La mala suerte te acompaña

Llegamos a París y vimos que dos coches se habían chocado. Nos acercamos a ver si estaban heridos y antes de que llegáramos salieron del coche dos hombres altos, fuertes y con pinta de creerse los más chulos del barrio; y empezaron a discutir. Ya cuando el ambiente se estaba caldeando se empezaron a insultar y a pegarse. Un chico que era bajo, con gafas, llamó a la policía y vinieron a toda velocidad, pero antes de que llegaran y los pararan, un conductor cogió un cristal de su coche destrozado y se lo clavó en la pierna al otro conductor. La policía corrió para que no le hiciera más daño. Les arrestaron a ambos y los llevaron a la cárcel -tres meses al que le habían clavado el cristal y un año al otro.

Desde entonces no he vuelto a París.

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