Leyenda y miedo

En Argoños, se cuenta que una chica llamada Marta murió asesinada por su novio Lorenzo. Cada cinco años la chica muerta mandaba una carta a un familiar del novio que la mató proponiéndole un reto: si lo superaba, le dejaba vivir pero iba a por otro familiar y si la fallaba le tiraba cuchillos hasta matarle.

La abuela murió en el instituto, les  dijo a sus amigas que si dices “drábala” tres veces haciendo el pino delante de un cristo desaparecías y sus amigos no se lo creyeron, fue al baño y lo hizo. De repente desapareció y cada vez que entran al baño el cristo está de una forma diferente.

 

Cuento de terror: 28 de Diciembre

Carlos salía del colegio como de costumbre y se encontró que la carretera estaba cortada, por ello decidió ir por un callejon oscuro. Allí vio a un hombre al que no se le distingia bien la cara, pero una cosa estaba clara:  estaba matando a otro hombre.

Carlos corrió en busca de un policía pero este no le creyó, así que se propusó encontrar al asesino. Carlos volvió al lugar de los hechos, a  aquel callejon oscuro donde encontró un símbolo: se trataba de una rosa negra, como si el asesino quiisera dejar marca de su asesinato.

Carlos se puso en contacto con la policía y autoridades pero nadie le creía. Normal, tenía 9 años. Carlos profundizaba en el asunto y cada vez estaba más cerca del asesino cuando presenció que su vecino, el señor Oliver,salió de su casa con una bolsa de basura que olía francamente mal. Este le preguntó que qué era lo que llevaba en la bolsa y él le contestó de malas maneras que no le importaba. Su comportamiento no era normal, estaba a la defensiva. Esa misma noche soñó lo que días anteriores había ocurrido: el hombre matando a aquel señor.Y entre sollozos y sudores se levantó.

Aquella mañana mientras Carlos desayunaba llegó un paquete que era para Carlos, se le llevó a su habitación y le abrió. En él había una nota que ponía “a las 6 en el callejón, sé la verdad”. A las 6 en punto, Carlos estaba en el callejón, se oían pasos cada vez mas cerca, tenía bastante miedo. Un señor apareció como de la nada y le dijo a Carlos con voz grave:

-Eres muy inocente.

Sus amigos aparecieron allí, Carlos estaba confuso.

-¡¡FELIZ DÍA DE LOS INOCENTES, Carlos, has picado!!

Era 28 de Diciembre y sus amigos le habían gastado una broma que jamás olvidaría. Carlos estaba enfadado pero enseguida se le pasaría. Y pensar que este misterio se iba a resolver…

Día de terror

Todo empezó una día de primavera, cuando el sol  ya había salido. Ese día parecía como todos los demás, con su calor propio de esas fechas, con una madre gritándote que no se te olvide el bocadillo del instituto y una hermana pesada que no deja de incordiar. Las 8 campanadas de la iglesia ya habían sonado y era sinónimo de que tenía que irme al instituto.

Al llegar a la parada del instituto, observé que nadie había llegado. Esperé al menos 10 minutos pero ni rastro del autobús ni de las personas que había a menudo para recogerlo. Volví a casa para decirle a mi madre que me bajara al instituto.

Mi madre me bajó rápido, para no llegar tarde a clase. Al llegar a la 1º clase (lengua) observé que  estaba vacía. Decidí preguntar a la conserje dónde estaban los demás. Ella me dijo que estaban en el aula 4 viendo una película.

Cuando fui al aula 4 todos los alumnos me miraban con cara rara por llegar tarde. Rápidamente avisté una silla vacía al fondo y decidí sentarme en aquella silla. Cuando aún no había llegado a la silla me choqué con un compañero. El choque no fue muy duro pero sonó muy fuerte. Parecía que la cabeza de mi compañero fuera de metal. Le toqué la mano y como yo sospechaba era de metal. Minutos más tarde me di cuenta de que todos mis compañeros eran de metal. No me lo podía creer. Estaba asustado y desconcertado. Mis compañeros me preguntaron qué me pasaba y yo les decía “¿qué os pasa a vosotros?”. Minutos más tarde, me di cuenta de que todas las personas del instituto eran robots. Encontré en el móvil un mensaje en el que ponía que la única manera de salvarles era dándoles un trozo de alquitrán.

Al poco rato ya estaba con  un pico y una pala en la carretera. Empecé a picar y a dárselo a todos los alumnos. Dos horas más tarde, cuando todos mis compañeros ya habían comido un trozo de alquitrán, sufrieron transformaciones increíbles hasta volver a su estado natural.

Leyenda de terror: El instituto fantasmal

Esta noche, me he desvelado, no puedo dormir, siento que algo va a ir mal, una catástrofe se avecina. Tengo sudores, picores, mi nivel de ansias es máximo.
Siento mareo, siento dolor de cabeza, tengo mucho frío…

Ese mismo día a la misma mañana, me desperté, había conseguido dormir unas horas. Me preparé la mochila para ir al instituto, desayuné un par de galletas con leche y un zumo de guayaba con arándanos.
Llegué al instituto, no había nadie, estaba vacío, oscuro y con un aire tan fresco que se me congeló la sangre.

De repente, oí ruidos por la parte de arriba, y fui a investigar.
Al fondo del pasillo, se oyen llantos de una niña, tan fuertes que mis oídos me pitaban.
La niña, era rubia y de ojos verdes, de poco más de metro treinta, y que llevaba en sus manos un oso de peluche viejo.

Le pregunté, muy asustado:

-¿Quién eres? ¡¿Qué haces aquí?!

Y me dijo:

-Soy la hija de los antiguos dueños de este terreno, vivo debajo del instituto, me enterró mi padre aquí de pequeña sin querer, nunca se dio cuenta.
Se me perdió este oso de peluche que ves ahora mismo así que lo estuve buscando. Lo encontré en el cementerio de la familia, que antes estaba aquí justo, encima del instituto, que pertenecía a mis tierras.

La imagen de la niña se desvaneció por completo, y por las paredes empezaron a salir manchas, formando palabras, y palabras formando frases.

La frase que mas cerca tenía decía: siempre que oigas un ruido, algo a un familiar tuyo le pasará, sufrirás como yo he sufrido.

De repente aparecí en mi habitación, como si nada hubiera pasado, todo fue un sueño.
Aunque, lo mas extraño de esto, me siento mal, mis padres han muerto…

 

La Leyenda

Los más jóvenes se alejaban de la hoguera , mientras que los más intrépidos y menos miedosos se acercaron

sin temer las antiguas y oscuras leyendas que recorrían la montaña.

Empezó el joven Hugo, contando la leyenda del oso… a escasas personas les gustó.

Después empezó Samuel, un joven católico, contando la leyenda de la monja desaparecida.

Esas dos leyendas no aterraron a nadie, solo a Eustaquio.

-¡Eres un cobarde Eustaquio, cuenta una leyenda !- Hablaba Gervasio, era el más grande del grupo y con diferencia, podía noquear a un hombre que le doblara en edad y tamaño.

Eustaquio se encontraba en un rincón, entre los dos bancos y el arado, se encontraba casi en posición fetal sin moverse y con la cabeza en bajo. Se sentía el más aislado del grupo.

-Solo me acuerdo de una… -masculló mientras que a la vez, inseguro, se acercaba a un banco cercano a la hoguera, levantó la cabeza y se dispuso a contar su leyenda,

      la leyenda…

Corría el año 1832, justo hace 20 años atrás, justo en estas montañas, ocurrió lo siguiente…

Evaristo, el hijo de un leñador de la zona venía a este mismo campamento en el que está Eustaquio, en el mismo banco, en la misma postura.

Los “amigos´´ de Evaristo siempre solían venir al campamento para contar leyendas contar leyendas, con tal de pasar el rato…

Evaristo no solía contar leyendas con ellos, él los veía desde la colina u oía sus voces dentro del bosque mientras que ayudaba a su padre.

Su padre Abundio está muy enfermo.

Abundio muere a la semana después. Pero… Evaristo ni se inmuta, a pesar de enterrar a su padre sigue trabajando en la leña.

Un día Evaristo coincidió con los jóvenes que solían venir, ellos ya se dieron cuenta de la muerte de Abundio, pero como ellos ya tenían padres… le insultaron.

Mientras que le insultaban  Evaristo siguió cortando leña como si estuviese sordo, sin escuchar los insultos, puede que fuese lo mejor que podía hacer, debido a que gran numero de ellos eran muy fuertes.

Tras una larga noche de insultos y amenazas y de piedras chocando con los cristales de la cabaña a uno de los jóvenes se le ocurrió profanar la tumba de Abundio.

Al amanecer Evaristo volvió a colocar los restos de su padre y decidió que ya era demasiado…

Eran las once de la noche y otra vez los jóvenes asistieron a la hoguera, tras unas leyendas Evaristo surgió de los arbustos tranquilo, igual que su forma de andar.

-¿Puedo contar una leyenda?-  tartamudeó Evaristo quieto.

-Si, como la… ¡Muerte de tu padre!- grito Pascual tras unas carcajadas de todo el grupo, menos Evaristo…

Evaristo se aproximó hacia los jóvenes y dijo…

-La leyenda… mi leyenda, trata sobre unos jóvenes, que solían reunirse en una hoguera del bosque cercana a una cabaña, habitada por un niño.

Un día los jóvenes profanaron el cadáver del padre, un día después… todos murieron…

Asustados, Pascual y sus amigos salieron corriendo hacia el bosque, pensando que Evaristo les mataría.

De forma extraña uno del grupo desapareció entren las sombras.

El rugido de un oso acechaba a uno de ellos, que murió al ser alcanzado por el oso, otro, se partió la columna en dos, mientras que uno estaba siendo desgarrado por el oso. Solo quedaba Pascual, y no dudaría mucho , tras un acantilado que apareció místicamente, un león apareció tras él Abundio, o por lo menos parecía él , estaba descompuesto y sostenía un hacha, entonces Abundio cargó todas sus fuerzas sobre el hacha y decapitó a Pascual mientras que gritaba. Parecía una pesadilla

Tras los gritos ensordecedores , los llantos y el caer de un hacha, solo se oía cómo la madera se quemaba en la hoguera, solo se veía a Evaristo mientras que miraba el núcleo del fuego, en la misma posición y en el mismo banco en el que estaba Eustaquio en aquél momento.

Gervasio y sus amigos retrocedieron rápidamente, y entonces solo quedó Eustaquio, de la misma forma en la que Evaristo se sentaba a observar, y entonces Eustaquio se quedó solo, con su leyenda,

          La leyenda…

La leyenda del niño ahogado

Por la mañana, un niño se levantó, y pensó que ese iba a ser su mejor día. El niño se llamaba Pedro, no era muy alto y tenía gafas azules y una cicatriz al lado de la nariz. Pedro se fue a desayunar y se le cayó la leche encima y dijo que eso era una pura coincidencia. Cuando ya estaba al lado del colegio, el cinturón se le rompió y se le cayeron los pantalones y coincidía que ese día se le había olvidado ponerse los calzoncillos y se fue corriendo a casa. Cuando volvió al colegio, ya se había perdido la primera clase y parte de la segunda. El profesor se rió de él y le sacó al pasillo. Poco después, le dejó pasar, le riñó mucho y se fue a casa con una amonestación.

En el recreo le esperaba lo peor del día porque lo niños del patio se pusieron a vacilarle y a insultarle; y por si eso fuera poco le hicieron el calzoncillo chino y Pedro se puso a llorar de dolor. El niño no se lo podía creer y, cuando se lo contó todo a su madre, le regañó por no haberse defendido y le castigó yendo a pescar con su abuelo, que para él era muy aburrido porque nunca conseguía pescar nada.

En el muelle se encontró con la chica que le gustaba, que se llamaba Marta, que era guapa, siempre iba a la moda y le gustaba mucho la marca de Giorgio Armani; vamos, una niña pija mal criada. Sus amigos se habían ido mucho de la lengua y le habían contado todo lo sucedido por la mañana. Al niño le dio vergüenza encontrarse con ella, así que no le dijo nada. El niño se sentó en el suelo con los pies colgados hacia el agua y tres horas después no había pescado ni un solo pez. Al cabo de un rato, los niños que le habían hecho el calzoncillo chino pasaron por allí pero el niño no se enteró y a los niños se les ocurrió tirarle al agua. Se acercaron con cuidado y le empujaron sin que él se diese cuenta. Una vez en el agua, Pedro les empezó a llamar todo tipo de insultos e incluso les amenazó. A Pedro se le estaba empezando a llevar la corriente y se empezó a asustar. Los niños, por miedo de haber cometido un delito de asesinato, se fueron corriendo, y el abuelo de Pedro no se estaba enterando de nada porque estaba en un bar esperando a que le sirvieran los batidos. Pedro vio a lo lejos un barco enorme que tenía toda la pinta de no haberlo visto, y así era, no le había visto. Pedro estaba pidiendo ayuda, pero nadie le oía y el barco terminó pasando por encima de él. A las dos semanas encontraron el cuerpo de Pedro, un poco destrozado, al que enterraron en el cementerio de al lado.

Un año más tarde, todos los niños que empujaron a Pedro al agua, quedaron para dormir una noche juntos. A media noche los niños se pusieron a contar historias de miedo, y cuando terminó el primero se escuchó un ruido en los arbustos. Todos se cagaron de miedo, menos el líder de la pandilla que se acercó a ver qué era ese ruido. Cuando estaba a punto de mover el matorral oyó una voz que decía: “SOCORRO, QUE ME AHOGO”, y de repente el líder ya no podía respirar, aguantó dos minutos pero después murió. A todos los demás les pasó lo mismo, así que no quedó ninguno vivo. Los expertos estudiaron el caso para saber qué había pasado, pero solo sabían lo básico: que se habían ahogado, y así es como empezó la leyenda del fantasma ahogado.

Un minuto entre la vida y la muerte

Hace unos años cuando volvía del parque y pasé por una de las casas en las que nunca había estado, oí unos ruidos de los cuales además de miedo me surgió curiosidad. Cuando llegué a casa le pregunté a mis padres. Tan solo lo sabía mi padre pero no me lo quiso contar, yo le dije y que iría a visitarla pero él me lo prohibió. Yo le hice caso, note que su voz era un tanto agresiva.

Al día siguiente volví a pasar por allí y de nuevo escuché los ruidos; eran ruidos como de cadenas y se oían sacudidas de sabanas o manteles; me paré un instante y de repente vi como si un cuerpo cayera de la parte superior de la casa, en ese instante eché a correr todo lo que pude y más.

Cuando llegué a casa le conté a mi padre lo que había visto y me contó la historia. Me dijo que en esa casa, hace 86 años, él amo murió en ella y nadie se dio cuenta hasta que pasaron unos meses pero cuando fueron a por el cadáver  no le encontraron; entonces dicen que el cuerpo  está ahí y que cada vez  que llega el mes en el que murió hace una especie de rebelión.

Yo no me creía la historia y mi padre me dijo que si no me lo creía lo iba a comprobar. A la tarde siguiente mi padre me obligo a ir con él y después de estar discutiendo un rato, cedí y le dije que sí.

Cuando llegamos a la casa me dijo que esperara un instante en el coche, mientras  él comprobaba que no había  peligro. Yo me quedé en el coche viendo como él entraba en la casa; tenía miedo de que le ocurriera algo y estaba nerviosa. Pasaron los segundos, los minutos, hasta que paso 1 hora; había anochecido y él no había vuelto, entonces empecé a oír los mismos ruidos de cadenas, sacudidas y una especie de gritos. En ese instante no sabia qué hacer, yo quería entrar pero tenía un miedo que me superaba, hasta que al final entré.
En la casa no había luz y estaba fría. Después de estar andando 10 minutos oí unos ruidos y fui hacía ellos; atravesé el pasillo hasta que llegue a una puerta de madera; y dejé de oír los ruidos.

Entonces oí la voz de mi padre al otro lado pidiendo ayuda. No sabia qué hacer, así que decidí dar media vuelta y salir a la calle a buscar ayuda… pero no encontré salida; las puertas se habían cerrado y no había ni un rayo de sol solamente un quinqué viejo; que me sirvió para volver al punto en el que estaba mi padre.
Yo sabía que nada bueno iba a ocurrir y que no conseguiría salir de allí  sin la ayuda de mi padre, pero claro ¿Cómo iba a conseguir ayudar a mi padre si estaba al otro lado de la puerta?

Después de 2 horas apoyada al otro lado de la puerta decidí preguntarle a mi padre cómo estaba… lo hacía cada 10 minutos pero esta vez no contesté; yo me desesperé y empecé a decirlo en alto “Papá, papá”  muchas veces pero no decía nada. De repente vi que un cuerpo se acercaba a mí. Venía de frente, yo me hice la dormida y vi cómo abría la puerta. Entonces vi cómo mi padre, que estaba al otro lado, caía al suelo; estaba inmóvil.
El cuerpo del extraño era esquelético y sus manos no tenían nada de piel, solo estaba cubierto por una túnica negra…
Se llevó a mi padre arrastrándole, vi como mi padre abrió los ojos  y me miro, me miro con cierta pena y ternura… yo les seguí hasta una habitación; me escondí detrás de un armario, esperando la ocasión para poder actuar y ayudar a mi padre, cuando vi que el extraño salía por la puerta y la cerró, yo fui rápidamente hacía mi padre, para intentar soltarle las cuerdas de las manos y los pies que el extraño le había atado. Entonces oí como el extraño se acercaba. Yo no podía soltar las cuerdas, entonces oí como abría la puerta lentamente… conseguí soltar las cuerdas pero era demasiado tarde el extraño cogió una espada y me intentó matar, cuando me arrinconó y estaba a punto de matarme; mi padre se interpuso entre la espada y yo… sus últimas palabras fueron “corre y no mires atrás”. Yo le hice caso y conseguí escapar. Si el extraño hubiera tardado un minuto más lo hubiéramos conseguido.

Desde ese día aprendí que nunca hay que no creer en nada. Pero aprendí demasiado tarde.

                                                                                                                                         Sandra Rugama

EL REY ARTURO…..

Arturo se levantó esa mañana pensando en la batalla que tenía por delante. Los ejércitos enemigos viajaron hasta las fronteras de Camelot. Nadie supo que un ejercito enemigo iba a atacar a las fronteras de Camelot en busca del rey Arturo. E l rey Arturo estaba muy feliz de su trono y de ser rey pero él no sabia lo que iba a suceder horas más tarde. Los ejércitos enemigos se plantaron frente a las fronteras de Camelot y allí esperaron a su coronel para dar órdenes.

Las catapultas, los arcos incendiarios y toda la artillería en conjunto estaba ante las murallas de Camelot. Lucimán, el luchador más valiente del reino de Mortaria estaba esperando indicaciones del coronel Maziust que era el que llevaba los ataques a enemigos. Luego, más adelante, los esperaba el rey de Mortaria que estaba visualizando todo el reino de Camelot. El coronel Maziust le preguntó al rey:

-Oye rey, ¿por dónde crees que deberíamos atacar?

-Entonces el rey le contestó:

-No, de momento esperaremos a que ellos se defiendan primero.

-Vale, señor rey.

Entonces, el reino  de Camelot se vio obligado a  atacar porque se sentían ofendidos en su propio reino. El ejército de Mortaria sucumbió.

No tuvo nada que hacer ante Arturo y los invasores se retiraron y se rindieron.

ARTURO, rey de Troya.

Arturo tenía 12 años. Hacía poco que había perdido a su padre en la guerra. Los enemigos lo habían destrozado todo, y él se había escondido en el bosque, porque si le vieran harían lo mismo que con su padre. No tenía comida y entonces un soldado apareció de repente y le dijo:
– ¿Qué haces aquí?
– Refugiarme de la guerra- respondió Arturo.
Él no le dijo nada porque sabía lo que sentía él. Por eso el soldado le dio comida y así todo los días, hasta que un día, uno de los comandantes le pilló dándole comida y el soldado le dio un billete de tren para Troya.

Cuando llegó a Troya le esperaba una familia que deseaba adoptarle. Era una familia dispuesta a educarle. La familia le dijo que tenía que participar en el concurso, para que fuera el nuevo rey y él asintió. Le explicó el padre adoptivo, que el concurso consistía en que él tenía que montar en un caballo, coger una espada y apuntar la espada hacia el contrario. El concurso comenzaba en dos días y Arturo tenía que entrenarse para el gran día. Fue con su padrastro al establo a por un caballo. Le cogieron y Arturo se puso manos a la obra.

Llegó el gran día y Arturo se tenía que enfrentar al hijo del antiguo rey. Empezó el combate y todo estaba igualado cuando, de repente,  el hijo del rey le dio a su caballo una pócima, que le hacía más rápido. Se empezó a ir cada vez más rápido, Arturo se dio cuenta del efecto que le hacía esa poción y cuando el hijo del rey se disponía a atacarle, Arturo se echó a un lado con el caballo. Y el caballo no pudo parar y no les volvió  a ver nunca más.

Arturo fue el nuevo rey junto con su nueva familia. Fue muy generoso.

¿Por qué?

Antes de que la gente creyera, soñara, amara de verdad, no era más que granitos de arena, que elaboraba su vida sin saber porqué; danzaban pero se olvidaban de divertirse, estudiaban pero se olvidaban de aprender, se casaban pero se olvidaban de amar. Un día, una persona de la que nadie se acuerda, ni de su nombre, ni siquiera el que está narrando esta historia, mientras dormía, soñó.

Su sueño era un baile de ideas, veía árboles con frutas, grandes mares, bellos bosques y majestuosos acantilados. Se sobresaltó y se despertó. Con los ojos bien abiertos dijo para sí:

-¿Por qué?

Estuvo toda la noche contemplando el inmenso cielo, donde la vista no llega a ver el final, pero él sí vio el final de sus límites, en ese momento todo eran preguntas sin respuestas. Cuando el alba apareció, se dirigió al centro de la aldea y gritó:

-¿Por qué?

La gente le miró y en sus cabezas empezaron a bailar ideas y preguntas. Esto fue extendido por todo nuestro mundo, si es que es nuestro. La gente empezó a sentir, a aprender, a amar, a bailar. Esto vino bien pues todo empezó a tener sentido, medicinas, libros, historias, la gente empezó a creer en varias cosas, ciencia, religiones, en las que siempre había un Todopoderoso o varios, que, quién sabe, igual eran verdad.

Pero no todo en este mundo es de color oro, la gente empezó a sentir odio, ira, avaricia. Eso trajo guerras, sangre, invasiones y muchas mujeres fueron maltratadas. Por eso, hubo pobreza, hambre, enfermedades, por la ira. Pero la vida es así, la curiosidad mató al gato, pero no es tan mala, pues un día, mientras dormimos, o lo intentamos, deberíamos preguntarnos:

-¿Por qué?

Guzmán Calzado Díez, 1º ESO

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