Unaa NoChee En El InsTiiTuTo Con Laa NiÑa ChuPaSanGreS

El día de Halloween, el 31 de octubre, yo y mis amigas Ángela y Vanesa, decidimos pasar la noche en el instituto.

Se cuenta que en los baños de chicas del piso de abajo, unos chavales dejaron encerrada a una niña de 13 años llamada Alice, durante una noche entera. Al día siguiente los chavales fueron a sacar a la niña, cuando entraron en los baños ya no estaba, no había dejado rastro. Bueno, un rastro sí que había dejado, solo que con él no se la iba a poder encontrar, en el baño había un niño, muerto, con una mordedura en la cabez. Se pensó que se la había hecho la niña que habían dejado encerrada, así que, desde ese día, se la conoció como la niña chupasangres.

Ángela, Vanesa y yo decidimos pasar toda la noche en esos baños, porque no nos daba miedo esa historia, pensábamos que solo era una trola que se habían inventado los chavales que supuestamente habían dejado encerrada a la niña.

A medianoche, todavía no nos habíamos dormido y, de repente, a Ángela la cayó una gota de sangre. Las tres miramos arriba, pero no había nada.

Nos empezamos a asustar, pues pensamos que esa gota de sangre podría ser del niño al que la niña chupasangres había mordido.

Una de las puertas de los baños se abrió, y salió un niño, que tenía una mordedura en la cabeza. Salimos chillando del baño y subimos las escaleras, nos metimos en el otro baño y una de sus puertas también se abrió, y salió un fantasma, pensamos que era la niña chupasangres, pues de sus labios caían gotas de sangre, que, al llegar al suelo, se desvanecían.

Salimos de los baños, también del instituto, corrimos y corrimos, sin saber a dónde íbamos. Llegamos a casa de Ángela y entramos, le contamos la historia a su madre, pero no nos creyó. Sin embargo, como parecíamos muy asustadas, decidió, que si queríamos nos cambiaría de instituto, y nos pasaría al Manzanedo. Así lo hicimos.

Desde entonces no hemos vuelto a entrar en baños, más que en los de nuestras casas.

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ÓSCAR Y EL FANTASMA

Había sido un día malísimo, no había parado de llover. Ya eran las doce de la noche y yo estaba viendo un película de zombis con mis hermanos. Mi padre entró en el salón y dijo:

– ¿Sabéis lo que pone en el periódico? La policía ha atrapado a un delincuente muy peligroso. Y todo gracias a Óscar, que descubrió su escondite por casualidad.

Óscar es el dueño de un kiosco que hay al lado de mi casa. Es bastante simpático. Al día siguiente fui a felicitarle y él me contó cómo lo había hecho.

Aquellos días pasaron tranquilamente pero por casualidad oí que en la tele se hablaba del delincuente. Me enteré de que lo habían encontrado muerto en su celda. Un médico dijo que tenía una extraña enfermedad.

Varios meses después de todo esto, encontré una nota en la puerta de la casa de Óscar. Decía:

– “Me las pagarás”

Corrí a enseñársela y cuando llegué al kiosco, Óscar me dijo también había encontrado una nota en la que ponía:

-“Prepárate”

Esa noche no pude dormir y, a eso de la una, oí voces en la calle. Me asomé a la ventana y ví a Óscar agachado. Me vestí y bajé a todo correr. Le pregunté que hacía. No contestó pero me enseñó otra nota. Ponía:

– “Llegó la hora”

– ¿Quién puede escribir todas estas notas? – dijo.

– ¡Yo, por ejemplo! – gritó una voz.

Miramos a todos lados, pero no veíamos a nadie. De repente, una figura apareció al final de la calle y empezó a correr hacia nosotros. Era un ser totalmente negro con unos ojos rojos y brillantes. Llevaba un cuchillo y un bastón. Le tiramos piedras pero no le pasó nada. Era un fantasma, un fantasma auténtico. Antes de que pudiera correr me arreó un golpe con el bastón y me desmayé.

Cuando desperté era de día. Estaba en mi cama y mis padres y mis hermanos me miraban con unos ojos como platos.

– ¿Qué ha pasado? – pregunté.

– Estabas tumbado en la calle, como un muerto. – dijo mi madre.

Yo les conté lo que había pasado. No me creyeron nada, pero desde ese día nadie volvió a ver a Óscar.

¿QUIÉN ESTÁ AHÍ?

Hace millones de años en una ciudad llamada Cálenes vivía un niño que tenía 14 años, su nombre era Simp.
Cada día después de levantarse, desayunaba y se iba a jugar al fútbol con sus amigos al colegio, que estaba al lado de casa.
Un día se levantó y encontró muerta a su madre en el comedor; Simp estaba llorando y se sentía solo y desamparado. Miró a su madre por última vez y le vio un mordisco en el cuello. Llamo rápidamete a su padre y lo dijo: “Mira papá, la ha matado un vampiro”.
A los pocos días, jugando al fútbol, Simp, encontró a otra mujer muerta con mordiscos de un vampiro, y avisó al padre otra vez; todos los niños del barrio estaban muy, muy asustados.
Más tarde, una niña, muy amiga de Simp, que se llamaba Jessica, encontró a otra mujer muerta con el mismo mordisco.
Fue donde Simp para decirle que había encontrado a esa mujer para avisar a la Guardia Civil.
Simp y Jessica fueron buscando al asesino de su madre para vengarse de él. Pero con tan mala suerte que el vampiro se llevó a Jessica.
Meses después, encontraron a un niño, de los mejores amigos de Simp, con la boca cubierta de sangre y Simp lo siguió y le clavó un cuchillo mojado en agua bendita en el corazón, luego le echó gasolina por encima y le prendió fuego.
Ya había pasado todo pero era tarde para rescatar a Jessica, la encontraron muerta en el fondo de río axfisiada y cubierta de mordiscos.

LA GüIjA

Había una vez siete niños jugando a la guija. De repente, uno de ellos, que se llamaba Iván, dijo:

-Yo, Iván, invoco al inspiritu de Michael Jackson.

Entonces el niño vio que empezó a moverse el vaso y el niño se asustó mucho y se marchó corriendo.
Los otros seis niños siguieron jugando y otro niño, que se llamaba Carlos, cogió y dijo que él quería invocar, e invocó a Felipe Montalvo, pero con él el vaso no se movió y así con todos y a ninguno se le movió el vaso.

Al día siguiente los amigos fueron a buscar a Iván y nadie sabía dónde estaba, ni siquiera sabían los padres dónde estaba el hijo y nadie supo nada más de él.

EL MIEDO DE LA NOCHE

Una noche de luna llena salí con un amigo y a los pocos kilómetros vimos un monstruo que tenía cinco ojos, cuatro patas y cuatro brazos. Nos escondimos detrás de un arbusto y en el silencio de la noche se oía entre otros arbustos un crik-crak, crik-crak. Giré la cabeza y vi al monstruo mirándome, con la mirada clavada en los ojos. Se tiró a por nosotros y salimos corriendo, pero justo delante había otro monstruo igual. Temblando y con sudor frío dijimos mi amigo y yo a la vez:

-¡¡Ya basta!!, por favor.

Fué entonces cuando se quitaron los dos la careta: eran mi padre y mi tío.

Con cara de susto, respiramos hondo y con voz temblorosa dijimos:

-Primera y última vez porque ha sido de infarto.

Luego todos juntos nos reímos de la broma.

                                                                                                              FIN

Historias Terroríficas

Una noche de luna llena salí con unos amigos y, de repente, salió un lobo de entre las tumbas del cementerio. Era bueno, solamente quería comer , nosotros pensabamos que nos quería comer pero lo que más estaba deseando era que le diéramos comida. Entonces Marta sacó el unico bocadillo que tenía y se lo dió. Cuando era la hora de cenar todos tuvimos que dar un poco de bocadillo a Marta. Al final , cuando nos ibamos a ir , el lobo estaba solo, no tenía con quien ir y al final María se llevó al lobo y le puso de nombre Romino.

(*…MI MEJOR HISTORIA…*)

(=D…BASADO UN HECHO REAL…D=)

En una noche de luna llena, salí con unos amigos y unas amigas al cemenerio. Ese día era el día de los muertos, o sea se el día de Halloween y queríamos hablar con nuestros antepasados.
Entonces decidimos jugar a la güija, a eso de las 00:00 de la noche, alumbraba la luna llena, sobre nosotros. Al empezar a jugar estabamos todos super asustados pero, cuando ya llevabamos 15 ó 20 minutos, empezamos a confiarnos de que no pasaría nada.

Eso fue lo peor que pudimos hacer, ahí, empezó todo nuestro caos. Se empezarón a oír ruidos y voces… a la media hora uno de mis amigos tenía los ojos de serpiente y la boca de vampiro, por hacerse el guay. Todos salimos corriendo hacia la salida pero no pudimos escapar porque la puerta estaba cerrada y protegida por dos culebras. Ahí nos hundimos, pero supimos trabajar en equipo y encontramos unas escaleras para poder saltar el muro y lo conseguimos. Cuando salimos prometimos no volver al cementerio y, mucho menos, para jugar a la güija.

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