Continuación del poema de Mio Cid

Así tristes y acongojados marchan de Valencia los infantes de Carrión,
dirigiéndose con la cabeza bien gacha por lo sucedido con el león.
En sus casas esperaban impacientes sus esposas, después de un largo e interminable camino,
camino que no era de rosas.
La noticia de lo sucedido viajó más rápido que ellos, Diego y Fernando Gonzalez de Carrión,
y así ellas trabajarían sus cabezas para concederles el perdón.
Fueron bien recibidos ambos, los dos,
aunque de ellos un largo tiempo se habló.
Más tarde se supo que lucharon en grandes batallas,
y que gravemente heridos salieron de algunas de ellas.
Debido a sus heridas decidieron abandonar a sus esposas,
que nunca más supieron de ellos, ni de sus cosas.
Después de mucho buscarles, les dieron por desaparecidos,
y fueron muy llorados, pues darles por muertos era parecido.
Tras años de silencio, “las viudas”, rehicieron sus vidas con mucha ilusión,
pues el Cid casó a sus hijas con los Príncipes de Navarra y Aragón.

Continuación del Cantar de Gesta

Desde este momento el Mío Cid Campeador
en Valencia y muchos sitios alrededor
es conocido por sus proezas y su valor.
Siendo tan valiente y con tan poco temor
lucha sin descanso y sin vacilación.
Con su escudo, su  lanza y su corazón
protege a los suyos sin pavor.

El Cid Campeador

Viajaban por España, el Cid y sus caballeros,

corriendo por los campos, las ciudades y los pueblos.

Fueron desde Valencia, a Castilla y a Aragón.

También viajaban con ellos, los infantes de Carrión.

Un día llegaron andando, a un pueblo entre las montañas,

Y allí se quedaron un tiempo, en una pequeña posada.

Pero una noche, mientras todo el mundo dormía,

Les atacaron los moros, creyendo que les vencerían.

Arrasaron todo el pueblo, y asaltaron la posada.

El Cid y sus guerreros, se armaron con sus espadas.

Hubo una gran batalla, todos lucharon a muerte.

El Cid Campeador y los suyos, demostraron ser los más fuertes.

Mientras todo esto pasaba, los condes de Carrión huyeron,

y corriendo por los montes, para siempre desaparecieron.

Cuando terminó la batalla, los moros estaban muertos.

Habían acabado con todos, y el pueblo quedó desierto.

Se fueron al día siguiente, el Cid y sus compañeros.

Dejaron aquel pueblecito y siguieron su camino.

Continuación de Mio Cid

 

Los condes de Carrión,  avergonzados en situación

decidieron volver a su reino, su querido Carrión

por el camino Fernando, buscando solución:

“vengarnos debemos ahora , de este Cid Campeador

pues si a sus hijas maltratamos, a él lo avergonzamos”

Así lo hicieron sin más, esos dos bellacos

Elvira y Sol abandonadas, tras palos y patadas

el Cid con disimulo, mandó un hombre tras esos chulos

sus hijas ya rescatadas, a su padre contaron lo que pasaba

Campeador, de las peores, fué a Castilla a todo galope

pidió un juicio, al señor Alfonso “El bravo”

este captando la sugerencia, aceptó el jucio con insolencia,

Mio Cid pidió a los Condes, “pedid perdón y devolved las dotes”,

estos, aceptando su petición, pidieron perdón los de Carrión

“quiero una pelea, el que la gane razón tenga”

Mio Cid ganó esta,  así que los de Carrión cobardes eran.

Unos príncipes de Navarra, pidierón la mano de sus hijas

estas en realidad, aceptaron sin rechistar

aquí alcanzó explendor, Mio Cid, el Campeador.

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