Robinson Crusoe y el Reino de los Ladrones

Me encontraba desmayado en medio de la playa, a mi lado yacían los cadáveres de unos cuantos tripulantes, conocidos y desconocidos.<<¿Sería el único superviviente?>> , me preguntaba cada vez que miraba aquellos cadáveres, ya sin vida.

Ya recuperado y levantado , comprobé un corte de aproximadamente 7 cm en mi brazo derecho.

-Sobreviviré- dije sosteniendo un respiro de preocupación en mi cabeza.<< ¿ Habría alguien más vivo?¿ Y si no sobrevivieron?>> me preguntaba cada vez más consciente del asunto.

Sin apenas fuerzas y un desanimado aliento, me aproximé al centro de la jungla. En unos pocos segundos me di cuenta de una gran montaña que había, probablemente en el centro de la isla,<<No tengo ni idea de cómo es esta isla , pero supongo que estará en el centro>>.

Aproximadamente  unos 20 metros después de mis pensamientos, noté delante de mí  una cuerda que habitaba en los gruesos troncos de dos palmeras. Utilizando la cabeza, cogí un palo, no muy grueso, me posicioné en una zona lejana de la cuerda, lancé el palo y de las palmeras cayeron gigantes cocos.

-¿Quién haría esta trampa?- me pregunté mientras sostenía en mis manos un coco. Pesaría 10 Kilogramos aproximadamente. Y lo más curioso -respondí mientras que un asunto bastante aventurero me obligó a inspeccionar la isla- ¿Por qué lo harían, qué quieren ocultar? -Finalicé mientras que avanzaba a paso ligero a las entrañas de la isla.

Después de unos cuantos metros avisté una cabaña, unas luces dentro de una gigantesca cabaña colgada en las palmeras a unos 15 metros << Wuau, increíble, ¿quiénes podrán haber hecho esto?>>. Avisté unas escaleras 20 pasos hacia el Oeste de mi posición. Cómo no, fui hacía ellas. Tras unos 13 escalones subí a aquella plataforma , avancé hacia las luces, en vez de pensar si había alguien pensé en si esa plataforma sería construida por una antigua civilización, que ingenuo fui, no tardé en darme cuenta de que en una de las “celdas´´ de la plataforma había unas velas encendidas.

-¿Hola?- Pregunté con ánimo de que una persona hiciese caso de mis palabras y respondiese que sí.

En vez de eso, vi una sombra que se armaba con un tipo de lanza. No dudé en cubrirme en una parte de la celda.

-No pretendo hacerle daño- respondí con ninguna parte del cuerpo en el campo de visión de la sombra.

La sombra hizo caso omiso a mis palabras y en  un intento de heroísmo me abalancé sobre aquel tipo. Tras una corta y breve pelea, aquel tipo me tiró contra el suelo de una celda.

-¡¿Así que no pretendíais hacer daño, eh?!- Respondió aquel tipo mientras , a punta de lanza, apuntaba con el instrumento rozándome el cuello.

Ya podría acordarme de aquel tipo si me lo preguntan. Era un hombre de tez negra , iba vestido como si hubiese vivido toda su vida en esta isla, su pelo era corto y castaño , aparte de sus ojos, no mediría más de 1 metro 75, debía tener 18 años, como yo.

-No he venido a causar daño a ninguna de su gente.- Respondí con tono amistoso.

– ¿Seguro?.- preguntó el joven con tono menos amenazador.

– Sí, seguro.- respondí bajando las manos en señal de paz.

– Ya no hay gente.- respondió el joven soltando la lanza y ofreciéndome una taza de comida.

– ¿Cómo?-pregunté intrigado.

– El Capitán MacTavish se los llevó, trafica con ellos- respondió.

-¿El Capitán MacTavish de la Guardia Real Británica?-  Pregunté extrañado, dado que el Capitán MacTavish era un hombre fiel a su país y que seguía sus normas, fueran estas buenas o malas.

– El mismo.- Respondió el joven.

– ¿Cómo te llamas?.- Pregunté intrigado.<<Llevo tiempo hablando con él , creo que debería saber su nombre>> me dije por dentro.

– No tengo nombre.- dijo mientras que comía de una taza. Elígelo, si quieres.

– ¿Qué tal, Viernes?.- Dije mientras apuntaba a Viernes con el dedo en señal de simpatía.

-Viernes… de acuerdo- dijo, mientras sonreía de forma amistosa.¿Y tú, cómo te llamas?. Dijo con  un acento de interés.

– Me llamo Robinson.- dije mientras extendía la mano en señal de amistad.

Cuando nuestras dos manos se chocaron , oí el gatillo de un fusil. No dude en lanzarme encima de mi compañero para evitar su asesinato.

-¡¿Quiénes sois!?.- Respondí mientras que Viernes y yo nos cubríamos tras una de las celdas.

-Mejor dicho- dijo una voz ronca y grave- ¿Quién osa interrumpir mi camino hacia la montaña? Creía que todos los negros de esta maldita isla estaban bajo mis dominios para ser vendidos, pero al parecer me equivoqué respondió la voz, finalizando su oración.

Se me ocurrió asomar poca parte de la cabeza para ver quién era esa persona. Asomé la cabeza y… ¡ Era el Capitán MacTavish!

-Así que el gran Capitán MacTavish no tiene mejor cosa que hacer que vender a inofensivas personas.- respondí mientras que, sigilosamente, cambiaba de posición.

-No me interesan esta personas.- dijo mientras que ordenaba a unos cuantos soldados que subieran hacia las celdas. Me interesa el tesoro.

-De que habla, en esta isla no hay ningún tesoro- respondí todavía intrigado por aquella respuesta.

-Así que no sabes que hay un tesoro- respondió mientras que soltaba una carcajada.

En un acto de intentar hablar, los soldados interrumpieron las conversación y se abalanzaron sobre nosotros. No tuvimos tiempo de defendernos, nos bajaron hasta tierra y entonces vi el rostro de MacTavish.

-¡De qué tesoro habla!.- respondí enfurecido.

– De acuerdo, te lo contaré, dado que vais a morir, me confesaré.

Entonces habló de un explorador: en 1588 un famoso explorador captó las ordenes de la reina en una misión secreta de que él y solo él llevaría las restantes riquezas de Inglaterra para protegerlas. Dado que la Armada Invencible cayó, la reina esperó y esperó a que el enviado regresase, pero no llegó a Inglaterra.

– Y esas riquezas están en…- dije con ironía.

– En el monte mas alto de esta isla- respondió MacTavish.

Tras llegar al monte, Viernes me hablaba de aquel tesoro conocido por sus antepasados antes de ser desterrados y cuando llegamos entramos en una gran cueva. Los soldados llegaban con antorchas y al fondo se apreciaban cuatro caballeros de metal no reales y un antiguo cuaderno entre los cuatro.<< ¿ Que es esto? Un rompecabezas>> pensé.

-¡Robinson!- exclamó MacTavish- es tu turno , si pudieses resolver este puzzle nos harías un gran favor- terminó con un tono irónico.

Cogí el cuaderno con desprecio y abrí el cuaderno por una página marcada, en ella aparecían las cuatro figuras. Delante de cada una había un arma que sujetaba cada una, una maza ,una espada y un hacha.

– Hay que mover las piezas de modo que cada una mire a la estatua que posea cada arma- respondí finalmente mientras cerraba el libro pero lo guardaba en mi bolsillo.

– Excelente, ¡Háganlo!- Respondió con un tono nervioso.

Y así fue, finalmente la puerta se abrió y dentro se contemplaban millones de riquezas.

-¡Increíble!- respondía MacTavish orgulloso, como si él hubiera conseguido llegar hasta aquí él solo.

En un descuido de un soldado cogí su cimitarra y se la clavé a dos de ellos, Viernes lo consiguió también pero una bala de MacTavish me alcanzó en el brazo.

-Quieto Robinson, o tu herida se hará más fea de lo que es- dijo mientras que con su arma apuntaba a mi brazo.

Mientras nosotros nos quedábamos ahí quietos, él cogía una especie de cáliz pero, de repente, de un riachuelo que había entre los tesoros salió una especie de gigantesca serpiente que atacó a MacTavish. El tesoro cayó, como un rayo corrí hacia el tesoro, mientras que Viernes y  yo corríamos hacia la salida. Salimos justo a tiempo.

Atravesando toda la jungla y llegando a la playa, vimos un bote y no dudamos en subirnos.

Ya lejos de la isla, me disponía a tirar el tesoro al agua.

– Espero que nadie más lo busque – dije mientras remaba.

Anuncios

Narración : Isla desierta

Un avión del ejército nos llevaba hacia el frente cuando de repente se apagaron las luces y el motor dejó de sonar, eso es lo único que recuerdo. Después, supongo que unas seis horas más tarde me despertó el roce de la arena en mi cara. Estaba totalmente empapado y solo contaba con un fusil con seis balas, una cantimplora y una cuerda de dos metros de largo.

Primer día

Ayer llegue a la isla cuando ya había oscurecido, así que traté de dormir a la intemperie. Me he dado cuenta de que la isla en la que me encuentro es bastante grande y he pensado en ir a buscar un lugar en el que haya agua potable y alimentos. He estado unas cuatro horas buscando y he dado con un río que me ha servido para rellenar mi cantimplora. He marcado el camino con piedras para poder regresar cuando lo necesite. Más tarde me he puesto a construir una cabaña, utilizando la cuerda, madera y algunas hojas. Algo de trámite, pues me rescatarán pronto.

Segundo día

Ha sido un poco incomodo dormir en la cabaña, pero tendré que aguantar hasta que me rescaten, prefiero dormir en ella a que la derribe una ventisca. He vuelto al río y he visto que había peces, pero no he podido pescar ninguno y me he tenido que conformar  con rellenar de nuevo la cantimplora.

Tercer día

Hoy he empezado a notar realmente el hambre, así que he ido a cazar en serio con el fusil, ha sido realmente fácil cazar un par de pájaros que volaban por encima de los árboles. He sentido algo de lástima por ellos, pero los necesitaba para sobrevivir.

Cuarto día

Creo que me estoy volviendo loco de estar aquí solo, juraría que he hablado conmigo mismo ayer y además he tenido unos sueños extrañísimos. Las esperanzas de que me rescaten se han reducido a una milésima, ya que han pasado los días y no he visto ni un solo barco o helicóptero, seguramente me hayan dado por muerto.

Quinto día

Esta mañana he salido a buscar comida y no he tenido problema alguno, ya que nada más salir me he encontrado con un árbol frutal, pero eso no me salvo de ir hasta el río a rellenar mi cantimplora. Hoy me he planteado buscar un río mas cercano pero lo veo casi imposible, creo que lo mejor será que duerma un rato.

Sexto día

Ayer por la noche una ventisca derrumbó mi cabaña y tuve que dormir bajo un árbol. Pero ese no ha sido el único problema,  he perdido la cuerda y la cantimplora ha estado a punto de romperse a causa de unos fuertes golpes contra una piedra.

Séptimo día

Hoy he fabricado una cabaña en condiciones y la he colocado bajo un árbol para que el viento no la vuelva a derribar de nuevo. También he reforzado la cantimplora con unas hojas. Además he empezado a oler mal y he ido al río a lavar la ropa y a  darme un baño. He empezado a buscarme un pasatiempo porque creo que pasarán muchas ventiscas y mucho tiempo hasta que vengar a rescatarme, si es que vienen…

 

A %d blogueros les gusta esto: