.
Meses después, encontraron a un niño, de los mejores amigos de Simp, con la boca cubierta de sangre y Simp lo siguió y le clavó un cuchillo mojado en agua bendita en el corazón, luego le echó gasolina por encima y le prendió fuego.
Ya había pasado todo pero era tarde para rescatar a Jessica, la encontraron muerta en el fondo de río axfisiada y cubierta de mordiscos.

LA GüIjA

Había una vez siete niños jugando a la guija. De repente, uno de ellos, que se llamaba Iván, dijo:

-Yo, Iván, invoco al inspiritu de Michael Jackson.

Entonces el niño vio que empezó a moverse el vaso y el niño se asustó mucho y se marchó corriendo.
Los otros seis niños siguieron jugando y otro niño, que se llamaba Carlos, cogió y dijo que él quería invocar, e invocó a Felipe Montalvo, pero con él el vaso no se movió y así con todos y a ninguno se le movió el vaso.

Al día siguiente los amigos fueron a buscar a Iván y nadie sabía dónde estaba, ni siquiera sabían los padres dónde estaba el hijo y nadie supo nada más de él.

EL MIEDO DE LA NOCHE

Una noche de luna llena salí con un amigo y a los pocos kilómetros vimos un monstruo que tenía cinco ojos, cuatro patas y cuatro brazos. Nos escondimos detrás de un arbusto y en el silencio de la noche se oía entre otros arbustos un crik-crak, crik-crak. Giré la cabeza y vi al monstruo mirándome, con la mirada clavada en los ojos. Se tiró a por nosotros y salimos corriendo, pero justo delante había otro monstruo igual. Temblando y con sudor frío dijimos mi amigo y yo a la vez:

-¡¡Ya basta!!, por favor.

Fué entonces cuando se quitaron los dos la careta: eran mi padre y mi tío.

Con cara de susto, respiramos hondo y con voz temblorosa dijimos:

-Primera y última vez porque ha sido de infarto.

Luego todos juntos nos reímos de la broma.

                                                                                                              FIN

Historias Terroríficas

Una noche de luna llena salí con unos amigos y, de repente, salió un lobo de entre las tumbas del cementerio. Era bueno, solamente quería comer , nosotros pensabamos que nos quería comer pero lo que más estaba deseando era que le diéramos comida. Entonces Marta sacó el unico bocadillo que tenía y se lo dió. Cuando era la hora de cenar todos tuvimos que dar un poco de bocadillo a Marta. Al final , cuando nos ibamos a ir , el lobo estaba solo, no tenía con quien ir y al final María se llevó al lobo y le puso de nombre Romino.

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