Ahora sí soy feliz

Ahora sí soy feliz. Deseaba este momento como ningún otro. Quería llegar a este lugar. Siento la libertad, el aire fresco, la brisa del mar. Me gusta esta sensación. Estar en casa.

Tras un mes encerrada en aquel maldito lugar donde me tenían escondida, he conseguido salir. No sabría explicar esa experiencia. Sólo te puedo decir:

Ha sido muy dura. Me pasaba las noches rezando para que la gente que me quiere no se rindiese nunca, que jamás dejase de buscarme. Yo confiaba en ellos, y no me he equivocado.

Cuando me desperté, lo único que recordaba era un fuerte golpe en la cabeza. Aquello hizo que yo me desmayara. No veía nada, simplemente una tenue luz y una sombra a lo lejos. Yo no me imaginaba lo que era, sólo que podría ser lo peor. Aquella figura se acercaba hacia mí a un paso lento, tranquilo. Yo no sabía lo que me venía encima. Y le tenía frente a frente. Era un hombre grande, musculoso, yo sólo le podía ver la figura, no le reconocí la cara.  De repente, me tapó los ojos con una venda, y sentí un destello de luz. Necesitaba salir corriendo de allí.

El primer día fue un conjunto de sentimientos; miedo, misterio, me sentía arrepentida… En realidad no sabía porque me habían secuestrado, que había hecho yo para estar ahí encerrada. No sabía si ese hombre me secuestró porque yo le había hecho algo de lo que no me di cuenta. El día pasó tranquilo. El señor que me secuestró sólo aparecía para darme agua, él no quería que yo muriese, quería venganza por algo, quería dar miedo por alguna razón extraña. Cuando pasó cuatro días empecé a perder la noción del tiempo, sólo quería despertar y pensar que era un sueño. Desperté al día siguiente, abrí los ojos, podía ver donde me encontraba. Era un lugar sucio, oscuro, una especie de almacén abandonado. Sólo se veía una luz al fondo, con un colchón tirado al suelo y unos platos de comida. Me imaginé que era donde él dormía, y que no se encontraba allí. ¿Habría salido para algo? Entonces pensé que estaría haciendo mi familia. Si ya estaban cerca de mi encuentro y si sabrían algo de mí. Tras pensar en todos ellos, un pequeño impulso vino hacia mí. Sentía que tenía que chillar. No dudé y pegué un berrido con los ojos cerrados. Una mano me tapó la boca. Me asusté, miré para atrás y ahí estaba él. No me había equivocado, era un hombre grande y fuerte. Me levantó y me llevó al colchón del fondo. Me sentó y me dio la comida que había en el plato de la derecha. Se sentó junto a mí y comenzó a comer a la vez que yo. Pensé que debería preguntarle por qué me había encerrado allí durante todo ese tiempo. No hablaba.

El tiempo seguía pasando y yo pertenecía encerrada. La verdad que no estaba a falta de hambre ni sed, pero no tenía fuerzas. Echaba mucho de menos a mi familia. Cerré fuertemente los ojos, y vi a todos mis amigos, a mi hermano y hermano, a mi madre y a mi padre. Las lágrimas se me cayeron.

Volví a sentarme con la persona culpable de que yo estuviera ahí, y volví a preguntarle:

-¿Por qué estoy aquí encerrada?¿ Que te he hecho?- Hizo oídos sordos. Le chillé- ¡¿Por qué?! ¡Contesta! ¡ valiente y contesta! ¿ De verdad he hecho algo tan cruel para que me hagas sufrir de esta manera? Y no solo a mí también estás haciendo daño a mis amigos y familiares. ¿ Y por qué me has dejado verte la cara? Si salgo de aquí no dudaré en describirte. Serás cazado.                                                           

-No es lo que hayas hecho tú, si no lo que he hecho yo. Llevo siguiéndote durante varios meses. Observando cada paso que das, dónde vas y con quién estás. He sido tu sombra durante mucho tiempo y te he ayudado en muchas cosas sin que tú te dieras cuenta. Te preguntarás por qué te he seguido. Yo perdí a mi hermana, una muchacha de tu edad. Una niña extrovertida, sociable, cariñosa, educada y sobre todo con mucha personalidad. Una chavala que cuando tenía que mostrar su mal humor lo mostraba. Me obsesioné contigo y pensé que te tenía que tener más cerca y decidí secuestrarte. Lo siento se me fue todo de las manos. Pensaba dejar este juego y entregarme a la policía. No te preocupes esto ya se ha acabado. He mandado una nota a la policía diciendo el lugar dónde estamos  y a qué hora tienen que venir a buscarte. Tú estarás aquí esperándoles. Yo marcharé.

– ¿No te ibas a entregar? No lo entiendo explícate. ¿Después qué pasa?

– ¿Sería demasiado fácil que yo esté aquí esperándoles? Que me busquen. Tú debes describirme y hacer lo posible para que me encuentren. Ahora está todo en tus manos.

Se calló durante unos segundos. Mientras se le caía una lagrima me soltó la cuerda de las manos y me dijo:

– Por favor, cuídate y solamente deja que te rodeen la gente que realmente te quiere.

Aunque suene fatal tengo que decir que gracias a ese secuestro estoy más unida a mi familia. Ahora estoy aquí sentada con ellos, en la casa de la playa donde yo me crié, olvidándome de lo vivido. Ese gran hombre, llamado David, está encerrado. De vez en cuando voy a verle a la prisión y hablamos de su hermana. Me cuenta historias sobre ella y él, pero nunca me ha querido contar por qué ella no está junto a él. De momento me tiene a mí. Todo el mundo tiene errores, y por el error de David he crecido y me he dado cuenta de lo que vale la vida.

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EL MISTERIO DEL COCINERO

Era por la mañana y acababan de empezar las vacaciones de verano. Sam estaba de viaje en París. Le gustaba mucho viajar y en sus ratos libres hacía de detective. Pero esta vez no. Quería pasar unos días tranquilos. Aquel día había decidido ir a ver la ciudad. Estuvo toda la mañana paseando y por la tarde llegó a la Torre Eiffel. Sam subió al ascensor, y cuando llegó arriba se llevó una sorpresa.

– ¡Pepe!, ¿Qué haces aquí?

Pepe era un viejo amigo de Sam y no se habían visto desde hace mucho tiempo. Los dos amigos estuvieron charlando todo el día y cuando se hizo de noche fueron juntos al hotel donde iban a pasar unos días, que por casualidad era el mismo. Raúl, un encargado del hotel, les recibió y después de cenar se fueron los dos a dormir. Más o menos a media noche un grito despertó a Sam. Este llamó a Pepe y los dos fueron corriendo al restaurante, que era de donde venía el ruido. Cuando llegaron allí los dos tuvieron un escalofrío. El suelo estaba lleno de sangre, los cubiertos estaban rotos y uno de los cocineros estaba tirado en el suelo.

-¡Está muerto!- gritó Sam.

En ese momento Raúl entró en el restaurante y vio el cadáver.

-¿Qué ha pasado?- preguntó.

-No lo sé, pero vamos a tener que investigar.- dijo Sam.

Pepe miró a Raúl y dijo:

– ¿Usted sabe si alguien estaba enfadado con el?

-No tengo ni idea- contestó Raúl- pero ahora tengo que irme.

Cuando Raúl se fue, Sam vio algo que antes se le había escapado: Encima de una mesa había un papel. Era una etiqueta en la que se veía el logotipo de una tienda.

-Yo sé dónde está esa tienda- dijo Pepe.- Fuera quien fuera el asesino debió de comprar algo allí.

Los dos amigos esperaron a que se hiciera de día y fueron a investigar a la tienda. Una vez allí la vendedora les saludó y Sam le dijo:

-¿Ha venido aquí alguien sospechoso los últimos días?

-Sí -contestó ella- ayer vino un tipo bastante misterioso y compró un traje y una máscara.

-¿Qué hizo después de comprar?

-Se fue por allí.- La dependienta apuntó con el dedo a un callejón que se veía por la ventana. Sam y Pepe se despidieron de ella y caminaron hacia el callejón. Cuando llegaron allí se dieron cuenta de que estaba todo mojado y olía a basura. De repente Pepe dio un grito y señaló algo. Una silueta estaba corriendo e intentaba escapar de ellos. Los dos echaron a correr detrás de él hasta que se tropezó y cayó al suelo. Sam le miró a la cara y vio que no era nadie conocido. De pronto notó un olor que le parecía familiar. Era el olor que había en el hotel. Además tenía manchas de sangre.

– ¡Tú has estado en el hotel de la esquina! ¡Tú eres el asesino!- gritó Pepe.

Sam cogió un palo y le amenazó.

-¡Vale, vale!- chilló el asesino.- Fui yo, me contrataron para que lo hiciera.

-¿Quién fue?

-No lo sé, me habló por teléfono y luego me mandó esta carta.

El asesino le dio la carta a Sam. Estaba escrita a mano y decía: “Recoge tu dinero en el almacén cerca de tu casa.”

-Deberíamos ir allí.- comentó Sam.

– Sí, pero antes llevaremos a este a la policía. – dijo Pepe.

Después de poner en su sitio al asesino los dos amigos volvieron al hotel. Sam Fue a hablar con Raúl pero se dio cuenta de que no estaba. Había dejado una nota en la que ponía: “He ido a hacer unos recados”. Sam sacó la nota del asesino para volver a leerla, y se quedó de piedra al ver que la letra de las dos notas era la misma. No tuvo tiempo de decir nada, ya que en la tele que había allí sonó la voz de un reportero diciendo que habían robado un banco. Inmediatamente, Pepe y Sam se escondieron en su habitación.

-¿Crees que Raúl es el culpable?- preguntó Pepe asombrado.

– Eso parece.- dijo Sam.- Tenemos que avisar a la policía, y rápido.

Los dos llamaron a la policía y planearon lo que iban a hacer. Muchos agentes de policía se escondieron en el hotel.

Al día siguiente Sam llevó la nota del asesino hasta donde estaba Raúl y le dijo:

– No la habrás escrito tú, ¿verdad?

Raul miró a los lados y vio que no había nadie. Entonces soltó una carcajada y sacó un cuchillo. Pero en ese momento los agentes de policía salieron de su escondite y le rodearon. Raúl no tuvo más remedio que explicarse.

– Llevo meses planeando el robo al banco, pero ese cocinero asqueroso me estaba espiando. Por eso contraté al asesino.

Un rato más tarde Raúl estaba subiendo al coche de policía gritando insultos que prefiero no decir.

-Ha salido Bien, ¿no?- dijo Pepe.

-Sí.- contestó Sam.- Pero nos hemos quedado sin vacaciones.

Inicio de novela: El precipicio.

No era el hombre más honesto, ni el más piadoso, pero era un hombre valiente. Luchaba por lo que quería y si tenía que mentir por sus seres queridos, lo haría… Sin embargo, le tocó pasar lo peor.

Nos encontrábamos en un bosque, camino a una casa rural que habíamos alquilado días antes. Habíamos pensado en pasar allí todo el puente de Semana Santa. Nosotros no celebrábamos ninguna fiesta en especial, solo lo utilizábamos de excusa para ir a algún sitio. Pero, en fin, estábamos caminando cerca de un camino sin quitamiedos, ya que era una carretera, y a la derecha, un pequeño, pero peligroso, barranco.

Todos íbamos con cuidado para no caernos, dentro de poco llegaríamos sanos y salvo. Estaba el guardabosques esperándonos, con las llaves en la mano. Abrimos la puerta, nos acomodamos y sin ninguna preocupación nos pusimos a dormir. Al día siguiente, descubrimos un albergue con una cafetería para desayunar. Conocimos a una pareja de casados que también pasaban allí el fin de semana y el puente entero. Esa pareja eran dos personas extrañas, nos invitaron a ir a una excursión con ellos y nosotros aceptamos. Anduvimos muchas horas, nos adentramos en un bosque y seguidamente nos quedamos solos. No encontrábamos a los demás, así que seguimos nuestro camino. Dimos vueltas y vueltas. Y no conseguíamos encontrar una carretera o el albergue del que habíamos partido.

Al cabo de poco tiempo encontramos un pequeño sendero que daba a una carretera: la misma sin quitamiedos por la que habíamos ido el día anterior. Entonces nos dirigimos hacia ella con tan mala suerte que pasó un coche y nos empujó hacia el barranco que resultó ser una diminuta grieta en la Tierra. Al recobrar el sentido vimos a la pareja de casados mirándonos ansiosamente. De repente descubrimos que no era un matrimonio cualquiera, eran un par de fugitivos que se habían escapado de un psiquiátrico. Empezamos a correr hasta que llegamos a una especie de cabaña enterrada bajo tierra, pero eso fue solo el principio…

Inicio de novela: El fantasma que me persigue.

Yo tenía una granja en África a los pies de las colinas de Ngong, pero la perdí con el tsunami del pasado año… Gracias al dinero que me dieron esas tierras años atrás, pude conseguir otras fincas como las que tenía. Los siguientes años me fue de maravilla, pero después de 4 años me arruiné. Más tarde mi hijo y mi hija de 13 y 14 años, estaban muy preocupados porque los médicos les dijeron algo que a mí no me querían decir.

Yo estaba muy preocupado porque mis hijos estuvieran tan tristes y tan atentos a mí, porque casi siempre hacían los que le daba la gana. Cuando me lo dijeron me puse a llorar y ya entendí por fin por qué todo el mundo estaba así conmigo: solamente me faltaban unas pocas horas de vida, me dijeron que tenía una enfermedad pero no me dijeron el nombre. Para mí era ya muy trágico morir y aun más trágico sin saber por qué enfermedad…

Tras una larga espera el hombre muere. Los hijos se quedaron con la herencia del padre, pero lo que ellos no sabían eran las cosas tan increíbles y terroríficas que escondían esas tierras… Dos años después los hijos empezaron a preocuparse, porque en su casa se oían voces procedente del desván, y cuando dormían se abrían de repente las ventanas. Cuando decidieron mudarse, lo que no sabían era que si salían de esa casa el fantasma de las tierras los perseguiría y los mataría… Unos años después se mudaron a Melilla a un chalet, creían que estaban a salvo, pero ellos no sabían los que les esperaba.

Años después que cada uno hiciese su vida y tuviera sus hijos y casas nuevas con familia nueva, llego aquel fantasma a arruinar las vidas de los chicos, primero empezó por la hija y su familia, lo pasaron muy mal… el fantasma no se cansaba de ponerles tortura tras tortura, hasta que al final… acabo con ellos, y luego le toco al hijo pero este se salvo con su familia.

Unos días después, fue a la policía pero, los oficiales no les creían que les hubiese estado rondando un fantasma durante estos 2 años, así que se marcharon, cuando se fueron a dormir, el fantasma volvió y los mato a todos, y solo porque eran los herederos de las fincas de su padre… La policía se dio cuenta de que era verdad lo que le dijeron, pero ya era demasiado tarde… ya no quedaba nadie de la familia… y el fantasma desapareció, hasta otras fincas a torturar a la gente.

Esta es la foto de aquel joven una noche antes de aquel trágico suceso:

cLARK: UN HÉROE ENTRE NOSOTROS (inicio de novela)

No era el más honesto ni el más piadoso, pero era un hombre valiente. Nada más y nada menos que Clark: un hombre que protegía su ciudad, Selbibil, contra los ladrones. 

Un día tuvo que detener a unos ladrones robando en la joyería, entonces entró para detenerles pero no llegó a tiempo: se habían ido por la puerta de atrás. Los ladrones se subieron al coche, pero Clark tenía un as en la manga y les puso un dispositivo debajo del coche antes de que arrancaran. No había tenido nunca unos enemigos tan astutos pero no tenía miedo, al revés, se hacía cada vez más fuerte. 

 

Una señora le dijo que le andaba buscando Carlos Brown. Clark se fue para donde Carlos Brown, le esperaba en su edificio. Carlos le preguntó si estaba en el caso de la joyería, y Clark le dijo que sí. Carlos le comentó que le había puesto un dispositivo en el coche. Entonces Carlos le dijo que tenía que ir a la policía para que fuera a detenerles. Él le dijo que sí pero tenía un presentimiento de que fuera una trampa.  

Fue a la policía y, al momento que se lo comentó, se fueron directos hacia donde estaba la señal. Llegaron y vieron una vieja central, entraron y no vieron nada sospechoso hasta que oyeron disparos y ahí es donde los policías sacaron las pistolas. Fueron hacia donde procedían los disparos, llegaron y vieron a tres. Huyeron en dirección contraria pero no tenían salida había policías por detrás y les detuvieron.  

Otro caso que Clark resolvía.  

FIN

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