TEXTO 1000 EN ETC: El peor error de mi vida

Capítulo 1: Mi historia.

Estaba frente a la hoja, dejé tres preguntas sin contestar, mi ansia por saber mi futuro me mataba. Era la séptima vez que me presentaba al examen de conducir, todas las anteriores fallidas, pero esta vez todo parecía distinto, esta vez marcaría una parte fundamental de mi vida.

Días después, me acerqué  al tablón de anuncios,  eso parecía una batalla campal, dos discutían cuando yo intentaba pasar entre la gente. Cuando llegué al tablón había pasado demasiado tiempo, los que antes discutían se habían multiplicado por dos infinitamente, tardé en encontrar mi nombre, no me lo podía creer, otra vez no, volví a suspender.

Yo quería sacarme el carné antes de que mi hermana pequeña cumpliese los 18 años, pues solo nos llevábamos cinco. Yo soñaba con llevarla en coche como mi hermano hacía conmigo, escuchando canciones de El Barrio mientras hablábamos o discutíamos. Pero eso ya era imposible pues me habían encarcelado, por un motivo que no explicaré ahora, y hasta dentro de 20 años no podría salir. Mi hermana dentro de veinte años tendrá  unos 37.

Capítulo 2: Recuerdos.

Estaba en casa, con trece años de edad, metido al ordenador cantando locamente, como cada tarde. Mi hermano entró a casa alterado, pues había estado llamando un buen rato, me dijo que si iba con él a Guriezo. Me vestí rápidamente y bajé tan rápido que casi me caigo por las escaleras, subí al coche, un Kalos rojo. En el camino estábamos buscando una canción en el disco de El barrio; cuando la encontramos ya estábamos en la autopista, no había mucho que contar pues solo se veía la carretera gris, arbustos y coches. Miraba por la ventana, solamente veía unas casas y verde, mucho verde. Llegamos a nuestro destino, mi hermano dio tres golpes a la puerta y su amigo abrió desde dentro. Se hallaba todo cubierto de polvo, fuimos a la parte trasera de la casa, un amplio jardín invadía ese espacio, a la derecha se veían una vallas de metal, al principio creía que eran las vallas para las ocas que se hallaban en el campo, pero al acercarnos se veían gallinas, con lo cual era un gallinero. Volvimos dentro y subimos a la parte superior para ver la incubadora. Allí arriba era todo más limpio, en la pequeña incubadora estaba encerrado un pollito nacido el día anterior. El pollito tenía color entre amarillo y marrón, tenía los ojos muy cerrados, parecía ciego y tenía las patas muy cortas.
Fuimos a tomar algo y luego nos fuimos a casa. Por la autovía solo se veían las luces de los coches, solo podía contarlos y clasificarlos por colores. Entrando a Santoña miraba hacia el  frente el muelle, cuando pasé íbamos hacia Berria pues el lago cristalino donde se reflejaba la luna llena era lo único a la vista humana, aparte de la carretera iluminada por las luces del coche. Llegamos al muro que rodeaba el penal de El Dueso, la mayor parte era un gran muro pero había una zona con verjas rojizas, parecían estar roñosas vistas desde el coche. A lo lejos se veía un mar tan luminoso que se veía en una noche de luna llena. Su luz alumbraba el camino, llegamos a unos chalets color salmón, antes de llegar allí se veían muchos chalets y algún que otro hotel o restaurante. Allí dejamos al amigo de mi hermano. Después fuimos dirección a Argoños, volviendo dando una vuelta con el coche. Mi hermano aparcó cerca de mi portal subimos a casa, cené y me puse a leer. Pues en este viaje supe que quería llevar en coche a mi hermana pequeña.

Capítulo 3: A la cárcel.

Cuando volví a casa después del desastre del suspenso pensé: ya he hecho muchas veces el examen de conducir. Así que imaginé que  ya sabría conducir, cogí el coche de mi madre, ese Kalos rojo que conducía mí hermano en sus viajes, mi madre no sabía que lo había cogido. Recorrí la calle principal parando en la gasolinera para repostar. Me dispuse a salir por los puentes, con tan mala suerte de que había un control de alcoholemia; como me pidieron el carné, salí pitando hacía Cicero girando en dirección a Santander, en la autovía hubo un accidente, me retrasé yo pero ellos conmigo, los tenía en el faro de atrás, pues era como una película, estaba perseguido por la policía. Todos los coches se habían parado para observar la persecución, dejando el final de la autovía cortado, así que salté por la ventanilla al capo del coche de delante, corté las cuerdas de un camión maderero formando una rampa de troncos, salté de nuevo cayendo dentro del coche. Se había roto el tubo de la gasolina, así que volé por los aires por encina de los troncos y eché un mechero al aire, encendido por supuesto, pues al hacer contacto con la gasolina que se derramaba aún por debajo del coche rojo, provocó que los coches policiales  y los de alrededor volasen como si de una bomba nuclear se tratase. Cuando pasé el túnel que hacía de entrada a la zona de Astillero, los policías acorralaron el perímetro, donde me dispuse a entregarme.

En el juzgado, el veredicto fue culpable, 5 años de conducción temeraria y otros 15 por muertes provocadas. Estaba perdido. ¿Cuál llegaría a ser mi destino?

Capítulo 4: Ya estoy dentro

Acto seguido  del veredicto del juez, dos guardias, uno con la piel rolliza y el otro flaco y larguirucho, me agarraron por los brazos tirando, como si de una soga se tratase, arrastrando los pies para retrasar el encarcelamiento y luchando con todas mis fuerzas para escaparme de esos dos personajes. Me echaron a la parte trasera de una furgoneta vieja, sucia y gris, los dos guardias subieron a la parte trasera. ¿Cuántos criminales se habrían sentado ahí? Esta arrancó y tras media hora atado de pies y manos, la furgoneta se paró definitivamente, los guardias me agarraron y entramos a un edificio, donde me dieron el típico mono naranja y el pijama reglamentario. Los dos guardas se marcharon y el hombre que estaba allí me mandó quitarme la ropa, me la quite despacio y avergonzado, me dieron un manguerazo y  el frío agua recorría mis venas. Tras la “primera ducha” me mandaron ponerme el mono naranja, y me explicaron que el naranja es el mono de trabajo, la ropa que yo había llevado servía para los ratos libres y las comidas; el pijama, para dormir. Me asignaron la celda número 23. Mi compañero dormía en la litera de arriba, tenía cara de pocos amigos y era alto y robusto, como un armario ropero. Un instante después de mirarlo a los ojos, me preguntó que por qué motivo me habían encarcelado, y le conté la historia, desde los siete exámenes de conducir hasta la persecución. El me contó que le tendieron una trampa y llevaba 5 años allí metido, que pasado mañana le soltarían y que realizaría su venganza esperada con ansia y ganas. Momentos después yo cerré los ojos y me sumergí en un profundo sueño.

Capítulo 5: ¡Qué raro es esto!

Me desperté aturdido y cansado, no había nadie en la celda ni en los pasillos de fuera. Mi jaula estaba abierta. Muy raro me parecía, me marché de la celda y fui hacia el comedor, desértico e inhóspito. Entré en la cocina y ni las cocineras estaban allí. Marché en busca de mi neceser, agarré el champú y di la vuelta camino a los baños. A la llegada no encontré a nadie, bueno sí, un par de ratas. Me duché, dejé el neceser en mi celda y paseé por la prisión. Solo ratas y más ratas. Qué raro, si no hay ningún lugar por donde puedan entrar. Una rata asustada por mis pasos, bueno todas, pero es la única que volví a ver en un rato, bueno, esta rata seguía asustada e intentaba escabullirse por la entrada secreta. Tras unos 20 minutos persiguiéndola, se escabulló por un matorral que estaba pegado al muro, estuve mirando y ahí, ahí estaba la entrada secreta. Me metí dentro a ver adónde llevaba. De repente las voces de los guardias resonaron a lo largo del tubo, instantes después el tubo cayó encima de mi. Me asfixiaba, no podía coger aire, mis huesos se machacaban cuando…

Desperté en mi celda de nuevo, los guardas daban la voz de alarma, todos los presos gritaban, no me enteré de nada hasta que me dije ¿Dónde esta mi compañero? Ese hombre con cara de pocos amigos, grueso y robusto. Lo del túnel era todo un sueño, mi compañero se escapó un día antes de su liberación. ¿Habrá cumplido su venganza? ¿El verdadero culpable del crimen estaba en esta misma prisión? No entendía nada. Esperé una hora y media más para ir a desayunar una magdalena rancia y leche fría con supuesto “cacao” o un café frío, a elegir.

Capitulo 6: Venganza cumplida

Tras el desayuno me fui a por mi neceser y marché a la ducha. No había nadie, parecida a la ducha del sueño, se oían ruidos, por si acaso, me pellizqué. Esta vez no estaba soñando. Los ruidos seguían, continué el camino de las ondas y en menos que canta un gallo, una mano tapó mi boca y me metió en un pasadizo oculto. Era mi compañero, llevaba su mono naranja y llevaba varios días sin afeitarse. Me contó que ya había cumplido su venganza y que no quería pagar por su crimen y el que no cometió, quería escaparse y necesitaba mi ayuda. Ideamos un plan, a la hora de la comida quedábamos allí, durante un mes le llevaba restos de la comida, una que otra magdalena rancia, mantequilla, algún mendrugo de pan, un filete medio crudo, etc.. Con la barba que tenía parecía la representación de Jesús de Nazaret. Teníamos ya casi todo el túnel hecho. Pero necesitábamos una distracción para la escapada final. Un día en la comida, dejé una cuchara con un puré blanquecino, azulado, amarillento…bueno, multicolor. Todo calculado, uno daría con el codo el borde de la cuchara y el puré caería encima de otro preso, recreando una batalla de comida. Mientras eso sucedía, yo estaba acabando el túnel.

Una fina capa de pared bajo unos arbustos separaba a mi compañero de su libertad. Se oían ya cómo corrían los guardias, más aprisa que en los San Fermines. Tiramos la fina capa que quedaba y mi compañero se escapó. Los policías estaban vigilando todos los lugares así que pasé varias horas metido en el túnel. Llegué a la cena de milagro, cené unas patatas bañadas en grasas saturadas con un pescado asqueroso con salsa verde; la salsa más espesa que el pescado. Marché a la cama y me ahogué en un sueño profundo.

Capitulo 7:  Pasando el tiempo

Tras la escapada de mi antiguo compañero, un nuevo recluso invadía mi celda. Se llamaba Roberto, era calvo y bajito.  Roberto estaba perdido por la cárcel. Mientras yo seguía pensando y pensando en cómo esquivar el reconocimiento médico, intentaban capturar a la persona que ayudó a mi antiguo compañero a escapar  por el pequeño túnel, que por cierto encontraron. Aparte del reconocimiento, buscaban pruebas por las celdas del largo pasillo gris y triste.

Miguel Rueda, preso número 1623, escuchaba a lo lejos. Yo haciendo como que no oía nada, seguí andando cuando de pronto un guardia me corto el pasó y me llevó con poco cariño hasta la sala médica. Allí me hicieron las pruebas. El túnel ya no estaba vigilado, pues lo descubrieron un año después de que Roberto llegase a mi celda. Bueno en ese año Roberto se suicido por los ataques que recibía por parte  de pandillas enemigas.

Bueno, las pruebas las hicieron un año después de que llegase Roberto. Cuando salí de las pruebas recogí todas mis pertenencias y con sigilo fui en busca del pequeño agujero.

Estaban llenándolo de hormigón después de la intensa vigilancia de los guardias y búsqueda de rastros. Las obras habían empezado ese mismo día, y como cuando llegué a las duchas no había nadie empecé a tirar la pared con un pequeño cuchillo de metal que conseguí recoger de la cocina. Un pequeño hueco por el cual entraba muy pero que muy justo abrí en la pared, continué por el camino estrecho y espera una voz de alarma. Pues dejé un paquete de cigarrillos en el suelo y los presos esperaron a pegarse cuando todo se concentraba en ellos como el foco de un teatro en el protagonista de la obra de este género. Marché a toda prisa a una vieja furgoneta con un antiguo compañero a quien dieron la condicional.

Capitulo 8: El golpe final

La vieja furgoneta abandonada chirriaba como una carretilla de un aldeano. Llegamos a un campo chafado y envolvimos la furgoneta en gasolina, al instante una cerilla, unas llamas que llevaron a una eclosión del motor. Varios kilómetros después, recorridos andando y ya vestido con ropa normal. Llegamos al siguiente punto de control, donde nos esperaba un coche rojo en el parking de un supermercado. Entramos en el coche y de allí marchamos al aeropuerto, ya tenía los billetes para Cuba donde me esperaba mi antiguo compañero de celda, la celda número 23. Aquel hombre alto y grueso que cumplió su venganza y escapó de la misma forma que hice yo.

Capitulo 9: Error de avión

Cuando ya esperaba con una maleta que contenía 4 pares de calcetines, tres camisetas, 3 pares de calzoncillos y un par de pantalones. Todo se complicó, pues solo quedaban 5 minutos para el despegue de el avión que me correspondía, pero varios guardias buscaban por toda la carretera de despegue, subí al avión sofocado y cuando los guardias llegaron para subir, el avión empezó a andar y los dejamos atrás. Despegamos y cerré los ojos hundiéndome en un suspiro que me reconfortó. Este suspiro llevó a un bostezo, el bostezo a cerrar los ojos y de allí a meterme en el séptimo sueño.

Capitulo 10: Cuba, tierra de playas

Ya avisando para aterrizar, me até el  cinturón y escuché las pautas que daban las azafatas. Ya tocando suelo busqué con la mirada a mi antiguo compañero, salimos a toda prisa, enfrente del aeropuerto había una playa preciosa. Montamos en un coche descapotable y allí conversamos sobre el delito que no cometió, y me dijo su nombre. Se llamaba Fernando, pero prefería Fernan. Cuando paró el coche llegamos a una pequeña casita donde me alojé durante un tiempo, conseguí trabajo de repartidor y entre Fernan y yo nos compramos un chalecito cerca de la playa que se veía desde el aeropuerto. Así me labré una nueva vida, carteándome con mi familia, que a veces venían de visita.

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Inicio de novela: El precipicio.

No era el hombre más honesto, ni el más piadoso, pero era un hombre valiente. Luchaba por lo que quería y si tenía que mentir por sus seres queridos, lo haría… Sin embargo, le tocó pasar lo peor.

Nos encontrábamos en un bosque, camino a una casa rural que habíamos alquilado días antes. Habíamos pensado en pasar allí todo el puente de Semana Santa. Nosotros no celebrábamos ninguna fiesta en especial, solo lo utilizábamos de excusa para ir a algún sitio. Pero, en fin, estábamos caminando cerca de un camino sin quitamiedos, ya que era una carretera, y a la derecha, un pequeño, pero peligroso, barranco.

Todos íbamos con cuidado para no caernos, dentro de poco llegaríamos sanos y salvo. Estaba el guardabosques esperándonos, con las llaves en la mano. Abrimos la puerta, nos acomodamos y sin ninguna preocupación nos pusimos a dormir. Al día siguiente, descubrimos un albergue con una cafetería para desayunar. Conocimos a una pareja de casados que también pasaban allí el fin de semana y el puente entero. Esa pareja eran dos personas extrañas, nos invitaron a ir a una excursión con ellos y nosotros aceptamos. Anduvimos muchas horas, nos adentramos en un bosque y seguidamente nos quedamos solos. No encontrábamos a los demás, así que seguimos nuestro camino. Dimos vueltas y vueltas. Y no conseguíamos encontrar una carretera o el albergue del que habíamos partido.

Al cabo de poco tiempo encontramos un pequeño sendero que daba a una carretera: la misma sin quitamiedos por la que habíamos ido el día anterior. Entonces nos dirigimos hacia ella con tan mala suerte que pasó un coche y nos empujó hacia el barranco que resultó ser una diminuta grieta en la Tierra. Al recobrar el sentido vimos a la pareja de casados mirándonos ansiosamente. De repente descubrimos que no era un matrimonio cualquiera, eran un par de fugitivos que se habían escapado de un psiquiátrico. Empezamos a correr hasta que llegamos a una especie de cabaña enterrada bajo tierra, pero eso fue solo el principio…

Inicio de novela: MALONE, UN BOXEADOR EJEMPLAR.

No era el más honesto ni el más piadoso, pero era un hombre valiente. Malone, Dani Malone pisó la lona esa mañana con el aire cansino de todas las madrugadas de entrenamiento. El flaco sparring que tenía delante no servía ni para tacos de escopeta. Necesitaba cambiar de entrenador o de gimnasio, o de lo contrario no habría ninguna posibilidad de revalidar el título.

Pesos pesados. Los grandes, los fuertes, los que tumban una vaca de un puñetazo, estaban en el otro gimnasio, que era más caro, y Dani Malone no tenía. Dani era un chico de calle, sin recursos, sin estudios, su única vida era boxear.
El gimnasio de los hermanos Cabe era el mejor y también el más caro, Dani intento por todos los medios entrar, pero Carlos no lo quería. Dani se puso las pilas en el gimnasio en el que estaba, se preparó físicamente y sicológicamente y, por fin, llego en gran día el día del combate para el título europeo.
A Dani le tocaba contra un ruso, nadie confiaba en él, ni siquiera su entrenador. El ruso tenía 11 títulos y Dani tenía 4.
Cuando sonó la campana Malone estaba muy nervioso. Su entrenador le había dicho que era muy difícil que ganara, ya que el ruso era más rápido  y más potente. Pero Dani era gitano. Por sus venas corría la sangre de miles de generaciones de supervivientes. Puede ser que perdiera, pero dejaría en el ring hasta el último de sus alientos.
Dani empezó lanzándole un directo en la cara. El ruso se mosqueo y le cerró abajo en las costillas: a Dani le dolió. En el asalto número 8, Dani ya estaba muy quemado, no podía con la vida, el ruso le había dado hasta en el carnet de identidad. Pero Dani dio lo poco que le quedaba y le dio en su punto débil ya que él no se había dado cuenta. Le lanzo 10 ó 12 puñetazos y el ruso cayó al suelo. El árbitro contó hasta 10 y Dani no se lo creía.

    

Cuando salió del ring y se fueron al vestuario su entrenador le pidió disculpas por no haber confiado en él.
-No pasa nada, yo creía que me iba a noquear- dijo Dani. Malone se calzó la capucha de su sudadera gris y con el paso cansino de un oso pardo enfiló por el boulevard camino a casa. Le gustaba caminar después de una pelea.

Al día siguiente, salió a dar un paseo por San Antonio, toda la gente le quería, de fondo estaba Carlos, el del otro gimnasio que era más caro.

-Puedes venir cuando quieras a mi gimnasio- Dijo Carlos.

-No, no puedo hacer eso a mi entrenador. No me queríais antes y ahora que he ganado el título más importante de mi vida queréis que vaya.  ¡Adiós!

Dani se marchó para casa comió y se fue con su entrenador a tomar algo para celebrarlo.

Malone siguió entrenando, ganó mas títulos, cada vez le querían mas gimnasios… Pero Dani se quedó con el que estaba. Al fin y al cabo fue el que le enseño todo.

Inicio de novela: El fantasma que me persigue.

Yo tenía una granja en África a los pies de las colinas de Ngong, pero la perdí con el tsunami del pasado año… Gracias al dinero que me dieron esas tierras años atrás, pude conseguir otras fincas como las que tenía. Los siguientes años me fue de maravilla, pero después de 4 años me arruiné. Más tarde mi hijo y mi hija de 13 y 14 años, estaban muy preocupados porque los médicos les dijeron algo que a mí no me querían decir.

Yo estaba muy preocupado porque mis hijos estuvieran tan tristes y tan atentos a mí, porque casi siempre hacían los que le daba la gana. Cuando me lo dijeron me puse a llorar y ya entendí por fin por qué todo el mundo estaba así conmigo: solamente me faltaban unas pocas horas de vida, me dijeron que tenía una enfermedad pero no me dijeron el nombre. Para mí era ya muy trágico morir y aun más trágico sin saber por qué enfermedad…

Tras una larga espera el hombre muere. Los hijos se quedaron con la herencia del padre, pero lo que ellos no sabían eran las cosas tan increíbles y terroríficas que escondían esas tierras… Dos años después los hijos empezaron a preocuparse, porque en su casa se oían voces procedente del desván, y cuando dormían se abrían de repente las ventanas. Cuando decidieron mudarse, lo que no sabían era que si salían de esa casa el fantasma de las tierras los perseguiría y los mataría… Unos años después se mudaron a Melilla a un chalet, creían que estaban a salvo, pero ellos no sabían los que les esperaba.

Años después que cada uno hiciese su vida y tuviera sus hijos y casas nuevas con familia nueva, llego aquel fantasma a arruinar las vidas de los chicos, primero empezó por la hija y su familia, lo pasaron muy mal… el fantasma no se cansaba de ponerles tortura tras tortura, hasta que al final… acabo con ellos, y luego le toco al hijo pero este se salvo con su familia.

Unos días después, fue a la policía pero, los oficiales no les creían que les hubiese estado rondando un fantasma durante estos 2 años, así que se marcharon, cuando se fueron a dormir, el fantasma volvió y los mato a todos, y solo porque eran los herederos de las fincas de su padre… La policía se dio cuenta de que era verdad lo que le dijeron, pero ya era demasiado tarde… ya no quedaba nadie de la familia… y el fantasma desapareció, hasta otras fincas a torturar a la gente.

Esta es la foto de aquel joven una noche antes de aquel trágico suceso:

La regata (inicio de novela)

Llamadme Ismael. Hace unos años- no importa cuánto hace exactamente – teniendo poco o ningún dinero en el bolsillo, y nada en particular que me interesara en tierra, pensé que me iría a navegar un poco por ahí, para ver la parte acuática del mundo. Un día, en el puerto de Santander, me invitaron  a hacer una regata llamada Iberdrola.  El patrón del barco se llamaba Luis y me dijo que les faltaban tripulantes y que si me apetecía ir. Yo no lo dude ni un momento y le dije que sí. El día 16 de octubre era el primero y la línea de salida estaba en el Real Club Marítimo de Santander. La salida no nos fue muy bien pero Luis tenía muchas esperanzas. Él era un navegante muy bueno y muy optimista, era simpático y rudo  y te ayudaba siempre en lo que quisieses. Yo era el encargado del Génova  en las viradas y las trasluchadas y cuando llegábamos al rumbo de popa yo llevaba el hennaker, que era una vela gigante que se sacaba solo en popa y en los largos.

 

Llegábamos a la primera boya después de tres horas navegando a mar abierto. Juan el encargado de subir el hennaker lo subió muy rápido y yo lo hinché en el mismo momento  que Juan le subió, la subida de hennaker nos salió muy bien. Íbamos séptimos  en el rumbo de popa pero, como eran mas días de regata, no nos preocupamos mucho. Pablo era el táctico del barco y decía cuando virar o trasluchar. Alberto era el tripulante que miraba la mar para ver las rachas de viento e ir a ellas para ir más rápido. Estábamos llegando a Laredo para atracar el barco y poder dormir un poco para el siguiente día, adelantamos un puesto en popa e íbamos en el sexto puesto en la clasificación. Cenamos todos juntos en Real Club Náutico de Laredo y más tarde nos fuimos al barco a dormir. A las 8 de la mañana nos levantamos para ir a la salida que era en Laredo a las 10:00, pero teníamos que  mirar el lado favorecido para salir bien. Quedaban 5 minutos para la salida y nosotros estábamos bien colocados con nuestro puesto ganado. La salida había empezado pero unos andaluces nos estaban marcando y tapándonos el viento porque sus compañeros iban primeros. Nosotros tuvimos que estar virando un buen rato para quitárnoslos de encima y al final lo conseguimos. Al llegar a la baliza o bolla de popa el hennaker se nos quedó un poco trabado y estuvimos un poco lentos en la subida. Cuando ya le teníamos hinchado escalamos muchos puestos ya que los otros barcos no le subieron porque tenía miedo a volcar por el viento que hacía.

El segundo día nos salió muy bien ya que quedamos primeros en la manga al llegar a la línea de entrada en Bilbao. Atracamos en el puerto de Bilbao y nos fuimos al Real Club Náutico del Abra. Cuando nos levantamos de dormir ya era el último día e íbamos segundos en la clasificación.  En la salida la cagamos un poco y los que iban primeros en la clasificación nos sacaban mucho tiempo y casi era imposible alcanzarlos.  Remontando puestos en ceñida nos pusimos segundos pero los primeros seguían muy lejos ya que habían tomado boya. Cuando tomamos boya nos dimos cuenta de que el barco que nos estaba ganando había volcado y nos pusimos muy contentos. Entramos primeros por la línea de meta y por lo tanto quedamos primeros en la clasificación general. En la entrega de premios los que habían tenido mala suerte y habían volcado nos felicitaron y ellos se llevaron el segundo puesto. Por lo tanto, como ganamos esa regata, estábamos clasificados para el campeonato de Europa en Italia el año que viene. Así todos nos fuimos hacia casa con un premio más para nuestra vitrina.

Las ovejas (inicio de novela)

Yo tenía una granja en África a los pies del acantilado de Ngong. Una tarde de primavera, cuando fui a sacar a las cabras al monte, me encontré a una niña llorando detrás de unas rocas. Me acerqué  a ella a preguntarle cómo se llamaba. Me dijo que María. Le pregunté qué le había pasado. Me dijo que se le habían perdido unas ovejas y que si volvía a casa su padre se iba a enfadar y no volvería a confiar en ella. La dije que yo la ayudaría a buscar a las ovejas, a cambio de que dejara de llorar y me ayudara durante una semana a sacar las cabras al monte.

Me dijo que sí porque no se atrevía a llegar a su casa sin las ovejas. Me ayudo a llevar mis cabras de vuelta a la granja para emprender la busca de sus ovejas. Nos pusimos en marcha a lo alto de la montaña, que era donde había visto por última vez a las ovejas, rodeamos tres o cuatro veces la montaña pero no las encontramos. Cuando se acercaba la noche la dije que yo la acompañaría a su casa y hablaría con su padre para que no se enfadara. Cuando llegamos vimos que el padre estaba metiendo a dos ovejas al corral, le dije a su padre que qué hacía con dos ovejas fuera del corral. Me dijo que las vio bajar de la montaña solas.

Le dijo a su hija que si ese era el cuidado que tenía ella de las ovejas, le dije que no era culpa suya que la encontré en el monte y la dije que si me ayudaba a ordeñar las cabras.

-La culpa fue mía, lo siento mucho.

Así el padre no la riñó a su hija. Me puse en camino a mi casa porque ya era muy tarde, cene y me fui a la cama.

A la mañana siguiente a primera hora llamaron a la puerta, fui a abrir y era la niña que me quería dar las gracias y ayudarme a sacar a las cabras como acordamos. Y así durante toda la semana. Cuando ya cumplió el trato la acompañé a su casa y le pregunté a su padre que si la dejaba venir conmigo todos los días a ayudarme a ordeñar las cabras y que si hacía falta la pagaría con tal de no perder la amistad tan buena que teníamos.

El padre me dijo que vale, la niña se alegro mucho y todos los días le llevaba a su padre un queso elaborado con la leche de las cabras.

cLARK: UN HÉROE ENTRE NOSOTROS (inicio de novela)

No era el más honesto ni el más piadoso, pero era un hombre valiente. Nada más y nada menos que Clark: un hombre que protegía su ciudad, Selbibil, contra los ladrones. 

Un día tuvo que detener a unos ladrones robando en la joyería, entonces entró para detenerles pero no llegó a tiempo: se habían ido por la puerta de atrás. Los ladrones se subieron al coche, pero Clark tenía un as en la manga y les puso un dispositivo debajo del coche antes de que arrancaran. No había tenido nunca unos enemigos tan astutos pero no tenía miedo, al revés, se hacía cada vez más fuerte. 

 

Una señora le dijo que le andaba buscando Carlos Brown. Clark se fue para donde Carlos Brown, le esperaba en su edificio. Carlos le preguntó si estaba en el caso de la joyería, y Clark le dijo que sí. Carlos le comentó que le había puesto un dispositivo en el coche. Entonces Carlos le dijo que tenía que ir a la policía para que fuera a detenerles. Él le dijo que sí pero tenía un presentimiento de que fuera una trampa.  

Fue a la policía y, al momento que se lo comentó, se fueron directos hacia donde estaba la señal. Llegaron y vieron una vieja central, entraron y no vieron nada sospechoso hasta que oyeron disparos y ahí es donde los policías sacaron las pistolas. Fueron hacia donde procedían los disparos, llegaron y vieron a tres. Huyeron en dirección contraria pero no tenían salida había policías por detrás y les detuvieron.  

Otro caso que Clark resolvía.  

FIN

La guerra de los dos mundos: 1ª parte

Nadie hubiera creído, en los últimos años del siglo XIX, que los asuntos humanos fueran vigilados de forma tan atenta y detallada por inteligencias tan superiores a las del hombre y, sin embargo, tan mortales como las suyas.

Los humanos los descubrimos porque un tres de marzo de 1872 en la casa de la familia Cristianen cayó un meteorito de unas dimensiones colosales. Pusieron en cuarentena a todos los que estaban cerca del meteorito durante y después del impacto.
Un equipo de sanidad se acercó al meteorito 1 hora después del impacto con unos trajes especiales por si en el meteorito había algunos residuos tóxicos.
Durante dos meses después del impacto, los científicos de todo el mundo se acercaron a la casa de la familia Cristianen porque todos querían ver un meteorito de cerca. 5meses después los científicos descubrieron que en uno de los lados del meteorito, que era completamente llano, había una especie de teclado con unos símbolos muy extraños, como si no estuviese escrito en ninguno de los idiomas conocidos por el hombre, pues los científicos miraron los símbolos comparando los con todos los idiomas.
Los símbolos se parecían a los antiguos jeroglíficos egipcios.
Intentaron meter distintas claves en la lengua egipcia para intentar abrir el meteorito porque creían que metiendo alguna clave se abriría y dentro habría un tesoro o alguna vida alienígena.
La clave para que se abriese el meteorito era tan fácil como *****.
Los científicos la descubrieron en menos de una semana y cuando metieron la clave el meteorito se abrió. De su interior salió un pequeño monstruo que no debía de ser mas alto que medio metro.
Tenía un asqueroso cerebro verde dentro de un casco de cristal, el alienígena era de un color rojo apagado y tenía una pequeñísima pistola escondida entre sus grandes masas de grasa roja. Sacó la pistola, disparó a un científico y lo desintegró casi por completo. Solo quedó el esqueleto muy chamuscado del cuerpo del científico. Todos los ciudadanos del pueblo, al verlo, corrieron muy rápido para salvar la vida. Un policía que estaba cerca avisó al ejército para que por lo menos un pequeño tanque viniese a matar al pequeño marciano. El marciano llegó hasta la carretera por la cual venía el tanque, el tanque disparo y lo atravesó con la bala y lo mató, pero antes de morir dijo:
-No soy el último ni el más fuerte pues hay más de mi especie más poderosos que yo.

Casi no acabo de decirlo cuando murió entre terribles sufrimientos.
Los oyentes del mensaje del marciano llamaron al ayuntamiento para que avisasen al rey de España y tomar medidas para contrarrestar el asalto a nuestro mundo.
Cuando el mensaje llegó a los oídos del rey de España reunió a todos los jefes de los ejércitos para preparar una defensa, pues el marciano aviso que atacaría España.
Entre todos llegaron a la conclusión de que debían pedir ayuda a otros países por que si los marcianos consiguiesen tomar el país serían imparables y seguirían conquistando país a país hasta tomar el control de todo el mundo.
Las negociaciones terminaron una semana después de que el marciano muriese pues se dieron prisa para poder defender la Tierra, a la que llamamos nuestro hogar.
Los otros países accedieron a defender a España para que no tomasen el mundo. Las primeras muestras de que se acercaba un ejercito fueron uno estruendos por la noche casi tan fuertes como truenos, relámpagos y rayos juntos. También se oía el sonido de millones de motores de naves espaciales intentando aterrizar.
Al cabo de un par de semanas todos los ejércitos del mundo se reunieron en España y ningún pueblo ni ciudad quedó sin vigilancia de al menos 20 solados con las mejores armas. En la capital enviaron a unos mil soldados pues la ciudad era demasiado grande para vigilarla con solo 20 soldados. La marina de todos los países se reunieron en las costas de España por si los marcianos atacaban desde el agua y también enviaron satélites al espacio.

CONTINUARÁ…

El sarcófago egipcio: primera aventura de Serín, el navegante.

En el bullicioso mercado de El Cairo, paseaba tranquilamente Serín. Serín era un comerciante que estaba de paso por aquella gran ciudad, con la esperanza de comerciar con su mercancía.

De repente, él choca contra un joven que corría en dirección contraria. El joven se disculpo y siguió su camino, pero Serín vio a unos hombres que seguían al muchacho.  

Luego Serín se percato de que al joven se le había caído algo, una especie de copa de oro con joyas incrustadas, Serín le calculo un alto precio de venta, pero llegó a la razón de que esa copa fuera el motivo por el que los hombres persiguieran al chico, lo cual le traería problemas, pero no pudo resistir la tentación que tenía por esa fortuna, entonces pensó que podría venderla deshaciéndose de ella sin encontrarse problemas. Decidió guardarla ya que no quería llamar la atención.  

Más tarde Serín se encontraba al frente de una pequeña casa con la intención de refugiarse allí durante la noche. Cuando se encontraba solo en su habitación, decidió echar un vistazo a la copa, resultó que llevaba una inscripción, estaba bastante borrosa pero podía apreciarse la palabra “Kefrén”. Serín no comprendió lo que quería decir esa palabra, la verdad es que Serín no sabia mucho de la historia de Egipto, así que decidió irse a dormir.  

Al día siguiente Serín se levantó de la cama temprano, salió a la calle en dirección a las afueras de El Cairo, alquiló un camello y salió con dirección al este.  

Cuando se encontraba en medio del desierto divisó algo que estaba tirado en la arena, se acercó y era ni más ni menos que el joven con el que se chocó en el Cairo.  

Le dio un poco de agua y seguidamente le preguntó que ¿cómo había llegado hasta allí?  

Entonces él le contestó que huía de unos matones que querían robarle un objeto que luego se dio cuenta que lo había perdido. Serín le enseño la copa y le preguntó que si era suya. Él le contestó que no al cien por cien. Entonces le explicó que él la había encontrado en un antiguo sarcófago egipcio, el sarcófago del emperador Kefrén. Serín le contestó que ¿dónde estaba aquel sarcófago?, entonces el joven lo llevó hasta el sarcófago, que estaba justo dentro de una cueva oscura.  

No se veía nada, así que el joven cogió una antorcha y la encendió. Continuaron por un pasillo hasta una pequeña bifurcación. El joven optó por coger el camino que él había cogido cuando llegó anteriormente. Más tarde se encontraron una puerta al fondo del camino por el que iban, pero de repente las paredes del pasillo se empezaron a cerrar con lo cual tuvieron que correr hasta la puerta. Las dos paredes casi cogen el pie de Serín pero consiguió cruzar. Cuando recuperaron el aliento se dieron cuenta de que estaban en una sala enorme con una estatua en el centro. No había salidas solo la estatua así que el joven afirmó que la estatua debía tener algún mecanismo para abrir una salida. Revisaron entera la estatua pero no encontraron nada excepto unas inscripciones en egipcio antiguo. Serín pudo comprender las palabras “alimentarme”, pero Serín no entendió lo que quería decir. Después de mucho tiempo el joven llegó a la conclusión de que deberían alimentar a la estatua, pero ¿con qué se alimentaba una estatua?  

Serín divisó una joya con forma de uva, entonces se le ocurrió una idea: introdujo la joya en forma de uva por la boca de la estatua. Al hacer eso sintieron un temblor y de repente la estatua bajo de golpe abriendo paso por una escalera de caracol. Serín y el joven bajaron por las escaleras hasta llegar a una gran puerta que estaba pintada con jeroglíficos. Serín se pregunto ¿cómo podrían  abrirla?, hasta que vio que en los jeroglíficos estaba dibujado una secuencia de un hombre que con unas piezas que estaban tiradas en el suelo construía una especie de llave. Serín vio las mismas piezas en el suelo, así que realizó lo mismo que estaba dibujado en la puerta y se percató de que la llave encajaba con una cerradura que había en la puerta, la giraron y la puerta se abrió.  

Al otro lado de la puerta vieron montañas de oro y joyas que luego recogieron en una bolsa, pero resulto que la bolsa no era lo suficientemente grande como para guardar toda esa riqueza en ella. Serín no era avaricioso así que no le importaba llevarse solo lo que había en la bolsa, pero el muchacho vio una joya más preciosa que las demás.  

Intento sacarla con todas sus fuerzas hasta que cedió, pero de repente el techo empezó a derrumbarse. Serín le dijo al muchacho que tenían que salir de allí, pero no había ninguna salida. Serín pensó, con lo que llegó a la conclusión de que tendría que haber un túnel para airear la sala, miró a todas partes hasta que vio un túnel en el techo. Serín y el muchacho treparon por una de las montañas de oro hasta que alcanzaron el túnel y corrieron hasta el final.  

Serín consiguió ver una luz que se hacía más grande hasta que por fin llegaron a la salida justo cuando el túnel se derrumbo por completo. Serín y el joven estaban bien y consiguieron una gran fortuna solo con lo que había en la bolsa. Lo repartieron y cada uno tomó caminos diferentes. Serín en busca de algo en lo que gastar su parte del tesoro y el joven en busca de más aventuras.

Yoli y Turco; capítulo1.

  No era el más honesto ni el más piadoso, pero era un hombre valiente.  Era mi hombre valiente al que no dejaría por nadie ni por nada, al que me llevaría al fin del mundo, si me lo pidiera, con el que me encanta pasear porque su cuerpo escultural me acompaña y me protege, el hombre con el que perdí la inocencia para siempre jamás , con el que no vivo un típico amor de la vida cotidiana y ante todo se que él es mi vida, como yo soy la de él. 

 No iba a permitir que se alejara de mí. Tenía las maletas preparadas para irme con él, lógicamente Turco no sabía nada, ni siquiera sabía que yo me había enterado de que se iba sin mi a enfrentarse a unos bestias,  además yo sabía que si iba sin mi, el moriría, como ya he dicho Turco no es el más piadoso y se que si alguno de los bestias se le encara, Turco le mataría y los bestias acabarían con el. De ninguna manera iba a permitir que eso sucediera. 

 Espere una hora y al fin abrió la puerta, se mostraba tranquilo pero al verme cambió todo. 

 -¿Adónde vas, Yolanda?-La voz de Turco subió de tono. 

 Sabía que cuando pronunciaba mi nombre entero, es que me decía las cosas con frialdad y de verdad. Así que intente ser clara y directa. 

 -Yo, solo quería estar preparada. 

 -¿Para qué? 

 -No lo sé, para ir contigo 

 -¿Para ir conmigo adónde?-exclamó él. 

 -A cualquier parte donde tú vayas, iré contigo. 

 -Yoli-Su voz se calmó- Quiero que te quedes aquí, estarás fuera de cualquier peligro. 

 -Pero Turco, no puedo estar sin ti. 

 -Por supuesto que puedes, y lo harás. Lo mismo que antes. 

 -No existe un antes. 

 -No entiendes nada. 

 -Entonces, cuéntamelo todo, dime porque quieres que te maten. 

 Turco no respondió, se dio la vuelta y se fue. Cerró de un portazo y me dejó sola en el piso. 

 Pensaba que él volvería pidiéndome perdón como todos los días que discutíamos por cualquier tontería, pero no fue así, él no volvió y, a los pocos días su primo Gorka me dijo que había muerto a manos de Pedro, uno de los bestias, tal y como yo me lo había imaginado. Me desmaye. 

 Cuando me desperté, estaba en la cabaña del lago Krato y a mi lado estaba…estaba…¿Turco? No podía ser él. Además, ¿como había llegado yo hasta ahí? Tal vez seguía dormida, solo había una cosa que hacer para saberlo me giré y le vi, vi su sonrisa preciosa y masculina que tenía, justo como la recordaba. Se despertó. 

 -Yoli, te quiero. 

 Entonces supe que había tenido el sueño de la intrépida juventud: una pesadilla. Sus palabras me hipnotizaban, definitivamente, seguía vivo.

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