Inicio de novela: Jessi Cramer y la reliquia perdida

De todas las aventuras que he ido recopilando la que viene a continuación sin duda es la mejor de todas:

Yo me encontraba en la isla griega de Creta en un templo llamado San Francis Foley. Buscaba una reliquia muy valiosa, fue un regalo que le hizo Zeus a su hijo Hércules: le regalo un caballo alado llamado Pegaso y una pequeña estatua del caballo. Eso es lo que estoy buscando: la pequeña estatua, de un valor incalculable.

caballo pegaso en madera escultura en madera madera tallado

Ya en el templo buscaba una entrada a unos pasadizos secretos. La sala estaba llena de columnas donde me subía constantemente por si había alguna puerta secreta, pero al fin después de varias horas rebuscando encontré la entrada al final de un estrecho pasillo y unas escaleras descendentes se escondían detrás.

Bajaba y parecía que las escaleras eran interminables, al fin un pasillo con cuatro puertas se encontraba a la bajada de las escaleras, en una ponía Zeus, en la otra Atlas, Damocles en la siguiente y en la última Thor, lo ponía todo en griego. Decidí entrar en la sala de Zeus, pero la puerta tenía un candado, así que saqué mi pistola y le disparé. El candado cayó y a continuación pegué una patada a la puerta y se abrió, entre muy despacio… la puerta se cerró de golpe, pero seguí adelante. Entré en una sala cuadrada donde al final había una puerta, me dirigí hasta ella andando y de pronto… un rayo eléctrico cayó del techo y por poco me alcanza, pero le conseguí esquivar. Intenté pasar la habitación con esfuerzo y lo conseguí. Después abrí la puerta y una llave se escondía detrás de ella, la cogí y me fui por otra puerta que había detrás de la llave y aparecí en el mismo pasillo principal.

Decidí entrar en la puerta de Damocles, pero esta no tenía candado, así que pude entrar. Cuando lo hice, un montón de espadas colgaban del techo por un fino pelo, parecía que al mínimo paso se caería alguno. Anduve hasta la puerta esquivando las espadas que caían, y una me rozó el brazo haciéndome una pequeña herida. Cogí la llave y salí corriendo. Y de nuevo aparecí en el pasillo principal.

Entré en la siguiente sala, la de Thor, unos martillos gigantes custodiaban la siguiente llave. Cada paso que daba un martillo caía y al final pude coger la llave sin que ni un solo martillo me rozara, después salí corriendo.

De nuevo en el pasillo principal entré a la sala de Atlas, tampoco tenía candado. Cuando entré vi a una estatua de un hombre con una gran bola del mundo alzada en sus manos y una llave a sus pies pero no había trampa alguna así que decidí cogerla. Cuando lo hice la gran bola de repente cayó y me perseguía, yo corría mientras la disparaba… seguía corriendo y salté al vacío de una puerta donde la bola no podía entrar, pero la bola rompió la puerta y seguí corriendo todo lo que pude, salté de nuevo y caí en una piscina…

En la piscina el agua cristalina me permitía ver algo debajo de mis pies: eran cocodrilos. Salí del agua corriendo y empecé a disparar, el agua no afectó por suerte a mi pistola y los pude matar. Seguí andando y llegué a una puerta con cuatro cerraduras, y metí las cuatro llaves y la puerta se abrió… allí estaba la reliquia el caballo alado, lo había conseguido. Conseguí salir del templo con la reliquia y esta es mi aventura.

 

MiittoOo de LaaS maaRiiismaaS de Saantoñaa: Zeus y su primo.

Zeus, el Dios de los dioses, se había enfadado con su primo y estaban haciendo una guerra de relámpagos. Estaban enfrentados porque su tío le había dado la herencia a él y no a su primo, por haberle ayudado cuando tenía problemas, y por ser generoso con él. A diferencia de Zeus, este era avaro, egoísta y muy malo con su tío pero, claro, él no era consciente de lo que había hecho, por eso cuando lo pensaba, más se cabreaba. La guerra duró muchos días, incluso meses, pero como sus fuerzas eran igualadas nunca ganaba ninguno de ellos.

Los ciudadanos del Olimpo miraban la batalla como si fuese un partido de “pin pon”. Así pasaron los días y ninguno conseguía vencer. Mandaron refuerzos a los dos bandos. Pero la guerra continuaba y solo uno podría sobrevivir. Hasta que  Zeus mandó con tal fuerza e ira el relámpago que, en un lugar llamado Santoña, creó las marismas de este sitio, que aún sigue siendo lugar de admiración para los que habitan en ella.

Ahí terminó la guerra, el primo de Zeus abandonó la batalla porque no se veía capaz de continuarla.

Tsunami en Santoña de Zeus.

En el año 1925, Zeus produjo un tsunami. Este tsunami afectó a una gran parte de Santoña y una pequeña parte de Cicero. La tierra que unía Santoña y Cicero quedó abierta, formando un canal en el cual entraba el agua cuando subía la marea. Así, las Marismas ayudaban a muchas personas, como el día de hoy, a poder vivir del marisco. Las aves fueron viniendo y se encontraban a gusto en Las Marismas. Y cada año emigran las aves quedándose a pasar las estaciones del año. La gente de Santoña y alrededores, hoy por hoy, están muy orgullosos de tener el patrimonio de Las Marismas de Santoña.

LAS MARISMAS DE SANTOÑA

Una vez, en una remota villa del norte de Cantabria (España), sucedió un hecho tan importante que cambió la vida de los ciudadanos para siempre. Antes había marismas en la villa de Santoña pero luego se secaron porque uno de los dioses estornudó y elevó todo el agua hacia el cielo, dejando a los habitantes de Santoña sin agua durante más de dos años. Un día, un semidios llamado Hércules se dió cuenta de la sequía que había en la villa, decidió pedirle a su padre Zeus (dios de los rayos) que dijese al dios Tritón (dios de los mares) que enviase un poco de agua del mar Atlántico a las marismas de Santoña. Tritón le dijo que no podía enviar agua porque tenía que atender las sequias de otros pueblos con mayor número de habitantes que Santoña. Zeus, desesperado porque tenía que volver al Olimpo a darle la mala noticia a su hijo Hercules, sabía que, al darle la mala noticia a su hijo, éste se enfadaría y se iría del Olimpo.

Decidió no ir al Olimpo para no darle la mala noticia y que no se marchase.

Zeus pidió al gigante que se había llevado el agua de las marismas que volviese a estornudar para así devolver a los habitantes de Santoña lo que ya era de ellos.

Lo mando estornudar en dirección a las marismas para devolver el agua a su sitio, estornudó y consiguió que las aguas volviesen a su sitio para no volver a moverse de allí nunca más.

EL MITO DE LAS MARISMAS DE SANTOÑA: LA VERSIÓN OFICIAL

Os hablo desde el Olimpo de los dioses, los dioses de verdad, los que NO existen. Os hablo a vosotros, alumnos de 1º, a los creadores de mitos. Me alegro de que todavía en el siglo XXI Homero y Hesíodo sigan vivos.

– ¿No sabéis quienes son Homero y Hesíodo?

Pues son alumnos de 1º de la ESO del IES Partenón, en Atenas, pero de hace muchos y muchos siglos. Ellos también se inventaron sus mitos, y no eran mejores que los vuestros y¿sabéis por qué? porque nunca se habían bañado en la rampa de Maurilio en el Pasaje, porque no conocían nuestras marismas. Yo sí, yo soy un semidios (voy por el cinturón blanco-amarillo tercer dan del gimnasio del Olimpo) que siempre he vivido cerca de las Marismas y conozco la verdad sobre su origen. Y os la voy a contar algún día….todavía no. Sí, sí, Josemi y Ángela se han acercado, Izara y Fran tienen mucha imaginación, sí, sí, es verdad, pero no, todavía no habéis llegado a dar con el origen verdadero (bueno, verdadero, no, mejor decimos mitológico) de nuestras marismas.

Yo os prometo que os lo contaré, pero poco a poco, de momento, os dejo una pista: anda metido en el jaleo Neptuno, que es de Laredo y un par de ninfas de Cicero y de Colindres…. y hasta ahí puedo leer…….CONTINUARÁ

Las lágrimas de Atenea

Un dia, Zeus tuvo un hijo con Atenea llamado Hércules. Ades, el dios de la muerte, queria vencer a su hermano Zeus  y mando a sus dos aliados, que secuestraron a Hércules.

Al enterarse, su padre mandó a todos los dioses para buscarle peo ya era demasiado tarde. Atenea estuvo llorando días y días pero todas su lágrimas no llovieron, sino que calleron en un lugar llamado Santoña.

Y así se crearon las marismas de Santoña.

FIN.

LA MARISMA DE SANTOÑA

Apolo tenía como enemigo a Metis pero no podía derrotarle. Entonces llamó a Zeus para que le ayudara a derrotarle. Zeus le dijo que  tendría que superar una prueba que consistía en traerle la flor más bonita del mundo. Si no superaba la prueba no le ayudaría. Y Apolo la superó, pero no había sido fácil.

Entonces, Zeus fue con Apolo  para ayudarle. Llegaron a la guarida del enemigo de Apolo y lucharon contra él pero no fue nada fácil. En realidad, le había tendido una trampa Apolo a Zeus. Como no había ningún enemigo de Apolo, sólo era Zeus, Apolo le dio un veneno para que se muriera en una hora. Apolo se fue y llegó la mujer de Zeus, Hera, le preguntó qué pasaba y él le contestó que se iba a morir en una hora y que tenía que ir a la marisma de Santoña. Hera le preguntó qué era la marisma de Santoña y él le dijo que era un lago que curaba todas las enfermedades y se fue para la marisma de Santoña.

 Para curarle llenó el agua en un cesto y se fue a dárselo. Pasó una hora y llegó Hera, le metió agua en la boca y se curó a tiempo. Hera y Zeus se fueron felices. Apolo tuvo su merecido.

FIN

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