UN PARAGUAS ENAMORADO


Érase una vez un paraguas que vivía en extremadura. Un día llovía a jarros, así que su dueñolo cogió para salir. De camino, se enamoró de otro paraguas. Era un paraguas, precioso, además, era muy cariñoso. Éste también estaba enamorado del otro, sólo que los dos tenían un problema. Cada uno vivía en una casa diferente y un poco alejados.

Días después, no dejó de hacer un sol estupendo, así que no se podían ver. También había que ver que era verano, así que por tanto no llovía.

Cuando llegó el invierno, ya era otra cosa, porque ya empezó a llover y a hacer mucho viento. Por lo tanto, casi siempre se veían.  Además, sus dueños hicieron amistades y si se paraban a sentarse en algún banco, los cerraban y los ponían juntos. Así continuó, su larga vida, hasta que un día, vino un vendaval muy fuerte y le desguazó.

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El viaje maldito a Guan Xian.

Aarón tiene diez años y está enfadado todo el día porque desde la muerte de sus padres, su abuelo no hace más que controlarle. Pronto sería el cumpleaños del joven y Pepe no sabía qué regalarle. Asi que buscó por todas las tiendas de la ciudad, donde pudiera comprar algo que le recordara a España.

Como no daba con lo que buscaba, se adentró en la última tienda de la última calle que le quedaba por mirar. El hombre que lo atendió decía ser el  hechicero de un antiguo grupo de Samurais. Lo más normal y español que encontró fue un paraguas, negro como el azabache, y con un brillo especial.                                                                           

Como Pepe había vivido la guerra de primera mano, pensó que de esa forma, Aarón daría más aprecio a las cosas. El dependiente le avisó de que ese paraguas tenía una maldición y era muy mentiroso. Pepe ignoró ese comentario, ya que el hombre aparentaba ser muy mayor.

Cuando llegó el cumpleaños de Aarón, Pepe le entregó su regalo. El niño puso mala cara y salió con el paraguas a jugar al patio. Poco después, aburrido del objeto, lo tiró a la basura, pero al caer dentro del cubo sonó un quejido. Era el paraguas. El niño se percató y lo cogió.

El paraguas, de nombre Chosimewo, le dijo a Aarón que fue un hombre con poderes y que al usar su magia para persuadir y mentir, se convirtió en paraguas. Aarón le contó que sus padres murieron en un accidente de tráfico y ahora vivía en China con su abuelo, al que odiaba.

Chosimewo, para librarse de la maldición,  propuso a Aarón ir a un mundo diferente, donde estaría mucho mejor. El niño aceptó, pero era sólo una mentira. Chosimewo le dijo que se cortara un poco el dedo para viajar a este mundo del que hablaban. En realidad, en el momento en que la sangre del niño tocara el objeto, Chosimewo de libraría de la maldición y volvería a la vida, mientras que Aarón se convertía en algún objeto.

Aarón, convencido por el mago, se hizo una pequeña herida y acercó la sangre al paraguas. En ese momento, Pepe se tiró encima del paraguas, cortándose con un cristal del suelo. Todo se llenó de humo y un hombre salió corriendo. El paraguas había desaparecido y en su lugar quedó un osito de peluche. El abuelo había dado la vida por su nieto. El niño no soltó aquel oso desde entonces. Como no encontraban a Pepe, el niño pasó a ser cargo de los Asuntos Sociales de China.

Al cumplir los dieciocho, Aarón fue a hablar con el anciano que le vendió el paraguas a su abuelo; y, desde entonces, no se le volvió a ver nunca, ni a él, ni al osito.

Un paraguas especial.

Os voy a contar la historia que explica cómo me convertí en un paraguas especial. Lo primero, mi nombre. Soy Lluvia, y no soy un paraguas cualquiera. Ya sé que es raro pero así es. Ahora contaré cómo sucedió este cambio.

Un día de tormenta, mi dueña Lorena salió conmigo a comprar, y en el camino cayó un gran rayo que hizo posible que yo hablara ¿ A qué es raro que un paraguas hable? Ya lo sé, pero ese rayo tenía algo mágico.  En cuanto me cayó encima, sentí una especie de energía que me impulsó  a ahablar y dije “HOLA”. Mi dueña me soltó rápidamente y preguntó: “¿ hablas, pero como es posible?”. Bueno, todo es acostumbrarse.

Mi gran viaje

¡Hola! Me llamo Lluvia. Soy un paraguas de color azul y te voy a contar cómo llegué a manos de Susi.

Un día, mi antigua dueña me llevó al parque del Rosal. Sin darme cuenta, de una ráfaga de viento eché a volar. En unos largos meses aparecí en un colegio en la ciudad “Benjamín”.

Pasaron días hasta que un profesor me bajara del árbol en el que me había quedado atrapada y me dejó en un paragüero del colegio. Allí conocí a Copo, un paraguas viejo y roñoso. Estuve hablando con él de cómo llegué allí y me contó que a él hace años que no le sacaban de aquel paragüero.

Despues de unos días hubo una tormenta; una niña se acercó, me cogió y me dijo:

-Buenas, ¿quieres venir conmigo a mi casa?
-¡Claro que sí!.-Contesté muy contenta.
-Yo me llamo Susi ¿y tú?.-Me preguntó.
-Lluvia.-Le contesté.

Pasaron años y años, y yo seguía con ella.Y esa es mi historia de como llegué a manos de Susi.

El paraguas de Madrid

Érase una vez un paraguas que vivía en Madrid y era un cantante famoso. Como allí no solía llover, nunca se resfriaba. Pero una vez iba a dar un concierto en Santander y ese mismo día llovió. El dueño le llevó por la mañana a dar un paseo y cogió unas anginas terribles.

Cuando llegó a Santander no podía cantar y tuvo que suspender el concierto, pero prometió volver a hacerlo cuando se recuperara. El dueño le dijo que no le volvería a sacar cuando lloviera y tuviera concierto.

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