Leyenda de terror: Desapariciones a medianoche.

Una tarde, María y Juan estaban realizando un trabajo para la escuela en el que tenían que preguntar a personas mayores sobre misterios del lugar donde ellos residían.

María, que era una joven simpática y risueña, conocía a muchas personas a las que preguntar sobre algún misterio. La muchacha, en compañía de Juan, decidió ir a preguntar a la casa de la ‘Vieja Rita’, así conocida en el pueblo. Esta le contó la famosa leyenda del bosque de Rados, ubicado al lado de la casa de la joven. Según cuenta la leyenda, cada 50 años una joven muchacha que se adentra en el bosque desaparece justo a medianoche y no se vuelve a saber nada de ella.

María, tras escuchar la historia, sintió una inmensa curiosidad por saber más sobre aquel lugar y convenció a Juan para ir a investigarlo, para poder, según ella decía, obtener una muy buena nota en el trabajo de investigación.

Los dos jóvenes se encontraron el el viejo parque abandonado, cerca de la iglesia, a las diez y media de la noche. María llevaba un bloc de notas para apuntar los detalles de la investigación. Media hora después, se adentraron el el bosque; el lugar estaba lleno de matorrales. Se podía contemplar a simple vista que hacía años que nadie se acercaba hasta allí. María, que era una joven muy curiosa, adelantó a Juan, porque  este andaba muy despacio y con precaución. Ella se adentró en el bosque hasta que Juan la perdió de vista.

El muchacho sentía un horrible temor; estaba solo en medio de la nada y María se había ido por su cuenta.  María atravesó el bosque sin dificultad y se encontró en un descampado. Miró al suelo y encontró una serie de huellas en el barro: decidió seguirlas. Juan no se movió de aquel lugar; sentía demasiado miedo como para hacerlo. Se oía el ulular de las libélulas y el susurrar del viento. Tras un rato de soledad, Juan decidió ir en busca de su amiga. Atravesó el bosque y, de lejos, vio una sombra que, al parecer , era la de la joven. Se acercó a ella, pero, unos pasos antes de llegar, todo se oscureció (hasta el punto de que él no podía ver nada de lo que sucedía a su alrededor); le temblaban las piernas, no sabía lo que podía estar ocurriendo. Tras unos segundos de temor, la sombra que había acechado el lugar desapareció y Juan pudo apreciar que la muchacha ya no se encontraba a su lado, la había perdido. Él miró la hora: eran las doce y un minuto. Sintió un latido muy fuerte  en su corazón; creía saber lo que estaba pasando: pudo comprender que la vieja leyenda contada por la anciana debía de ser cierta. Juan, tras asimilar la situación, comprendió que debía huir del lugar.

Una hora después, el joven se encontraba ya en su casa. Contó a su familia lo ocurrido y esta llamó a la policía local.

Al día siguiente, el bosque y sus alrededores se encontraban vallados debido a la inspección realizada en busca de María. Pasaron años sin que nadie supiera nada de la muchacha: todos comprendieron que la historia contada por la anciana dejaba de ser una leyenda para convertirse en una realidad.

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Historia de Terror.

En un pueblo desconocido, vivían pocas personas, una de ellas era el dueño de una casa que estaba maldita. Una familia decidió alquilar la casa un verano, para pasar unos días tranquilos, pero no fue así.

El señor de la casa tenía pensado convencerles para que compraran la casa, porque él quería deshacerse de ella. La familia pasó unos días pensándoselo, y al final la compraron.

Un día estaban durmiendo y, como tenían un niño pequeño, tenían una cámara que le podían ver al niño desde su habitación. Estaban acostados cuando oyeron unas voces en el visor de la cámara. Fueron corriendo a ver que era, y se encontraron al niño llorando.

Al día siguiente, por la mañana, hablaron de lo que había pasado la noche anterior. La chica quería irse de allí pero el chico le dijo que se quedaran esa noche a ver que pasaba.

Decidieron ir al parque para dar un paseo y que el niño jugara. Dejaron al niño en los columpios, mientras que ellos hablaban sentados en un banco. A los pocos minutos de llegar al parque, el niño desapareció. Le buscaron por todas partes pero no le encontraban. Fueron a la policía y la policía se puso a buscarlo.

Estaban muy nerviosos, pensaban dónde se podría haber ido, pero no se les ocurría nada. A las 4 semanas les llegó una carta anónima pidiendo dinero por el niño.

La mujer, en cuando vio la carta, estaba decidida a pagar lo que fuese por encontrar a su hijo, pero él se negaba, quería saber quién había secuestrado a su hijo. Esa noche no pegaron ojo, se pasaron toda la noche pensando en pagar o no pagar.

Se levantaron a la mañana siguiente y estuvieron hablando hasta que llegaron a la conclusión de pagar. Cuando iban a salir por la puerta, tenían otra carta de los secuestradores diciendo dónde y cuándo tenían que dejar el dinero. Esa carta se la dieron a la policía para saber si podrían hacer algo.

La policía les dijo que iban a pagar, pero que irían con uno de los policías, para ver si descubrian al secuestrador.

A la mañana siguiente, fueron a sacar el dinero para pagarles. Dejaron el dinero donde les mandaron, la policía estaba muy atenta. Se quedaron allí toda la mañana hasta que vieron a su hijo sentado en un banco con algunos arañazos en los brazos y en las muñecas. El niño no se acordaba de nada, y la policía no puedo hacer nada.

Al dia siguiente salió la noticia por la tele y desde ese día ese pueblo se quedó sin habitantes.

Leyenda de terror: El laberinto

Un día, el grupo con el que iba, nos íbamos de acampada, al cementerio. Estaba desierto, pero en cuanto entramos pusimos música. Yo, que soy muy curiosa, entré a la iglesia chiquitina que había allí. Estaba desierto y oscuro pero no estaba sola, me acompañó Almudena. De repente, las velas se encendieron y alguien apareció también, yo pregunté quién era pero no respondía. Al ver que no respondía, me acerqué y le toqué:

“¡Qué susto!”

Solo era el perchero con la túnica. En la mesa había un montón de papeles y un libro que resaltaba más que aquel monton de papeles. En ese momento vimos por primera vez al gnomo, el cura. Nos dijo que no lo tocaramos que nos traería problemas. Nos dijo que cerraramos los ojos. Los cerramos y, al rato, los abrimos, vimos que estabamos en una especie de laberinto. Le dije a Almudena que moriríamos, porque no teníamos cobijo, ni agua, ni nada de nada. Me dijo que no perdiera las esperanzas, miramos al frente y comenzamos a andar. No sabíamos qué es lo que nos pasaría pero sí sabía que no ibamos a morir, teníamos que seguir  adelante. Más adelante estaba un gran animal, no sé ni cómo describirle, tenía alas de dragón, cuerpo de toro, y unas enormes patas de elefante. Allí estaba la salida pero nunca podríamos pasar, nos mataría. Almudena me dijo si no lo intentas nunca lo sabrás. Fuimos y nos pusimos delante de él, estaba enfadado y solo quería matar, casí nos mata cuando creíamos que lo habíamops perdido todo, hasta que aparecieron todos nuestros amigos y lo conseguimos vencer.

Cuando llegamos al final me dijo el gnomo que nos concedería un deseo y pedimos que estuviéramos en nuestras casas.

Leyenda de terror: “La mansión de los gatos”

Todo comenzó un triste día de noviembre de 1996, en el que sólo dos niñas andaban por la calle. Una era alta y tenía el pelo castaño, se llamaba Yara. La otra era rubia y baja y se llamaba Miranda. Ellas caminaban por la calle cuando vieron la luz encendida y la verja abierta  de “La casa de los gatos”. Esa mansión era siniestra, no tenía ni una flor y estaba deshabitada desde hacía muchos años. En ese instante cometieron el mayor error de su vida: el entrar.

En cuanto pisaron el primer tablón de madera, chirrío y la puerta se cerró haciendo un agudo ruido. Decidieron avanzar hasta la habitación de donde provenía la luz. En ese instante empezó a llover.

Miraron en la habitación y solo vieron la luz grisacea de la televisión, sin señal. En ese instante cayó un rayo y se iluminó la silueta de una niña. Esa niña hizo un lento movimiento de cabeza y se rió con una voz aguda. Las niñas salieron corriendo y al fijarse otra vez en la casa vieron que había desaparecido la luz. Al día siguiente decidieron ir a ver al anciano más viejo del pueblo, más conocido como ” el Abuelo”.

Les contó que, hacía muchos años, una pareja compró esa mansión. Él era médico. Juntos tuvieron una hija: Se llamaba Tina Stiven. Una noche estaba en el sótano cuando encontró un pozo. Decidió explorarlo con una cuerda pero no era muy resistente así que cayó dentro de él. Con el tiempo enfermaron y murieron. Desde aquella vez no se supo más de esa casa.

Al día siguiente decidieron volver a ir y explorar a la casa en busca de cosas paranormales. Fueron a la habitación en la que la noche anterior vieron a la supuesta Tina, y no había rastro de nada. Fueron al sótano a ver el supuesto pozo y era verdad lo que contó “el Abuelo”: Había un pozo. En ese instante se cerró la puerta y sonó una voz que decía:

-¿ Qué hacéis aquí?

-¡Fuera!

Se empezó a mover la tapa en la que ponía el nombre de Tina Stiven, fallecida en el 1928.

Intrentaron salir de la mansión pero no había salida. Todo estaba poseido por Tina Stiven.

Nosotras le preguntamos:

-¿Qué quieres de nosotras?

– A vosotras- respondió.

No os conte toda la historia, yo tambien estaba aquí cuando ella murió y no se cayó sola sino que yo la tiré. Yo no tenía amigos y ella se ofreció a ser mi amiga pero me dejó tirado, como todos. Así que fuí a su casa a hablar y cuando no me vieron la tiré a el pozo.

De repente se apagó la luz e imagínate lo que pasó…

Dicen que si te encierras en un sótano y dices Tina, Tina, Tina. Te pasará lo mismo que a ellas.

LOS DRAGONES ASESINOS

Se comenta que en Santoña hubo un dragón de dos cabezas llamado “The deaht”. Se comía a los niños que subían al monte Buciero de excursión o de paseo, además era carnívoro y no le gustaban alegres, sino las aterrorizadas. Así que un día que hacía un temporal horroroso, le escribió una carta a su amigo dragón llamado “The killer”, que estaba durmiendo le escribió:

HE IDO A ASUSTAR

A UNOS NIÑOS PARA

CENAR CARNE.

Cuando se despertó el amigo, leyó la carta y se fué a la calle Rentería Reyes porque él sabía que su amigo iba siempre allí a asustar o a comer al instante. Hasta que un día, un hombre joven de unos… 32 años metió 20 kilos de dinamita a la cueva y los mató justamente un segundo antes de comer a su hijo Berni, sescuetrado 2 horas antes.

Leyenda de terror

Había una vez una niña que todos se pensaban que era no era mala pero en realidad era mala,  tímida, fea, con granos, tenía mal caracter. Ella vestía muy mal, con cosas viejas.

Maura mataba niños a escondidas del pueblo. El pueblo húmedo, en el norte, pequeño.

Hasta que un día, la niña cuando estaba en el bosque apareció un señor por allí y ella no le vio pero él a ella sí. Entonces él fue al pueblo y  lo contó.

Al día siguiente llamaron a su puerta y como no contestaba subieron y se le encontraron muerto.

Luego, días más tarde todos tenían miedo de qué les sucedería, entonces quedaron y 4 chicos en el bosque  vieron a Maura comerse a los niños y lo contaron.

Cada vez que bajaba Maura al pueblo todos se metían en casa, y hubo un chico que llamo a la policía y la metieron a la cárcel.

Una noche tenebrosa

Había una vez en el cementerio de Monsterdrain fui en compañía de unos  amigos, llamados Ale, Lazoro y Alexander. Estaba la noche nublosa, relampagueaba, las cadenas de las verjas estaban sonando de manera estruendosa y amenazaba con llover. La luna  era llena,  pero apenas se veía y su luz era muy tenue. A Ale le temblaban los pies, a Lazaro le  triscaban los dientes y a Alexander le temblaban las manos.

Los cuatros  estabamos muy  aterrados. Teníamos miedo de que saliera un zombi  que nos comiera el cerebro. Cuando fuimos a ver una lápida decía que el 30 de mayo a las doce y media iba a salir un zombi de esa tumba. Así fue, y cuando ese zombi salió nos echamos a correr aterrorizados.

Ale tropezó con una gran piedra y se hizo una herida en la rodilla, que le sangraba, tuvimos que regresar al sitio para ayudarle. Entre yo y Lazaro lo cargamos, por suerte no pesaba mucho, era muy delgado pero nos costaba el andar y decidimos llevarlo entre todos y buscar rapidamente un refugio. Logramos perder al zombi por un tiempo suficiente para curar a Ale. Cuando le curamos, salimos y vimos un castillo y decidimos entrar a inspeccionarlo. Cuando el zombi nos vio entrar,  nos encerró y  llamó a sus secuaces para conquistar la Ciudad de Monsterdrain. Logramos escapar y detenerles un poco, pero no conseguíamos matarlos a todos porque eran muchos.

Un científico llamado Antón descubrió una formula para matarles. Desde entonces no se abrió más ese cementerio, porque podría volver a suceder lo mismo.

La leyenda de la niebla

Hace mucho tiempo, en la aldea de Enkinter, un campesino, para cruzar de ciudad en ciudad, tenía que pasar por una niebla siniestra. La gente que cruzaba no volvía a salir. Era blanca, muy espesa y tenía unos ojos rojos.

La leyenda decía que una bruja maldijo a esa aldea llamada Enkinter porque habían quemado a la hermana de la bruja. Entonces la bruja se enfadó tanto que para provocar la mismas sensaciones que ella padeció, les maldijo echándoles la niebla para quitarles a sus hijos. Cuando la niebla terminó el trabajo, se dedicó a vagar alrededor del pueblo para siempre.                                         

Historia de terror: ¿Quieres poner la tele?

El sol comenzó a brillar en el horizonte. En una mañana de verano como otra cualquiera, Daniel se levantó.

-¡Mamá! ¿me has preparado el desayuno?
Nadie contestaba.
-¡Mamá!- gritó más fuerte, y lo repitió, pero no daba resultado.

Bajó por las escaleras, a cada crujido, el corazón le latía más y más fuerte. Estaba oscuro, las ventanas estaban selladas. En la mesita, había una nota.

“Estás encerrado

no hay escapatoria

enciende el televisor

y sigue las órdenes”.
Estupefacto se quedó con la nota.
-¡Mamá!- termina la bromita.
No había respuesta. Encendió el televisor.
-Buenos días, Dani – la voz salía del televisor.
-¿Qué quieres? – preguntó aterrorizado.
-Necesitaras en destornillador para escapar. Hay uno en el sótano.
Dani abrió la puerta, hacía un calor terrible dentro. Consiguió un destornillador y volvió.
-Bien, veo que tienes quemaduras.
– ¿Algo más? – dijo llorando.
– En el agujero de la cocina hay un martillo.
Dani se dirigió a la cocina, metió la mano y se cortó, pero sacó el martillo. Dani salió de casa corriendo y tropezó, se fracturo el tobillo. Se arrastró. Estaba agonizando, muchas sombra pasearon por delante, tenía alucinaciones…

El sol comenzó a brillar, Dani se despertó sudado. Había sido una pesadilla.
-¡Mamá! ¿el desayuno esta hecho?
– Si, cariño.
– Hijo, ¿quieres poner la tele?
– No…no me apetece.

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