Novela: MIEDO

No era el más honesto ni el más piadoso, pero era un hombre valiente. Era yo aquel hombre que se anteponía a todas las injusticias de este país, el que daba la cara por todos los ciudadanos de mi pueblo, llamado Cedreno. Todo el pueblo tenía miedo de algo. A causa de esos miedos un espíritu salió a la luz: era un bicho tan horripilante que nadie tuvo el suficiente valor para acabar con él.

El día que llegué yo a ese pueblo, no sabía nada del bicho pero todo fue muy rápido. Gracias a los ciudadanos tuve el valor de ir donde el bicho y plantarle cara. Me costó mucho sólo que se fuera – imagínate para poder derrotarle. Después hable con todos los ciudadanos de que el miedo no lleva a ningún lado.

Ellos lograron la victoria porque derrotaron al miedo y por lo tanto el bicho se destruyó gracias al pueblo y a mí y ese pueblo no volvió a tener miedo por nada ni por nadie.

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NOVELA

Un Domingo, el 24 de mayo de 1863, mi tío, el profesor Lidenbrock, volvió precipitadamente.
Cuando mi tío era pequeño más o menos con catorce años, se enamoró de una niña muy guapa y arrogante que le ignoraba totalmente, ella se llamaba Ana. Aún así él la quería, después de todo lo que le había hecho, ella le utilizaba para aprobar los examenes, para superar sin dificultades las asignaturas y para robarles cosas a los niños más pequeños. Cuando mi tío Adolfo le decía que no hiciera ese tipo de maldades, ella le contestaba que se metiera en sus asuntos ya que él no tenía derecho a adentrarse en su vida privada, porque no era ni su novio, ni su mejor amigo, simplemente era una especie de profesor para ella, que todos los días la daba clases particulares.

Mi tío se lo tomó muy a pecho, y se juró a sí mismo no volvera  hablarla nunca más y olvidarse de ella para siempre.
Poco tiempo después Ana se dio cuenta de que había hecho mal en no intentar quererle, mientras estaba pensado en él echaba mucho de menos sus clases particulares y sus dulces palabras y miradas que la rodeaban durante el tiempo que pasaban juntos. Ella intentó contactar con él por medio de su antiguo teléfono, pasaron los meses y Adolfo seguía sin dar señales de vida. Mi tío se había mudado a un barrio lejano de la ciudad.
Pasaron los años y cuando mi tío estaba a punto de casarse con una señora, apareció una mujer ya madura que interrumpió aquel compromiso. Tío Adolfo se quedó perplejo al apreciar que aquella chica era su amada Ana, que había venido hasta esa iglesia a explicarle a mi tío lo mucho que le había añorado desde el tiempo en que se separaron y las muchas veces que había jurado no volver a cometer un solo error más. Adolfo dudó su respuesta durante unos cinco minutos, pero su decisión fue escaparse con Ana para toda su vida, Olga la que iba a ser esposa de mi tío dijo que tarde o temprano se vengaría de ellos.

Cinco años después Adolfo y Ana encontraron un trabajo en un colegio cercano al barrio preferido de mi tío donde empezarían una nueva vida juntos en aquel pequeño apartamento. Tuvieron dos hijos llamados Gerd y Eva a los que querían y apreciaban muchísimo.
Olga se encontró con mi tío después de tanto tiempo y le contó que lo que gritó aquel día era mentira y que lo dijo porque de algún modo se había sentido engañada. Pero de todas formas no le guardaba rencor y quería volver a retomar su amistad con él, mi tío no estaba muy seguro, pero al final ella consiguió convencerle con su astucia. Estuvieron hablando durante muchas horas y ella le contó que había venido aquí para completar su viaje de negocios, la verdad es que Olga vino a Hamburgo a destruir completamente el matrimonio de mis tíos.

Su plan era hacerse amiga íntima de mi tío para poder quitarle de nuevo el lugar a Ana. A medida de que pasaban los días mis tíos se querían mucho más y Olga no lograba que se separasen, así que contrató a cuatro hombres para que siguieran y amenazaran a Ana de pegarla si no rompía el matrimonio de mis tíos. Ella no se rendía a pesar de aquellas brutales palizas que la metían y se negaba a separarse de él.
Un día al llegar a casa mi tío la encontró muy rara,pero no la quiso preguntar nada ya que llegaba muy cansada del trabajo. Enseguida se fueron a la cama y mi tío la abrazó muy fuerte en señal de cariño, pero ella hizo un gesto terrible de dolor, la preguntó que pasaba y Ana salió de la cama, se quitó la camiseta dejando al descubierto el gran moratón que la hicieron. Según se quitó la camisa ella empezó a llorar y le contó a mi tío todo lo sucedido.
A la mañana siguiente él y su hija Eva decidieron ir a sacarle a Olga toda la verdad. Cuando llegaron a la plaza mayor ella les estaba esperando,pero en ese momento comenzó a llover muy fuertemente y tuvieron que refujiarse debajo de un balcón en un callejón cercano.

Allí Olga le contó toda la verdad con la esperanza de que la perdonase. Tío Adolfo levantó la mano y la pegó una bofetada en la cara, ella de la impotencia soltó un grito que terminó con la huída de mi prima Eva y mi tío a una comisaria a las afueras del pueblo. Llegaron muy agitados y el policía de la entrada les hizo un pequeño interrogatorio. Cuando acabaron llamaron al resto de la familia, que llegó en cinco minutos.Estuvieron esperando la respuesta de los policías un buen rato,hasta que uno de ellos les comentó que Olga había logrado escabullirse de ellos, todavía sigue en busca y captura como una de la criminales más peligrosas de la ciudad.

Inicio de novela: ALERTA, VIGILADO

Nadie hubiera creído, en los últimos años del siglo XIX, que los asuntos humanos fueran vigilados de forma tan atenta y detallada por inteligencias tan superiores a las del hombre y, sin embargo, tan mortales como la suya.

-Por eso estoy intranquilo en todo momento, hasta cuando duermo. ¡Tengo que salir cada noche al jardín y contemplar el cielo inmenso para relajarme, doctor.

-Comprendo… pero, ¿ha visto a los que le vigilan alguna vez?.

-No doctor, pero siento que me observan, ¿me estoy volviendo loco?

-Aún no. Usted no ha llegado a ese punto. Lo mejor será empezar un tratamiento siguiendo unas pautas: Tómese manzanilla por las noches y respire hondo cuando se sienta observado.

-Gracias doctor, tome lo que le debo de las consultas anteriores. Adiós, hasta la próxima.

Me fui de la consulta y seguí las pautas que me había nombrado.

Así me sentí mejor, pero por poco tiempo.

Inicio de novela: El honor de Oblonski

Todas las familias dichosas se parecen, y las desgraciadas, lo son cada una a su manera. En el hogar de los Oblonski se había roto la armonía.

Un día Pedro Oblonski llegó al trabajo, en el cual se encuentra ante la situación más temida de un administrador, el día en el que se te acaba el contrato, el momento en el que has pasado de ser el empleado del mes a ser vendedor de periódicos. Pedro pensaba en su mayor preocupación, que era cómo iba a alimentar a su familia. Aún no se sabe por qué, si por lástima, pena o miedo, Pedro se lo ocultó a su familia.

Pedro pensaba en que tarde o temprano se iban a dar cuenta de que faltaba el dinero y no podrían seguir  viviendo en su piso, comiendo, incluso pagar el colegio a sus hijos, y ese día llegó, el 13 de abril, era el día del ” Trabajo con papa”. Los niños llegaron muy contentos del colegio, al entrar por la puerta Ana Oblonski le dijo a su madre, Teresa Oblonski, que sus amigos se reían del trabajo de su padre porque decían que ese trabajo no era digno para una familia como esa, entonces Teresa le contestó:

-Pues diles a  tus amigos, que tu padre trabaja muy duro por sacar a la familia adelante, cosa que los suyos no hacen, y que mañana cuando vayan a la oficina de tu padre, se van a quedar boquiabiertos.

Pedro al oír eso, se quedó paralizado, intentando que su familia siguiera sintiéndose orgullosa de él, aún sabiendo que ahora es vendedor de periódicos.

Inicio de novela: Jessi Cramer y la reliquia perdida

De todas las aventuras que he ido recopilando la que viene a continuación sin duda es la mejor de todas:

Yo me encontraba en la isla griega de Creta en un templo llamado San Francis Foley. Buscaba una reliquia muy valiosa, fue un regalo que le hizo Zeus a su hijo Hércules: le regalo un caballo alado llamado Pegaso y una pequeña estatua del caballo. Eso es lo que estoy buscando: la pequeña estatua, de un valor incalculable.

caballo pegaso en madera escultura en madera madera tallado

Ya en el templo buscaba una entrada a unos pasadizos secretos. La sala estaba llena de columnas donde me subía constantemente por si había alguna puerta secreta, pero al fin después de varias horas rebuscando encontré la entrada al final de un estrecho pasillo y unas escaleras descendentes se escondían detrás.

Bajaba y parecía que las escaleras eran interminables, al fin un pasillo con cuatro puertas se encontraba a la bajada de las escaleras, en una ponía Zeus, en la otra Atlas, Damocles en la siguiente y en la última Thor, lo ponía todo en griego. Decidí entrar en la sala de Zeus, pero la puerta tenía un candado, así que saqué mi pistola y le disparé. El candado cayó y a continuación pegué una patada a la puerta y se abrió, entre muy despacio… la puerta se cerró de golpe, pero seguí adelante. Entré en una sala cuadrada donde al final había una puerta, me dirigí hasta ella andando y de pronto… un rayo eléctrico cayó del techo y por poco me alcanza, pero le conseguí esquivar. Intenté pasar la habitación con esfuerzo y lo conseguí. Después abrí la puerta y una llave se escondía detrás de ella, la cogí y me fui por otra puerta que había detrás de la llave y aparecí en el mismo pasillo principal.

Decidí entrar en la puerta de Damocles, pero esta no tenía candado, así que pude entrar. Cuando lo hice, un montón de espadas colgaban del techo por un fino pelo, parecía que al mínimo paso se caería alguno. Anduve hasta la puerta esquivando las espadas que caían, y una me rozó el brazo haciéndome una pequeña herida. Cogí la llave y salí corriendo. Y de nuevo aparecí en el pasillo principal.

Entré en la siguiente sala, la de Thor, unos martillos gigantes custodiaban la siguiente llave. Cada paso que daba un martillo caía y al final pude coger la llave sin que ni un solo martillo me rozara, después salí corriendo.

De nuevo en el pasillo principal entré a la sala de Atlas, tampoco tenía candado. Cuando entré vi a una estatua de un hombre con una gran bola del mundo alzada en sus manos y una llave a sus pies pero no había trampa alguna así que decidí cogerla. Cuando lo hice la gran bola de repente cayó y me perseguía, yo corría mientras la disparaba… seguía corriendo y salté al vacío de una puerta donde la bola no podía entrar, pero la bola rompió la puerta y seguí corriendo todo lo que pude, salté de nuevo y caí en una piscina…

En la piscina el agua cristalina me permitía ver algo debajo de mis pies: eran cocodrilos. Salí del agua corriendo y empecé a disparar, el agua no afectó por suerte a mi pistola y los pude matar. Seguí andando y llegué a una puerta con cuatro cerraduras, y metí las cuatro llaves y la puerta se abrió… allí estaba la reliquia el caballo alado, lo había conseguido. Conseguí salir del templo con la reliquia y esta es mi aventura.

 

Inicio de novela: Año 1996

Yo tenía una granja en África a los pies de las colinas de Ngong. Era un lugar tranquilo y sin problemas, pero esa tranquilidad desapareció tras recibir una serie de llamadas de un número desconocido en las que se me pedía una suma muy elevada de dinero o mi granja. Lo extraño es que en las llamadas nunca se me especificaba un motivo por el que debiera pagarles, así que un poco asustado decidí ignorar el tema de las llamadas. Pero durante ese año seguí recibiendo extrañas llamadas. Me planteé seriamente el llamar a la policía, pero no creo que pudieran servirme de ayuda, ya que en mi país no hay mucho dinero ni expertos en localizar llamadas. Decidí llamar, pero me di cuenta de la hora que era y pensé en llamar a la mañana siguiente para no preocuparlos a esas horas y me fui al dormitorio. Ya estaba metiendo los pies en la cama cuando de repente oí como la puerta de la entrada caía al suelo seguida de un par de voces gritando diciéndome que saliera de donde estaba. Lo único que recuerdo es la imagen de un hombre con un pasamontañas pegándome un golpe en la cabeza con la culata de una metralleta. Creo que pasó un día hasta que me desperté en aquella oscura habitación en la que aquel mismo hombre amenazaba con matarme a mí y a mi familia si no le daba el dinero o mi granja. Yo me resistí, pues vivía de la granja y sin dinero tampoco podría pagar los gastos que suponía tenerla. Cuando le dije que no se lo daría se quitó el pasamontañas, supongo que ya no le importaba que yo supiera quién era él…

El detective Jerome Calm

En una ciudad muy lejana llamada Marsella había un detective llamado Jerome Calm, que era una persona en la que nadie confiaba.Un día una persona estaba en peligro, porque estaba a punto de caerse de un balcón. Justo cuando la persona estaba a punto de caerse apareció Jerome Calm dispuesto a rescatar a la mujer de ese disgusto que la dió cuando un amigo de su hijo la quiso matar, porque no le pagaba los servicios que le hacía. Minutos después la rescató, y le dijo que se había resbalado porque en el suelo, había como una especie de líquido que hacía resbalar a cualquier persona que pasara por aquel lugar. Jerome Calm fue uno de los mejores detectives que pasaron por aquella ciudad.

El sospechoso nunca muere…

   En una pequeña ciudad del norte, reinaba el pánico. Un pánico que atemorizaba a los habitantes de la región. En los últimos 2 meses habían sucedido más de 13 muertes. Todos los asesinatos resultaban suicidios, pero siempre se demostraba que a esas personas indefensas las habían matado lenta y dolorosamente. Todos los crímenes tenían falsas pistas, como si quisieran que la gente supiera que habían muerto y que la guerra no acababa.

   Se habían contratado detectives para que resolvieran el caso, cosa que los policías no lograron.  Las familias cada día estaban más asustadas. No querían salir de casa, no se veían con fuerzas.  La mayoría de los asesinatos que se había producido eran de adolescentes que terminaban con ropa desgarrada y tiradas en las esquinas ensangrentadas. En esas esquinas donde vivían los vagabundos y drogadictos. Al principio los principales sospechosos eran ellos, pero siempre tenían la misma anécdota:  Cuando llegaba la media noche, oían ruidos, veían sombras y podían escuchar varios gritos durante la noche. Otra gente decía que eso era normal, porque en aquellas calles y avenidas- que cuando el cielo oscurece se convierten en bares de copas y lugares tétricos- suele reinar la oscuridad y siempre termina habiendo peleas y discusiones. Lo curioso es que por la mañana era allí donde yacían los cuerpos  llenos de moratones y sin vida.

   Sin embargo, había una joven con una familia muy poco adinerada, tenían escasez de dinero y ella se ganaba la vida trabajando en un bar de noche. Hacía lo imposible para sacar adelante a su familia. Una noche en la que esa joven salía del trabajo, una noche de madrugada,  empezó a oir extraños ruidos, silbidos, temía lo peor. Anduvo un par de calles más allá y cuando pensó haberse deshecho de las sombras que la perseguían, cruzó una esquina y unos ojos verdes salieron de la nada. Aterrorizada pensó que lo mejor sería ir a la policía ya que ellos sabrían protegerla. Al fin y al cabo solo estaba a dos manzanas del lugar en el que se encontraba. Corrió unos metros, pero a causa de los nervios que la traicionaron tomó una dirección equivocada. Se metió en un callejón sin salida pero no se había dado cuenta, ella seguía corriendo desesperadamente. De pronto, cayó al suelo, se había chocado con algo, no era una pared ni una puerta ni siquiera una simple valla. Giró la cabeza para descubrir qué era lo que le había dado un fuerte golpe. En la espesura de la noche se distinguía a un hombre. Era una hombre sospechoso, mayor, pero a la vez parecía joven. Tenía el pelo negro y una risa misteriosa pero aparentemente encantadora. Engañaba a la gente. La preguntó si se había hecho daño, la pobre joven negó con la cabeza. Y la llevó a un apartamento.

   Allí estuvo la última noche de su vida. Encerrada y torturada por un sospechoso hombre que nunca dio la cara y que siguió comentiendo crímenes a lo largo de los años.

EL MISTERIO DEL COCINERO

Era por la mañana y acababan de empezar las vacaciones de verano. Sam estaba de viaje en París. Le gustaba mucho viajar y en sus ratos libres hacía de detective. Pero esta vez no. Quería pasar unos días tranquilos. Aquel día había decidido ir a ver la ciudad. Estuvo toda la mañana paseando y por la tarde llegó a la Torre Eiffel. Sam subió al ascensor, y cuando llegó arriba se llevó una sorpresa.

– ¡Pepe!, ¿Qué haces aquí?

Pepe era un viejo amigo de Sam y no se habían visto desde hace mucho tiempo. Los dos amigos estuvieron charlando todo el día y cuando se hizo de noche fueron juntos al hotel donde iban a pasar unos días, que por casualidad era el mismo. Raúl, un encargado del hotel, les recibió y después de cenar se fueron los dos a dormir. Más o menos a media noche un grito despertó a Sam. Este llamó a Pepe y los dos fueron corriendo al restaurante, que era de donde venía el ruido. Cuando llegaron allí los dos tuvieron un escalofrío. El suelo estaba lleno de sangre, los cubiertos estaban rotos y uno de los cocineros estaba tirado en el suelo.

-¡Está muerto!- gritó Sam.

En ese momento Raúl entró en el restaurante y vio el cadáver.

-¿Qué ha pasado?- preguntó.

-No lo sé, pero vamos a tener que investigar.- dijo Sam.

Pepe miró a Raúl y dijo:

– ¿Usted sabe si alguien estaba enfadado con el?

-No tengo ni idea- contestó Raúl- pero ahora tengo que irme.

Cuando Raúl se fue, Sam vio algo que antes se le había escapado: Encima de una mesa había un papel. Era una etiqueta en la que se veía el logotipo de una tienda.

-Yo sé dónde está esa tienda- dijo Pepe.- Fuera quien fuera el asesino debió de comprar algo allí.

Los dos amigos esperaron a que se hiciera de día y fueron a investigar a la tienda. Una vez allí la vendedora les saludó y Sam le dijo:

-¿Ha venido aquí alguien sospechoso los últimos días?

-Sí -contestó ella- ayer vino un tipo bastante misterioso y compró un traje y una máscara.

-¿Qué hizo después de comprar?

-Se fue por allí.- La dependienta apuntó con el dedo a un callejón que se veía por la ventana. Sam y Pepe se despidieron de ella y caminaron hacia el callejón. Cuando llegaron allí se dieron cuenta de que estaba todo mojado y olía a basura. De repente Pepe dio un grito y señaló algo. Una silueta estaba corriendo e intentaba escapar de ellos. Los dos echaron a correr detrás de él hasta que se tropezó y cayó al suelo. Sam le miró a la cara y vio que no era nadie conocido. De pronto notó un olor que le parecía familiar. Era el olor que había en el hotel. Además tenía manchas de sangre.

– ¡Tú has estado en el hotel de la esquina! ¡Tú eres el asesino!- gritó Pepe.

Sam cogió un palo y le amenazó.

-¡Vale, vale!- chilló el asesino.- Fui yo, me contrataron para que lo hiciera.

-¿Quién fue?

-No lo sé, me habló por teléfono y luego me mandó esta carta.

El asesino le dio la carta a Sam. Estaba escrita a mano y decía: “Recoge tu dinero en el almacén cerca de tu casa.”

-Deberíamos ir allí.- comentó Sam.

– Sí, pero antes llevaremos a este a la policía. – dijo Pepe.

Después de poner en su sitio al asesino los dos amigos volvieron al hotel. Sam Fue a hablar con Raúl pero se dio cuenta de que no estaba. Había dejado una nota en la que ponía: “He ido a hacer unos recados”. Sam sacó la nota del asesino para volver a leerla, y se quedó de piedra al ver que la letra de las dos notas era la misma. No tuvo tiempo de decir nada, ya que en la tele que había allí sonó la voz de un reportero diciendo que habían robado un banco. Inmediatamente, Pepe y Sam se escondieron en su habitación.

-¿Crees que Raúl es el culpable?- preguntó Pepe asombrado.

– Eso parece.- dijo Sam.- Tenemos que avisar a la policía, y rápido.

Los dos llamaron a la policía y planearon lo que iban a hacer. Muchos agentes de policía se escondieron en el hotel.

Al día siguiente Sam llevó la nota del asesino hasta donde estaba Raúl y le dijo:

– No la habrás escrito tú, ¿verdad?

Raul miró a los lados y vio que no había nadie. Entonces soltó una carcajada y sacó un cuchillo. Pero en ese momento los agentes de policía salieron de su escondite y le rodearon. Raúl no tuvo más remedio que explicarse.

– Llevo meses planeando el robo al banco, pero ese cocinero asqueroso me estaba espiando. Por eso contraté al asesino.

Un rato más tarde Raúl estaba subiendo al coche de policía gritando insultos que prefiero no decir.

-Ha salido Bien, ¿no?- dijo Pepe.

-Sí.- contestó Sam.- Pero nos hemos quedado sin vacaciones.

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