UNA NOCHE TERRORÍFICA

José Antonio era un hombre muy rico, que poseía una mansión. Éste  tenía problemas del corazón, así que su hijo le iba a visitar todos los días.

Al cabo de dos años, José Antonio murió y le dejó la casa a su hijo Juan.

Pocos meses después de la muerte de su padre, Juan y su mujer Angelines, se trasladaron a la vivienda.

Una noche en que Juan estaba trabajando, Angelines estaba sola en la casa. Era su primera noche, así que estaba un poco asustada.

Era una noche de mucho viento, en la que las ramas de los árboles azotaban las ventanas y el aire se filtraba por estas.

Angelines se acostó y, enseguida, el sueño se adueñó de ella. A media noche, el viento la despertó y empezó a oír ruidos extraños. Se levantó para ver de dónde venían, cuando se dio cuenta de que venían del sótano.

Estaba aterrorizada. Cogió una linterna y bajó al sótano. Seguía oyendo ruidos, pero no veía nada. De repente, algo le pasó por encima de la cabeza. Rápidamente alumbró, y vio que el techo estaba lleno de murciélagos.

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UN PARAGUAS ENAMORADO


Érase una vez un paraguas que vivía en extremadura. Un día llovía a jarros, así que su dueñolo cogió para salir. De camino, se enamoró de otro paraguas. Era un paraguas, precioso, además, era muy cariñoso. Éste también estaba enamorado del otro, sólo que los dos tenían un problema. Cada uno vivía en una casa diferente y un poco alejados.

Días después, no dejó de hacer un sol estupendo, así que no se podían ver. También había que ver que era verano, así que por tanto no llovía.

Cuando llegó el invierno, ya era otra cosa, porque ya empezó a llover y a hacer mucho viento. Por lo tanto, casi siempre se veían.  Además, sus dueños hicieron amistades y si se paraban a sentarse en algún banco, los cerraban y los ponían juntos. Así continuó, su larga vida, hasta que un día, vino un vendaval muy fuerte y le desguazó.

La primera nevada del invierno.

Una mañana tan normal,

me despierto arropada entre mis sábanas.

con pereza de ellas me despego,

y termino levantada.

Me acerco a la ventana,

y me dispongo a levantar la persiana,

cuando con mis ojos adormilados,

veo blancos copos de nieve en el tejado.

La felicidad me aturde.

Primera nevada del invierno,

que con movimientos tiernos,

trozitos de algodón,

descienden desde el cielo.

Corro a vestirme con mi abrigo,

y por accidente,

me meto el dedo en el ojo.

y como hace mucho frío,

unos guantes también cojo.

Estoy pisando con las “katiuscas” la nieve.

Mi corazón se acelera,

al ver que mi mejor amigo,

se acerca cruzando la acera.

En la mano derecha,

trae un trineo,

nuevecito de esta temporada.

¿Podremos usarlo,

en la primera nevada?

Se me acerca,

y me coje de la mano,

con cariño e ilusión me dice,

“¿Me darás de desayunar,

verdad, hermano?”

Contentos entramos en mi casa,

desayunamos consistente,

y mi madre,

nos envía al colegio inmediatamente.

Entramos por la puerta del autobús,

donde todos los niños,

estaban pegados a la ventana,

especialemente Mariana,

mirando los copitos que caían,

con cara de felicidad,

impaciencia,

y alegría.

El señor de las uvas.

Viste con unas telas viejas de colores apagados y un gorro verde, el cual le cae hasta los hombros. Tiene una barba larga, de un color gris oscuro y unas orejas acabadas en punta que sobresalen de la gran mata de pelo.

Sisco lleva años recorriendo las huertas y se conoce cada parra como si fuera la palma de su mano, al igual que a los dueños de los terrenos. Conocía desde el más avaro hasta el más humilde.

Si ese no había sido un buen año y el agricultor era un hombre bueno y  bondadoso, Sisco hacía un conjuro que decía:

Crecer uvitas, crecer,

que con vosotras,

un buen vino se podrá hacer.

Y de un día para otro, las uvas crecían. Pero, si por el contrario, era un hombre gruñon y egoísta pasaba de largo y ese año no le crecían buenas uvas.

El viaje maldito a Guan Xian.

Aarón tiene diez años y está enfadado todo el día porque desde la muerte de sus padres, su abuelo no hace más que controlarle. Pronto sería el cumpleaños del joven y Pepe no sabía qué regalarle. Asi que buscó por todas las tiendas de la ciudad, donde pudiera comprar algo que le recordara a España.

Como no daba con lo que buscaba, se adentró en la última tienda de la última calle que le quedaba por mirar. El hombre que lo atendió decía ser el  hechicero de un antiguo grupo de Samurais. Lo más normal y español que encontró fue un paraguas, negro como el azabache, y con un brillo especial.                                                                           

Como Pepe había vivido la guerra de primera mano, pensó que de esa forma, Aarón daría más aprecio a las cosas. El dependiente le avisó de que ese paraguas tenía una maldición y era muy mentiroso. Pepe ignoró ese comentario, ya que el hombre aparentaba ser muy mayor.

Cuando llegó el cumpleaños de Aarón, Pepe le entregó su regalo. El niño puso mala cara y salió con el paraguas a jugar al patio. Poco después, aburrido del objeto, lo tiró a la basura, pero al caer dentro del cubo sonó un quejido. Era el paraguas. El niño se percató y lo cogió.

El paraguas, de nombre Chosimewo, le dijo a Aarón que fue un hombre con poderes y que al usar su magia para persuadir y mentir, se convirtió en paraguas. Aarón le contó que sus padres murieron en un accidente de tráfico y ahora vivía en China con su abuelo, al que odiaba.

Chosimewo, para librarse de la maldición,  propuso a Aarón ir a un mundo diferente, donde estaría mucho mejor. El niño aceptó, pero era sólo una mentira. Chosimewo le dijo que se cortara un poco el dedo para viajar a este mundo del que hablaban. En realidad, en el momento en que la sangre del niño tocara el objeto, Chosimewo de libraría de la maldición y volvería a la vida, mientras que Aarón se convertía en algún objeto.

Aarón, convencido por el mago, se hizo una pequeña herida y acercó la sangre al paraguas. En ese momento, Pepe se tiró encima del paraguas, cortándose con un cristal del suelo. Todo se llenó de humo y un hombre salió corriendo. El paraguas había desaparecido y en su lugar quedó un osito de peluche. El abuelo había dado la vida por su nieto. El niño no soltó aquel oso desde entonces. Como no encontraban a Pepe, el niño pasó a ser cargo de los Asuntos Sociales de China.

Al cumplir los dieciocho, Aarón fue a hablar con el anciano que le vendió el paraguas a su abuelo; y, desde entonces, no se le volvió a ver nunca, ni a él, ni al osito.

Un paraguas especial.

Os voy a contar la historia que explica cómo me convertí en un paraguas especial. Lo primero, mi nombre. Soy Lluvia, y no soy un paraguas cualquiera. Ya sé que es raro pero así es. Ahora contaré cómo sucedió este cambio.

Un día de tormenta, mi dueña Lorena salió conmigo a comprar, y en el camino cayó un gran rayo que hizo posible que yo hablara ¿ A qué es raro que un paraguas hable? Ya lo sé, pero ese rayo tenía algo mágico.  En cuanto me cayó encima, sentí una especie de energía que me impulsó  a ahablar y dije “HOLA”. Mi dueña me soltó rápidamente y preguntó: “¿ hablas, pero como es posible?”. Bueno, todo es acostumbrarse.

Mi gran viaje

¡Hola! Me llamo Lluvia. Soy un paraguas de color azul y te voy a contar cómo llegué a manos de Susi.

Un día, mi antigua dueña me llevó al parque del Rosal. Sin darme cuenta, de una ráfaga de viento eché a volar. En unos largos meses aparecí en un colegio en la ciudad “Benjamín”.

Pasaron días hasta que un profesor me bajara del árbol en el que me había quedado atrapada y me dejó en un paragüero del colegio. Allí conocí a Copo, un paraguas viejo y roñoso. Estuve hablando con él de cómo llegué allí y me contó que a él hace años que no le sacaban de aquel paragüero.

Despues de unos días hubo una tormenta; una niña se acercó, me cogió y me dijo:

-Buenas, ¿quieres venir conmigo a mi casa?
-¡Claro que sí!.-Contesté muy contenta.
-Yo me llamo Susi ¿y tú?.-Me preguntó.
-Lluvia.-Le contesté.

Pasaron años y años, y yo seguía con ella.Y esa es mi historia de como llegué a manos de Susi.

Alguien ha destrozado las uvas

Érase una pareja que se dedicaba a la vendimia, y el señor encontró algunas uvas destrozadas, pero no le dio mucha importancia. Al día siguiente volvió a verlas igual, y decició poner cámaras.

Revisó las cámaras de vigilancia y se dio cuenta de que era un conejo. El señor decidió meterle en una jaula para que no destrozara más las uvas, y así lo hizo.

A la mujer le dio tanta pena, que decidió quedárselo.

MARK, EL RECOLECTOR DE UVAS

El catorce de Octubre de 2010, era un día perfecto en el que Mark iba a aprender cómo es la vendimia. Su padre, que es el que le va a enseñar, se lo lleva al campo.

Después de una larga charla, le dice que coga uno de los dos cestos que había en el suelo y que vaya metiendo las uvas en el cesto, viñedo por viñedo.
Al cabo de unas horas de recogida, las echan al tractor, y los dos se las llevan a unas bodegas que hay al lado del pueblo donde las cosechan. Cuando llegan, las dejan allí.
Al regresar a casa, su padre le da la enhorabuena por lo bien que lo ha hecho. Y así continuó toda su vida, ayudando a su padre en la vendimia
.

El paraguas de Madrid

Érase una vez un paraguas que vivía en Madrid y era un cantante famoso. Como allí no solía llover, nunca se resfriaba. Pero una vez iba a dar un concierto en Santander y ese mismo día llovió. El dueño le llevó por la mañana a dar un paseo y cogió unas anginas terribles.

Cuando llegó a Santander no podía cantar y tuvo que suspender el concierto, pero prometió volver a hacerlo cuando se recuperara. El dueño le dijo que no le volvería a sacar cuando lloviera y tuviera concierto.

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