Espectrito

Había una vez en una casita del bosque un enanito llamado Espectrito, era excesivamente vago.

– Ohh…, ¡eso sí que no! -exclamó Espectrito -encima que me pones como si yo fuera un enano y con ese nombre tan horrible… vas y me describes como si yo fuera un vago. ¡De eso nada!

– Es mi historia y puedo decir lo que quiera sobre ti, no eres real sólo eres un personaje de esta historia – le dije sin ningún reclamo.

Se quedó pensativo un largo rato, pero al fin me respondió:

– No soy un simple personaje. ¡Soy el protagonista de esta historia! y me debes un respeto.

– Pero, ¿qué te crees que porque seas el protagonista de ¡mi historia! te repito ¡De mi historia! vas a mandar en cómo tengo que describir a mis personajes? – le preguntó y sin esperar su respuesta añadió.- ¡De eso nada!

Pensé que al oir esto se quedaría sin palabras y me dejaría seguir con la historia, así que continúo. Al cabo de un tiempo tuvo que ponerse a trabajar porque no tenía para comer, se fue a buscar un trabajo a las minas de diamante y allí le dieron un empleo de minero.

– No pienso trabajar de minero, yo aspiro a mucho más. – Me reclamó.

– Te quieres callar ya y dejarme seguir con la historia. – Le exigí con cierto reproche.

– No me hables así… – me respondió al rato. – Aunque no estoy de acuedo no diré nada más. -Me dijo.

Feliz con su nuevo trabajo, decidió cambiar de vida y marcharse a la ciudad.

– Pero ¿cómo va a ir un enano a la ciudad? ¿Te has vuelto loca? – me dijo con cierto tono.- Y encima con ese horroroso nombre ¿qué quieres que se burlen de mí o qué?

– No, pero pensé que sería divertido y además que yo pongo lo que quiera en mi historia. – le dije y di por terminada la conversación.

En la ciudad creó un pequeño circo, donde contrató a malabaristas, trapecistas, etc.

– Y ahora soy el dueño de un circo… – me dijo sin ganas, así que decidí dejar la historia.

 

 

 

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A Ciencia Incierta

Audiolibro: “A ciencia incierta”
Soy escritora. Principalmente de ciencia ficción. Ese es mi campo; el más fácil, pues hay muchas cosas sobre las que escribir y el más difícil, pues poca gente tiene la imaginación suficiente. Hace unos años estaba escribiendo una novela sobre un mundo mágico cuyo colegio de Magia y Hechicería estaba amenazado por la magia oscura y un muchacho de 18 años recién cumplidos tenía que salvarlo. No es el mejor argumento que se me ha ocurrido, pero eran tiempos malos y había que ganarse el pan de alguna manera.

Todas las tardes me sentaba a escribir en una butaca roja, delante de una chimenea chisporroteante en mi salón. Una de esas tardes, cuando estaba llegando al desenlace de mi apresurada historia me bloqueé. Me di cuenta de que no tenía sentido alguno, era una historia avariciosa, únicamente creada para darme dinero. Nunca había escrito por dinero, sino por pasión, escribir era mi vida. No me gustaba lo que veía y lancé el borrador a la chimenea en uno de esos ataques de cólera que uno no puede controlar.

Para cuando quise recuperarlo y salvarlo de las llamas, era demasiado tarde. Las llamas ya se lo habían comido. Por el aire volaban los trozos calcinados de lo que era mi novela y, yo no podía hacer nada. Miraba hacia todos lados sin saber que hacer. Deseaba dar marcha atrás en el tiempo para que esto no hubiera sucedido.

Sin esperanzas, fui a abrir el ventanuco que había colocado detrás de unas espesas cortinas. Al alcanzar las cortinas para apartarlas, me pareció oír una voz procedente de ningún sitio en especial:

-Si lo haces.. será demasiado tarde.

-¿Qué?¿Quién es?- creía que estaba sola en casa.

-No abras la ventana. Si lo haces, me iré para siempre.

Me aparté de las cortinas de un salto. Miré a  mi alrededor. Nadie. Fui hacia la chimenea y cogí el bastón metálico que utilizaba para remover las brasas. Me puse en guardia, pero nada. No habia nadie. Cuando creía que me lo había imaginado, escuché:

-¿De verdad no me reconoces?

-¿Quién eres? No te acerques, estoy armada.

-Tú me creaste…Además, una espadita no será suficiente para acabar conmigo, soy algo más que humano.

Me percaté de que esa era una de las frases que yo misma había escrito en mi borrador. Una frase que nadie más que yo había leído, que nadie más sabía. Vi un movimiento inusual, exagerado para ser del simple chisporroteo del fuego y miré, miré con miedo aquella chimenea.

Sin poder creerlo, vi como del fuego salía un figura, poco humana al principio, pero que, poco a poco se fue transformando en una figura esbelta, sin sexo determinado. Volvió a susurrar:

-Soy yo…tu avariciosa creación. ¿Por qué nos quemas?¿Somos parte de ti, somos tu imaginación?

Seguía sin poder creerlo. El fuego me hablaba, pero el fuego se despejó y, detrás de él apareció un muchacho, un muchacho que me sonaba. Al que yo había visto antes.

El chico me sonaba porque era cierto que yo lo había creado. Era Peeta, el muchacho que tenía que proteger al colegio de Magia y Hechicería. Era tal y como yo lo había descrito en mi novela, tal y como yo me lo había imaginado: alto, rubio de ojos verdes, guapo…

– Peeta… ¿Eres tú?- Murmuré bajito por si alguien me oía hablar sola.

-Sí, soy yo. Pero no entiendo por qué haces eso. No entiendo por qué nos matas de esa manera.

-Yo… lo juro, yo no quería. No lo he hecho aposta. Pero tampoco sin querer. De verdad, lo siento.

-Eso no me sirve. Tú aquí sentada escribiendo mis desaventuras y yo pasándolas canutas para que tú tengas la vida solucionada. ¡Qué gracioso!

No creía que mis personajes pensaran así de mi, pero…¡Qué digo! No me creo que esté hablando con alguien artificial, con alguien imaginario.

-Peeta, lo siento. No puedo hacer nada. Eres un producto de mi imaginación. Aunque no crea que estés aquí en este momento en realidad. No creas que lo digo por hacerte sentir mal, que no lo es. Pero creo que no paso suficiente tiempo sola en casa como para volverme loca…

Empecé a pronunciar un monólogo en el que acabé culpándome de todas las desgracias mundiales. No sabía como, pero me estaba empezando a creer lo que estaba viendo con mis ojos. Unos ojos que habían leído muchas descripciones posibles para ese personaje, pero nunca lo habían visto así, delante de ellos.

-Vale, vale, vale. Tú no querías hacer esto, pero lo has hecho. Ahora soluciónalo. Piensa qué hacer. Mira, mi pueblo está aterrorizado. Ha roto el caos en la escuela y nadie sabe por qué. Pero por si no lo sabes (que sí lo sabes), me diste el poder de ver todo lo que ocurre en todos los mundos paralelos. Te vi tirar el borrador. Te vi tirar las vidas de todos los que conozco a un fuego matador.

-¿Qué puedo hacer? No sé que decir… Realmente, creo que podría tener la solución en algún lugar de mi mente pues, la novela era de narrador omnisciente y conozco los pensamientos de los seres más poderosos de tu mundo.

-Pues busca. Busca, en ese lugar de tu mente. Hazlo por mí y por todo mi mundo, todo tu mundo.

De repente, recordé algo. Era un recuerdo sordo, un recuerdo sin palabras en el que aparecía Coin, el antagonista de mi historia, hablando con su séquito. Les recordaba a todos hablando de como destruir el mundo, pero algo me decía que aparte de hablar de eso, también hablaron de cómo salvarlo.

-Recuerdo algo. A Coin hablando en voz alta a todos los demás. Pero no recuerdo palabras.

-Te has olvidado de lo más importante. Soy mago. Tengo poderes. Y me dotaste de un poder muy importante en nuestra sociedad. El poder del recuerdo.

¡Oh! Era verdad. Peeta siempre llevaba consigo un recipiente donde depositaba los recuerdos que sacaba de las cabezas de la gente que quería recordar. Sacó el recipiente y on un golpe de sus dedos en mi cabeza, sacó elr ecuerdo que se toraba de color dorado. Era precioso, pero perverso a la vez.Pusimos el recuerdo en el recipiente y miramos.

Como yo decía, se veía a Coin hablando con su séquito. Al escuchar, oímos esto:

-Señores. He encontrado la manera de destruir el planeta. He descubierto la manera de hacerme con el control del universo. Pero también con la manera de salvarlo de morir. Los anillos. Los anillos…

Los anillos… Pensé. Recordé que realmente yo había metido unos anillos en la novela. Unos anillos que solo yo tenía. Los anillos de mi boda. Pero todavía no había escrito cómo se utilizaban.

Fui a la cómoda de mi habitación, donde los guardaba y, abrí el cajón con algo de miedo, el mismo miedo que uno tiene cuando no sabe lo que tiene detrás y se da la vuelta lentamente. Abrí el cajón. Los anillos estaban dentro de una cajita, los cogí, les di un beso de despedida, pues sabía que era la última vez que los tocaría. Volví al salón pensando que tal vez solo había sido un producto de mi imaginación, que Peeta ya no estaría, pero me equivocaba. Allí estaba, sentado, donde antes había estado yo escribiendo.

-¿Los tienes?- no hacía falta que me lo preguntase pues, la pregunta estaba escrita en su mirada.

-Sí, los he encontrado. No sé cómo utilizarlos. Tal vez tú..

-¿Tal vez yo?- interrumpió- ¿tal vez yo, qué? No sé si te habrás dado cuenta, pero yo no sé nada que tú no hayas escrito. Y si no me equivoco esto no lo has escrito, ni siquiera lo pensaste.

-Cierto. Tengo que ayudarte de alguna manera ¿No es así?- no esperé a que contestase- Así que vamos a probar una cosa. Yo escribo en un papel el final de la historia, lo lees e intentamos hacer exáctamente lo que ponga.

-Vale, tú mandas.

Pensé lo que iba a escribir. No quería que nada malo le ocurriera a Peeta. Pensé detenidamente y el final quedó tal que así:

Los anillos de los que Coin hablaba no eran más que unos inocentes anillos que Peeta conocía muy bien, eran los anillos de su boda. Al ver el recuerdo del villano, Peeta recorrió el castillo para coger esos anillos. Los encontró y se despidió de ellos con un beso. Algo le decía que era la última vez que iba a verlos. Se puso el anillo en su largo y fuerte dedo y ocurrió lo inesperado. Se encontraba nuevamente en su salón, con el recipiente de los recuerdo en la mano y viendo lo que ocurría en los demás mundos. Vio como su creadora lanzaba el libro a la chimenea y, en un impulso involuntario se abalanzó sobre el libro que cayó al lado de la butaca desde la que había sido lanzado. La autora miró perpleja al borrador, pero a la vez aliviada porque sabía que si el libro hubiera caído en las llamas sería demasiado tarde. Peeta entendió que si ponía el otro anillo, volvería al presente y todas las cosas malas que habían ocurrido, solo estarían en su cabeza. Y así lo hizo…

 

En ese momento me di cuenta de que yo nunca me había casado, nunca había tenido marido. Descubrí que mi marido nunca había existido nada más que en mi imaginación. Que de alguna manera me había casado inconscientemente con Peeta, mi chico ideal, el chico perfecto.

Peeta leyó lo que había escrito y así lo hicimos, pero no sin antes despedirnos:

-Peeta, esta es la última vez que te veo..

-No digas eso. Yo siempre estaré en tu mente. Siempre estaré allí cuando te necesite, en tu cabeza. Dentro de tu cabeza. Pero ante todo: recuerda que te…

Se puso el anillo y desapareció sin poder acabar la frase, pero yo sabía cómo acababa.

Al día siguiente me desperté como un día normal. Sabía que lo que había vivido lo había vivido de verdad, se veía lejano, pero sabía que era cierto. Aunque nunca lo sabremos a ciencia cierta.

 

 

Bailar

Un recuerdo inquietante la alcanzó ante la presencia de aquel campanario. Sus días de juventud le volvieron a la mente, cuando corría por la pradera con sus amigos y amigas, cuando ayudaba a sus padres en el campo. En ese momento hubiera deseado no crecer, y permanecer joven para poder quedarse allí con sus amigos, haciendo las cosas que más la apasionaban y se acordó de una historia que le contaba su madre cuando era pequeña  para que se durmiese. Le solía contar la historia de “La pequeña bailarina”, y ella soñaba con bailar también como le había contado la madre que bailaba aquella muchacha de la que trataba la historia. Recordó que la madre la apuntó a una academia de baile, y que ella se lo pasaba en grande con sus amigas. Y que recordaba con gran alegría a la bailarina de cuento, y así, con gran ilusión, pudo ser bailarina profesional.

– Esos momentos en la academia, con mis amigas, esos cuentos tan maravillosos y todo aquello que tanto añoro no lo cambiaría por nada del mundo- repitió en voz alta.

Cogió su chaqueta que acariciaba suavemente la brisa y se fue.

El tesoro de Patapalo

Se dice que en una isla llamada”Co” se encontraba un tesoro con enormes riquezas. En 1561, año en que acababan de asaltar un barco, obtuvieron unas riquezas infinitas. El capitán Patapalo decidió quedárselo todo, sin dar ni una sola moneda de oro a los tripulantes sin excepciones, desde los piratas limpiadores hasta su fiel compañero Sinbarba, se quedaron sin una única moneda, armando, así una revolución en el barco. Todos se volvieron en contra del capitán. Se negaron a obedecer sus órdenes hasta que el tesoro fuese repartido entre todos ellos. El capitán Patapalo escapó del barco en un bote salvavidas con su tesoro.

Se dice que llegó a una isla en medio del Atlántico. Allí vivían unos monos, tortugas, y algún que otro animal. Se enteraron de su llegada, y prepararon una trampa. Un agujero enorme tapado por un puñado de hojas, en el que cayó el capitán como un ratón. Los animales le mataron y comieron sus restos. El tesoro quedó enterrado junto con los huesos de Patapalo, jamás encontrado.

Unos 450 años más tarde, Alba, una chica alta y delgada, morena y con unos enormes ojos azules de 17 años, un tanto malcriada y consentida, puesto que siempre había tenido lo que quiso, aunque, muy inteligente y resuelta, nada vergonzosa y muy habladora, se encontraba en un helicóptero, a punto de comenzar la mayor aventura de su vida.

Escuchó la leyenda un par de veces, y quiso ir en busca del tesoro. Le costó un tiempo convencer a sus padres, pero al final lo consiguió mostrando su madurez. El helicóptero la dejó en la isla, y el piloto le preguntó que si estaba segura de que lo quería hacer, pero ella estaba segura, emprendería su aventura en busca del tesoro.

Unos metros más atrás, un muchacho observaba como esa chica bajaba del helióptero. No se atrevió a salir de su escondite hasta que Alba estuvo a un par de metros. Hizo ruido con las ramas para que se percatara de su presencia. Se asustó cuando escuchó ese ruido y miró hacia los lados, sorprendida y asustada al ver a aquel muchacho en la maleza.

-¿Quién eres tú?-preguntó ella, sin ningún signo de miedo ni de vergüenza.

-Me llamo Daniel, ¿quién eres tú, y qué haces en esta isla desierta?

-Pues yo me llamo Alba y estoy en esta isla en la que, te equivocas, puesto que estás tú y un montón de animales, para buscar el tesoro del capitán Patapalo.

-¿El capitán Patapalo? No son más que leyendas. En estos ocho años que llevo aquí, no he visto nada parecido a eso, y eso que me conozco la isla como la palma de mi mano.

-No habrás buscado bien. ¿Y por qué estas tú aquí? Dices que no crees en la leyenda…

-Me abandonaron cuando tenía 10 años. Pero no me gusta hablar de ello. Bueno, imagino que no tendrás sitio en el que dormir, aunque a juzgar por tu equipaje… Da igual, te enseñaré mi choza.

Alba estaba sorprendida por la manera de hablar de alguien, que hace diez años, no tiene compañía. Caminaron entre la maleza durante unos minutos. Daniel iba ágil y rápido, incluso en algunos momentos tenía que para para esperar a Alba. Cuando llegaron ella se impresionó. Vivía en una casa sobre un árbol, con lo mejores lujos que se pueden tener en una isla. Subieron y Daniel tambien se asustó. Le habían robado. Últimamente notaba que la comida escaseaba en la isla, pero él estaba guardando poco a poco víveres para el momento en que se necesitarían. Habían robado todo lo visible, pero los víveres escondidos seguían en su sitio.

Pasaron los días y la comida cada vez escaseaba más y las discusiones entre los dos compañeros cada vez eran más por encontrar el tesoro. Un día caminando por la isla, encontraron un camino que jamás había  visto Daniel.

-Ves- dijo ella- te lo dije, no miraste bien.

-Estaba seguro, segurísimo de que había estado en todos los puntos de esta isla. Esto da la impresión que acaba de aparecer, que nunca había estado ahí, lo habría visto- contestó confundido.

Siguieron el camino y encontraron un montón de árboles frutales. Corrieron hacia ellos y comieron un montón de diversas frutas. También guardaron unas cuantas para otro momento. No quisieron irse de aquel lugar y durmieron a la sombra de un árbol. A la mañana siguiente anduvieron durante unas horas hasta que llegaron a un punto  donde había una gran “X”, los dos corrieron hacia ella y cayeron en una trampa, un enorme agujero tapado por un montón de hojas igual que la que, años atrás, hicieron a Patapalo. No les costó subir, Alba subió a los hombros de Daniel y después le cogió de las manos para sacarlo. Ya estaban, habían encontrado el tesoro. Cavaron y no se equivocaron. Encontraron un cofre gigante en el que estaban los huesos de Patapalo y su enorme riqueza. Lo lograron juntos, y días más tarde, un helicóptero pasó por allí y ellos llamaron la atención. Alba se fue con el tesoro, pero Daniel no quiso ir, aquella era su casa, pero se prometieron que, algún día, se volverían a ver.

BuScAnDo TrAbAjO

El día que llegué con las notas a casa mi madre no lo quiso creer pero no dejé ninguna. Me compró un porche y a los dos días estaba entero quemado. Saqué todo sobresalientes y ni yo me lo creía. Los profesores me felicitaron por el esfuerzo y el trabajo que realicé ese año en clase, y la mejoría desde el principio de curso hasta el final. En ese año me pasé todo el verano pensando a qué universidad decidía ir pero no sabía qué carrera sacarme. Tenía 18 años, ya empezaba a pasar de los estudios pero no encontraba trabajo y me tenía que ir a la universidad. A los 23 años salí de la universidad con una carrera excelente y que encontraré trabajo fácilmente. Había mucha crisis pero eran un trabajo muy buscado. A los cuatro días empezaron a llamarme y a hacerme ofertas y yo no daba abasto con tantas ofertas. Era mi primera vez.

NOCHES DE TERROR

A menudo por la ventana de mi habitación se le oye cantar al cuco, cuando yo era pequeña y no reconocía ese sonido me pasaba las noches llorando sin parar pues y0  pensaba que era el lobo de los siete cabritillos que como a ellos me venía a comer.

Yo como todos los niños pequeños le tenía miedo a los lobos, por eso un día decidí que me echaría a dormir como todas las noches, cerraría la ventana y la persiana como era habitual, pondría la cabeza debajo de mi almohada y pensaría que el ruido que oía no era un lobo sino el sonido de mi tren de juguete.

Con el paso de los años aprendí que lo que sonaba a través de mi ventana  era la voz de un dulce cuco

Dentro de 15 años…

Dentro de 15 años…

Jose Luis y yo tendremos un restaurante, el “TATO´S” en la calle Vistaguapa entre los números 44 y 69.

Alberto será psicólogo de éxito por los buenos consejos que da.

Nerea será política porque siempre  se está quejando de todo.

Jose Manuel será campeón de natación porque siempre que jugamos al fútbol se tira a la piscina como un profesional.

Christian será tunero de coches, aprendiz del Jonan (aquí sobran las explicaciones).

Paula será la Vaca Tula porque le encanta el Racing.

Yohannan será profesora porque siempre tiene que tener la razón.

Williams será un estudioso de la siesta porque es más vago que la chaqueta de un guardia.

Ana será millonaria porque me subirá la nota,¿a que sí, Anita?

Walter será velocista porque es muy rápido.

Aizea será comentarista de televisión porque no calla ni debajo del agua.

Liz, Rebeca y Vanesa formarán un grupo de música, “LAS REDVANK´S” porque en música menos hacer lo que tienen que hacer, hacen de todo.

EL DIA EN EL QUE LE DI LAS NOTAS A MI MADRE…

El día en el que le di las notas a mi madre fue el peor día de mi vida. Se puso muy muy furiosa. Me tocó salir huyendo, no volví a casa a las diez de la noche, por poco le da un ataque a mi madre.

Se enfadó de tal manera que se puso verde. Ese día no cené  porque no me hizo la cena.

Al día siguiente ni me miraba tampoco me hablaba. No salí ni al portal de mi casa. Estaba castigado como todo aquel niño que haya suspendido, me hablo solo para decirme “vete a tu cuarto”.

El día en que le di las notas a mi madre…

El día en que le di las notas a mi madre me dijo que estaban bien pero que no tenía que dejar ninguna aunque de la 1ª evaluación  a la 2ª evaluación había mejorado muchas notas  de lengua, taller de comunicación, naturales, gimnasia, música y plástica. Mi madre me riñó porque dejé inglés pero en la tercera la aprobaré.

En la tercera evaluación estoy seguro de que no voy a dejar ninguna. Y si en la tercera evaluación no dejo ninguna, mi madre me ha dicho que me compra un portátil.

Por eso estoy muy contento, porque conseguiré aprobar y me lo regalará.

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