Inicio de novela: Año 1996

Yo tenía una granja en África a los pies de las colinas de Ngong. Era un lugar tranquilo y sin problemas, pero esa tranquilidad desapareció tras recibir una serie de llamadas de un número desconocido en las que se me pedía una suma muy elevada de dinero o mi granja. Lo extraño es que en las llamadas nunca se me especificaba un motivo por el que debiera pagarles, así que un poco asustado decidí ignorar el tema de las llamadas. Pero durante ese año seguí recibiendo extrañas llamadas. Me planteé seriamente el llamar a la policía, pero no creo que pudieran servirme de ayuda, ya que en mi país no hay mucho dinero ni expertos en localizar llamadas. Decidí llamar, pero me di cuenta de la hora que era y pensé en llamar a la mañana siguiente para no preocuparlos a esas horas y me fui al dormitorio. Ya estaba metiendo los pies en la cama cuando de repente oí como la puerta de la entrada caía al suelo seguida de un par de voces gritando diciéndome que saliera de donde estaba. Lo único que recuerdo es la imagen de un hombre con un pasamontañas pegándome un golpe en la cabeza con la culata de una metralleta. Creo que pasó un día hasta que me desperté en aquella oscura habitación en la que aquel mismo hombre amenazaba con matarme a mí y a mi familia si no le daba el dinero o mi granja. Yo me resistí, pues vivía de la granja y sin dinero tampoco podría pagar los gastos que suponía tenerla. Cuando le dije que no se lo daría se quitó el pasamontañas, supongo que ya no le importaba que yo supiera quién era él…

Inicio de novela: El fantasma que me persigue.

Yo tenía una granja en África a los pies de las colinas de Ngong, pero la perdí con el tsunami del pasado año… Gracias al dinero que me dieron esas tierras años atrás, pude conseguir otras fincas como las que tenía. Los siguientes años me fue de maravilla, pero después de 4 años me arruiné. Más tarde mi hijo y mi hija de 13 y 14 años, estaban muy preocupados porque los médicos les dijeron algo que a mí no me querían decir.

Yo estaba muy preocupado porque mis hijos estuvieran tan tristes y tan atentos a mí, porque casi siempre hacían los que le daba la gana. Cuando me lo dijeron me puse a llorar y ya entendí por fin por qué todo el mundo estaba así conmigo: solamente me faltaban unas pocas horas de vida, me dijeron que tenía una enfermedad pero no me dijeron el nombre. Para mí era ya muy trágico morir y aun más trágico sin saber por qué enfermedad…

Tras una larga espera el hombre muere. Los hijos se quedaron con la herencia del padre, pero lo que ellos no sabían eran las cosas tan increíbles y terroríficas que escondían esas tierras… Dos años después los hijos empezaron a preocuparse, porque en su casa se oían voces procedente del desván, y cuando dormían se abrían de repente las ventanas. Cuando decidieron mudarse, lo que no sabían era que si salían de esa casa el fantasma de las tierras los perseguiría y los mataría… Unos años después se mudaron a Melilla a un chalet, creían que estaban a salvo, pero ellos no sabían los que les esperaba.

Años después que cada uno hiciese su vida y tuviera sus hijos y casas nuevas con familia nueva, llego aquel fantasma a arruinar las vidas de los chicos, primero empezó por la hija y su familia, lo pasaron muy mal… el fantasma no se cansaba de ponerles tortura tras tortura, hasta que al final… acabo con ellos, y luego le toco al hijo pero este se salvo con su familia.

Unos días después, fue a la policía pero, los oficiales no les creían que les hubiese estado rondando un fantasma durante estos 2 años, así que se marcharon, cuando se fueron a dormir, el fantasma volvió y los mato a todos, y solo porque eran los herederos de las fincas de su padre… La policía se dio cuenta de que era verdad lo que le dijeron, pero ya era demasiado tarde… ya no quedaba nadie de la familia… y el fantasma desapareció, hasta otras fincas a torturar a la gente.

Esta es la foto de aquel joven una noche antes de aquel trágico suceso:

Las ovejas (inicio de novela)

Yo tenía una granja en África a los pies del acantilado de Ngong. Una tarde de primavera, cuando fui a sacar a las cabras al monte, me encontré a una niña llorando detrás de unas rocas. Me acerqué  a ella a preguntarle cómo se llamaba. Me dijo que María. Le pregunté qué le había pasado. Me dijo que se le habían perdido unas ovejas y que si volvía a casa su padre se iba a enfadar y no volvería a confiar en ella. La dije que yo la ayudaría a buscar a las ovejas, a cambio de que dejara de llorar y me ayudara durante una semana a sacar las cabras al monte.

Me dijo que sí porque no se atrevía a llegar a su casa sin las ovejas. Me ayudo a llevar mis cabras de vuelta a la granja para emprender la busca de sus ovejas. Nos pusimos en marcha a lo alto de la montaña, que era donde había visto por última vez a las ovejas, rodeamos tres o cuatro veces la montaña pero no las encontramos. Cuando se acercaba la noche la dije que yo la acompañaría a su casa y hablaría con su padre para que no se enfadara. Cuando llegamos vimos que el padre estaba metiendo a dos ovejas al corral, le dije a su padre que qué hacía con dos ovejas fuera del corral. Me dijo que las vio bajar de la montaña solas.

Le dijo a su hija que si ese era el cuidado que tenía ella de las ovejas, le dije que no era culpa suya que la encontré en el monte y la dije que si me ayudaba a ordeñar las cabras.

-La culpa fue mía, lo siento mucho.

Así el padre no la riñó a su hija. Me puse en camino a mi casa porque ya era muy tarde, cene y me fui a la cama.

A la mañana siguiente a primera hora llamaron a la puerta, fui a abrir y era la niña que me quería dar las gracias y ayudarme a sacar a las cabras como acordamos. Y así durante toda la semana. Cuando ya cumplió el trato la acompañé a su casa y le pregunté a su padre que si la dejaba venir conmigo todos los días a ayudarme a ordeñar las cabras y que si hacía falta la pagaría con tal de no perder la amistad tan buena que teníamos.

El padre me dijo que vale, la niña se alegro mucho y todos los días le llevaba a su padre un queso elaborado con la leche de las cabras.

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